Th©ophile Gautier; EL CLUB DEL HACHS

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EL CLUB DEL HACHSThophile Gautier(Le Club des hachichinse)

Contenido

I El Hotel Pimodan ............................................................................................................... 3 II Parntesis .......................................................................................................................... 6 III gape ............................................................................................................................... 8 IV Un Seor que no Haba Sido invitado ........................................................................... 10 V Fantasa ........................................................................................................................... 12 VI Kief ................................................................................................................................ 16 VII El Kief Convoca de Nuevo a la Pesadilla .................................................................... 18 VIII Tread-Mill ................................................................................................................... 19 IX No Creis en los Cronmetros....................................................................................... 22

I EL HOTEL PIMODAN Una noche de diciembre, obedeciendo a una misteriosa convocatoria redactada en enigmticos trminos slo comprensibles para los afiliados e ininteligibles para los dems, llegu a un barrio lejano, especie de oasis de soledad en el centro de Pars, al que el ro, que lo rodea con ambos brazos, parece defender contra las intrusiones de la civilizacin, porque era en una vieja casa de la isla de Saint-Louis, el hotel Pimodan, construido por Lauzun, donde el extrao club al que yo perteneca desde haca poco tena sus sesiones mensuales y a donde iba a asistir por primera vez. Aunque apenas eran las seis, era completamente de noche. La bruma, ms espesa an por la proximidad del Sena, difuminaba todos los objetos en una especie de guata desgarrada y agujereada por el cerco rojizo de las farolas y los hilillos de luz que se escapaban de las ventanas iluminadas. El pavimento, inundado de lluvia, brillaba bajo las farolas como el agua que refleja la luz; un viento desapacible, cargado de partculas heladas, azotaba la ara y sus guturales silbidos constituan el alto de una sinfona cuyas enormes olas al romperse en los arcos de los puentes hacan el bajo: a aquella noche no le faltaban ninguna de las rigurosas poesas del invierno. Resultaba difcil, a lo largo de aquel muelle desierto, distinguir entre la masa de edificios oscuros, la casa que buscaba; sin embargo mi cochero, irguindose sobre su asiento, consigui leer en una placa de mrmol el nombre borroso del viejo hotel, lugar de reunin de los adeptos. Levant el aldabn esculpido, pues el uso de los timbres con botn de cobre todava no se haba introducido en esos apartados lugares, y o varias veces cmo el tirador chirriaba sin xito; por fin, cediendo a un impulso ms vigoroso, el viejo pestillo rooso se abri, y la puerta de madera maciza pudo girar sobre sus goznes. Detrs de un cristal de transparencia amarillenta apareci, cuando entr, la cabeza de una anciana portera dibujada por el temblor de una candela, exactamente como un cuadro de Schalken1. La cabeza me hizo un extrao gesto, y un delgado dedo, saliendo de la portera, me indic el camino. Como pude comprobar, a la plida luz que siempre cae incluso del cielo ms oscuro, el patio que atraves estaba rodeado de edificios de arquitectura antigua de puntiagudos aguilones; notaba los pies mojados como si hubiera caminado por una pradera, porque el

intersticio de los adoquines estaba lleno de hierba. Las altas ventanas de estrechos cristales de la escalera, al brillar en la sombra fachada, me servan de gua y no me permitan extraviarme. Sub la escalinata y me encontr ante una de esas inmensas escaleras como las que se construan en tiempos de Luis XIV, y en las cuales una casa moderna bailara muy a sus anchas. Una quimera egipcia, segn el gusto de Lebrun, con un Cupido a la grupa, extenda sus patas sobre un pedestal y sostena una vela en sus garras a modo de palmatoria. Los peldaos no eran demasiado altos; los descansillos y los rellanos bien distribuidos daban fe del genio del viejo arquitecto y de la hermosa vida de los siglos pasados; mientras suba por aquella admirable escalera, vestido con mi fino frac negro, sent que desentonaba en el conjunto y que usurpaba un derecho que no era el mo; la escalera de servicio hubiera sido buena para m. Muchos cuadros, la mayora sin marco, copias de obras maestras de la escuela italiana y de la escuela espaola, tapizaban las paredes, y arriba del todo, en la oscuridad, se divisaba vagamente una gran pintura mitolgica, ejecutada al fresco. Llegu a la planta indicada. Un cancel de terciopelo de Utrecht, liso y brillante, cuyos galones amarillentos y clavos abollados daban cuenta de los largos servicios prestados, me hizo reconocer la puerta. Llam; me abrieron con las precauciones de rigor, y me encontr en una enorme sala iluminada en uno de sus extremos por varias lmparas. Al entrar all, se retroceda dos siglos. El tiempo, que pasa tan deprisa, pareca no haber transcurrido en aquella casa y, como un reloj al que han olvidado dar cuerda, su aguja marcaba siempre la misma hora. Las paredes, revestidas de madera pintada de blanco, estaban cubiertas hasta la mitad de lienzos oscurecidos que tenan el sello de la poca; sobre la gigantesca estufa se alzaba una estatua que pareca sustrada de un cenador de Versalles. En el techo en forma de cpula haba una alegora, del estilo de las de Lemoine, que seguramente era de l. Avanc hacia la parte luminosa de la sala donde se agitaban alrededor de una mesa varias formas humanas, y cuando la claridad dndome de lleno, me hizo reconocible, un vigoroso hurra estremeci las profundidades sonoras del viejo edificio. Es l! es l! -gritaron al mismo tiempo muchas voces-; que le den su parte!

El doctor estaba de pie junto a un aparador en el que se hallaba una bandeja llena de platitos de porcelana del Japn. De un jarrn de cristal y por medio de una esptula, sacaba una pizca de pasta o mermelada verdosa, ms o menos del tamao del pulgar y la pona, al lado de una cuchara de placa, en cada platito. La cara del doctor resplandeca de entusiasmo; le brillaban los ojos, tena los pmulos enrojecidos, las venas de sus sienes se dibujaban en relieve, las ventanas de su nariz, dilatadas, aspiraban el aire con fuerza. -Esto se lo deducirn de su porcin de paraso -me dijo dndome la dosis que me corresponda. Cuando cada uno comi su parte, se sirvi caf segn la costumbre rabe, es decir con orujo y sin azcar. Luego nos sentamos a la mesa. Esta inversin en los hbitos culinarios sin duda habr sorprendido al lector; realmente no es corriente tomar el caf antes de la sopa, y en general las mermeladas se toman de postre. El hecho, Claramente, merece una explicacin.

1

Gotfried Schalken (1643-1706), pintor holands que se especializ en la representacin de los efectos que produce la luz artificial (faroles, antorchas, candelas) en el interior del lienzo.

II PARNTESIS Antao exista en Oriente una orden de temibles sectarios mandada por un jeque que tomaba el ttulo de Anciano de la Montaa, o prncipe de los Asesinos. El Anciano de la Montaa era obedecido sin rechistar; los Asesinos, sus sbditos, corran con absoluta entrega a ejecutar sus rdenes, fueran las que fueran; ningn peligro les detena, ni siquiera una muerte segura. Ante un gesto de su jefe, se precipitaban desde lo alto de una torre o iban a apualar a un soberano a su palacio, en medio de sus guardias. Por qu artificios el Anciano de la Montaa obtena tan completa abnegacin? Por medio de una droga maravillosa, cuya receta posea, y que tiene la propiedad de procurar alucinaciones deslumbrantes. Los que la haban tomado encontraban, al despertar de la embriaguez, la vida real tan triste y tan descolorida, que hacan con alegra los mayores sacrificios para entrar en el paraso de los sueos; porque todo hombre muerto mientras cumpla las rdenes del jeque iba directamente al cielo, o si se salvaba, era admitido de nuevo a gozar de la felicidad de la misteriosa composicin. As que la pasta verde que el doctor acababa de distribuirnos era precisamente la misma que el Anciano de la Montaa daba a sus fanticos sin que ellos lo supieran, pues les haca creer que tena a su disposicin el cielo de Mahoma y las hures de tres matices, es decir el hachs, de donde viene hachichin, comedor de hachs, raz de la palabra asesino, cuya feroz acepcin se explica perfectamente por las costumbres sanguinarias de los seguidores del Anciano de la Montaa. Sin duda, las personas que me haban visto salir de mi casa a la hora en que los simples mortales toman su alimento no sospechaban que hubiera ido a la isla Saint-Louis, lugar virtuoso y patriarcal donde los haya, a consumir una cena extraa que serva, hace varios siglos, de medio de excitacin a un jeque impostor para empujar a un grupo de iluminados al asesinato. Nada en mi atuendo perfectamente burgus hubiera podido hacerme sospechoso de un exceso de orientalismo, pues ms bien tena el aspecto de un sobrino que va a cenar a casa de su anciana ta que el de un creyente a punto de probar los placeres del cielo de Mahoma en compaa de doce rabes totalmente franceses. Sin esta revelacin, si alguien os hubiera dicho que exista en Pars en 1845, en la poca del agiotaje y el ferrocarril, una orden de comedores de hachs cuya historia no escribi

Hammer2, no le hubierais credo, y sin embargo nada fue ms cierto, segn la costumbre de las cosas inverosmiles.

2

Joseph von Hammer public en 1818 una Historia de la orden de los Asesinos, que fue traducida al francs en 1833.

III GAPE Nos sirvieron la comida de un modo extrao y en toda clase de vajillas extravagantes y pintorescas. Grandes copas de cristal de Venecia, cruzadas