Jos© Ignacio Perdomo Escobar - Abor­genes - Instrumentos

download Jos© Ignacio Perdomo Escobar - Abor­genes - Instrumentos

of 31

  • date post

    21-Dec-2015
  • Category

    Documents

  • view

    221
  • download

    2

Embed Size (px)

description

Historia de la música en colombia

Transcript of Jos© Ignacio Perdomo Escobar - Abor­genes - Instrumentos

  • B I B L I O T E C A D E H I S T O R I A N A C I O N A L V O L U M E N C I I I

    JOSE IGNACIO PERDOMO ESCOBAR PRESBITERO

    HISTORIA DE LA MSICA EN COLOMBIA

    T E R C E R A E D I C I O N

    E D I T O R I A L A B C B O G O T A , 1963

  • I

    ABORIGENES

    Difcil tarea es la de escribir sobre la msica aborigen. Toda civilizacin deja vestigios en los diversos ramos del arte; ruinas de edificios, vasos de cermica, piezas de orfe-brera, cdices literarios, etc. Los indgenas tocaban o can-taban sus sencillas melodas, sobre temas religiosos o guerre-ros, que eran transmitidos a sus descendientes por tradicin. Algunas se conservan completamente adulteradas, perdidos el carcter y la pureza primitivos por la influencia de diver-sos elementos, de los cuales resalta la imposicin que hicie-ron los conquistadores, de su religin, lengua y arte.

    Si queremos formarnos una idea completa del arte mu-sical indgena, necesitamos echar una ojeada general a la m-sica de los aborgenes americanos, principalmente a las civi-lizaciones maya, nahua e inca, y luego cotejarlas con las nues-tras, porque la msica en sus primeras manifestaciones coin-cide por su rusticidad con los rasgos meldicos y rtmicos de todos los pueblos primitivos, y slo la deforma y le da sabor local el medio ambiente. Adems, est probado que las ci-vilizaciones de Suramrica fueron influidas por el elemento tnico y artstico de las que florecieron en el norte del Continente, y a su turno la cultura de los indios colom-bianos fue una repercusin de la incaica, en muchos de sus aspectos.

    La msica de los indios colombianos presenta las mis-mas manifestaciones artsticas que las halladas en otros pue-blos americanos precolombinos. Acompaaba con sones pri-mitivos y salvajes las danzas, estaba en estado de magia, por-que los msicos eran algo as como los arspices de cada

    7

  • tribu. La meloda aparece impregnada de supersticin, del terror al demonio amedrentador que se presentaba mezcla-do en sus mitos religiosos; era de una cadencia disonante co-mo el medio en que floreca.

    Por lo que hay escrito sobre el particular por los cro-nistas, salta a la vista que cultivaban los diversos gneros musicales: religioso, guerrero, fnebre, triste, alegre, etc., y tenan el ritmo determinado por medidas fijas de igual du-racin, pero no un molde rtmico capaz de clasificar un aire dado. Su msica pertenece a la etapa intuitiva.

    Todos los cronistas de Indias coinciden en cuanto se re-fiere al arte musical de los aborgenes americanos conquis-tados por los espaoles. Nos vemos en la necesidad de citar-los a cada paso, aun a trueque de fastidiar a los lectores con la copia de citas, pero sus obras son la nica fuente segura para investigar sobre este asunto, de suyo oscuro y escaso de documentacin.

    Las ceremonias del Dorado eran acompaadas de m-sica instrumental compuesto de fotutos y flautas de caa; mientras el cacique, cubierto de polvo de oro, haca la ofren-da en la laguna sagrada.

    En febrero conmemoraban los chibchas la venida de Bochica con procesiones y rogativas. Venan cerca de diez mil indios de los reinos de Tunja, Bogot y Sogamoso, y al son de caracoles marinos guarnecidos de oro, de flautas y tamboriles, celebraban las ceremonias religiosas.

    Los indios de Sogamoso hacan conmemoracin de la creacin de la luna, con una fiesta simblica denominada Hun. E l cortejo de la diosa era encabezado por el jefe de la tribu, vestido de azul, y lo formaban unos doce moce-tones suntuosamente ataviados con mantas de algodn tei-das de vivos colores y plumas de diversas aves; entonaban cantares alusivos a la solemnidad celebrada, en los que con-memoraban los designios de la vida futura y la inmortali-dad del alma.

    E l Padre Simn refiere que cuando los chibchas cele-braban las fiestas de la muerte, ayunaban durante todo el da los indios los heraldos de la muerte designados al efecto por los sacerdotes, "taendo flautas y haciendo una

  • Trompetas de oro. Atencin del Museo del Oro del Banco de la Repblica.

  • Trompeta de oro. Museo del Oro.

  • Cabeza de alfiler, sonajero de oro. Museo del Oro.

  • Caracol de oro, Museo del Oro,

  • msica melanclica y triste para significar en aquello ms a lo vivo lo que representaban". Adentro del cercado o pa-lacio del cacique se colocaban otros indios tocando en sus instrumentos, "que hacan msicas tan tristes que incita-ban a llorar a todos de rato en rato.

    La fiesta que tenan los caciques cuando se terminaba la construccin de un cercado no difera mucho de la ante-riormente descrita. Dada la ltima mano a la calzada que haca frente a la puerta principal, comenzaban los regocijos que celebraban:

    "con muchos entremeses, juegos, danzas, al son de sus agrestes caramillos y rsticas cicutas y zamponas cada cual ostentando sus riquezas con ornamentos de plumajera y pieles de diversos animales; muchos con diademas de oro fino y aquellas medias lunas que acostumbraban y ya cuando llegaban al remate (de la calzada) hacan a sus dolos ofrendas ^ no sin humana sangre hartas veces i .

    Cuando celebraban los funerales de un cacique "llo-raban al difunto al son de unos tristes instrumentos y en vo-ces en que cantaban en endechas los grandes hechos del di-funto". A la muerte de Nemequene, los doloridos subditos le hicieron grandes funerales al son de melanclicos canta-res "donde se presentaban las hazaas y otras cosas que le sucedieron en el decurso de su reinado".

    Al sobrevenir la muerte de cualquier indio, el Mohn conjuraba a los espritus malignos para que salieran del cuerpo del difunto; tocaba tambor, flautas, correteaba alre-dedor del boho y levantaba gran algaraba para que salie-ran los espritus del mal.

    " E l vino que beben en estas fiestas es muy espeso, y tan-to, que les basta para comida y bebida, lo cual beben muy a menudo, porque dando cinco o seis vueltas a la redonda

    i JUAN DE CASTELLANOS. Historia del Nuevo Reino de Granada, t. i, cap. n.

  • puestos los unos las manos sobre los otros, cantando con cierto comps de pies que concierta con el tono que de can-tar llevan; se sientan y les dan de beber y luego se levantan y tornan a bailar y cantar y dar otras tantas vueltas y trnanse a sentar y beber; cuando han bebido todos, un indio prin-cipal a quien es encargado, comienza a llorar y a hacer con-memoracin por el cacique muerto y luego le siguen todos con sus llorosas voces muy a comps y en cesando de llorar el principal, luego cesan todos y se levantan a proseguir el baile y cnticos tan sin pesadumbre como si la tristura no hubiera pasado por ellos, y as duran las fiestas y llanto cuanto dura el vino, que como dije suelen ser tres o cuatro das con sus noches" 2 .

    Una relacin de la poca nos cuenta que "cuando al-gunos indios quieren rebelarse y hacer alguna alteracin y otra cosa sealada, primero han de anteceder grandes juntas y concursos de gentes en partes sealadas donde residen los ms principales y all se entretienen algunos das y noches las cuales dependen en bailar y cantar y beber hasta embria-garse. En estos cantan y representan los indios los trabajos que en servir a los espaoles tienen, la libertad y excepcin que antes tenan, la opresin en que se ven, las muertes que sus padres, hermanos, amigos y parientes recibieron en la conquista, el despojarse de los hijos o hijas para minas y el verse despojados de sus santuarios y simulacros y no tener la libertad que antes para idolatrar" (1956) Boletn de His-toria y Antigedades, pg. 203.

    Todava se conserva entre los habitantes de la Sabana de Bogot y en las regiones del centro de Cundinamarca y Boyac la tradicional fiesta de las siembras, con las reminis-cencias que antao observaran sus ascendientes; despus del trabajo del da, hecho bajo los quemantes rayos de un sol cado a plomo, se renen los labriegos en la casa de la ha-cienda o en la venta, cuando el crepsculo, en arreboles de fuego, anuncia el fin de la jornada, para cantar al son de los

    2 FRAY PEDRO DE AGUADO. Historia de la Provincia de Santa Marta y del Nuevo Reino de Granada, p. 447.

    10

  • Arriba. Silbatos antropomorfo y zoomorfo de la cultura Tairona. Centro. Cascabeles de oro de la cultura Quimbaya. (Museo del Oro, Bogot.) Abajo. Cascabel en oro de la cultura Tairona. (Museo del Oro, Bogot.)

  • instrumentos nacionales regocijadas coplas del estro popu-lar, hasta que los rinden el cansancio, el sueo y la bebida.

    Una fiesta muy hermosa, que era celebrada cuando ha-can los sacrificios al Padre Sol, era una especie de torneo a modo de los pticos griegos, las justas de la Edad Media, o nuestros juegos florales. Venan de todos los confines de la jurisdiccin, bailarinas cubiertas de pieles de animales y ricas joyas; hacan la travesa como nuestros promeseros taendo varios instrumentos musicales hasta llegar a su des-tino, una vez reunidos todos los concursantes en torno al soberano, comenzaban a tocar y a danzar. Cada cual inven-taba figuras ms artificiosas y sugestivas para llevar el trofeo de la victoria, hasta que el cacique que "alababa las inven-venciones de las danzas, juegos de regocijos y libreas, daba algunas mantas de premio a las que las haban sacado mejo-res y refuerzos de chicha para el camino", con lo cual regre-saban los concursantes a sus respectivos bohos.

    Durante las guerras con los pueblos vecinos, las cuales eran frecuentes y encarnizadas, cada ejrcito vena aperci-bido de msicos militares, y cuando entraban en la lid "atro-naban la tierra y el aire en estruendo de trompetas, bocinas y caracoles", segn el decir de fray Pedro Simn. E l mismo autor afirma que al salir vencedoras las huestes de Sagipa, de los feroces y sanguinarios panches, celebraron la victoria "con cantares y danzas, a su modo taendo mucha suerte de instrumentos, que para estas ocasiones