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La importancia de las advocaciones marianas de gloria en la religiosidad popular andaluza: culto y veneración en Cabra a María Santísima de la Sierra Juan LUQUE CARRILLO Luque (Córdoba) I. La religiosidad popular en la sede episcopal de Cabra; la importancia de María en los primeros siglos del cristianismo. II. La advocación de Nuestra Señora de la Sierra: origen de una leyenda. III. El santuario, máxima expresión de la devoción popular a Nuestra Señora de la Sierra. IV. La imagen de Nuestra Señora de la Sierra: talla medieval adaptada a las modas del momento. V. La imagen actual: la unión de la doctrina mariológica con las auras populares. Advocaciones Marianas de Gloria, San Lorenzo del Escorial 2012, pp. 281-296 ISBN: 978-84-15659-00-6
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  • La importancia de las advocaciones

    marianas de gloria en la religiosidad

    popular andaluza: culto y veneracin

    en Cabra a Mara Santsima de la Sierra

    Juan LUQUE CARRILLO Luque (Crdoba)

    I. La religiosidad popular en la sede episcopal de Cabra; la importancia de Mara en los primeros siglos del cristianismo.

    II. La advocacin de Nuestra Seora de la Sierra: origen de una

    leyenda. III. El santuario, mxima expresin de la devocin popular a

    Nuestra Seora de la Sierra. IV. La imagen de Nuestra Seora de la Sierra: talla medieval

    adaptada a las modas del momento. V. La imagen actual: la unin de la doctrina mariolgica con las

    auras populares.

    Advocaciones Marianas de Gloria, San Lorenzo del Escorial 2012, pp. 281-296 ISBN: 978-84-15659-00-6

  • I. LA RELIGIOSIDAD POPULAR EN LA SEDE EPISCOPAL DE

    CABRA; LA IMPORTANCIA DE MARA EN LOS PRIMEROS SIGLOS DEL CRISTIANISMO

    Cuando en el ao 589 el Obispo Juan asiste al Concilio III de Toledo1,

    como cabeza principal de su sede episcopal de Aegabro -actual Cabra-, la iglesia egabrense, representada en ese momento por el citado obispo, no solo confesar la maternidad divina de Mara, sino tambin la virginidad de la Madre de Dios, tal y como se especifica en los textos extrados del Concilio de feso, coincidiendo de esta manera la fe de los cristianos egabrenses del siglo VI con la fe que propugnaba la Iglesia Universal sobre la figura de la Madre del Redentor2.

    Ser en este Concilio de feso del ao 431 cuando aparezca por primera

    vez, dentro de la historia de la Iglesia, el trmino theotkos, denominacin con la cual se va a hacer alusin a Mara como madre humana -o biolgica como dira San Pablo-, de Cristo, pero tambin como Madre de Dios, la Madre Divina. Con lo cual, con esta expresin quedar recogido todo el contenido fundamental del Concilio, convirtindose en la mejor garanta del pensamiento cristiano sobre la Encarnacin del Verbo3.

    Ms tarde, el sucesor de Juan, cuyo nombre se desconoce, volver a reafirmar nuevamente la fe de su iglesia egabrense en el Concilio de Sevilla, celebrado en el ao 619, cuando afirma que segn ensea la fe inmaculada y la Iglesia santa de Dios, confesamos [refirindose a su sede episcopal] que nuestro Seor Jesucristo naci, fuera de tiempo, Dios del Padre, y que dentro de los tiempos sali hecho hombre del seno de la gloriosa Virgen Mara4.

    1 Ser en este Concilio cuando el Reino Visigodo de Toledo deje oficialmente de

    practicar el arrianismo. 2 NICOLS, M. J., Theotkos. El misterio de Mara, Barcelona 1967, p. 129. 3 GMEZ RASCN, M., Theotkos. Vrgenes medievales de la Dicesis de Len, Len

    1996, p. 22. 4 GMEZ BRAVO, J., Catlogo de los Obispos de Crdoba, y breve noticia histrica de

    su Iglesia Catedral y Obispado, Crdoba 1778, t. 1, p. 67.

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    Al morir este sucesor de Juan, en noviembre del ao 619, le suceder el Obispo Deodato, el sexto ya en ocupar la silla episcopal, el cual se sabe que fue contemporneo y conocido de San Isidoro de Sevilla5. En el ao 638, Deodato asistira al Concilio VI de Toledo, donde de nuevo volvera a manifestar la fe mariana de los egabrenses con las siguientes palabras

    confesamos que solo el Hijo para redencin del gnero humano, por las deudas de las culpas que habamos contrado originariamente, en la desobediencia de Adn, y por nuestro libre albedro, que debamos pegar, sali el secreto y arcano del Padre, y se hizo hombre sin pecado, de la Santa y siempre Virgen Mara, para que el mismo Hijo de Dios Padre fuera Hijo del Hombre, Dios perfecto y Hombre Perfecto6 .

    No obstante, lo cierto es que adems de esta profunda fe mariana egabrense,

    como vemos manifestada y declarada abiertamente por sus primeros obispos, hemos de destacar cmo ya en el siglo VI, encontramos uno de los primeros testimonios arqueolgicos que nos va a demostrar una vez ms esa arraigada fe en Mara. Se trata del ara visigtica que en la actualidad se conserva en la Iglesia de San Juan Bautista del pueblo, donde reza la siguiente inscripcin:

    ARA SANCTA DOMINI. DEDICAVIT HANC AEDEM DOMINUS BACAUDA EPISCOPUS EGABRENSIS CONSECRATA EST BASILICA HEC SANCTE MARIE III KALENDAS IUNIAS. ERA DCLXXXVIII. FUNDAVIT EAM ALTISSIMUS PER EULALIAM ET FILIUM EIUS PAULUM, MONACHUM7.

    En la inscripcin, se nombra al Obispo Bacauda, obispo de Aegabro cuyo

    episcopado se sabe que abarc cronolgicamente del ao 648 al 671, y que por lo tanto, tuvo que asistir al Concilio VIII de Toledo, celebrado en el ao 6538. Y es que segn Nicols Albornoz y Portocarrero, el 30 de mayo del ao 650, Bacauda consagr la actual Iglesia de San Juan Bautista a la Virgen Mara, dejando como testimonio la citada piedra conmemorativa9. Esta pieza de altar es un testimonio realmente valioso, ya no solo para la historia de la villa de Cabra, sino para la evolucin del Cristianismo en Crdoba, al

    5 ALBORNOZ Y PORTOCARRERO, N., Historia de la ciudad de Cabra, Madrid 1909, p. 53. 6 GMEZ BRAVO, J., o.c., p. 77. 7 La traduccin podra ser: Este es un altar santo del Seor. Yo, Bacauda, Obispo de

    Cabra, dedico en fin esta iglesia consagrada a Santa Mara. Fue consagrada esta Iglesia de Santa Mara a los 30 de mayo en la era de 688 (ao de Cristo 650). Fundola el muy alto, por la devocin de Eulalia, y de su hijo Paulo, monje, en ALBORNOZ Y PORTOCARRERO, N., o.c., pp. 278-79.

    8 GMEZ BRAVO, J., o.c., p. 80. 9 ALBORNOZ Y PORTOCARRERO, N., o.c., p. 54.

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    tratarse de la primera y ms antigua pieza devocional a la Virgen Mara que conserva toda la dicesis cordobesa. Ciertamente, este ara est informando de la construccin de una baslica dedicada a Mara, lo que permite hacernos una idea de la importancia y el valor que llegaron a tener los textos conciliares en el desarrollo de la religiosidad del pueblo egabrense.

    Para cerrar este primer bloque de la fe mariana egabrense en poca visigtica, hemos de hacer referencia al testimonio de Constantino, Obispo de Aegabro, sucesor de Gratino10, quien asiste al Concilio XV de Toledo del ao 688, y reafirma que

    Jess es nacido del Padre antes de todos los siglos, segn la divinidad, pero en los ltimos das, hombre por nosotros y por nuestra salvacin de Mara Virgen; Madre de Dios, segn la Humanidad11.

    La invasin rabe en el ao 711, con todo el perodo de dominacin

    islmica, producir un cierto vaco sobre el conocimiento de la vida cristiana de los fieles egabrenses a lo largo de estas siete centurias de dominio musulmn. No obstante, el ejemplo de San Rodrigo, sacerdote egabrense martirizado durante el emirato de Abd al-Rahmn II (822-852), es uno de los muy pocos casos que conocemos con veracidad, y que confirma la pervivencia de la religin cristiana en esta sede episcopal del sur de Crdoba12.

    Tras el largo y difcil perodo de dominacin islmica, llegamos al siglo XIII,

    la centuria de las grandes conquistas cristianas en Andaluca13, y nuevamente volvemos a encontrar otros testimonios populares de la fe mariana en la sede episcopal de Aegrabro. Concretamente, la conquista de Cabra tendr lugar en el ao 1240. Una vez que Fernando III recupera la Villa, en favor de la corona castellano-leonesa, lo primero que se hizo en el pueblo fue construir una iglesia, aprovechando el espacio de la antigua mezquita que en su da se utiliz para la oracin de la comunidad musulmana establecida en Aegabro. Este templo cristiano que se erige en estos primeros momentos de la Reconquista es dedicado a la Virgen Mara, y actualmente se corresponde con la Iglesia Parroquial de Nuestra Seora de la Asuncin y los ngeles14.

    10 dem. p. 81. 11 dem. p. 54. 12 dem. pp. 60-61. 13 Solo el Reino Nazar de Granada (que en ese momento comprenda parte de las

    provincias de Crdoba, Sevilla, Jan, Murcia y Cdiz, y la totalidad de Almera, Mlaga y Granada) seguir bajo dominio musulmn, hasta el ao 1492 en que los Reyes Catlicos derrotarn al rey nazar Boabdil.

    14 VEGA MURILLO Y AGUILAR, J. de la, Historia y Antigedades de la Nobilsima Ciudad de Aegabra, hoy Villa de Cabra, Cabra 2000, p. 180.

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    Muy interesante es la dcada de 1340, ya que en ella aparece, por primera vez, la presencia de la devocin de los egabrenses a Nuestra Seora de la Sierra, segn un texto fechado hacia 1347 donde se recoge de manera muy explcita:

    El monte (la sierra) que dicen Robredo de Santa Mara es bueno de oso, et de puerco en todo tiempo. Et es la vocera desde el Torrejn hasta la Zahurdas de Johan Ponce. Et es el armada en el Alcantarielli, et en el arroyo, que dicen de Santa Mara15.

    Con esta ltima aportacin, cerramos este breve repaso sobre los testimonios

    que dan fe de la religiosidad popular de los habitantes de Aegabro a la Virgen Mara, y pasamos a continuacin a analizar otros matices sobre la tradicin devocional de, ahora s, Santa Mara de la Sierra. II. LA ADVOCACIN DE NUESTRA SEORA DE LA SIERRA: ORIGEN

    DE UNA LEYENDA

    Segn cuenta la tradicin, en los inicios del Cristianismo -en pleno siglo I-, San Hesiquio, uno de los siete varones apostlicos ordenado obispo por San Pablo y San Pedro16, llega a la Pennsula Ibrica para dar testimonio de la fe cristiana e intentar llevar el mensaje de Cristo hasta el ms perdido rincn de nuestra geografa espaola. A su llegada a la Dicesis de Aegabro, Hesiquio fue recibido por sus habitantes con gran entusiasmo, y su mensaje fue acatado con gran rigurosidad y respeto. Ser en este momento cuando el Santo done a la comunidad cristiana egabrense una talla de la Santsima Virgen Mara que l haba recibido del propio San Pablo, y que segn mantiene la tradicin fue tallada por el evangelista San Lucas17.

    Esta imagen de Nuestra Seora fue recibida por los cristianos egabrenses con gran alegra, ilusin y responsabilidad a la vez, hasta tal punto que llegaron a construirle, para su veneracin y culto, una pequea iglesia, sobre los restos de un antiguo templo dedicado a la diosa Fortuna. Esta primitiva efigie de la Virgen Mara, con el paso del tiempo se acabara convirtiendo en la actual Virgen de la Sierra, patrona y alcaldesa perpetua de Cabra. De este modo, como bien apunta el Presbtero Sr. Pedroza y Garca, vemos cmo la presencia de la Virgen de la Sierra va a estar presente ya desde las primeras

    15 ALBORNOZ Y PORTOCARRERO, N., o.c., p. 87. 16 Los otros seis varones apostlicos fueron Torcuato, Tesifonte, Indalecio, Segundo,

    Eufrasio y Cecilio. 17 No podemos olvidar en ningn momento que ste es un dato lleno de carcter

    legendario y piadoso, fruto de la religiosidad popular del pueblo; cientficamente est demostrado que este dato es insostenible.

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    pginas de la historia de la villa de Cabra, dando respuesta a la religiosidad popular del pueblo, aunque s es cierto que la advocacin de Nuestra Seora de la Sierra como tal, surgir algn tiempo despus18.

    Muy importante para el estudio y evolucin de la religiosidad popular egabrense ser la presencia de Arcesindo, el dcimo obispo en ocupar la sede episcopal de Aegabro19, ya que todo apunta a que l ser el responsable de la ocultacin de la sagrada imagen de la Virgen Mara, que haba donado Hesiquio, en una cueva de la sierra del pueblo20, para as protegerla ante la invasin musulmana21. Desde un punto de vista histrico, hemos de recordar cmo esta invasin musulmana se produjo en el ao 711, en la denominada Batalla de Guadalete, en la cual la monarqua visigoda, con su ltimo rey -Don Rodrigo-, cay en manos del Islam.

    Concretamente, esta ocultacin de la Santsima imagen de Nuestra

    Seora se llev a cabo en la madrugada del da 11 de noviembre del ao 714, como bien apunta Narciso Garca Montero y Pelayo, en sus escritos pertenecientes a la fundacin de la villa de Cabra, y ser descubierta en el ao 1237.22 Es decir, durante 523 aos estuvo la sagrada imagen escondida, y a la vez custodiada, en el interior de la cueva, como si se tratara de una preciosa perla escondida en una vasta concha.

    Una vez que ha concluido el perodo de dominacin islmica, Cabra ser

    conquistada por el Rey San Fernando en el ao 1240, e inmediatamente hemos de situar el hallazgo de la imagen mariana en la sierra egabrense, la que haba ocultado Arcesindo, a raz del comunicado de un humilde pastor de la sierra, cuya identidad evidentemente se desconoce, que juraba haber encontrado una imagen de Nuestra Seora escondida en una pequea cueva23.

    Ante tal anuncio, el Rey San Fernando dar la orden de ir al lugar expresado

    por el pastor para comprobar si era cierto dicho hallazgo. As pues, acompaado de su comitiva, el venerable obispo, el clero local y multitud de fieles, Fernando III parte hacia la cueva donde el pastor jur hallar la imagen mariana.

    18 ALBORNOZ Y PORTOCARRERO, N., o.c., pp. 48-49. 19 GMEZ BRAVO, J., o.c., p. 81. 20 Geogrficamente, las sierras de Cabra forman parte del singular y emblemtico Parque Natural

    de las Sierras Subbticas, situado al sur de la provincia de Crdoba. Tambin forman parte de este Parque Natural los municipios, todos cordobeses, de Almedinilla, Benamej, Carcabuey, Doa Menca, Encinas Reales, Fuente Tjar, Iznjar, Lucena, Luque, Palenciana, Priego de Crdoba, Rute y Zuheros.

    21 GMEZ BRAVO, J., o.c., p. 55. 22 GARCA MONTERO Y PELAYO, N., Fundacin o Historia de la Antigedad de la

    ciudad de Cabra, Cabra 2004, pp. 53-55. 23 ALBORNOZ Y PORTOCARRERO, N., o.c., p. 86.

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    Al llegar a la cueva, en lo ms alto del Picacho de la Sierra de Cabra, el pastor se adelant y extrajo de la gruta la deseada imagen mariana, imagen que fue recibida por todos los presentes con gran gozo y alegra. Fue entonces cuando Fernando III orden sacar la imagen de su gruta y depositarla en un templo adecuado, para que los cristianos pudieran contemplarla y venerarla con mayor facilidad.

    Evidentemente, este deseo del monarca se llev a cabo, a pesar de los

    muchos problemas que surgieron al intentar trasladar la imagen de la gruta a la iglesia que se acababa de consagrar en el pueblo sobre la antigua mezquita. Como si se tratase de un deseo divino superior, result realmente imposible bajar al pueblo con la imagen. En la bajada iban surgiendo numerosos problemas que impedan llegar a la Villa. Estaba claro, era una manifestacin de Nuestra Seora, la cual no quera abandonar esa cueva -o al menos la sierra-, que le sirvi de cobijo durante los cinco siglos de dominacin islmica. De alguna manera, sta se haba convertido en su templo, y su deseo era ahora permanecer en aquellas montaas. Sabiamente, el Obispo intuy lo que ocurra, y fue entonces cuando orden que se suspendiera la ejecucin; la Virgen no poda ser extrada de aquella sierra que, durante siglos, la salv y protegi de los musulmanes24.

    Realmente, el deseo divino era erigir un templo dedicado a la hallada imagen,

    en lo ms alto de toda la montaa, en el encumbrado monte, cerca del lugar exacto de la gruta donde fue encontrada la imagen de Nuestra Seora. Tras el fallido intento de levantar un primer santuario a la imagen en el lugar que llaman de la Viuela, se inician las obras de construccin del actual Santuario, justo en lo ms alto de toda la sierra egabrense.

    Concluidas las obras del Santuario, mand el Obispo se le diese a la Santa

    Imagen la advocacin de Nuestra Seora de la Sierra, pues era normal que tras haber estado encerrada y oculta la imagen en lo ms profundo de sus entraas durante siglos, por un mnimo de respeto, llevase esa pequea connotacin en su advocacin, en recuerdo a esa romntica y conmovedora historia que el pueblo de Cabra an hoy en da sostiene en todo momento como identidad de su religiosidad popular25.

    Hasta ahora, todo lo sealado son datos que hemos de entenderlos como

    simples manifestaciones de la devocin religiosa popular del pueblo egabrense. Se trata de la religiosidad popular de un pueblo y, a pesar de su gran carga legendaria, no debemos olvidar que los datos realmente verdicos vienen documentndose a partir del ao 1240 en que tiene lugar la Reconquista de la Villa.

    24 GARCA MONTERO Y PELAYO, N., o.c., p. 54. 25 dem. p. 56.

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    III. EL SANTUARIO, MXIMA EXPRESIN DE LA DEVOCIN POPULAR A NUESTRA SEORA DE LA SIERRA

    Levantado a 1.217 metros sobre el nivel del mar, el Santuario de Nuestra

    Seora de la Sierra se ubica en pleno Parque Natural de la Subbtica cordobesa, en el Picacho de la Sierra de Cabra, en el denominado Balcn de Andaluca, llamado as por la espectacular e inconfundible panormica que ofrece al visitante, llegando a alcanzar parte de la Cordillera Btica, de Sierra Morena y de la Depresin del Guadalquivir26. En este lugar singular, nico, se construy el santuario, el lugar de encuentro y confluencia, donde la piedad popular de la comunidad cristiana expresa su amor a la Virgen Mara, la cual es considerada el santuario vivo del Verbo de Dios -Cristo-, el arca de la alianza nueva y eterna. Con estas premisas se erige el santuario, dedicado a la Santsima Madre de Dios, Mara de la Sierra.

    Elemento esencial y significativo del santuario es el atractivo que ste

    ejerce sobre los fieles, que tendrn como meta la peregrinacin para acercarse a Mara. La visita al santuario es una muestra de la devocin mariana por parte de los fieles que, atrados por la presencia de Mara y deseosos de conectar espiritualmente con la Madre, caminan con el objetivo de convertirse en verdaderos hijos de Dios y alcanzar la plenitud de Nuestro Seor Jesucristo, por mediacin de la Santsima Virgen Mara. El peregrino, al caminar, practica la penitencia. Su objetivo ser llegar al santuario, donde recibir la absolucin y sus pecados quedarn perdonados27.

    Centrndonos ya en el estudio de nuestro Santuario de Mara Santsima de la Sierra, hay que destacar cmo a pesar de haber datos fehacientes que nos informan de la existencia del Santuario ya en el siglo XVI, lo cierto es que se trata de un templo que ha sido reconstruido sucesivamente a lo largo del tiempo; sin ir ms lejos, la ltima gran intervencin la tenemos en el ao 1978-7928.

    Aunque su origen no est nada claro -no se conoce la fecha exacta de la

    construccin de la iglesia-, lo que s podemos afirmar con total seguridad es que se trata de un templo levantado tras la Reconquista, y teniendo en cuenta la fecha de este acontecimiento, 1240 (en el caso de Cabra), podemos fechar el Santuario en la segunda mitad del siglo XIII.

    No obstante, en el ao 1591, bajo la direccin del maestro albail Miguel

    Snchez Villodres, se decide reconstruir el Santuario, para frenar su amenazante

    26 VARIOS, Gua histrica de Cabra, Cabra 1999, p. 218. 27 VARIOS, Cabra y su Patrona, Cabra 1997, pp. 115-17. 28 dem. p. 136.

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    estado de ruina29. A la primitiva iglesia del siglo XIII, reconstruida en su totalidad, se le aade ahora una serie de dependencias anejas, alrededor del patio que antecede al templo, dependencias que, en su momento, fueron construidas precisamente con el fin de ser utilizadas como hospedera para los numerosos peregrinos que acudan incesantemente a venerar la imagen de Nuestra Seora de la Sierra30.

    Ahora bien, si analizamos el templo desde un punto de vista propiamente

    artstico, hemos de destacar cmo se trata de una iglesia de una sola nave, cubierta con una bveda de can, decorada con lunetos, y una pequea bveda rebajada sobre pechinas en la zona correspondiente a la cabecera31.

    El retablo mayor, muy estudiado por la profesora M ngeles Raya Raya, constituye sin duda una de las piezas ms destacadas y singulares de toda la retablstica cordobesa del siglo XVII. Aunque se conocen pocos datos acerca de su construccin, sabemos que es comenzado en torno a 1691 por el arquitecto Melchor de Aguirre32. En el camarn central, aparece la venerada imagen de Nuestra Seora de la Sierra33. Se trata de un camarn marmreo, con aplicaciones en bronce, proyectado en 1927 por el arquitecto italiano Enrique Daverio Bara, autor tambin de la peana de mrmol que sirve de apoyo a la imagen34.

    En el lado del Evangelio, coincidiendo con la zona del crucero, encontramos el Retablo de Santa Ana, una sencilla muestra del buen hacer de los maestros cordobeses del siglo XVIII. Se trata de un retablo de madera tallada, dorada y policromada, con llamativos tonos verdes y rojos, obra del maestro prieguense Francisco Javier Pedrajas (1736-1811), maestro que trabajar en Cabra durante todo el ltimo tercio del siglo XVIII. Lo cierto es que aunque no conocemos con exactitud la fecha de construccin del retablo, este dato nos permite establecer una cronologa aproximada sobre tal mquina; a falta de conocer el ao concreto de su elaboracin, podemos afirmar que se trata de un retablo de finales del siglo XVIII, momento de la centuria en que el artista se encuentra asentado en Cabra. La Santa Ana titular es una elegante talla de tamao natural, realizada en 1742 por el escultor, tambin prieguense, Cecilio Antonio Franco

    29 En este sentido, tenemos el testimonio de Pedro del Castillo, cantero y vecino de la villa, quien en 1591 se halla labrando la piedra ques nezesaria para hazer de nuevo la capilla de la dicha hermita.

    30 VARIOS, Catlogo artstico y monumental de la Provincia de Crdoba, Crdoba 1983, t. 2, p. 123.

    31 VARIOS, Gua Artstica de Crdoba y su provincia, Crdoba 2006, pp. 463-64. 32 RAYA RAYA, M ., El retablo barroco cordobs, Crdoba 1987, p. 397. 33 Este camarn fue costeado por la Excelentsima Seora Doa Carmen Gimnez Flores,

    Vizcondesa de Termens. 34 VARIOS, Gua, o.c., p. 218.

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    Roldn (1706-1780)35, cuyo estilo, sobre todo por el tipo de policroma mate que presenta, puede encuadrarse dentro de la esttica de la escuela granadina del siglo XVIII36.

    Ciertamente, se trata de un retablo muy restaurado a lo largo de su historia,

    cuya ltima intervencin, efectuada por el escultor Manuel vila Valverde, data de finales del siglo pasado, aos 1992-94. Del mismo modo, la talla de Santa Ana tambin ha sido sometida a varias restauraciones, siendo la ms reciente la que realiza en el ao 1994 el escultor cordobs Miguel Arjona37.

    Frente a este Retablo de Santa Ana, vemos la talla de San Fernando, una

    imagen de tamao algo mayor del natural, donde el monarca aparece portando dos de sus atributos iconogrficos ms destacados, como son la espada, en alusin a su faceta de rey guerrero, y la bola del mundo, por su importancia en el marco de la Reconquista y unificacin territorial de la Pennsula.

    Finalmente, vemos en el lado de la Epstola la moderna imagen del llamado

    Cristo del Picacho, una singular obra del citado escultor cordobs Miguel Arjona, fechada en 1980. Se trata de un crucificado de cuatro clavos que curiosamente muestra su color natural de la madera38. La incorporacin de esta pieza de los ltimos aos del siglo XX evidencia la preocupacin de la Archicofrada de Nuestra Seora de la Sierra por mantener vivo el fervor mariano junto al culto a su Hijo. IV. LA IMAGEN DE NUESTRA SEORA DE LA SIERRA: TALLA

    MEDIEVAL ADAPTADA A LAS MODAS DEL MOMENTO

    Hemos dejado para el final el estudio de la titular de la ermita, pieza sumamente peculiar que participa, al igual que otras advocaciones andaluzas, de la leyenda y la tradicin popular, siendo este un rasgo que, como veremos a continuacin, dificultar enormemente el estudio de la imagen. Como ocurre con la mayora de las advocaciones marianas, el ejemplo de Nuestra Seora de la Sierra va a suponer, en el caso concreto de Cabra, un pilar bsico para entender y valorar la evolucin de la religiosidad popular de este pueblo del sur de la provincia de Crdoba. Su importancia, ya no a nivel egabrense, sino dentro de toda la zona de la Subbtica, va a ser realmente excepcional, incomparable con cualquier otra imagen mariana de la regin.

    35 VARIOS, Catlogo, o.c., p. 124. 36 Frente a la tendencia granadina de utilizar policromas mates, la escuela sevillana del

    Setecientos destacar, en la mayora de los casos, por el empleo de policromas brillantes. 37 VARIOS, Catlogo, o.c., p. 219. 38 dem. p. 220.

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    En este sentido, vemos cmo su importancia se hace an mayor si tenemos en cuenta que Andaluca, y muy en concreto toda esta zona de la Subbtica, va a rendir un especial culto a la figura de Mara. Como dato curioso, destacaremos cmo los catorce pueblos que conforman esta comarca van a tener como patrona siempre a una imagen mariana; en cambio, el patrn podr ser o bien el propio Cristo, en cualquiera de sus numerosas advocaciones, vase el caso de la localidad de Encinas Reales (Nuestro Padre Jess de las Penas), o bien un santo masculino, como vemos en el pueblo de Luque (San Bartolom). Vemos pues cmo la religiosidad popular de muchos pueblos andaluces se expresa a travs de las diversas advocaciones marianas, dentro de las cuales sern las de gloria las que gocen de un mayor arraigo y carcter popular, frente a las dolorosas.

    Teniendo en cuenta los testimonios que nos han llegado, vamos a tratar de

    acercarnos a la imagen desde una perspectiva actual, analizando las caractersticas que la escultura presenta, y valorando las intervenciones que a lo largo del tiempo se han llevado a cabo. Debido a su antigedad, a los problemas ocasionados por la carcoma a lo largo de su existencia, y sobre todo, a las numerosas mutilaciones que ha sufrido, la imagen nos ha llegado bastante daada y alterada con respecto a su forma original39.

    Ahora bien, si nos atenemos al anlisis histrico-artstico de la imagen,

    tendramos que destacar, en primer lugar, su antigedad, ya que es una de las piezas artsticas ms vetustas que conserva la Dicesis de Crdoba. Se trata de una talla completa realizada en madera de lamo policromada, de tamao algo menor que el natural, representada de pie, con postura hiertica, frontal, cabeza oval, con corona tallada, rostro poco expresivo, boca pequea, nariz recta y fina, y ojos grandes de color azul verdoso. En el cuello, exhibe una gruesa gargantilla, tambin policromada, sobre la que reposara -en su lado derecho-, la cabeza del Nio Jess, sostenido por el brazo izquierdo de la Madre40. Viste su cuerpo con tnica roja y manto azul ceido a la cintura, pierna ligeramente flexionada y pliegues que caen dejando ver uno de los pies, calzado con un curioso escarpn. En su parte inferior trasera, muestra la talla una pequea cavidad, no excesivamente profunda41.

    39 Segn los datos proporcionados por el citado escultor cordobs Miguel Arjona Navarro, el mismo que restaur la imagen en el ao 1978, antes de ser sometida al proceso de restauracin, la talla se hallaba cubierta con un velo sobre la cabeza, tocada con una corana de madera dorada. Estos elementos evidentemente corresponden a esas transformaciones que se le han ido efectuando a la imagen durante la Edad Moderna para adaptarla a los gustos de cada momento, con el fin de ataviarla segn la moda de cada poca.

    40 Desconocemos cuando fue mutilada, al serle arrebatado el Nio, que presumiblemente formaba una pieza con la Madre.

    41 No conocemos el porqu de esta oquedad, una de las hiptesis sera que pudo haber sido pensada para aligerar el peso a la imagen. Pero por otro lado, existe otra teora, que es la

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    Centrndonos en la imagen que hemos comentado, tenemos que sealar que es una obra cuyas caractersticas formales e iconogrficas encajan dentro de la imaginera andaluza, y ms concretamente cordobesa, de mediados del siglo XIV42. En este sentido se manifiestan los autores del Catlogo Artstico y Monumental de la Provincia de Crdoba, quienes clasifican la escultura como obra del siglo XIV, sin especificar tercio o algn otro dato cronolgico43. Por su parte los autores de la Gua Artstica de Crdoba y su Provincia, fechan la imagen en el ltimo cuarto del siglo XIV44.

    Por otro lado, desde un punto de vista iconogrfico, la imagen de Nuestra

    Seora de la Sierra de Cabra responde a la tipologa iconogrfica de Virgen Conductora de su Hijo; muy realista y asequible a toda comprensin, va a mostrar esa actitud rigurosamente frontal, sin apenas expresin en el rostro, con un acusado hieratismo, tal y como hemos destacado, y que aparece oculta por la gala de sus vestidos. No obstante, a pesar de su inexpresividad, sta ser una virgen de gran solemnidad, muy similar en este sentido a la denominada kyriotissa o Panagia Nikopoia, tambin tpica del mundo oriental, que aparece sosteniendo al Nio Jess en sus manos45.

    En su obra de 1668 Historia y Antigedades de la Nobilsima Ciudad Aegabra

    y Villa de Cabra, el Doctor Juan de la Vega Murillo describe la imagen de Nuestra Seora de la Sierra de la siguiente manera:

    Tiene la Santsima Imagen hasta seis palmos en su estatura, el rostro es hermossimo y por extremo induce una devocin respetuosa y un agrado admirable. Los ojos tiran algo azules, el color muy blanco, perfectsimas las dems facciones y toda un cielo favorable a los que devotamente la invocan 46.

    No menos interesante resulta la descripcin hecha por el cronista egabrense

    de mediados del siglo XVIII Narciso Garca Montero Pelayo, el cual se refiere a la imagen de Nuestra Seora de la Sierra con las siguientes palabras:

    que est siendo ms aceptada, sobre todo a raz de las ltimas investigaciones, segn la cual este hueco fue empleado para guardar algn tipo de reliquias, costumbre muy generalizada durante la Edad Media. Segn esta teora, nos encontraramos ante una imagen-relicario, de un gran carcter sagrado, ya que de alguna manera se va a convertir sta en una pieza sagrada, donde se depositar la reliquia de algn mrtir o cualquier otro objeto digno de veneracin por parte de los fieles.

    42 VARIOS, El arte de la Reconquista cristiana, Sevilla 1990, t. 3, pp. 297-298. 43 VARIOS, Catlogo, o.c., p. 124. 44 VARIOS, Gua, o.c., p. 463-64. 45 REAU, L., Iconografa del arte cristiano. Iconografa de la Biblia. Nuevo Testamento,

    Barcelona 1996, t. 1, pp. 100-101. 46 VEGA MURILLO Y AGUILAR, Juan de la, o.c., p. 212.

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    La estatura de esta Imagen es algo menos que la natural. Es de rostro aguileo, frente espaciosa y serena, nariz pulida, boca muy pequea y perfecta, ojos azules, o garzos pintados, que parecen mirar con repente, pero alaguea y con agrado. El color de su rostro es blanco en extremo y algo sonrosado; la barba, pequea y muy graciosa; las manos pequeas y del mismo color del rostro y garganta, y todos sus miembros muy proporcionados y conformes entre s. Su vista infunde un gran respeto y veneracin, pues parece que la envuelve un no s qu de misterio y sagrado que dispone santamente el nimo e inspira al que la contempla los ms elevados y celestiales pensamientos47.

    V. LA IMAGEN ACTUAL: LA UNIN DE LA DOCTRINA MARIOLGICA CON LAS AURAS POPULARES

    Actualmente, la imagen que contemplamos de Mara de la Sierra no tiene

    nada que ver con la escultura medieval, ya que sta queda oculta bajo las vestiduras que la adornan. Este cambio esttico ha introducido unas manos que no corresponde al estilo de la imagen original sino que son posteriores, se trata de piezas talladas en madera y policromadas, que responden a la esttica del barroco. El actual Nio que la Virgen sostiene en sus manos no es el original, no corresponde a la misma cronologa que la imagen mariana. Se trata de una obra posterior, una talla policromada de estilo barroco, fechada en el siglo XVII, donde se representa al Nio Jess como Divino Infante, el Nio Redentor que, ataviado con sus mejores galas -ocultndose del mismo modo su talla-, aparece con su mano derecha alzada, en actitud de bendecir, mientras que con la izquierda sostiene el cetro real, en alusin al cargo que desempea la Virgen como Alcaldesa Perpetua de Cabra.

    Desde un punto de vista estilstico, se trata de un nio de elegantes

    proporciones, con un rostro mucho ms expresivo y cercano que el de la Madre, resulta evidente la evolucin estilstica entre ambas figuras, y con ese caracterstico cabello rizado y agolpado en bucles que ha conducido al profesor Villar Movelln a atribuirlo a la escuela hispalense de la segunda mitad del XVII48. La mirada del Nio es dulce, dirigida hacia el cielo, con una expresin mstica y gran carcter espiritual. Se trata de una talla que se mostrar siempre ataviada con ricas vestimentas que, en la mayora de los casos, dependiendo del tiempo litrgico o la festividad a celebrar, va a ir vestido a juego con las indumentarias de la Madre.

    47 GARCA MONTERO Y PELAYO, N., o.c., p. 54. 48 VARIOS, Gua, o.c., p. 464.

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    Para concluir, en cuanto a la apariencia que adopta la imagen tras ser revestida en la poca barroca, nos quedamos con la opinin del profesor egabrense Salvador Guzmn Moral:

    Las formas del vestir que actualmente luce la Virgen de la Sierra fue de uso comn para estas imgenes en el ltimo cuarto del siglo XVI. Se trata de un traje de gran dama a la moda espaola de aquella poca. La moda femenina de fines del XVI y principios del XVII consista en un vestido de lneas sencillas y elegantes, compuesto de basquia o falda acampanada de amplio vuelo, que a tenor de los gustos de entonces no deba tener ni el ms pequeo pliegue o arruga. El busto se cubra con el jubn o corpio, de cerrado escote y alto cuello, terminado con gorera de finos encajes. Las mangas del jubn se ajustaban al brazo, con puos o vuelillos del mismo encaje. La cabeza que se cubre con una toca y se adorna en torno al rostro con una fina puntilla de encajes, con el paso del tiempo se ensanchar y enriquecer con oro y orfebrera, creando el rostrillo que ahora conocemos 49.

    Palabras que reflejan muy bien el valor de la imagen y su adecuacin a los tiempos.

    49 VARIOS, Gua, o.c., p. 219.

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    1. Exterior del Santuario.

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    2. Subida al Santuario, ao 2004.

    3. Imagen de la Virgen. Talla.