El Retrato de Dorian Gray (Oscar Wilde)

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El retrato de Dorian Gray es una novela que escribió el autor irlandés Oscar Wilde, publicada en el Lippincott's Monthly Magazine el 20 de junio de 1890

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  • El retrato de Dorian Gray Oscar Wilde

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    CAPITULO I

    Un intenso olor de rosas penetraba en el estudio, y cuando, entre los rboles del

    jardn, comenzaba la brisa, llegaban por la puerta abierta el denso aroma de las

    filas o el ms delicado perfume de los agavanzos en flor.

    Desde el rincn del divn de alforjas persas en que yaca, fumando, segn

    costumbre, cigarrillo tras cigarrillo, Lord Henry Wotton poda divisar el resplandor

    dorado de las flores color de miel de un ctiso, cuyas ramas trmulas apenas

    parecan capaces de soportar el peso

    de tan flamante belleza, y de cuando en cuando, las sombras

  • El retrato de Dorian Gray Oscar Wilde

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    fantsticas de los pjaros cruzaban las largas cortinas de seda que cubran el

    ancho ventanal, produciendo una especie de efecto japons momentneo, y

    hacindole pensar en esos pintores de Tokyo, de rostro jade plido, que por medio

    de un arte forzosamente inmvil tratan de dar la impresin de la rapidez y el

    movimiento. El zumbido adusto de las abejas, abrindose camino a travs de la

    alta hierba sin segar, o revoloteando con montona insistencia en torno de las

    polvorientas cabezuelas doradas de una dispersa madreselva, pareca hacer an

    ms abrumadora esta quietud. El sordo estrpito de Londres era como el bordn

    de un rgano lejano.

    En el centro de la habitacin, sostenido por un caballete, vease el retrato, de

    tamao natural, de un joven de extraordinaria belleza, y frente a di, sentado a poca

    distancia, al pintor en persona, Basil Hallward, cuya sbita desaparicin pocos

    aos antes haba causado tanta sensacin y dado origen a tantas extraas

    conjeturas.

    Contemplaba el pintor la forma grcil y encantadora que tan diestramente reflejara

    su arte, y una sonrisa de satisfaccin cruz su rostro, pareciendo demorarse en l.

    Pero, de pronto, estremecindose, cerr los ojos y oprimise los prpados con los

    dedos, como si quisiera aprisionar en su cerebro algn extrao sueo, del que

    temiera

    despertar.

    -Es tu mejor obra, Basil; lo mejor que has hecho hasta ahora dijo Lord Henry,

    lnguidamente -. Debes enviarla el ao prximo ala exposicin Grosvenor. La

    Academia es demasiado grande y demasiado vulgar. Siempre que he ido, o haba

    tanta gente que no he podido ver los

    cuadros, cosa sumamente desagradable, o tantos cuadros que no he

    podido ver la gente, cosa peor todava. Realmente, Grosvenor, es el nico sitio.

    -Creo que no lo enviar a ninguno -contest el pintor, echando hacia atrs la

    cabeza con aquel ademn singular que tanto haca rer a sus condiscpulos de

    Oxford -. S; a ninguno.

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  • El retrato de Dorian Gray Oscar Wilde

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    Lord Henry enarc las cejas, mirndole con estupor a travs de las tenues

    espirales azules en que se rizaba caprichosamente el humo de su cigarrillo

    opiado.

    - Qu no piensas enviarlo a ningn sitio? Y por qu, puede saberse?

    Tienes algn motivo? Qu gente tan absurda sois los pintores! Andis de

    coronilla para haceros una reputacin, y en cuanto la consegus, parecis

    deseosos de echarla a rodar. Una tontera; pues slo hay una cosa en el mundo

    peor que el que se hable mal de uno, y es que no se hable. Un retrato como ste

    te colocara a cien codas

    por encima de todos los pintores jvenes de Inglaterra, y hara rabiar de envidia a

    los viejos, si es que los viejos son todava capaces de alguna emocin.

    -S que vas a rerte de m- replic el pintor -; pero te aseguro que

    realmente no puedo exponerlo. He puesto demasiado de m mismo en l.

    Lord Henry se repating en el divn, soltando la carcajada.

    -S, ya saba que te reiras; pero, a pesar de todo, es verdad.

    - Demasiado de ti mismo en l! Palabra de honor, Basil: no saba que fueras tan

    presuntuoso. Te aseguro que no veo la menor semejanza

    entre t, con esa cara ceuda y viril, y este joven Adonis, que parece hecho de

    marfil y de rosas. Caramba!, querido Basil: ste es un narciso, y t... claro que

    tienes una expresin inteligente, no hay que decir.

    Pero la belleza, la verdadera belleza, acaba donde comience una

    expresin intelectual. La inteligencia es en s misma un modo de exageracin, y

    destruye la armona de cualquier rostro. Desde el momento en que uno se sienta

    para meditar, se vuelve todo nariz, o frente, o cualquier otra cosa horrenda. Fjate

    en los hombres que sobresalen en todas las profesiones doctas. Son,

    sencillamente, repugnantes. Excepto, claro est, en la Iglesia. Pero es porque en

    la Iglesia no piensan. Un obispo contina diciendo a los ochenta lo que le

    ensearon a decir a los diez y ocho; por eso, y como consecuencia natural,

    siempre resulta delicioso.

  • El retrato de Dorian Gray Oscar Wilde

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    Tu misterioso amigo, cuyo nombre todava no me has dicho, peco

    cuyo retrato realmente me fascina, no piensa nunca; estoy completamente seguro.

    Es una criatura admirable y sin seso, para tener en invierno, cuando no hay flores

    que mirar, y en verano,

    cuando necesitamos refrescar el entendimiento. No te hagas ilusiones, Basil; no te

    pareces a l lo ms mnimo.

    -No me has entendido, Harry -contest el artista -. Naturalmente que no me

    parezco a l. Lo s de sobra. Y, realmente, sentira parecerme a l. Te encoges

    de hombros? Te estoy diciendo la verdad. En toda preeminencia, fsica o

    intelectual, hay una especie de fatalidad: esa fatalidad que parece seguir la pista,

    a travs de la historia, de los

    pasos vacilantes de los reyes. Es mejor no diferenciarse demasiado de

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    los dems. Les feos y los necios tienen la mejor parte en este mundo. Pueden

    sentarse a sus anchas y bostezar ante la farsa. Y si nada saben de la victoria,

    tampoco tienen conocimiento de la derrota.

    Viven como todos deberamos vivir: tranquilos, indiferentes y sin

    sacudidas. Ni llevan la ruina a los dems, ni la reciben de manos ajenas. T, con

    tu posicin y tu riqueza, Harry; yo, con mi talento, con mi arte, valga mucho o

    poco; Dorian Gray, con su belleza, todos

    tendremos que sufrir por aquello que los dioses nos han concedido, y sufriremos

    terriblemente.

    - Dorian Gray? Conque se es su nombre? -pregunt Lord Henry, dirigindose

    hacia Basil Hallward.

  • El retrato de Dorian Gray Oscar Wilde

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    -S; se es su nombre. No pensaba decrtelo.

    - Y por qu no?

    - Oh! No puedo explicrtelo. Cuando quiero a alguien de verdad, no me gusta

    decir su nombre a nadie. Es como ceder una parte de l.

    Me he acostumbrado a amar el secreto. Es lo nico que puede hacernos la vida

    moderna misteriosa y sorprendente. La cosa ms vulgar se vuelve deliciosa en

    cuanto alguien nos la esconde. Yo, cuando me voy al campo, nunca digo adnde.

    Si lo hiciera, perdera todo encanto. Es una mala costumbre, lo confieso; pero no

    deja de traer cierto elemento novelesco a la vida de uno... Qu, me crees loco de

    remate? -De ningn modo -replic Lord Henry -, de ningn

    modo, querido Basil. Pareces olvidar que estoy casado, y que el nico encanto del

    matrimonio es que hace absolutamente necesaria a ambas partes una vida de

    superchera yo nunca s dnde est mi mujer, y mi mujer nunca sabe dnde ando

    yo. Cuando nos encontramos -a veces nos encontramos, por casualidad, cuando

    comemos juntos en alguna casa o bajamos a ver al duque -, nos contamos las

    historias ms absurdas, con la mayor seriedad del mundo. Mi mujer es en esto

    una notabilidad; muy superior a m. Jams se confunde en las fechas, y yo s.

    Pero cuando me coge en alguna, no me hace escenas. A veces me gustara que

    las hiciese; pero no, se contenta con rerse de m.

    -Detesto esa manera de hablar de tu vida conyugal, Harry -dijo Basil

    Hallward, dirigindose hacia la puerta que conduca al jardn -.

    Estoy seguro de que eres un buen marido; pero te avergenzas de tus propias

    virtudes. Eres un ser realmente extraordinario. No dices una sola casa moral, y no

    haces ninguna inmoral. Tu cinismo no es ms que una pose.

    -La naturalidad no es ms que una pose, y la ms irritante de las que

    conozco -exclam Lord Henry, echndose a rer.

    Y salieron ambos al jardn, sentndose en un largo banco de bamb que haba a

    la sombra de un gran laurel. El sol resbalaba sobre las

    hojas bruidas. Unas cuantas margaritas blancas se estremecan entre

    la hierba.

    Al cabo de una pausa, Lord Henry mir su reloj.

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    -Tengo que irme, Basil -murmure; pero antes insisto en que me contestes a la

    pregunta que te hice hace un rato.

    - Qu pregunta?-- dijo el pintor, sin levantar has ojos.

    -De sobra lo sabes.

    -Te aseguro que no.

    -Bueno, te la repetir. Quisiera que me explicases por qu no quieres exponer . El

    verdadero motivo.

    -Ya te lo dije.

    -No me lo dijiste. Dijiste que era a causa de lo mucho de ti mismo que haba en

    ese retrato. Pero eso es una puerilidad.

    -Harry -dijo Basil Hallward, mirndole en los ojos -, todo retrato

    pintado con emocin es un retrato del artista, no del modelo. ste no es ms que

    el accidente, la ocasin. No es l el revelado por el pintor, sino ms bien ste

    quien, sobre el lienzo pintado, se revela a s mismo. El motivo por el que no quiero

    exponer este retrato es q