Febvre, Lucien - Martin Lutero

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rBREVIARIOSdelFONDO DE CULTURA ECONMICA

113 MARTN LUTERO

Primera edicin en francs, 1927 Tercera edicin en francs, 1951 Primera edicin en espaol, 1956

La edicin original de esta obra fue registrada por Presses Universitaires de France, con el ttulo Un destn: Martin Luther. Derechos reservados conforme a la ley Copyright by Fondo de Cultura Econmica, Av. de la Universidad, 975 - Mxico 12, D. F. Impreso y hecho en Mxico Printed and made in Mxico

Martn Luteroun destinopor LUCIEN FEBVRE

FONDO DE CULTURA ECONMICAMxico - Buenos Aires

Traduccin

de

TOMS SEGOVIA

A JULES BLOCH

fraternalmente

PALABRAS PRELIMINARES A LA PRIMERA EDICIN Un amigo le deca un da que era el liberador de la cristiandad. "S respondi, lo soy, lo he sido. Pero como un caballo ciego que no sabe adonde le conduce su amo."MATHESIUS, VII

Una biografa de Lutero? No. Un juicio sobre Lutero, nada ms. Dibujar la curva de un destino que fue sencillo pero trgico; situar con precisin los pocos puntos verdaderamente importantes por los que pas; mostrar cmo, bajo la presin de qu circunstancias, su impulso primero tuvo que amortiguarse y su trazo primitivo desviarse; plantear as, a propsito de un hombre de una singular vitalidad, el problema de las relaciones del individuo con la colectividad, de la iniciativa personal con la necesidad social, que es, tal vez, el problema capital de la historia: tal ha sido nuestro intento. Intentar realizarlo en tan pocas pginas era consentir de antemano en enormes sacrificios. Sera un poco injusto reprochrnoslos demasiado. Y no deber asombrar que, ante el lmite de espacio, hayamos sacrificado deliberadamente al estudio del Lutero maduro que de 1517 a 1525 desempea en el escenario del mundo, con tanta potencia, su papel heroico de profeta inspirado, el Lutero hipottico de los aos de juventud, o ese Lutero cansado, agobiado, desilusionado, que se va marchitando de 1525 a 1546. Debemos aadir que al escribir este libro no hemos tenido ms que una idea: comprender y, en la medida en que nos era posible, hacer comprender? Ms vale decir cunta satisfaccin tendramos, sencillamente, si en este trabajo de vulgarizacin, de reflexin tambin, los exgetas calificados del pensamiento luterano reconocieran por lo menos una constante preocupacin: la de no empobrecer excesi9

10 A LA PRIMERA EDICIN vamente, por simplificaciones demasiado violentas, la riqueza matizada de una obra que no fue nada meldica, sino que, de acuerdo con la moda de su poca, fue polifnica. Svres, Le Bannetou, agosto de 1927

PALABRAS PRELIMINARES A LA SEGUNDA EDICIN Diecisis aos han pasado desde que sali de las prensas (1928) este libro, pequeo por el formato, grande por el tema. Pronto se agot. Por varios sitios me han rogado reeditarlo. Lo he reledo, pues, atentamente. Con gafas de miope en primer lugar y espero haber borrado las faltas, tipogrficas o de otra especie, que se haban deslizado en su texto. Con ojos bien claros despus para ver bien el conjunto, desde arriba y desde lejos. Para mi vergenza tal vez, tengo que confesarlo: no he encontrado nada que cambiar. Crticos benevolentes este libro no los tuvo de otra clase, que yo sepa me reprocharon en aquella poca no haber llevado mi estudio ms all de 1525, haber seguido demasiado poco y de demasiado lejos al Lutero de entre 1525 y 1547 por los caminos de la vida. En lo que yo llamaba, en lo que sigo llamando, con una palabra que parece haber turbado a algunos de mis lectores, 1 el Repliegue. Si para precisar mejor mi pensamiento he aadido, en esta nueva edicin, tres pequeas palabras a Repliegue, si hablo ahora, espero que sin equvoco, de un Repliegue sobre s mismo, estos reproches amistosos no me han hecho en absoluto cambiar de opinin. Hice en 1927 lo que quera hacer. Habl lo mejor que pude del joven Lutero, y de su fuerza, y de su fogosidad, y de todo lo nuevo que aportaba al mundo siendo l. Obstinadamente l. Nada ms que l. Qu aportaba? Una nueva manera de pensar, de sentir y de practicar el cristianismo, manera que, no habiendo podido ser aplastada en la cuna ni tragada tal como era, ni digerida amistosamente por los jefes de la Iglesia, se convirti, por estos motivos y de manera natural, en una nueva religin, en una nueva rama del viejo cristianismo. Y en la generadora, si no de una1 Pienso sobre todo en Henri Strohl, luterlogo de alta y liberal comprensin.

n

12 A LA SEGUNDA EDICIN nueva raza de hombres, por lo menos de una nueva variedad de la especie cristiana: la variedad luterana. Menos tajante sin duda en su apariencia exterior, menos abrupta, menos hecha para expandirse fuera de los lugares de origen que esa otra variedad vivaz y prolfica, que a treinta aos de distancia deba engendrar el picardo Juan Calvino? Ciertamente. Tenaz, sin embargo. Duradera. Susceptible de plegarse a muchos acontecimientos diversos. Capaz de atraccin, hasta el punto de adulterar a veces, segn parece, la variedad vecina y de inspirar temores a los guardianes celosos de su pureza. De importancia histrica considerable, en todo caso, ya que puebla notablemente una parte de Alemania. Y que l espritu luterano adhiere fuertemente a la mentalidad de los pueblos que la adoptaron. Que sea interesante estudiar al Lutero de despus de 1525 como al Lutero de antes es cosa que est fuera de duda. Que entre estos dos Luteros no haya por lo dems un verdadero corte; ms an, que no haya dos Luteros sino uno solo; que el Lutero de 1547 siga siendo, en su fe, el Lutero de 1520: de acuerdo. Nunca he querido decir, nunca he dicho lo contrario. He defendido bastante la tesis, paradjica para muchos, de que el Lutero de la guerra campesina, el Lutero que condena con tanta pasin, vehemencia y crueldad a los campesinos sublevados, no era un Lutero diferente del Lutero de 1520, del que escriba los grandes tratados liberales; he hecho bastantes esfuerzos para establecer, contra tantas opiniones contrarias y razonables, la unidad profunda y duradera de las tendencias luteranas a travs de los acontecimientos ms desconcertantes, como para que sea intil sin duda que me excuse por una falta que no he cometido ni de hecho ni de intencin. Repliegue no significa corte. El ser cuyos tentculos tropiezan por todas partes con el mundo hostil y que se mete lo ms posible en su concha para alcanzar en ella un sentimiento de paz interior y de bienhechora liber-

A LA SEGUNDA EDICIN 13 tad, tal ser no se desdobla. Cuando sale de nuevo es l, siempre l, quien vuelve a tantear en el mundo erizado; y a la inversa. Slo que quien quiera comprender en un Lutero este juego alternado de salidas y entradas, de exploraciones y de retiradas, no es en 1525, o en 1530, donde debe colocarse como punto de partida. Es mucho antes. Es en el punto de origen. Situar este punto con precisin en la vida de Lutero, seguir los primeros desarrollos de los grmenes de "luteranismo" que un examen atento permite sealar, desde antes de que Lutero se haya convertido en Lutero; ver nacer, crecer y afirmarse a Lutero en Lutero; y luego, una vez hecha y recogida la afirmacin, detenerse; dejar que el hombre se las vea con los hombres, la doctrina con las doctrinas, el espritu con los espritus que tiene que combatir, o conquistar (y no se conquistan nunca espritus, no se vence nunca a hombres, no se sustituye nunca una doctrina por otra sin dejar fatalmente que otro espritu invada nuestro espritu, otro hombre penetre nuestra humanidad, otras doctrinas se inserten en nuestra doctrina). Esto es lo que he querido hacer. ste es el prlogo necesario, indispensable a todo estudio del Lutero de despus de 1525. Semejante estudio no puede bastarse a s mismo; necesita previamente el conocimiento slido del Lutero de antes de 1525, y no esclarece, no permite, retrospectivamente, comprender, explicar, hacer comprender este Lutero. Por el contrario, un estudio del Lutero de antes de 1525 da cuenta de todo Lutero. ste era el estudio de que carecamos los franceses en 1927. Sigue siendo este estudio el que necesitamos en 1944. Escribo esta frase sabiendo perfectamente que, desde 1927, muchos acontecimientos han sucedido en los cuales Lutero ha desempeado, en los cuales se le ha hecho desempear, un papel. No exageremos: de todas formas, cierto papel. Monedas de plata de cinco marcos acuadas en Alemania desde 1933 con la efigie del rebelde advirtieron suficientemente de ello

14 A LA SEGUNDA EDICIN al pueblo alemn. Monedas, toda una literatura tambin, sobre lo cual, desde 1934, nosotros llambamos la atencin del pblico francs. Un nuevo Lutero habra nacido a partir de entonces. Un Lutero que, segn dicen, no podramos comprender nosotros los franceses, nosotros los extranjeros. Un Lutero tal, que deberamos considerar sin validez casi toda la literatura que fue consagrada antes de 1933 al Reformador. Un Lutero en el que se quiere que veamos no una personalidad religiosa sino, esencialmente, una personalidad poltica cuyo estudio imparcial estara calificado para comunicarnos "una comprensin nueva de la verdadera naturaleza del pueblo alemn". Declaraciones a las que parece hacer eco en Francia, ya en 1934, el autor de una biografa de Lutero que escriba que, del mismo modo, las cuestiones que planteaba la historia de aquel que era llamado antes el Reformador, no pertenecan, "por inesperada que esta afirmacin pueda parecer, al dominio religioso, sino al dominio social, poltico, incluso econmico". Y aada, en el cuerpo de su libro, que "la doctrina misma es lo menos interesante que hay en la historia de Lutero y del luteranismo". Porque "lo que hace del Reformador una poderosa figura es el hombre; la doctrina es infantil". Yo, nio viejo, no tengo por mi parte ninguna razn para pensar, en 1944 como en 1927, que la doctrina de Lutero est desprovista de inters. Incluso para una justa comprensin de la psicologa colectiva y de las reacciones colectivas de un pueblo, el pueblo alemn, y de una poca, la de Lutero, a