AGORA ESCORIAL Nº 3

Click here to load reader

  • date post

    14-Mar-2016
  • Category

    Documents

  • view

    226
  • download

    2

Embed Size (px)

description

Revista cultural trimestral

Transcript of AGORA ESCORIAL Nº 3

  • GORA-ESCORIAL

    GORAGORAGORA---ESCORIALESCORIALESCORIAL Revista Cultural Trimestral Gratuita N 3 Junio 2011

    Relatos y crnicas

    Pginas poticas

    Dibujos con Historia

    Msica, Salud, etc.

  • GORA-ESCORIAL 2

    . Consejo Redaccin Lourdes Prez Bes, Milagros Hernn y Araceli Segovia. Coordinadora Rosa Cermeo Colaboradores Rosa Cermeo, Lourdes Prez Bes, Maribel G Nez, Milagros Hernn, Araceli Segovia, Trinidad Benito, Mariano Segovia, Javier Donate de la Cuesta, Victoria Dard, Luz Fernndez, gueda. Correctora Lourdes Prez Bes Maquetacin Araceli Segovia Fotografa portada Carlos Arribas Fotografas: Google Images Domicilio social Plaza Ayuntamiento Biblioteca Municipal 28280 EL ESCORIAL Direccin de correo: [email protected] Imprime Copymay Collado Villalba

    GORAGORAGORA---ESCORIALESCORIALESCORIAL Revista Cultural Trimestral Gratuita

    Nmero 3 - Junio 2011

    SUMARIO

    4 CR&ICAS &uestro ro Aulencia Blas Un taller de bordado 11 HISTORIA Y ARTE La moda en el siglo XIX Arte y mujeres 18 RELATO El cuarto de bao 23 MSICA pera 26 DIBUJOS CO& HISTORIA Fuente de las Eras de San Sebastin 28 PGI&AS POTICAS Soneto para tus manos En la playa 30 RESEA DE LECTURA Una espaola entre zules 32 IMAGE& DE PORTADA Mariposa Polyommatus Icarus 33 SALUD Las flores de Bach

    Las colaboraciones firmadas expresan exclusivamente la opinin de sus autores, sin identificarse en todos los casos con la lnea editorial de la revista.

    Camille Claudel. El vals.

  • GORA-ESCORIAL 3

    EDITORIAL

    Queridos lectores/as:

    Ante todo quiero daros las gracias por vuestras muestras de afecto y por el se-

    guimiento que vens haciendo de nuestra revista. Tambin agradecemos a los

    colaboradores por su aportacin, que tanto enriquece al conjunto de los textos

    En este nmero, como observaris, insistimos en ofreceros fotografas de la

    flora y fauna escurialense. &uestras portadas estn siendo gratamente comen-

    tadas.

    A veces, se nos escapan ciertos sucesos dignos de comentario dada la distan-

    cia entre un nmero y el siguiente. Espero que sepis comprender, un trimestre

    es un largo espacio de tiempo.

    Un afectuoso saludo.

    EN ESTE NMERO..

    4 Nuestro ro Aulencia 11 La moda en el siglo XIX 23 pera 8 Taller de bordado

    30 Resea de lectura

    SUSCRIPCIONES

    Aquellos lectores que lo deseen pueden solicitar que les reservemos los ejemplares correspondientes a un ao (4 nmeros).

  • GORA-ESCORIAL 4

    H oy hace un da esplndido de in-vierno y he salido a dar un paseo por la Avenida de Castilla,

    acercndome por donde el ro Aulencia transcurre. Lleva un caudal que da alegra verlo, y pienso: Ojal llevara tanta agua en los meses de verano!. En otros tiempos, nuestro ro era de suma importancia para sus vecinos. Las mujeres lavaban la ropa en sus aguas y la tendan en la pra-

    dera al sol para que las prendas blancas quedaran resplandecientes. Algunas, las ms jvenes, cuando terminaban de lavar y, mientras la ropa se secaba, caminaban ro arriba hasta llegar a una pequea charca llamada La Manguilla. Una vez all, en-tre voces y risas, jugueteaban en el agua y despus se tumbaban al sol. Cuando caa la tarde y la tarea llegaba a su

    fin, llamaban a sus hijos que, entrete-nidos, jugaban en el ro; unas veces cogiendo ranas en

    UESTRO RO AULECIA

    Texto: Milagros Hernn Segovia Fotografas: Cosme Hernn Segovia

    Antiguo Molino Harinero

    Una vez all, entre voces y risas, jugue-teaban en el agua y despus se tumba-ban al sol.

    CRNICAS

  • GORA-ESCORIAL 5

    sus orillas que, al estar ocultas en-tre la hier-ba, slo se les vean sus ojitos saltones. Con mucha cautela y procurando no hacer ruido con el fin de pi-llarlas por sorpresa, las cogan para tenerlas un rato en sus manos y luego de-volverlas al agua. Otras veces, los nios corran ro abajo y le lan-zaban palitos, a modo de barcos, para co-menzar una carrera. Gritaban y animaban cada uno al suyo hasta que, al chocar estos

    palitos contra la hierba o alguna piedra, se daba fin a la misma. El Aulencia, debi de alcanzar su poca ms importante en los aos de construccin del Monasterio y la llegada de los monjes jernimos a ste. Segn nos cuenta Gregorio Snchez Meco en su libro, El Escorial: De Comunidad de Aldea a Villa de Realengo, debido a una cdula real, el ro se convirti en propie-

    dad de los monjes. Toda la pesca que el ro

    Aulencia pudiere acumular era exclusiva-

    mente para ellos.

    Pero, la fuente de riqueza del ro y el ma-yor inters, se deba a la importancia de su cauce y la fuerza de su caudal capaces de mover varias piedras de molino. Estos molinos tenan tres funciones impor-tantes: Molino de pan, tambin llamado Molino Harinero, El molino de Jaspes, ms conocido como Molino de Jade y el Molino de Papel ( ste, tras su desuso y abandono, se le ha venido llamando popu-larmente hasta el da de hoy Molino Ca-do. El de pulir y labrar piezas de mrmol, jas-pes verde y colorado y blanco, sirvi para Molino Cado

    Puente de Pedro del Carpio

  • GORA-ESCORIAL 6

    la decoracin de suelos y paredes del Mo-nasterio y en especial el altar mayor de la Baslica. Sigue contando Snchez Meco que los Jernimos de El Escorial, entre sus muchas rentas, recibieron una de gran inters; la distribucin y renta de los libros del Nuevo Rezado para todos los reinos de Espaa, siendo este derecho extensivo a las Indias. As que, ellos mismos, fabricaban su pro-pio papel para que les fuera ms rentable. Los molinos estuvieron funcionando a ple-no rendimiento entre los aos 1584 y 1590 y dejaron de estar activos y perdido su in-ters cuando la corona dej de financiarlos. Estos molinos se levantaron uno junto al otro, donde hoy est el parque de la Man-guilla, al otro lado de la carretera en direc-cin a vila y junto a la va frrea. Con los aos se fueron deteriorando y convirtiendo en ruinas. El ro tuvo otro molino, situado frente al prado Tornero. Era harinero y perteneci a un vecino de El Escorial. Ya en el ao 1948 este molino que estaba en desuso y muy deteriorado fue vendido. El nuevo propietario lo restaur y transform en una mansin rodeada por un bonito jardn que actualmente po-demos contem-plar. El Aulencia, tu-vo y tiene sus puentes aunque hoy en da pasan desapercibidos. Uno de ellos es el que hay en la Avenida de Cas-tilla, el de Pedro de Carpio, tam-bin llamado de Valdemorillo ya que los que ven-an de ese muni-cipio tenan que pasar por l. Adems, tene-

    mos el Puente Romano, situado frente al Prado Tornero. En la finca de Milanillos y cerca del Panta-no de Valmayor, donde el ro Aulencia desemboca, hay otro puente relevante lla-mado de los Buzones. No podemos tener acceso a este puente por estar dentro de una finca particular. Hoy, la vegetacin y la maleza no dejan ver los puentes ni el cauce del ro, ya que sus praderas han desaparecido y en su lugar existe una carretera que impide acercarse a l. Slo podemos verlo y orlo por el tramo de la Avenida de la Fresneda. En este lu-gar, s se puede disfrutar de su rumor y apreciar su caudal en los meses de invierno que, si llueve o nieva, ste aumenta bas-tante y as sentir, en lo ms profundo, la emocin de todo ello al ver y or la corrien-te del agua saltando entre las piedras, como me ha pasado a m hoy.

    Puente Romano

    CRNICAS

    Hoy, la vegetacin y la maleza no dejan ver los puentes ni el cauce del ro.

  • GORA-ESCORIAL 7

    B las era el tonto del pue-

    blo. Un pueble-cito de Cdiz que no se aso-maba al mar, rodeado de tri-gales y huertas, por lo que sus gentes se dedi-caban a las la-bores del cam-po. Sus habitan-tes cuidaban los campos y los ricachos los explotaban. Blas era ms bien alto y, al cabo de tantos aos, le recuer-do de un rubio plido, ojos de un gris azulado y con una permanente sonrisa, pero no de bobo, sino dulce, algo desdibujada, como de agua. Nuestra estancia en ese lugar iba a durar slo unos tres meses por el trabajo de mi padre, as que nos aco-modamos en la nica fonda que haba. Los huspedes solan ser representantes de comercio y gente que, como nosotros, estaba de paso por otros menesteres. Comamos todos alrededor de una mesa larga; a m, con nueve aos, me pareca largusima. Blas sola apare-cer despus de comer. Mis padres siempre le invitaban a que tomara un tazn de gazpacho o un caf con leche, que l aceptaba de buen grado. Yo, por no perder el ir al colegio, asista al nico que haba. Una escuela cuya maestra era la Srta. Concha. De las clases, slo recuerdo la de costura, durante la cual la Srta. Concha nos haca ensayar lo que bamos a cantar en la Parroquia el da de la Patrona. Las tardes del domingo, ya calurosas, bamos un grupito de nias y nios, que me haban aceptado como ami-ga, a pasear por el campo, bordeando las eras. En una de las huertas por las que siempre pasbamos, una seora nos venda lechugas tersas, crujientes y dulces que, despus de ponerlas bajo un hermoso chorro de agua fresca y cristalina, nos saban a gloria mientras caminbamos dndoles pequeos mordiscos. As iban transcurriendo los das y Blas segua visitndonos. Supo que a mi madre le encantaban las flores y l, en agradecimiento por el cario con que le acogamos, empez a traerle hermosos ramos de azucenas, de las que entonces olan a mes de Mayo y C