Testimonios de discriminación: historias vivas

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TESTIMONIOS DE DISCRIMINACIóN: Historias vivas

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Pensar la educación desde solo un mirador histórico y desde una sola lengua, y/o desde una sola cultura o paradigma epistemológico es desaprovechar el pluriverso mundo de saboeres y, con ello, perder mil oportunidades diarias para educar en el ser, en el conocer, en el hacer y en el vivir de los educandos. Esa perspectiva ontológica monocultural termina por aplastar y negar, lejos de educar, al ser. Y restringe las formas y las cuantías de la creación estética o intelectual de las culturas indígenas, afrodescendentes o de los grupos minoritarios.Estamos ante un libro tejido con 46 retazos testimoniales de estudiantes universitarios (UPN 211) de cuatro culturas indígenas del Estado de Puebla (náhuatl, totonaca, mixteca y ngigua o popoloca). En él se recojen los recuerdos, las emociones las desdichas, las gratitudes, las expectativas y las mil caras de la discriminación que vieron y vivieron.

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Coordinación General de Educación Intercultural y Bilingüe

Observatorio Ciudadano de la Educación

Foro Latinoamericano de Políticas Educativas, flape

Contracorriente, A.C.

Universidad Pedagógica Nacional, Unidad 211

este libro se imprimió en el marco del convenio de colaboración ce-lebrado entre la comisión nacional para el desarrollo de los Pueblos indígenas y la secretaría de educación Pública.

este programa es de carácter público, no es patrocinado ni promo-vido por partido político alguno y sus recursos provienen de los im-puestos que pagan los contribuyentes. está prohibido el uso de este programa con fines políticos, electorales, de lucro y otros distintos a los establecidos. Quien haga uso indebido de este programa deberá ser denunciado y sancionado de acuerdo con la ley aplicable y ante la autoridad competente.

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Primera edición, 2006

miguel Ángel rodríguezCoordinador

raquel ahuja sánchez y ernestina Loyo camachoCoordinación y cuidado editorial

Patricia rubio ornelas y ernestina Loyo camachoRevisión y corrección de textos

erika romero ruizDiseño y formación electrónica

miguel Ángel rodríguez y miguel Ángel andradeDiseño y fotografía de portada (San Miguel Arcángel o Huitzilopochtli, Iglesia de Santa María Tonantzintla, Puebla)

d. r. © coordinación General de educación intercultural y Bilingüe av. insurgentes sur 1685, piso 10, col. Guadalupe inn. c.P. 01020 méxico, d.F. Tel. (55) 3003 6000 exts. 24822 y 24834 http://eib.sep.gob.mx, correo-e: [email protected] observatorio ciudadano de la educación río mixcoac 6021, col. actipan del Valle. c.P. 03230 méxico, d.F. www.observatorio.org Foro Latinoamericano de Políticas educativas, flape Privada 4 norte 2805-6, col. Xanenetla. c.P. 72290 Puebla, Pue. Tel. (52 222) 297 4370 www.flape-latino.org contracorriente, a.c. 91 Poniente 1620-1, col Granjas san isidro. c.P. 72450 Puebla, Pue. Tel. (52 222) 311 2494 correo-e: [email protected] Universidad Pedagógica nacional, Unidad 211 Prolong. de la 3 sur y 121 a Poniente col. Fuentes de san Bartola. c.P. 72490, Puebla, Pue. Tel. (52 222) 219 0576 y 77 correo-e: [email protected]

isBn 970-814-177-1

impreso y hecho en méxico

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índice

Presentación 9introducción 11aprendí a leer memorizando textos que el profesor elegía

Braulio Hernández Méndez 15Tomar en cuenta la lengua para mejorar la enseñanza

Emelia Juárez Bravo 17Una profesora hizo gestiones para que me dieran una beca

Ivette Torres Cárdenas 19Quiero ser profesora para luchar por una buena educación

Eva Flores Valle 22antes la comunidad se quedaba sin profesor hasta un ciclo escolar

Martha Hernández Linares 24La maestra entendió que valíamos mucho

Everardo Castro Montalvo 27no podemos discriminar más al indígena...

Oscar Nape Soanacatl 29en mi opinión eran personas que no conocían el respeto

Paula Rodríguez Domínguez 31el maestro nos enseñó a escribir nuestro nombre

Omar Cid Trujillo 33dejé de estudiar un tiempo y me fui de mojado a estados Unidos

Miguel Ángel Flores González 36Hay que reconocer que la mayoría de los profesores son muy profesionales

Manuel Nicolás Pérez 38

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mis padres decidieron enseñarme el español, no el náhuatlJenny Cruz Moreno 43

el compromiso fundamental es promover la diversidad cultural

Eliut Moreno Ángeles 46ojalá antes se hubieran valorado, como hoy, las lenguas indígenas

Antonia Aguilar Cañete 48Quería ser la abanderada, pero era muy, de muy baja estatura

Monzerrat Meléndez Mora 52Los programas de educación bilingüe han cambiado mucho

Rosalía Juárez Varillas 55… ojalá puedas hacer algo por los que vienen creciendo

Arturo González Peña 57cuando era navidad la maestra nos daba los aguinaldos

Cecilia Gervacio Armora 62como docentes no debemos denigrar a los niños indígenas

Abigail Flores Méndez 67no sé si realizó su sueño

Araceli Estrada Flores 70estoy orgulloso de ser indígena y hablar mi lengua madre

Isaí Sebastián Cabrera 72Que los perdone dios, yo no

Karina Arzola Rojas 77He aprendido a mantener mi cultura y mis raíces

Lizbeth Reyes Trujillo 82Pasé los seis años de primaria siendo monolingüe

Remigio Quiaha Cresenciano 84Había un vacío que llenar: construir mi verdadera identidad

Uriel Ortiz Aguilar 88nos niegan la dicha de hablar náhuatl

Vicente Filiberto Capilla 96

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algunos profesores indígenas rechazan su propia culturaSitlali Cruz Ramos 98

maltrataban a mis compañeros que no traían zapatosMagaly Peña Olaya 101

en la escuela telesecundaria nos respetábamos muchoLeticia Romero Santamaría 103

Todos somos iguales sin importar de dónde provenimosJosé Luis Hernández Hernández 106

no todos los maestros discriminan cuando hablas otra lengua

Guadalupe Bautista Espinosa 109La discriminación se daba contra los hablantes de ngigua

Armando Varillas Bernardino 112aprendí a leer y a escribir por miedo a que me castigaran

Angélica Bautista Alcántara 118La profesora dividía: una fila de los niños del rancho y una fila de los del pueblo

María Elizabeth Flores Hernández 120La profesora dibujaba una flor y nos obligaba a hacerla igualita a la de ella

Anabel Hernández de la Cruz 128La profesora rocío, la recuerdo como profesora dulce y amable

Rocío Flores Tlilayatzi 133ser indígena no es una vergüenza ni estar al margen de la constitución

Yoan Sebastián Cabrera 138Hablé con mis alumnos y les pedí que no se portaran así con Ángel

Rosibel Rodríguez Elías 143ni mi papá ni sus compañeros sufrieron discriminación

Lizbeth Rojas Sebastián 147mis papás eran profesores del medio indígena, pero no fuimos a esas escuelas...

Yadira Bonilla Nicolás 153

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en los pueblos los niños tienen que trabajar en el campoHomero Martínez García 160

se nos dificultaba comprender algunas palabras en españolTomás Vázquez García 162

“¿sabe hablar náhuatl?”, me preguntaron en la jefatura de educación indígena

Gabriela Flores Rosalino 165La maestra me eligió para ser de la escolta y llevar la bandera

Ángel Hernández Huerta 169en cuarto año yo no entendía el español, el profesor era…

Susana de la Cruz Martínez 174La maestra nos aconsejaba que siguiéramos hablando el totonaco

María Antonieta Guzmán Pérez 178

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Presentación

en las primeras décadas del siglo xx, las políticas públicas estuvieron encaminadas a integrar a la población para forjar una nación fuerte y poderosa. el “problema indígena” –varios millones de habitantes, con culturas e idiomas diferentes, dispersos a lo largo del país–, se resolvería integrando a los indígenas a la sociedad mestiza mexicana. en consecuencia se diseñaron e implantaron programas educativos bajo la premisa de enseñar una sola lengua, una sola historia; así, a través de la educación, todos los mexicanos se formarían con una educación nacionalista.

Por decreto, méxico se convirtió en una nación culturalmente homogénea y se fomentó el mito de la “raza cósmica”, producto del mestizaje de los criollos y los indígenas. Por decreto también y por un proceso de aculturación, los indígenas se asimilarían a la cultura nacional. el discurso oficial echó mano de eufemismos para convencer que había bondades de dicha asimilación, cuando lo que subyacía era el racismo y la discriminación.

el mito se gastó, como todas las ideologías nacionalistas. en las dos últimas décadas las políticas han cambiado; se evidenció la diver-sidad cultural que existe y se ha avanzado hacia el conocimiento y reconocimiento de una sociedad multicultural. si bien, aun cuando se crean nuevos lenguajes para tratar de transformar la realidad, hace falta mucho para revertir las condiciones de los indígenas que son no sólo el grupo social más pobre y menos atendido, sino también el más discriminado.

en méxico no hay discriminación; no es un país racista, se argumenta, es un país clasista. Y en esta definición se confunden las expresiones racistas: paradójicamente, las clases más desfavore-cidas son de tez más oscura, más alejadas de los modelos de belleza impuestos por la cultura occidental y en el extremo se encuentran los indígenas que habitan principalmente en el medio rural. Hablar de

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discriminación parece un tema ajeno, de otras latitudes; el término es duro, acusador, incómodo. significa específicamente dar trato de inferioridad a quienes, en una colectividad, son diferentes por motivos raciales, religiosos, políticos, de género, etcétera. en méxico, como en casi toda Latinoamérica, de manera muy curiosa, una minoría discrimina a la inmensa mayoría.

de esto hablan los cuarenta y seis testimonios que conforman este volumen. como lo menciona el coordinador del libro, los autores de estos testimonios son alumnos de la Licenciatura en educación para el medio indígena, y la escritura de los mismos fue parte de un ejercicio de fin de curso de la materia “introducción a la Filosofía”. algunos relatan su paso por la escuela, otros las historias de sus padres, otros más su inserción en entornos que les eran ajenos; también registran desde sus recuerdos de infancia, en ocasiones con involun-tario humor y frescura, la generosidad y el apoyo –en su caso– o la mezquindad, los prejuicios y la pobreza de espíritu –también en su caso– de los maestros y maestras, y de otras personas a su alrededor. estas experiencias contrastan, de algún modo, con las expectativas de ser “alguien de bien, estudioso, activo, respetuoso, para llegar a ser un buen profesionista en el futuro y no tener que emigrar a otros países”, con el rechazo por ser pobre o moreno, por no entender o hablar el español; con la apropiación de recursos de bien público por motivos políticos o de poder, con el distanciamiento entre las necesi-dades o circunstancias de los alumnos y sus familias y el sistema escolar; la falta de oferta o de calidad académica; la violencia verbal y física en las aulas. Pero también evidencian su optimismo ante el futuro; el orgullo por su cultura y su lengua a las que exigen respeto; las ganas de transmitir y conservar sus saberes. se trata de textos donde se ejerce la crítica y se plantean propuestas de solución.

sylvia schmelkescoordinadora General

de educación intercultural y Bilingüe

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introducción

Una de las dimensiones centrales para aproximarse a la entelequia de la calidad educativa la constituye, indudablemente, la pertinencia del currículo y, desde luego, los tiempos ocupados en alcanzar los objetivos de los aprendizajes programados. La pertinencia pretende la adecuación de los medios a los fines; es decir, afirma que los sabe-res y contenidos de los programas de estudio, materiales didácticos y libros de texto deben ser contextualizados. enseñados en las lenguas y con respeto a las culturas que habitan el territorio nacional.

caminar en la dirección de la pertinencia significa, en los hechos, la construcción gradual de las condiciones para alcanzar en algún tiempo, como sostiene raúl Fornet-Betancourt, un “diálogo simétrico de las epistemologías.”

Pensar la educación desde un solo mirador histórico y desde una sola lengua, y/o desde una sola cultura o paradigma epistemológico es desaprovechar el pluriverso mundo de saberes y, con ello, perder mil oportunidades diarias para educar en el ser, en el conocer, en el hacer y en el vivir de los educandos. esa perspectiva ontológica monocultural termina por aplastar y negar, lejos de educar, al ser. Y restringe las formas y las cuantías de la creación estética o intelectual de las culturas indígenas, afrodescendientes o grupos minoritarios.

Las consecuencias educativas de cultivar en nuestras escuelas un solo credo uniforme son descarnadamente contrarias a los propósitos más nobles de la educación. La uniformidad, como es sabido, anula y cancela las posibilidades de existencia de los diferentes. eso dicen muchas de las voces que escriben este libro.

Un libro tejido con 46 retazos testimoniales de estudiantes universitarios de cuatro culturas indígenas del estado de Puebla (náhuatl, totonaca, mixteca y ngigua o popoloca), recoge recuerdos, emociones, desdichas, gratitudes, expectativas y las mil caras de

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la discriminación que vieron y vivieron en su andar por el sistema educativo.

La historia es a grandes rasgos la siguiente. a fines del 2004 terminé un curso de Introducción a la filosofía en la licenciatura en educación para el medio indígena, en la upn 211 de Puebla. como trabajo de fin del curso solicité a los estudiantes que me contaran algunas de las experiencias escolares que ellos consideraran más relevantes en sus vidas personales. Les dije que identificaran en especial las vivencias que se hubiesen convertido en obstáculos fuertes para su mejor desarrollo escolar e intelectual. cuando tuve en mis manos los trabajos y empecé a leerlos supe que una puerta al pasado educativo estaba cediendo. La pregunta era: ¿cómo recuerdan su proceso educativo los niños indígenas que después serán profesores? Las respuestas de este libro son memorias que aspiran a contribuir a la reconstrucción crítica de nuestro pasado educativo.

La selección que se presenta de aquellos trabajos ilustra cómo la soberbia de la razón se apoderó de nuestras escuelas y arrebató la dicha de la lengua –como dice uno de los testimonios– a los estudiantes indígenas desde su primer día en el salón de clases.

en ocasiones el libro bordea la denuncia. en consecuencia, y siempre de acuerdo con los autores y autoras,

se cambiaron los nombres de los protagonistas y, a veces, de las escuelas y lugares de origen para evitar conflictos innecesarios entre nuevas y pasadas generaciones magisteriales. Las narraciones origi-nales fueron corregidas en aras de mayor claridad, pero respetando, siempre en la medida de lo posible, las construcciones gramaticales de los autores y autoras.

en suma, los testimonios aquí presentados dan cuenta de la discontinuidad de las trayectorias escolares de los estudiantes del medio indígena poblano, en escolaridad veremos quizá motivos para entender o, mejor, comprender, los rezagos graves con respecto a la edad normativa y escuchar las diversas caras de la deserción. Hablan igualmente de la pobreza proverbial en la que crecen, de la memorización como sustituto de la comprensión lectora, del rechazo o aceptación familiar de la escuela, de las pedagogías del dolor y

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del heroísmo colectivo e individual que supone escalar cada nivel educativo. no obstante, y por fortuna, en ese horizonte borrascoso, por todas partes aparece la figura providencial de una profesora o un profesor que hacen posible que el milagro del conocimiento se realice. están entonces enredadas trágicamente la parte oscura y la parte luminosa de la vida escolar.

La generosidad del magisterio es la mano salvadora. Los testi-monios rememoran, como en sueños nostálgicos, que la presencia de una maestra o un profesor evitó la segura expulsión de la escuela por causas nimias y compró zapatos o huaraches, o cuadernos y colores, para matar la vergüenza del niño: para que pudiera regresar a la escuela. algunos hospedaron en sus casas o con familiares a los estudiantes que lograban brincar la cerca y se arriesgaban a la ciudad.

en el aula los recuerdos se concentran en las profesoras y los profe-sores que sonreían con ellos. Los que valoraban el talento escolar sin prejuicios de ninguna clase.

Pero quizá como sobre granito está grabada la dicha infinita que les propiciaba la libertad de hablar su lengua en el aula. en sus recuerdos los profesores aparecen como dadores de la palabra. si el sistema educativo imponía el castellano, siempre había profesores que hablaban y dejaban hablar su lengua dentro del salón. ahora sabemos que por actitudes como las de éstos, la deserción y la reprobación no cerraron las instituciones escolares. aquí me imagino a un niño preguntándose por la bondad de la escuela que lo primero que le ofrece es cortarle la lengua, o casi. Qué me puede enseñar –se diría– una institución que me impone, en prueba de su inmensa sapiencia, el silencio esclavo. Yo, de acuerdo con él, me iría al rancho.

a los mentores, que sonreían y distribuían con justicia el fuego divino de la palabra, dedicamos estos testimonios que quieren ser, en los hechos, una memoria subversiva. subversiva en el sentido de cultivar una resistencia crítica frente a la pesadez de la realidad que nos vomita un sistema educativo todavía profundamente injusto con los moradores de las culturas y las escuelas indígenas.

miguel Ángel rodríguez

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aprendí a leer memorizando textos que el profesor elegía

Braulio Hernández Méndez

en el presente documento doy a conocer algunas dificultades que enfrenta un estudiante indígena al serle impuestas, desde la escue-la, una segunda y hasta una tercera lengua: el español y el inglés. conforme los hablantes de alguna lengua indígena avanzamos en nuestros estudios se incrementan las dificultades en la comprensión de lectura en la segunda lengua, entre otras.

al iniciar la primaria, en mi tierra natal, tenía algunos problemas en la escuela, ya que no me podía expresar en español que era, justa-mente, la lengua en la que el profesor se comunicaba conmigo; esto ocasionaba que yo no entendiera, con la consecuencia lógica de que me considerara “burro”. mi imposibilidad de comunicarme en español se debía a que nunca escuchaba a mi familia hablarlo. nuestra lengua materna era el náhuatl.

al tiempo que avanzaba en la escuela mis dificultades aumen-taban. Los profesores nos prohibían expresarnos en náhuatl dentro y fuera de la escuela. “aprendí a leer” memorizando textos que el maestro elegía. si no mostrábamos “saber”, las consecuencias eran regaños, castigos y golpes dados con las mismas varas que, junto con la anuencia para golpear, le proporcionaban nuestros padres. así sucedió hasta terminar la primaria, donde de ningún modo aprendí a expresarme de manera adecuada en español.

el aprendizaje de la escritura lo adquirí por medio de planas de ejercicios (tenía que llenar de seis a siete planas diarias), por lo que se me dificultaba la construcción de frases y la redacción de textos. Para aprender ortografía nos hacían repetir muchas veces las palabras.

en la secundaria mis problemas se incrementaron porque además de la prohibición de hablar náhuatl, se añadió la imposición de otra lengua extranjera: el inglés, la tercera lengua. a lo largo de los tres años pasé, al igual que en la primaria, memorizando el idioma. aumentaba mis dificultades que, por falta de tiempo, no repasaba

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los apuntes que los profesores nos daban ya que, diariamente, viajaba hasta tres horas y media para llegar a la escuela, sin importar las inclemencias del tiempo. a veces los profesores se burlaban cuando me expresaba en mi lengua materna con los compañeros del grupo, aunque no me entendían, me sentía mal por la risa que provocaba.

Poco a poco fui aprendiendo el español, le puse más atención que al inglés, ya que era el idioma que escuchaba dentro y fuera de la escuela, por lo tanto el inglés quedaba en tercer lugar, aunque logré captar y entender algunas palabras no pude hablar esta lengua.

Para estudiar el bachillerato tuve que viajar a la ciudad de Tehuacán, donde se me presentaron las mismas dificultades, ya que mis compañeros de grupo se burlaban de mí cuando no me expresaba con claridad o por el nerviosismo no podía controlarme, no tenía compañeros que hablaran en lengua indígena, y esto me afectó mucho la comunicación y la convivencia.

Los maestros me pedían pasara a exponer los temas que me tocaba investigar en diferentes materias, lo que hacía pero con mucha dificultad. muchas veces tuve ganas de regresar a mi pueblo, pero por necesidad no pude abandonar mis estudios.

Uno de mis propósitos como estudiante es apoyar a los niños que hablan alguna lengua indígena, para que no tengan el mismo proble-ma que yo tuve como alumno. Para ello es necesario comprender que nuestros niños están en una etapa muy receptiva, creativa y produc-tiva que pueden desarrollar si se les enseña en su lengua.

es necesario que a los niños se les enseñe primero a hablar, leer y escribir en la lengua que dominan, ya que esto les permitirá comuni-carse oralmente y a través de la escritura y la lectura de manera adecuada.

actualmente se le da importancia a la cultura de las comunidades donde prestamos nuestro servicio social, ya que es conveniente que los estudiantes conozcan su cultura desde su infancia para después enfrentarse al mundo diverso.

Lugar de origen: alcomunga, ajalpanLengua: náhuatl

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tomar en cuenta la lengua para mejorar la enseñanza

Emelia Juárez Bravo

al ingresar a la escuela, sin conocer otra lengua que la indígena, nuestra primera experiencia desagradable fue que el maestro nos ha-bló en español. Todos estábamos atentos escuchando lo que decía, sin embargo no entendíamos. al siguiente día ya no quería ir a la escuela por temor a no entender lo que dijera el maestro, pero mi mamá me llevó a fuerza por órdenes de mi padre. ella platicó con el maestro sobre el problema que tenía y, afortunadamente, a partir de ese día el maestro nos habló en nuestra lengua materna: el totonaco.

aún recuerdo que nos contaba cuentos y chistes para lograr nuestra confianza y atención, sin embargo la enseñanza seguía siendo en español. en consecuencia, al término del ciclo escolar aprendí a leer sin comprender y de la misma manera concluí la primaria.

al ingresar a la secundaria mis problemas continuaron, los profe-sores nos prohibían hablar en nuestra lengua. aún no dominaba el español y nos imponían otra lengua: el inglés. así pasé los tres años, al igual que en la primaria, memorizando el español y el inglés.

Para asistir a la preparatoria debía trasladarme a una comunidad más lejana. ahí mis compañeros no hablaban totonaco, a excepción de una compañera, y ella, al igual que yo, no era de ese lugar.

cuando ella y yo nos comunicábamos en nuestra lengua los maestros nos reprendían porque pensaban que estábamos diciendo groserías; los compañeros, al oírnos, se burlaban y nos decían que éramos indias y que nos regresáramos a nuestra comunidad. no fue fácil adaptarse al grupo.

Para continuar estudiando tuve que salir de mi tierra. en esos momentos enfrenté el miedo a lo desconocido, pues a la vez temía dejar de hablar mi lengua materna, pero debía aprender el español. entré a la normal, donde no tenía con quien comunicarme, sin embargo, pude hacerlo a través de las canciones en totonaco que, vale la pena enfatizar, me hacían recordar mi tierra, mi mundo.

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cuando ingresé al segundo año de normal realicé mi primera práctica docente con alumnos de cuarto grado de primaria. el tema de la práctica consistía en la clasificación de las plantas, lo cual me planteó un enorme reto, ya que yo no conocía bien su nombre en español. con gran preocupación platiqué al asesor de este problema: que no sabía hablar bien el español y que sólo conocía el nombre de las plantas en totonaco, por lo que no sabía cómo iba a impartir la clase.

aprendí una gran lección: me sugirió que llevara una muestra de cada planta y los alumnos me dirían su nombre y su clasificación en español. como maestros debemos tomar en cuenta la lengua y los conocimientos de los alumnos para una mejor enseñanza.

mi primer trabajo al egresar de la normal fue en una comunidad monolingüe. Los niños sólo hablaban totonaco. Parecía sencillo reproducir la experiencia. mi primer grupo fue de primer grado y, tal como había aprendido, pasé cuatro meses queriendo enseñar las vocales con el método ecléctico, el recomendado por la sep. más aún, intenté manejar palabras fuera del contexto lingüístico del alumno.

al darme cuenta de mi error opté por platicar con ellos en totonaco para ganarme su confianza y les preguntaba el nombre de las cosas que ellos conocían y así fue como por fin logré que mis alumnos aprendieran a leer y a escribir en su propia lengua y en español. con esta estrategia el grupo obtuvo un buen nivel de aprovechamiento.

Los problemas, sin embargo, parecían no terminar. en ocasiones me veía obligada a impartir las clases en español ante el temor de ser sorprendida por el inspector de zona, porque en sus visitas prohibía a los niños hablar en lengua indígena ya que, según él, si los niños no dejaban de hablar su lengua nunca iban a progresar.

Pienso, ahora, que es imprescindible reconocer que la educación se desarrolla en una sociedad con características lingüísticas y cultu-rales diversas y que es necesario partir de este reconocimiento para el pleno desarrollo de los seres humanos con los que trabajamos.

Lugar de origen: nanacatlán, Zapotitlán de méndezLengua: totonaco

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una profesora hizo gestiones para que me dieran una beca

Ivette Torres Cárdenas

He sido rechazada por mis padres, no tengo su cariño. me gustaría que me quisieran como a mis hermanas, con quienes no me permiten relacionarme, porque no quieren que alguna de ellas sea como yo. me discriminan por ser morena y dicen que soy una callejera, pero mi único pecado ha sido trabajar fuera de mi pueblo lo que, para ellos, significa ser una mujer de la calle.

Una ocasión mi padre me golpeó brutalmente y me corrió. me fui con mis abuelos, pero ellos no quisieron que estuviera en su casa y tuve que regresar a pesar de que mi padre me había corrido. mis padres no me aceptaban. Les dije que no tenía a dónde ir y que por favor me permitieran seguir viviendo ahí. me aceptaron con la condición de que trabajara, pues ellos –me dijeron– no iban a mante-nerme, ya que hacían mucho con dejarme vivir en su casa. ahora que estoy trabajando decidí seguir estudiando.

antes de tomar la decisión hablé con mi mamá y le comenté que quería seguir estudiando, a lo que me contestó que ella ya había hecho mucho por mí al darme preescolar y primaria, y que con el dinero que me pagaban no me iba a alcanzar si decidía seguir estudiando porque la secundaria costaba más cara. no obstante, seguí adelante con mi decisión.

estudié la secundaria en un pueblo llamado Temaxcalapa, en el estado de Veracruz. caminaba cuatro horas para llegar a la escuela porque no tenía dinero para irme en carro como mis compañeros, tampoco tenía para comer y apenas me alcanzaba para una torta. donde estudié no se pagaba colegiatura como en las demás escuelas particulares. Puse gran empeño para terminar la secundaria vesperti-na. Por las mañanas trabajaba en casas ajenas para que me dieran de comer, o bien lavaba trastes y con lo que me pagaban compraba los útiles que me hacían falta. Los fines de semana ayudaba a una señora que vendía comida en una fonda. así terminé la secundaria.

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Pensé que ya no iba a seguir estudiando por falta de recursos, sin embargo, cuando se fundó una nueva escuela los profesores invitaron a varios jóvenes, entre los que yo estaba. mi respuesta fue que no podría pagar las colegiaturas. Una profesora me contestó que ella haría gestiones para que pudiera obtener una beca y seguir estudiando hasta terminar la preparatoria. Gracias a esa beca y a la profesora pude terminar la preparatoria. doy gracias a dios por estar siempre conmigo y no dejarme sola.

cuando terminé la preparatoria, nuevamente pensé que ya no seguiría estudiando. La beca se había terminado y con el dinero que ganaba trabajando, 200 pesos a la semana, no me alcanzaría para la universidad. mientras estudié la secundaria y la preparatoria no pagaba colegiaturas, sólo una inscripción de 300 pesos, por lo que podía comprar mis uniformes y útiles escolares. Pero en la univer-sidad no era la misma situación, así que abandoné la idea de seguir estudiando. entonces, decidí irme a trabajar fuera porque quería hacer mi propia casa y que mis papás ya no me humillaran tanto. así comencé a trabajar y ahorrar algún dinero, que decidí meter en el banco. era poco, pero quería cumplir mis sueños.

Pero cuando uno de mis compañeros me contó que seguía estudiando me sentí muy mal ya que yo no podía hacerlo. Por eso decidí que con el dinero que tenía ahorrado para hacer mi casa, podía entrar a estudiar de nuevo. ahora tengo miedo que lo poquito que tengo ahorrado se termine. Quiero poner todo mi empeño para continuar y concluir mis estudios.

desde pequeña quería ser profesora. espero ser alguien en la vida y ganarme el cariño de mis padres, ayudarles en lo que pueda y, finalmente, ganar su amor y respeto.

cuando tenía 12 años fui violada por uno de mis tíos, él tenía 26. nunca se lo dije a nadie, ni siquiera a mis padres, porque mi tío amenazó con decirles que yo lo había provocado. eso no era cierto, pero pensé que mis padres nunca me creerían. Tuve mucho miedo que mi tío cumpliera su amenaza, pues le iban a creer más que a mí. Tampoco quería que mis abuelos me odiaran. ahora me siento sucia y avergonzada de todo lo que me sucede, quisiera ser una niña

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limpia de todo y sin problemas, sin ser rechazada por nadie. Quisiera enamorarme de alguien, pero tengo miedo que ningún hombre quiera saber nada de mí, por lo que me pasó.

en una ocasión me enamoré de un muchacho que fue mi primer novio y al que quise mucho. no quería que hubiera secretos entre nosotros y decidí contarle mi historia. como temía, él pensó que le di motivos a mi tío para que me violara. desde entonces no volví a saber de él. ahora sólo tengo amigas, pero novio no. Todas ellas lo tienen, menos yo. en ocasiones pienso que me voy a quedar sola para siempre y me da mucho miedo la soledad.

muchas veces me he sentido sola y triste, siento que no tengo salida. me quiero ir muy lejos, pero no tengo a dónde. Quisiera huir y no saber de nadie, mucho menos de mi tío. aunque me vaya muy lejos, siempre lo tendré presente. no puedo olvidar lo que me hizo, es como una herida que queda abierta por siempre y que llevaré conmigo. no puedo olvidarlo, es algo imposible. necesito ayuda pero no se a quién acudir.

Gracias por escucharme, necesitaba sacar todo esto.

Lugar de origen: san miguel, eloxochitlánLengua: náhuatl

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quiero ser profesora para luchar por una buena educación

Eva Flores Valle

estudié la primaria en la escuela emiliano Zapata, que se encuentra en la comunidad de san mateo coatepec. Para llegar a la escuela tar-daba de 15 a 20 minutos, pues me iba caminando con mis amigas.

cuando cursaba el primer año de primaria tenía una maestra llamada Leticia que me quería mucho, era su alumna consentida y siempre me regalaba un dulce o un chocolate por ser la más inteli-gente del salón. Todos los niños y niñas querían ser mis amigos porque era la niña más lista.

cuando la maestra nos ponía a repetir las vocales era la primera en decirlas. si nos ponía a hacer planas, yo siempre acababa primero y la maestra me pedía que les ayudara a mis compañeros para que salié-ramos al recreo. recuerdo que en diciembre la maestra nos dio un regaló a mí y a otros dos compañeros por ser los más inteligentes.

cuando cursé segundo año me tocó un mal maestro. durante los primeros meses seguía siendo la niña más inteligente, pero poco después ya no fue así, pues el profesor sólo nos ponía planas de las vocales y los números, cosa que para mí era muy fácil pero también muy aburrido, porque lo hacía muy rápido. culpo a este maestro por no seguir siendo la misma de antes.

Poco después me fui atrasando mucho, pues el maestro era muy holgazán. Había días en que lo único que hacía era comer. eso agradaba a mis compañeros porque le pedían parte de su comida. aún recuerdo que les aventaba pedacitos como si fueran perros, lo que me molestaba mucho.

Todos los días era lo mismo, nos ponía a copiar lecciones y eso era todo. me parecía muy aburrido estar copiando todo el día y buscando palabras con las letras “h” o “z”, que era lo que hacíamos siempre.

Un día me atreví a decirle al maestro que eso me parecía muy aburrido, que mejor enseñara a sumar o multiplicar, que yo quería aprender eso, pero me regañó por decirle lo que debería hacer.

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recuerdo que me jaló las orejas y me dijo que no iba a poner cuentas, que si mis compañeros no sabían ni escribir mucho menos iban a poder sumar.

me puse muy triste y, a modo de protesta, me senté en el piso y así estuve trabajando más de una semana. el maestro no dijo nada aunque me veía sentada en el piso, simplemente no le importó que yo quisiera aprender cosas diferentes y avanzar a mi propio ritmo. Poco después le dije a mamá que estaba trabajando en el piso, que el maestro no nos ponía trabajo y pasábamos todo el día jugando.

mi mamá fue a hablar con el maestro y éste, de manera hipócrita, logró convencerla de que yo era una niña caprichosa y que si estaba trabajando en el piso era porque no quería obedecer. Por miedo a que el maestro me regañara o me pegara no aclaré las cosas y me quedé callada. nada cambió, todos los días era lo mismo. Lo peor fue que me tocó el mismo maestro en segundo y tercer grado de primaria.

mi aprovechamiento disminuyó significativamente y dejé de hacer tareas porque el profesor nunca las revisaba, pero como era una niña no me importaba. nunca pensé que esa actitud me perju-dicaría en el futuro.

Por una parte mi madre fue culpable de que el maestro no hiciera nada. Porque no me creía lo que le decía de él. Pero desde entonces a este maestro lo desprecio. en estos momentos se encuentra traba-jando en un pueblo cercano al mío. cuando lo llego a encontrar me dan ganas de gritarle lo que siento y siempre lo recuerdo con mucho rencor. es por eso que quiero ser maestra o educadora para luchar por una educación buena y placentera, para que los niños no pasen nunca por lo que yo pasé.

Lugar de origen: san mateo coatepec, atzitzihuacánLengua: náhuatl

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antes la comunidad se quedaba sin profesor hasta un ciclo escolar

Martha Hernández Linares

La siguiente experiencia relata la infancia de mi madre que conozco a través de sus relatos actuales. ella tiene 56 años de vida.

La historia comienza hace aproximadamente cincuenta años, en una población al noroeste del estado de Puebla. en ese lugar la gente muestra su piel curtida por el sol. Por su clima extremadamente caluroso la vegetación es escasa pero abundan los cactus y los coyotes. ahí las mujeres, hasta el día de hoy, se visten con enaguas de telas brillantes, camisa bordada a mano, cinto, rebozo y pies descalzos. Trenzan su cabello con listones de vistosos colores y lucen aretes de oro con piedras también brillantes. estas mujeres se ven pasar desde muy temprano por las calles, con grandes cubetas de maíz para la molienda. del mismo modo se ve pasar a los hombres, vistiendo calzón y camisa de manta, huaraches de correa ancha y sombrero de palma. Parecen ir siempre de prisa.

en ese entonces las viviendas estaban construidas de adobe y las que ocupaban las familias más pobres, de carrizo. Las familias estaban constituidas de 8 a 10 miembros, y era costumbre que el hijo o hija mayor apoyara a la familia, ya sea trabajando en el campo con el padre, sembrando o cuidando chivos, si era hombre y, con la madre, en el pepenado (bordado de camisas), si era mujer. este último se realizaba hasta después de las actividades del día (después de las nueve de la noche), ya que durante el día junto con la madre era obligado preparar la comida, ir al molino y cuidar a sus hermanos más pequeños, entre otras cosas, como si fuese una segunda madre.

en ese tiempo la población se encontraba incomunicada pues no había ningún tipo de transporte público. Tampoco se contaba con servicio eléctrico, tiendas y, mucho menos, con escuelas de organi-zación completa. era frecuente que las escuelas se quedaran sin docente hasta por un ciclo escolar, pues las dificultades para llegar y las carencias del pueblo eran motivo suficiente para que los maestros

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y maestras no quisieran caminar por lo menos 45 minutos para llegar, mucho menos permanecer ahí.

mi madre en ese tiempo era una niña de seis o siete años de edad. se llama mari carmen y pertenecía a una familia constituida por cuatro hermanas y dos hermanos, de los cuales ella era la mayor. Y aunque mi abuelo contaba con terrenos para el cultivo y algo de dinero, y que era costumbre que a las mujeres no les diera educación porque de inmediato “se casaban o se iban con el novio y no les servía de nada”, trató de darle a todos sus hijos e hijas por lo menos la educación primaria.

en el pueblo había una escuela primaria construida de carrizo por lo que, cuando era invierno, calaba mucho el aire frío. La escuela contaba con una sola maestra para los seis grupos y cada año era diferente.

mari carmen comenzó a ir a la escuela con mucha ilusión de aprender a leer. se levantaba muy temprano (cuatro o cinco de la mañana), para ayudar a su madre yendo al molino y volteando las tortillas. a las ocho de la mañana se iba a la escuela, no sin terminar las labores que le asignaba su mamá.

en su primer día de escuela mari carmen no entendía ni una sola palabra, pues la maestra hablaba español. Por lo tanto, no comprendía nada de lo que le enseñaban. además, la profesora colocaba a los niños en dos grupos: en el primero estaban los niños “inteligentes”, que entendían lo que la maestra explicaba, y en el otro grupo los “burros” porque no aprendían ni entendían de lo que hablaba.

Los niños se hacían burlas muy fuertes por la forma en que estaban sentados. mari carmen permaneció durante año y medio en este grupo, y no porque “fuera burra” –como decía la maestra–, sino porque sólo hablaba la lengua náhuatl. durante ese año y medio aprendió un poco de español.

Lo que hacía creer a mari carmen que era burra se encontraba en su libreta: enormes tachas rojas que abarcaban toda la hoja, y muy escasas “palomitas” que hacían énfasis en el esfuerzo de su trabajo.

Un día la maestra pasó al pizarrón a mari carmen para hacerla leer algunas palabras, pero ella no lo logró pues aún no reconocía

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todas las letras, además que casi no comprendía el español. La maestra la regañó frente a los demás niños y la golpeó en las manos con una regla de madera, con tal fuerza que le dejó marcada la forma del instrumento sobre las manos. no conforme con ello, le dijo las siguientes palabras, grabadas hasta el día de hoy en su mente: “¡niña burra!, ¡no puedes aprender el abecedario. casi dos años y sigues igual de burra que el primer día en el que llegaste! ¡eres la niña más burra que he conocido! ¡Te quedarás sentada en esas bancas para toda tu vida!”, mientras señalaba el lugar en donde se sentaban los niños que ella consideraba “burros”.

mari carmen, mi mamá, cuenta con tristeza en su rostro y seguramente en su corazón, la frustración, el dolor y la vergüenza que le hizo sentir la maestra en ese momento, pues no valoró el esfuerzo de la niña.

Lugar de origen: san mateo Tlacoxcalco, san José miahuatlánLengua: náhuatl

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la maestra entendió que valíamos mucho

Everardo Castro Montalvo

mi nombre es everardo castro montalvo. soy del municipio de Tlacotepec de Porfirio díaz, que pertenece a la sierra negra. mi len-gua materna es el náhuatl. mi escuela preescolar se ubicaba como a diez minutos de mi casa. Todas las mañanas recuerdo que mi mamá me levantaba y me cambiaba, me daba de desayunar, después me lavaba los dientes y, ya cuando repicaba la campana, salía corriendo para no llegar tarde.

al principio fue muy difícil para mí ir a clases porque me daba miedo el no poder pronunciar bien las palabras en castellano, no me iba a poder comunicar con mis demás compañeros y profesora. Todos los días íbamos a la iglesia a cantar y a orar, ya que toda mi educación preescolar y primaria la hice en una escuela de religiosas.

cuando pasé a primer grado de primaria la maestra que me tocó era muy enojona, nunca nos dejó que habláramos en nuestra lengua materna y siempre nos decía que nosotros teníamos que superarnos y ser mejores que nuestros padres y abuelos. También nos decía que al seguir siendo indígenas no podíamos tener los mismos derechos que ella. Que si algún día emigrábamos a la ciudad la sociedad nos iba a rechazar.

Un día al llegar a la escuela saludé a mis compañeros en mi lengua sin darme cuenta que ella, la maestra, nos estaba escuchando. al poco rato entró y en las manos traía una vara, sin saber para lo que la iba a ocupar. de pronto cerró la puerta y me pasó al frente. me dijo que “por qué estaba platicando en mi lengua”. Yo le dije simplemente “que había saludado y porque desde niños nuestros padres nos incul-caron nuestra lengua materna”.

entonces la maestra agarró la vara y me empezó a pegar. no lloré porque tuve vergüenza con mis compañeros. Pero al llegar a mi casa le platiqué a mi mamá lo que había ocurrido. al otro día mi mamá fue a platicar con la directora de lo que pasó. La directora habló con la maestra, desde entonces nunca nos volvió a decir nada aunque

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estuviéramos platicando enfrente de ella, se dio cuenta que nuestra cultura valía mucho y que nadie nos podía impedir que habláramos en nuestra lengua.

al fin comprendió que el ser indígenas valíamos mucho, más que ella, por nuestros valores y tradiciones. conforme fui pasando de grado ya ningún maestro me decía nada hasta que terminé la educación primaria. después ingresé a la telesecundaria y ahí también nos prohibieron hablar en nuestra lengua. en esa escuela teníamos que aprender la lengua extranjera, el inglés.

Lugar de origen: Tlacotepec de Porfirio díaz, san sebastián TlacotepecLengua: náhuatl

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no podemos discriminar más al indígena…

Oscar Nape Soanacatl

La discriminación en el medio indígena es histórica. Baste echar una mirada a nuestros antepasados quienes, desde la conquista, fueron reprimidos por los españoles, que se sentían superiores.

durante el Porfiriato, a las personas de escasos recursos les fueron incautadas sus tierras para otorgarlas a quienes tenían mayor riqueza. Fueron épocas difíciles. se abusaba de las mujeres y las propiedades de la gente más humilde. Fue hasta la época revolucionaria en que se comenzó a revertir la situación.

sin embargo, el indígena sigue siendo discriminado, quizás por sus costumbres sencillas. en la actualidad aún hay mucha discrimi-nación, sobre todo en las comunidades más alejadas, donde la gente no sabe leer ni escribir y es, por tanto, presa fácil de quienes desean aprovecharse de ellos y sus circunstancias.

Hablaré concretamente de dos comunidades en las que tuve la oportunidad de trabajar, aunque por corto tiempo, y donde me percaté de la realidad de la discriminación. estas comunidades están situadas al norte del estado de Puebla, y se llaman Xonalpú y Putlu-nichuchu.

en estas comunidades existe una enorme división generada por problemas políticos. existen tres partidos que, sin duda, determinan las posibilidades de otorgar algún beneficio a las personas, según su filiación. el caso más claro está en el manejo de los recursos que se distribuyen a través de diversos programas sociales, por ejemplo, las despensas o dinero en efectivo (becas), pues si alguien pertenece al partido contrario no puede recibirlos.

La educación no es un caso excepcional. en ambas comunidades se cuenta con dos escuelas primarias y una telesecundaria. en el caso de las primarias, si los padres de los alumnos aspirantes son de un partido, solamente hay posibilidades de ingresar en la que el partido apoya. en consecuencia, los niños no tienen permitido entablar conversación (no digamos amistad), con los de la otra escuela.

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si alguna organización ajena a la comunidad patrocina algún evento hay muchos problemas. si, por ejemplo, regalan juguetes o despensas y esto se hace en una de las primarias, las personas de distinto partido no reciben el apoyo. es hasta la secundaria donde todos los niños se conocen.

Los gobernantes son dominados por los terratenientes e, incluso, por los acaparadores de productos, como el café, que de no venderse al precio establecido se echa a perder. si optan por venderlo ellos mismos, deben caminar durante varias horas para llegar al municipio, pero aun ahí los acaparadores arreglan el precio para comprarlo a un costo exageradamente bajo y en ocasiones fiado. Posteriormente posponen el pago argumentando falta de dinero, por lo que los indígenas se ven obligados a pedir frijol, arroz, sopa u otra cosa fiada para satisfacer sus necesidades más inmediatas a costa de adquirir nuevas deudas.

Pero el indígena ha sido reprimido no sólo por aquellos pertene-cientes a la clase alta y media por tener dinero o vestir ropa fina, sino “ha sido reprimido por el mismo indígena” que ya olvidó sus raíces. creer que por vivir en la ciudad ya no se es indígena es un error.

Pero también en las ciudades existen infinidad de indígenas discriminados día con día, aun siendo quienes prestan muy valiosos servicios y venta de productos.

no podemos discriminar a los indígenas por vestir traje típico, hablar idioma indígena o ser diferentes a nosotros. Por el contrario, debemos respetarlos y hacerles sentir su pertenencia a un grupo étnico.

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en mi opinión eran personas que no conocían el respeto

Paula Rodríguez Domínguez

cuando iba al preescolar me gustaba ir a la escuela, después todo cambió. ingresar a la escuela primaria de cuapexco, donde vivo, fue la peor experiencia de mi vida. desde el principio no me relacionaba con mis compañeros de grupo, sólo con una niña que, hasta el día de hoy, es mi amiga. era muy tímida, por esta razón sentí morir por lo que me pasó.

el maestro que fue asignado a mi grupo no sólo era el más estricto y de mal carácter, sino que se presentaba a impartir clases ebrio o crudo, y me daba miedo. Un día, como de costumbre, saludé al maestro y me percaté de su aliento alcohólico. Pasados unos minutos me ordenó pasar al pizarrón y resolver una resta. no la pude hacer y él me golpeó con el metro de madera. no pude resistirlo y me solté a llorar. creo que no lo hacía por lo fuerte del golpe, sino porque el maestro trataba bien a las niñas que, según él, eran las más bonitas y con dinero y, como yo era humilde, me pegó sin razón. si él me hubiese explicado hubiera entendido, pero no a golpes.

me decepcioné de la escuela y ya no quería ir. mi mamá me preguntaba la razón, por lo que le conté cómo pasaron las cosas; sin embargo ella me decía: ¿prefieres ir al campo y hacer comales de barro o ir a la escuela? mi respuesta era sí, prefiero eso.

dos días después mi mamá me llevó a la escuela y habló con el maestro del porqué no iba a la escuela. Él le dijo que me pegó porque estaba jugando en clase y no ponía atención. eso me enojó mucho porque no era cierto, pero, ¿qué podía hacer? Él era el maestro y yo simplemente una niña, y no podía contra él.

mis compañeros y mi familia se burlaban de mí porque el maestro me había pegado y me decían que lo había hecho porque yo era india y oaxaca. Indígena y oaxaco son términos que usa mi familia para nombrar a las personas que no pueden hacer algo o lo hace mal, con lo que se entiende que ser indígena es ser tonto.

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Los compañeros también se burlaban porque me peinaban de trenzas y listones, lo que me daba coraje y por eso ya no dejaba que me hicieran trenzas. Parece que la misma situación se vive en Tenan-titla, la comunidad donde trabajo.

cuando ingresé a la telesecundaria, que se encontraba en un pueblo cercano, fui discriminada por algunas de mis compañeras que se creían de clase alta y pensaban que si se juntaban con nosotras se rebajaban. siempre nos decían que éramos “Sanfelipeñas rascuachas”, pero ya no me hacían sentir mal, porque mi padre me decía: “¡a palabras necias, oídos sordos!” Yo, simplemente, las ignoraba. en ocasiones, incluso, estuvieron a punto de golpearnos, pero les dije que si, según ellas, eran muy civilizadas por qué hacían eso, que en mi opinión eran personas que no sabían lo que era respeto. aunque se enojaron, desde entonces dejaron de molestar. ahora ya son señoras y han cambiado.

Ésta no es una experiencia de discriminación de la cultura o la lengua porque no aprendí a leer y escribir en lengua indígena. mis padres me enseñaron a hablar en español. ellos hablan un poco el náhuatl, pero a mí ya no me lo enseñaron. Fue hasta hace unos días que me interesé por el idioma, por lo que trataré de hablarlo y escribirlo.

Lugar de origen: cuapexco, cohuecanLengua: náhuatl

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el maestro nos enseñó a escribir nuestro nombre

Omar Cid Trujillo

desde los tres años mis papás me mandaron al preescolar y, al termi-narlo, pasé a la primaria. estudié ambos niveles en mi comunidad.

cuando ingresé a la primaria no sabía escribir ni mi nombre, pero el maestro nos enseñó. aprendí hasta el segundo año de primaria, aunque no sabía sumar, restar ni multiplicar. ese maestro que tuvimos en primero y segundo se cambió de zona y se fue a otra comunidad.

Llegó otro maestro. desde que vi su rostro supe que tenía mal carácter. a los dos días de su llegada seguía perdiendo el tiempo porque sólo nos comentaba de dónde venía y cómo era su comunidad. al tercer día comenzó a escribir en el pizarrón unas sumas y me pidió que pasara a resolverlas, como no sabía sumar y él no nos explicaba cómo hacerlo, no pude y el maestro empezó a pegarme con un palo grueso hasta que llegó el director para comunicarle que tenían una reunión. el profesor se fue a la reunión y nosotros nos fuimos a nuestras casas.

cuando llegué a mi casa me preguntaron mis papás por qué tenía una bolita en la cabeza y yo les contesté que me había caído porque tenía miedo de acusar al profesor. al siguiente día llegamos a la escuela y sucedió lo mismo. Pasó al frente a un compañero para que escribiera unos ejercicios de multiplicar y, como tampoco sabía hacerlo, el maestro empezó a golpear a mi compañero con el mismo palo con el que a mí me pegara el día anterior. el resultado no fue el mismo, ya que el niño comenzó a llorar y salió corriendo a su casa para llamar a su papá. el señor estaba muy molesto con el maestro y quería golpearlo, cuando llegó el director el padre del niño le contó lo que pasaba en el salón y que su hijo estaba lastimado.

el director nos preguntó a los demás y todos le contamos que el maestro nos pasaba al pizarrón a resolver ejercicios sin explicarnos cómo se hacían. enfrente de nosotros le llamaron la atención al maestro y al día siguiente ya no se presentó. supimos más adelante que lo mandaron a otra comunidad.

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después llegó un maestro muy bueno que nos enseñó cómo sumar, restar y multiplicar. Todos aprendimos fácilmente porque explicaba bien. Pasábamos al pizarrón pero ya sin miedo. Pasé a tercer grado con más ganas de estudiar y así hasta terminar la primaria, agradecido con mis papás que me apoyaron.

cuando terminé la primaria mis papás me dijeron: “¡Vas a estudiar la secundaria!” en ese tiempo no había secundaria en mi comunidad, debía trasladarme a otra comunidad caminando porque no había carretera. Quería seguir estudiando para que estuvieran orgullosos de mí.

mi papá me inscribió en la secundaria de Temaxcalapa, pero al faltar aproximadamente dos semanas para iniciar el ciclo escolar, sucedió algo doloroso y triste. mi mamá enfermó y falleció al otro día. ahí me di por vencido. no estudié un año porque sin mi mamá no era igual. mi papá empezó a tomar alcohol y al poco tiempo se enfermó y estuvo a punto de morir, pero se salvó gracias a que mis abuelos y mis tíos le compraron medicamentos.

Luego mis dos hermanos y yo nos fuimos a vivir con mis abuelos. mi hermano estaba estudiando la primaria y mi hermana el prees-colar. cuando cumplí un año sin estudiar se abrió una secundaria en mi comunidad y mis abuelos y mis tíos insistieron en que estudiara hasta que me convencieron.

entré a la secundaria. al principio sin ganas porque no conocía a nadie, pero pronto empecé a tener amigos y mis maestros me apoyaban. Puse empeño y todo se me facilitó. sentí que los tres años pasaron muy rápido.

cuando terminé la secundaria mis tíos y mis abuelos me felici-taron, pero aún me sentía triste porque mi mamá no estaba conmigo. mis tíos me decían que mi mamá me veía desde el cielo y estaba conmigo, lo que me animó a salir adelante.

cuando entré al bachillerato mis abuelos me siguieron apoyando, por lo que les estoy muy agradecido. ahora sigo en la universidad.

si no hubiese aprovechado la oportunidad que me brindaron mis abuelos y mis tíos no tendría estudios. estoy contento por seguir estudiando, pues esta educación no sólo a mí me favorece; también

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a otras personas, pues mi deseo es ayudar a los niños para que se preparen y no tengan problemas en la escuela. mi propósito es terminar la universidad y ayudar a los que más lo necesitan.

Lugar de origen: san miguel, eloxochitlán Lengua: náhuatl

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dejé de estudiar un tiempo y me fui de mojado a estados unidos

Miguel Ángel Flores González

de mi infancia tengo experiencias muy bonitas que nunca voy a ol-vidar. Qué bonitos recuerdos de aquellos momentos en los que no pensaba más que en jugar, comer, correr, brincar. esos momentos se han ido.

aquel tiempo cuando papá decía: “Quiero que seas un hombre de bien, sobresaliente en la vida, estudioso, activo, respetuoso, para llegar a ser un buen profesionista en el futuro y no tener la necesidad de emigrar a otros países”. Que buenos consejos los de mi padre, que me cuidaba y me entendía.

Pero como jóvenes no tenemos la capacidad de entender a nuestros padres y siempre peleamos y los acusamos de no entendernos: “¡Tú no agarras la onda! ¡Tus tiempos ya pasaron!” Frases estúpidas que decimos los jóvenes. no nos damos cuenta de lo indispensable que es el consejo de un padre.

en una ocasión le dije a mi padre que terminando la secundaria me pondría a trabajar, a lo que él respondió que no quería que me saliera de la escuela, que debía poner todo mi empeño para lograr ser maestro y no tener necesidad de andar en el campo de sol a sol, ya que así son las jornadas.

esta conversación se me grabó en la mente y prometí a mi padre seguir estudiando para convertirme en el maestro que tanto anhelaba. seguí estudiando aunque en ese proceso se presentaron obstáculos (tener novia, ir a los bailes, etcétera) por los que descuidé mis estudios. en este aspecto tuve que acudir a mis padres para que me dieran consejos porque yo no sabía qué hacer. ellos me apoyaron siempre y, en las buenas y en las malas, seguí estudiando y prepa-rándome, para cumplir mi compromiso.

otro obstáculo que se me presentó fue el económico, ya que provengo de una familia numerosa (11 hermanos), mi padre es campesino y mi madre ama de casa. Por ello tuve necesidad de

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buscar mis propios recursos. dejé de estudiar por un tiempo y me fui a los estados Unidos como ilegal, arriesgando mi vida. no fue tan fácil decidirme, pero unos familiares que viven en Los Ángeles, california me prestaron dinero para pasar. estuve en la frontera casi un mes sin poder pasar y sin dinero y, cuando al fin lo logré, mis familiares me estaban esperando.

ellos me consiguieron trabajo, pero fue muy difícil adaptarme a la vida de mojado porque sufres discriminación. Hay mucho racismo entre los propios paisanos. Poco a poco me fui adaptando y estuve aproximadamente tres años allá. Junté mi dinero y me dije que era hora de regresar a cumplir el compromiso con mis padres: terminar de estudiar y ser maestro. es por eso que decidí regresar con mis padres y concluir mis estudios.

Lugar de origen: san Gabriel chilacLengua: náhuatl

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hay que reconocer que la mayoría de los profesores son muy profesionales

Manuel Nicolás Pérez

nací en el seno de una familia unida compuesta por padre, madre y tres hermanos. Gracias a ellos logré lo que quise en la vida, luchando por ser mejor cada día.

a la edad de seis años todo era felicidad. Por ese tiempo nos fuimos a vivir a una ranchería que constaba de unas 15 casas. recuerdo bien que apenas se comenzaba a poblar. era un rancho lleno de árboles y pasto. Junto a mi casa pasaban dos arroyos. mi lengua materna es el náhuatl.

a los siete años ingresé a la primaria. el grupo se integraba por aproximadamente 15 o 20 alumnos de primero a tercero. La escuela era multigrado. Todos nos comunicábamos en lengua materna en los juegos, diálogos, trabajo, etcétera.

Un día llegó un profesor que se apellidaba cuenca y hablaba español, pero como no podíamos comunicarnos con él en las clases se cambió muy pronto de escuela. Viendo este problema, los padres de familia y las autoridades del pueblo solicitaron un maestro bilingüe (español-náhuatl). con él nos familiarizamos porque nos hablaba en náhuatl y en español. así pasaron los años hasta culminar mi educación primaria que concluí en un albergue ubicado en otro pueblo a la edad de 13 años.

Todo era bonito para mí, pues convivía con mis compañeros, maestros y personas de la comunidad en mi lengua materna (náhuatl). Proseguí mis estudios de secundaria con una media beca que otorgaba el instituto nacional indigenista (ini) y que consistía en darnos 50 pesos mensuales para alimentación.

sin embargo, debido a que en la ranchería no había secun-daria me mandaron, junto con algunos compañeros, a una escuela técnica ubicada aproximadamente a seis o siete horas de nuestro lugar de nacimiento. ahí empezó a cambiar mi vida al relacionarme con compañeros y maestros que no hablaban mi lengua, porque

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en el pueblo donde estaba la escuela no eran hablantes de lengua indígena.

siempre sentí la discriminación y el desprecio de algunos compa-ñeros y profesores por ser indígena, tener costumbres diferentes y poco dominio del español. Ésta se manifestaba con menosprecio y burla cuando me comunicaba con algunos de mis compañeros de la misma región a través de mi lengua.

Por otra parte, los maestros no tomaban en cuenta nuestras participaciones en clase. Tampoco lo hacían en la asignación de jefe de grupo y la conformación del comité de asociación de alumnos integrado, por supuesto, por alumnos más grandes y nacidos en ese municipio. así cursé los tres años.

a partir de entonces sentí nostalgia por el apoyo de mis padres. empecé a tener miedo porque cada día enfrentaba nuevos retos. También empezaba la adolescencia, una etapa difícil. a veces quería renunciar a todo y volver con mi familia, paisanos y amigos porque ahí me sentía seguro y en confianza. Ése era mi mundo.

cuando terminé la secundaria empecé a trabajar en la ciudad de Puebla con un amigo y, finalmente, con el apoyo de un maestro que tuve en la primaria pude ingresar como promotor de educación indígena. asistí a un curso de inducción de tres meses y me incorporé a la docencia.

en esta etapa conocí nuevos retos. del departamento de educación indígena (sep) me mandaron a trabajar como promotor de educación preescolar. mi misión era conformar una nueva zona escolar en la ciudad de atlixco, con 20 compañeros.

La gente de la comunidad en que inicié mi trabajo hablaba náhuatl (una variante del que yo conocía). Traté de convivir de manera muy cercana con la gente participando de sus costumbres, fiestas patro-nales, lengua, religión, deportes y alimentos. esta actitud me abrió el camino a su amistad.

Pero aunque por parte de la gente no había discriminación, sí la pude sentir por parte de los maestros de primaria, que sólo hablaban español y me rechazaban porque mi vestimenta era sencilla. aún recuerdo que, cuando recorría las ciudades de atlixco y Puebla, la

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gente que me escuchaba dialogar con mis compañeros en náhuatl solía decirme que “era un indio” y eso me hacía sentir mal.

sin embargo, al reflexionar sobre lo que había pasado en la secun-daria y ahora como docente, me propuse una meta: prepararme profesionalmente para demostrar que pertenecer a un grupo étnico no nos hace ser menos dentro de una sociedad heterogénea. Tenemos los mismos sentimientos, aunque diferentes costumbres y valores. así me inscribí al centro de capacitación del magisterio donde estudié la normal básica de tres años.

después me inscribí a la Licenciatura en educación Primaria. en el primer semestre me enteré que había oportunidad de cursar la Licenciatura de educación Primaria para el medio indígena en la upn (lepmi). Para estudiarla debía renunciar a la Licenciatura en educación Primaria y lo hice porque amo y valoro a mis semejantes indígenas y deseo prepararme para servirles. Posteriormente, me ins-cribí a la normal superior del estado donde cursé tres años.

actualmente me siento satisfecho de ser un maestro de educación indígena adaptado a la sociedad donde me desenvuelvo cotidiana-mente en lo político y cultural y sin permitir que la gente me humille o menosprecie, pues conozco mis principios y valores, además de los derechos y deberes que tenemos los ciudadanos de este país pluricultural.

nací en la ciudad de atlixco. en ese entonces mis padres no tenían casa propia. cerca de donde vivíamos había un jardín de niños federal donde mi madre me inscribió a la edad de cuatro años y concluí a los cinco.

La primaria donde me inscribieron se encontraba a media cuadra de donde vivíamos, con la intención de llegar siempre puntual y que mis padres tuvieran la oportunidad de acudir frecuentemente a recibir información sobre mi educación por parte de mis maestros. como mis dos padres se dedican al magisterio siempre estaban ocupados en su trabajo, fuera de la ciudad. Teníamos una sirvienta que me cuidaba y me llevaba a la escuela.

en esa escuela cursé sólo dos años pues parte de tercero lo cursé en la escuela donde trabajaba mi mamá. cuando mis padres compraron

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un terreno en la ciudad de Puebla nos venimos a vivir ahí y cursé el tercero y cuarto grado. Luego volvimos a la ciudad de atlixco donde terminé la primaria en una escuela ubicaba a 30 minutos de mi casa.

en esa ciudad cursé el primer grado de secundaria en una escuela técnica que estaba a 40 minutos en transporte. Finalmente volvimos a la ciudad de Puebla donde finalicé mis estudios de secundaria en la Técnica 35.

cursé el bachillerato en una escuela particular de Puebla, debido a que no pasé el examen en la preparatoria federal. en la misma escuela estudiaba y trabajaba y, con muchos sacrificios económicos, terminé el bachillerato según los deseos de mis padres. Para llegar a la escuela viajaba aproximadamente una hora, porque vivimos en la periferia de la ciudad de Puebla.

como estudiante tuve algunas dificultades para integrarme a los compañeros, pues nuestros principios y valores eran diferentes en lo económico y cultural. esa situación ha sido motivo para seguir preparándome profesionalmente. mi deseo es ser maestro indígena bilingüe para servirle a mis semejantes. amo la educación, por lo que debo ser el mejor maestro.

el trato abusivo hacia los niños en edad escolar, frecuente-mente mal entendido como disciplina, castigos o consecuencias, es incorrecto y peligroso. Los educadores responsables e informados saben desde hace mucho tiempo que el maltrato, tanto físico como emocional, inferido a los niños por parte de sus maestros, es una conducta antiprofesional que puede destruir el entusiasmo por aprender y preparar el escenario para problemas emocionales y conductuales.

Hay que reconocer que la mayoría de maestros son profesionales dedicados que no maltratan a los niños física, ni psicológicamente. La mayoría de los administradores de escuelas exigen estándares altos de conducta a los maestros dentro de sus planteles escolares.

sin embargo, aunque ninguna universidad, instituto o programa educativo entrena maestros para aterrorizar, pegar, jamaquear, gritar, humillar y herir a los niños, en muchas escuelas existen maestros

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incompetentes que, habitualmente, lastiman a los niños, así como también hay administradores escolares a quienes no les importa mantener la calidad en sus escuelas.

La lista de castigos y maltratos inflingidos a los niños es enorme. Basten algunos ejemplos como los golpes en diversas partes del cuerpo y con objetos variados. otros tipos de agresión física son los pellizcos, jalones y empujones, o bien, amenazas y humillaciones. negar permisos o tiempos de recreo, inmovilización u obligación de ejercicios extremos, confiscar sus pertenencias o, en último caso, ignorarles sin importar en lo más mínimo lo que pueda sucederles. menciono todo ello con base en mi experiencia.

Lugar de origen: atlixcoLengua: náhuatl

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mis padres decidieron enseñarme el español, no el náhuatl

Jenny Cruz Moreno

mi nombre es Jenny cruz moreno, soy hija del maestro Florencio cruz Torres y de la profesora maría inés moreno martínez, origi-narios del estado de Hidalgo, hijos de padres indígenas y hablantes de la lengua náhuatl. actualmente trabajo en el preescolar narciso mendoza perteneciente a la zona 409, de san José cuatotolapa, mu-nicipio de ajalpan.

mi historia empieza el 10 de septiembre de 1983, en la ciudad de Tehuacán, Puebla. durante mi niñez fui una niña demasiado inquieta y mis padres decidieron enseñarme como lengua materna el español y no el náhuatl. sin embargo, sí me inculcaron sus tradi-ciones, por ejemplo la del día de muertos, los elementos que lleva la ofrenda, por qué se pone, qué significan el arco, el tenate, la canasta, las velas, etcétera.

en vacaciones mis padres me llevaban al lugar donde nacieron, ahí tenía familiares que hablaban náhuatl y español. mis abuelitos eran monolingües y usaban la vestimenta indígena con mucho orgullo.

cuando mis abuelos me hablaban yo tenía algunos problemas para entender lo que me decían, pero no por eso los ignoraba; al contrario, preguntaba a mis primos lo que me decían. siempre los respeté, pues me inculcaron este valor desde que era pequeña. También me enseñaron a ser humilde y tratar por igual a los que eran diferentes a mí por su color, fisonomía, capacidades, etcétera, pues, al hacerlo, garantizaban que sería una mujer íntegra.

al ingresar al preescolar el Porvenir vislumbré un mundo diferente, pues ahí no estarían mis padres y no tenía amigas. me sentía rara y les temía a mis compañeras. ellas se dieron cuenta y, como eran más grandes, me pegaban hasta que un día, cansada de tanto abuso, decidí defenderme y les pegué. Poco a poco me fui habituando y esas niñas con las que peleaba se hicieron mis amigas. al salir del preescolar me puse muy triste, pues ya no estaría con las

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maestras a las que quería tanto, y además mis amigas estudiarían en otra escuela.

estudié la primaria en la escuela Leona Vicario, ubicada en la colonia Poblado el riego. mi maestra de primero se llamaba Guadalupe méndez. con ella aprendí a leer y escribir. al pasar a segundo año me tocó la maestra micaela. con ella ya no había juegos ni cantos, como en preescolar y primer año, además que era regañona y de muy mal carácter.

en tercer año me puse muy contenta porque me tocó una maestra muy buena, sin embargo, mis compañeros y compañeras me discri-minaban ahora por la forma en la que mi mamá me peinaba. se burlaban de mis trenzas, me hacían a un lado, no querían conversar conmigo y decían que era una niña de pueblo. Pasé de ser juguetona a tímida, bajó mi autoestima, lastimaron mis pensamientos y tenía miedo de expresarme con las demás personas.

al llegar a sexto grado ya era una niña introvertida. mis compa-ñeros, por el contrario, eran muy traviesos. Una ocasión un compañero, israel, me puso un apodo porque, supuestamente, había visto el color de mi ropa interior y lo empezó a comunicar a los demás (sobre todo a los niños). a partir de entonces ya no me llamaban por mi nombre, sino por mi apodo, lo que me hacía sentir muy mal y lloraba frecuen-temente, hasta que llegó el momento en que no aguanté y se lo dije a la maestra, pero, aunque les llamó la atención, no dejaron de lastimar mis sentimientos. al salir de la primaria no los volví a ver y terminó mi pesadilla.

entré a la secundaria a los 11 años. ahí asistí a un curso taller de computación. durante mi estancia en esa escuela no sufrí ningún tipo de discriminación, ya que los maestros nos trataban bien. en esa etapa mi comportamiento era tranquilo, pasivo, pero muy respon-sable en cada uno de mis actos.

después ingresé al Bachillerato Jesús reyes Heroles, ubicado en ciudad serdán, que me quedaba a dos horas de camino, pero como el sistema era semiescolarizado sólo asistía los sábados y en periodos vacacionales. el resto de la semana lo dedicaba a trabajar. durante todo el bachillerato no tuve problemas ni con los maestros ni con los

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compañeros; por el contrario, aunque convivían jóvenes y adultos el respeto era mutuo y se extendía hacia los profesores.

Lugar de origen: san José cuatotolapa, ajalpanLengua: náhuatl

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el compromiso fundamental es promover la diversidad cultural

Eliut Moreno Ángeles

el presente trabajo tiene como finalidad aportar algunos comenta-rios acerca de la realidad social que se vive en la escuela primaria.

La educación que se brinda a las niñas y niños indígenas del país tiene como objetivo primordial reconocer su identidad y valorar la he-rencia cultural de la que es dueño, por ejemplo la lengua indígena.

actualmente ser maestro de niños y niñas indígenas es motivo de orgullo y satisfacción, pues día a día aprendemos a valorar un mundo lleno de conocimientos que van más allá de lo que podemos imaginar. a pesar de ser docentes, son estos pequeños quienes nos enseñan a interpretar la naturaleza y sus signos, a encontrar caminos para enfrentar los problemas, a nombrar las cosas, así como diversos valores. el lenguaje, que les permite comunicarse y entenderse entre sí, nos muestra su propia identidad.

Por ello, es importante que el maestro que labora en comuni-dades indígenas adopte una postura de reconocimiento y respeto para el logro de la convivencia dentro del grupo. interesa señalar que si existe desigualdad entre la escuela y la comunidad en sus diferentes formas de organización, no será posible trabajar en equipo.

Para el maestro de educación indígena tratar los temas de identidad y cultura reviste especial importancia, pues son parte fundamental para el desarrollo de las diversas poblaciones indígenas. La cultura es el elemento primordial de la cosmovisión, valores, creencias e historia oral de los grupos indígenas.

respecto a la identidad, sólo mencionaré que hay gente que no la reconoce como propia, pues se avergüenzan de pertenecer a un grupo indígena. considerarse inferior por ser indígena es contra la identidad. es necesario reconocernos como pertenecientes a un grupo y adoptar un sentido nacionalista.

no hay motivo para pensar que los niños indígenas tienen un lento proceso de desarrollo o educativo. sin embargo, parece que ésa

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es, justamente, la idea que se tiene en las escuelas primarias regulares pues se llega, incluso, a prohibir el uso de la lengua indígena dentro de la escuela.

sufrir esta discriminación en esta temprana etapa del desarrollo trae graves consecuencias en la forma de pensar y en la conducta, ya que lejos de aprovechar los conocimientos que posee, pretendemos desecharlos. esto restringe el acceso al conocimiento a las clases sociales menos favorecidas.

Pero la discriminación no sólo se vive en la escuela. el gobierno y la sociedad formados por estructuras verticales y burocráticas ejercen un control de la información, y no hacen nada por evitar la desigualdad y la inequidad, lo que hace más difícil las formas de convivencia.

creo que el compromiso fundamental de la sociedad es contribuir a la aceptación de la diversidad y la creación de condiciones estructu-rales, políticas y sociales más justas para los pueblos indígenas y así lograr que sean gestores de su propio desarrollo cultural.

Lugar de origen: XochiapulcoLengua: náhuatl

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ojalá antes se hubieran valorado, como hoy, las lenguas indígenas

Antonia Aguilar Cañete

soy de san Felipe otlaltepec, Tepexi de rodríguez al sur de Puebla. en la década de los 30 la comunidad era pequeña, su gente muy hu-milde y trabajadora. Los hombres se dedicaban al campo, actividad con la que apenas se ganaba lo mínimo para alimentar a las familias que, por cierto, eran numerosas.

Las mujeres se dedicaban al quehacer de la casa, a la crianza de los hijos y a la elaboración de artesanías, como tenates, sopladores y petates. Por la tarde tenían que venderlos, pues sólo así obtenían lo necesario para comer.

algunas familias no tenían tierras de labor, por lo que debían comprar el maíz. La mujer ponía su nixtamal y al cocerse lo marta-jaban y hacían tortillas; una vez hechas tenían que repartirlas a cada miembro de la familia.

a una de esas familias pertenecía isidronia cañete Vidal, mi ma-dre, de la que hablaré. en esa pobreza isidronia aprendió a hacer el trabajo que realizaban las mayores: hacía quehaceres y elaboraba pe-tates para ayudar a su madre. en su comunidad no se hablaba español sino ngigua (popoloca). al cumplir ocho años sus padres la manda-ron a la escuela, pues por primera vez había llegado un profesor al pueblo. el maestro era originario de acatlán de osorio, Puebla.

La niña fue con ilusión, pero al llegar a la escuela su sorpresa fue que el profesor no hablaba ngigua como ella esperaba, sino español. Para isidronia fue tan difícil aprender a hablar español, y eran tantas las exigencias del maestro porque lo hicieran, que muy pronto ya no quería ir a la escuela, sin embargo, su madre le ordenó que se quedara y así lo hizo.

cuando entró a segundo grado el profesor la golpeaba frecuente-mente por estar platicando en ngigua, y cada vez eran más duros los castigos para los niños que no hablaban el español. isidronia decidió no ir más a la escuela, ella prefería hacer sus petates que ir a la escuela,

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y aunque su madre le exigía que fuera, ella ya no lo hizo por temor a los maltratos del profesor. así, la niña no aprendió a leer y escribir. ahora isidronia piensa que ojalá en ese entonces hubieran valorado la lengua indígena, como ahora que se valoran las diversas culturas.

a la edad de 12 años isidronia se casó por determinación de sus padres y, al paso del tiempo, procreó tres hijas: mis dos hermanas mayores y, muchos años después, yo.

mis hermanas fueron a la escuela primaria del pueblo que, para entonces, tenía tres maestros. ahí, definitivamente, ya no se practicaba la lengua materna, sino el español. Lo que sí se practicaba todavía eran los malos tratos de los profesores, por cualquier motivo los golpeaban y les ponía castigos muy duros (no hacer las planas, platicar, etcétera), mis hermanas no soportaron este trato, termi-naron el tercer grado y desertaron.

La última hija soy yo, antonia aguilar cañete y, prácticamente pasé mi niñez sola, ya que mis hermanas se habían casado. mis deberes consistían en ayudar a mi mamá en los quehaceres de la casa, que consistían en ir al molino y, como en aquel tiempo no había agua potable, traerla del pozo que se encontraba a la orilla del pueblo.

en 1972 me inscribieron en la primaria General ignacio Zaragoza, la única de la comunidad, pues entonces no había preescolar. Para entonces la escuela ya contaba con seis profesores.

en cuarto año tuve un profesor de la propia comunidad, que era alcohólico. Por la mañana se presentaba en el salón de clases, ponía unas cuentas en el pizarrón y dejaba muchísimas planas. Luego se iba a la tienda más cercana, se ponía a tomar con sus amigos y tardaba mucho. mientras nosotros terminábamos los trabajos. no pocas veces mis compañeros iban a alcanzarlo y lo traían de regreso muy tomado y gritando “que sigan las otras”, todos reíamos de lo que el maestro decía inconscientemente.

cuando no estaba tomado era un golpeador. si no terminá-bamos rápido los trabajos nos aventaba el borrador de madera para pegarnos, jalaba las patillas o, cuando ya estaba muy enojado, hacía que pusiéramos las manos sobre la banca y nos golpeaba con una regla de madera.

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otros maestros también ponían castigos muy fuertes como pararnos frente a la pared con orejas de burro hechas de cartulina sobre nuestras cabezas. con ese singular sistema de trabajo logré terminar el cuarto grado de primaria.

La difícil situación económica nos hizo migrar a ciudad nezahual-cóyotl, estado de méxico, donde me inscribieron, a partir de quinto grado, en la escuela primaria General Juan Álvarez, en el turno vespertino. aunque mi nivel académico era muy bajo comparado con el de los otros niños, el profesor se hizo el compromiso de nivelarme con mis compañeros. el trato y la metodología de los profesores eran totalmente distintos y pude concluir la primaria.

Hice mis estudios en la telesecundaria de la colonia Virgencitas, en el estado de méxico. el trato de los profesores era agradable y, a la fecha, tengo un bonito recuerdo de ellos.

más adelante la crisis económica me obligó a buscar un trabajo de medio tiempo y me inscribí en una escuela comercial para estudiar la carrera de secretaria ejecutiva, así que ahora trabajaba y estudiaba al mismo tiempo. Las circunstancias no eran buenas, por lo que al final decidí dejar mis estudios, aunque fue una difícil determinación.

con el paso del tiempo tuve la oportunidad de presentar un examen de bilingüismo en la ciudad de Tepexi de rodríguez, donde puse en práctica todo mi conocimiento pues, aunque mi madre me educó en español, siempre escuché sus diálogos con las personas mayores en su lengua materna.

desde entonces valoro la lengua indígena y nunca desaprovecho la oportunidad de asistir a cursos de etnolingüística. Por fin sé hablar, leer y escribir en ngigua.

desde mi ingreso a la sep asumí mis deberes y mi responsabilidad con la educación y, en consecuencia, me dediqué de lleno a mi trabajo que, en un principio, fue en comunidades muy retiradas en las que no había medios de transporte, lo que me impidió continuar con mis estudios. al paso de los años me fui acercando y pude continuar mi preparación.

en 2001 me inscribí en el bachillerato abierto, en Tepanco de López, Tehuacán.

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en este proceso conocí la importancia de la diversidad cultural y por eso estoy cursando este propedéutico en la upn, no sólo con el fin de adquirir conocimientos sino, sobre todo, por el aprecio de los grandes valores culturales de nuestras regiones, estado y país para el fomento de la comunicación oral y escrita en diversas lenguas indígenas.

Lugar de origen: san Felipe otlaltepec, Tepexi de rodríguezLengua: popoloca

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quería ser la abanderada, pero era muy, de muy baja estatura

Monzerrat Meléndez Mora

cursé el preescolar de 1990 a 1993 en la escuela Juan de la Barrera ubicada en el centro del municipio de Huehuetlán el Grande, Pue-bla, lugar donde nací. entré muy pequeña como oyente porque que-ría ir con mis hermanos mayores. como era la más pequeña del salón mis compañeros y compañeras me cuidaban mucho. cuando hacían algún evento con bailables, si no me elegían porque estaba muy pe-queña, me ponía a llorar.

después del preescolar me inscribieron en la primaria miguel Hidalgo y costilla, de organización completa y ubicada en el mismo municipio. algunos maestros tenían sus consentidos, que eran los niños que sabían más. eso no me gustaba de ellos, pues a los que no sabían los ignoraban; aún no puedo entender por qué había esas preferencias.

mis papás me cuentan que la primaria, en sus inicios, se sostenía con las cooperaciones de los padres de familia, incluso para el pago de los maestros, pero cuando yo ingresé ya no estaba en esas condi-ciones.

en la primaria tenía muchas ilusiones de ser abanderada en la escolta, pero eso no pasó porque en la escolta siempre estaban los compañeros más altos y, como yo era de las de más baja estatura no lo logré y eso me dio mucha tristeza.

ingresé a la secundaria “General alfonso Pineda” en 1999, también en el centro del municipio. me la pasaba muy bien y tuve más amigos que en la primaria, todos los compañeros nos llevábamos muy bien, cuando alguien cumplía años le llevábamos mañanitas, y en la tarde nos invitaba su mamá a comer y, cuando terminábamos, nos poníamos a bailar.

en la secundaria me gustaba jugar futbol. en diciembre eran los concursos deportivos y el maestro seleccionaba un grupo de 16, entre los que yo siempre estaba pero de portera y eso me aburría. siempre

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ganábamos el primer o segundo lugar, pero un día no ganamos ni el tercer lugar y nos dio mucha tristeza. Lo peor fue cuando los maestros nos regañaron y nos dijeron que “no le habíamos echado ganas”, cuando nosotras pensábamos que nos iban a alentar, pero no fue así. de cualquier modo, si de algo puedo estar segura es de haber puesto todo nuestro empeño.

cuando salí de la secundaria tenía miedo de entrar al bachillerato porque pensaba que no lo iba a terminar. cuando entré a primer año no tenía amigos con quien platicar y fue hasta el segundo semestre que me dije a mí misma que sí podría terminarlo si me lo proponía. con el tiempo llegué a hacer amigos.

en una ocasión, cuando iba en sexto semestre, fuimos a unas cascadas que quedan cerca del municipio, cuando nos metimos a nadar casi me ahogaba por no saber que las pozas estaban muy hondas y no sabía nadar. de no ser por mis compañeros me habría muerto.

cuando a veces mis hermanos y yo platicamos con nuestros padres, nos aconsejan poner mucho empeño en el estudio, pues no tienen otra cosa que ofrecernos como herencia. mi padre no tuvo oportunidad de seguir estudiando, pues tenía que trabajar para ayudar a sus hermanos ya que sus padres eran alcohólicos. Él trabajó desde muy pequeño como chofer, aunque ahora cuenta con sus propios carros que transportan verduras, que transporta a Tepeaca, acatzingo y Huixcolotla, Puebla.

cuando mi mamá estaba a punto de terminar la secundaria, apenas a los 15 años, su mamá murió y ella tuvo que cuidar a sus hermanos, pues era la mayor y la más pequeña tenía apenas seis años. sin embargo, su madrina le ofreció su apoyo para seguir estudiando. así hizo el examen para ingresar a una carrera y lo pasó, pero cuando ya estaba en los primeros días de clase su papá la sacó de la escuela con el argumento de que el estudio era sólo para los hombres porque ellos son los que mantienen a sus familias y las mujeres sólo sirven para estar en la casa con los hijos.

afortunadamente mis padres piensan lo contrario, pues quieren que sigamos estudiando para ser alguien en la vida. ahora ya no

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es tiempo de esperarse hasta que el marido nos dé dinero, sino que nosotras podemos salir adelante con cualquier profesión que tengamos.

Lugar de origen: Huehuetlán el GrandeLengua: náhuatl

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los programas de educación bilingüe han cambiado mucho

Rosalía Juárez Varillas

He de mencionar que no terminé el preescolar. mi hermana y yo lo iniciamos cuando mi mamá trabajaba cerca de córdoba, pero pronto tuvimos que regresar a nuestra comunidad natal, san marcos Tlaco-yalco, de Tlacotepec de Benito Juárez, Puebla. mi mamá ya no nos inscribió a pesar que había dos preescolares, uno de organización completa y otro multigrado, pero ambos impartían educación pre-escolar bilingüe.

a los seis años mi mamá me inscribió en la primaria Lázaro cárdenas que era de organización incompleta. Hasta la fecha imparte educación bilingüe. sin embargo, en el tiempo en que yo estudiaba allá había algunos maestros de la comunidad que hablaban ngigua (popoloca), pero también los había que no eran de la comunidad y sólo hablaban español. aun en estas condiciones los maestros nos hablaban español y no nos enseñaban en popoloca, pero como en la comunidad se hablaba más la lengua materna no entendíamos y por eso no aprendíamos lo que nos enseñaban (letras y números). creo que fue por eso que aprendimos mecánicamente. ahora los programas de educación bilingüe han cambiado mucho. Los maestros deben enseñar tanto en lengua materna como en español para tener buenos resultados.

cuando iba en quinto año, aproximadamente en octubre, los maestros hicieron una selección para las competencias de atletismo y deportes. Participé y me seleccionaron en carreras de relevos y también me integré a la selección de basquetbol. a pesar de que puse mucho empeño en los entrenamientos, el maestro de atletismo y deporte me dijo que por tener 11 años no podía entrar al equipo, pues las competencias eran sólo para los niños de 10 años. a pesar que le pedí que me dejara en el equipo no lo hizo y tuve que abando-narlo. me sentí muy mal pues mis compañeros seguían entrenando. al poco tiempo el maestro de deportes se cambió de escuela y en su

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lugar llegó una maestra. cuando le dije que tenía 11 años y quería estar en el equipo, ella me dijo que no me preocupara porque podía jugar. de ese modo pude competir al lado de mis compañeros.

nunca supe por qué el maestro me sacó del equipo, pero pienso que un maestro nunca debe discriminar a sus alumnos que, por el contrario, hay que respetarlos aunque sean humildes o hablen una lengua indígena.

estudié la secundaria también en mi comunidad y fue muy diferente a la primaria. Los maestros no eran de ahí y no entendían lo que decíamos, daban las clases por medio de una televisión y después el maestro nos explicaba. ahí no tuvimos educación bilingüe.

el bachillerato, también ubicado en san marcos, era de nueva creación. aquí no hubo tanto conflicto, porque ya hablábamos bien el español y entendíamos mejor las clases. en este nivel los maestros nos enseñaron cómo funciona la computadora y sus programas, además del internet.

Pienso que los niños y niñas indígenas tienen derecho a una educación en la que sean valorados por sí mismos y no discriminados por hablar una lengua indígena.

Lugar de origen: san marcos Tlacoyalco, Tlacotepec de Benito JuárezLengua: ngigua o popoloca

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…ojalá puedas hacer algo por los que vienen creciendo

Arturo González Peña

inicié mis estudios en la primaria ambrosio Herrera, que es una es-cuela de organización completa y se ubica en el municipio de Tecali de Herrera, al centro del estado de Puebla. Limita al norte con los municipios de cuautinchán y Tepeaca, al sur con Tzicatlacoyan, al oriente con mixtla y santa isabel Tlanepantla, y al poniente con cuautinchán. de mi casa a la escuela debía caminar aproximada-mente quince minutos.

recuerdo que mi maestro de cuarto grado se llamaba moisés, y era originario de la ciudad de Puebla. Tenía muy mal carácter y por ello le apodaban El ogro.

este profesor siempre le decía a un niño que vivía en un lugar llamado rancho santiagozingo “¡Vago, sucio, asqueroso, lávate, cámbiate de ropa!”, sin saber que la familia de este niño era de escasos recursos y, la que llevaba, era su única ropa, por ello siempre estaba sucia. Tampoco llegó a saber que era el mayor de siete hermanos ni que su padre se dedicaba a cuidar chivos, un trabajo poco remunerado. Por otra parte, Tecali es un lugar árido y con pocas posibilidades de empleo.

Tanto le hostilizó el maestro, que el niño dejó la escuela. Pero no sólo él, pues, ya que su padre no podía pagar las cuotas que se establecían tuvo que sacar a sus tres hijos, que perdieron un ciclo escolar. al año siguiente su papá los inscribió en otra escuela lejos de Tecali.

cuando iba en sexto el maestro era muy complaciente con los hijos de los dueños del transporte público de la comunidad que, por otra parte, hacían menos a quienes, como yo, pertenecíamos a la clase baja. algunos ejemplos muy claros fueron el de aquel niño al que por ser muy prepotente le escondimos, en una casa abandonada, su bicicleta nueva en día de reyes. más tarde supimos que quien la encontró fue un niño de quinto que no había recibido regalo de reyes.

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Había también una niña muy latosa que no trabajaba y no cumplía con las tareas. La maestra le dispensaba cierta tolerancia porque, según ella, “era hiperactiva pues en su casa no la dejaban jugar por ser de otra religión y debíamos comprenderla”. en eso nunca estuve de acuerdo.

Pero las actitudes más discriminatorias se daban por tener más dinero, vestir mejor, tener coche, hacia los que llegábamos a la escuela caminando, en huaraches, quienes no tenían nada de comer, etcétera.

La actitud del maestro, repito, era de predilección hacia ciertos compañeros, y con el argumento de ser muy inteligentes, siempre los pasaba al pizarrón para “demostrar su inteligencia”. esos compañeros pasaban como “las gallinas cluecas”, llenos de orgullo. sin embargo, nosotros nos burlábamos de ellos y les hacíamos maldades.

asistí a la secundaria Filiberto Quiroz, ubicada en Tepeaca, aproxi-madamente a cuarenta minutos de donde vivo. Tomé esta opción ya que en la secundaria de Tecali la cuota de inscripción era muy elevada y muy frecuentes las cooperaciones durante el año escolar.

aquí se sufrían diversas formas de discriminación como burlas y apodos pero esto originaba peleas que, muchas ocasiones, llegaban a los golpes. También había un prefecto que nos humillaba e insultaba. Una vez, al salir de la escuela (ya había oscurecido) algunos de los compañeros ofendidos lo esperaron para golpearlo. se lo merecía.

otra vez un compañero, del que continuamente hacían mofa por ser obeso, golpeó a otro y le fracturó un brazo. La revancha se dio cuando el compañero fracturado con otros más golpearon el coche de celso hasta averiarle seriamente las llantas. Hubo una demanda con lo que, al parecer, las cosas se calmaron y los compañeros ya no peleaban.

estudié el bachillerato en el centro de estudios Tecnológicos, industriales y de servicios 151 (cetis), ubicado en Tepeaca. en esta escuela las actitudes de discriminación se daban, sobre todo, por parte de los maestros. Había un docente que era abogado y después que él entraba al salón no permitía el acceso a nadie, aunque nunca respetaba los horarios y siempre llegaba tarde.

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en una ocasión el profesor nos preguntó qué íbamos a seguir estudiando, algunos dijeron que en la universidad, otros que no continuarían por cuestiones económicas, algunos más porque sus papás tenían talleres (mecánicos, eléctricos, etcétera) o comercios, por lo que se dedicarían a eso. el profesor dijo que esos “trabajitos” eran para analfabetas, para los que no piensan, y que ellos siempre iban a estar mugrosos, y borrachos gracias al mal ejemplo que sus padres les habían dado. Lo que no sabía el maestro era que estos alumnos eran los que vivían mejor económicamente ya que, al ser Tepeaca el punto de encuentro del comercio, esa actividad generaba muchas ganancias.

otros maestros, que tampoco eran docentes sino abogados, contadores, ingenieros, etcétera, siempre nos hacían menos a los de escasos recursos económicos.

Había una compañera que siempre llegaba en una camioneta de lujo, y aunque casi nunca iba a la escuela, o llegaba tarde, nunca tuvo problemas y tenía las mejores calificaciones, pero su familia era de las que pesaban política y económicamente. esta chica sólo hacía amistad con aquellas niñas que creía eran de su círculo o estatus.

Quiero, en esta oportunidad, hacer referencia a una plática que tuve con un joven de aproximadamente 27 años. estaba por retirarme de una comunidad, después de realizar un trabajo de investigación y como no había transporte, esperaba que alguien me diera un raid. después de casi tres horas pasó una camioneta que me llevó a donde ya podía tomar el autobús. durante el trayecto el joven me preguntó si era profesor nuevo en la región. Le contesté que sí y, efectivamente, era la primera vez que iba por ahí. Le comenté del trabajo de investi-gación y los objetivos del mismo.

después de un momento de silencio me dijo: “¿sabe, profe?, estoy muy indignado con mis profesores”. Le pregunté la razón, y él me contestó, “soy originario de un ranchito donde asistí a primaria, créame lo único que aprendí fue a escribir y a leer mi nombre (metafó-ricamente). no quiero saber que pasó con muchos paisanos míos, y con los que según nos educan, con quien nos gobiernan, pero menos con aquellos maestros. ellos no sabían hablar nuestra lengua, decían

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que hablábamos ‘bien chistoso’, pero yo creo que su papel social es hacer pensar a la gente para que se incorpore a la productividad, ¿o no?” Le contesté que efectivamente, a lo que él me dijo: “ahora entiendo el porqué de la situación de los que vivimos en méxico, más en estos lugares. Yo salí de la primaria con una visión corta, además, sabía que estaba perdiendo el tiempo, pues debía salir de mi casa a las cinco de la mañana para llegar a las 7:30 a la telesecundaria.

“aunque hasta ese momento observé lo que era una televisión y me llamaba mucho la atención, poco entendía, razón por la cual no hablaba mucho. si me comunicaba con mis compañeros era en náhuatl, pero los maestros nos lo prohibían, pues decían que esa escuela era de otro nivel, y que el nivel donde habíamos estado quedó atrás. Por eso me salí, al igual que muchos compañeros. conocí otros amigos y decidimos irnos al norte.

“La travesía duró una eternidad, no vuelvo a ir de esa manera. allá vendíamos elotes, hay gente que renta los carritos, venden los elotes y todo lo necesario para la venta, pero apenas sacábamos para subsistir. entonces nos dijeron que vendiéramos un sobre, así, como de bicarbonato parecido al que venden en el pueblo, nosotros no sabíamos qué era, pues venía en sobres bien cerrados, como sobres de té, mucha gente nos preguntaba si vendíamos fino, pero nosotros no sabíamos qué responder, hasta que nos dimos cuenta que lo que vendíamos era droga.

esto nos dejó mucho dinero además de que, según nosotros, era algo muy sencillo. como estábamos un paisano y yo vendiendo elotes, fácilmente disfrazábamos el verdadero negocio. Vine después de siete años y mira lo que he hecho, ayudar a mis padres, familiares y hasta amigos, aunque ellos saben que ‘vendo elotes con queso fino’.

“ahora hago esta reflexión: si aquellos que dirigen la educación realizaran su trabajo lejos del interés personal, tendríamos otra visión del mundo. no se han dado cuenta que una mala decisión acarrea muchos problemas. mire a mis maestros, no tenían sentido de lo que hacían, trabajaban por inercia, se emborrachaban y nadie les decía nada, creo que esa educación no es para vivir mejor. Yo he vivido muchos contrastes, pero me zafé de esto y de lo que fui.

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“ahora tengo unos negocios: una tienda, en ella vendo materiales para construcción, un criadero de cochinos y –añade con nostalgia– se lo juro que cada que veo algún maestro me acuerdo de mi infancia en la escuela, tengo la idea que cuando te encomiendan un trabajo debes hacerlo sin esperar algo a cambio, más bien pensar que trabajas con alumnos, con gente que piensa, y si tú no lo desarrollas, no hay una educación verdadera para la vida”.

Terminó diciéndome: “Profe, ojalá usted pueda hacer algo por los que vienen creciendo.”

Lugar de origen: Tecali de HerreraLengua: náhuatl

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cuando era navidad la maestra nos daba los aguinaldos

Cecilia Gervacio Armora

La comunidad donde nací se llama santa maría Zoyatla. es un pue-blo pequeño con pocas personas; tiene una presidencia, una plaza, una iglesia, tiendas, fruterías, etcétera. Tiene un bonito clima porque no hace tanto frío, ni tanto calor. Y conserva muchas costumbres.

referente a mi vida escolar recuerdo que mi mamá me llevaba a la escuela porque no podía ir sola, pues el preescolar quedaba lejos de mi casa. cuando llegábamos a la escuela la maestra nos recibía contenta y nos sacaba a formar. entrando al salón nos ponía a trabajar, pintá-bamos, recortábamos y hacíamos muchas otras cosas. el 10 de mayo nos ponía bailables como el jarabe tapatío o una ronda. nos sacaba a jugar con las pelotas pero, cuando se enojaba, nos regañaba porque le hacíamos travesuras. Una vez le puse un chicle en la silla pero no se enojó porque no se dio cuenta de quién lo puso.

cuando es navidad se hacen las posaditas, las mismas que se conocen en méxico. el día 24 de diciembre se acostumbre la arrulladita de los niños dioses. el 6 de enero se parte la rosca de reyes y se reparten los aguinaldos que contienen cacahuates, galletas de animalitos y dulces de colación. nunca se me va a olvidar, cuando era navidad la maestra nos repartía aguinaldos y juguetes después de nuestro convivio y nos íbamos a nuestra casa felices porque nos habían dado juguetes.

También recuerdo que en Todos santos o día de muertos en la escuela del preescolar poníamos nuestras ofrendas. se las dedicá-bamos a las personas olvidadas y en la ofrenda colocábamos frutas: mangos, plátanos, naranjas, cañas, mandarinas, etcétera. de comida poníamos mole, adobo de pollo y las cosas que más le gustaban al ser querido.

en una primavera –cuando estaba en preescolar– fui princesa de mi escuela. en esa ocasión tenía que bailar con mi compañero raimundo. Bien recuerdo que durante los ensayos los pasos me

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resultaban un poco difíciles porque se trataba de caminar y dar muchas vueltas. Tantas vueltas di una vez que me sentí mareada y hasta vomité. Fue muy difícil pero sí pude lograrlo. sin embargo, el mero día de la presentación no pude bailar muy bien. La maestra me regañó, me jaló de los pelos porque no le gustó cómo salió y, por si fuera poco, como castigo me mandó a la dirección con el director.

cuando entré a la primaria el primer día me llevó mi mamá. recuerdo que tenía mucho miedo, porque no conocía a nadie, pero mis papás me explicaron que no debía tenerlo aunque la escuela fuera diferente al preescolar en donde yo había estado. más adelante eran mis hermanas las que me llevaban a la primaria. a los maestros los veía grandes y empecé a querer a mi maestra. Poco a poco me acostumbré y los comencé a ver de modo diferente hasta que me di cuenta que el miedo había desaparecido.

recuerdo que en la primaria un grupo de maestros sí se enojaban porque hablábamos nuestra lengua, ellos pusieron una queja en la supervisión porque decían que nosotros no aprendíamos nada ya que éramos unos mensos e ignorantes por hablar nuestra lengua.

ante eso los padres de familia se organizaron y protestaron por la forma en que nos trataban los maestros. además de la prohibición de usar la lengua náhuatl, nos castigaban y nos regañaban si llegá-bamos vestidos con nuestro atuendo. nos decían que éramos unos ignorantes por la forma como nos vestíamos; decían que deberíamos ir a la escuela vestidos como personas civilizadas.

Un día llegó el supervisor a visitarnos y los maestros nos dijeron que si hablábamos enfrente de él en nuestra lengua nos castigarían. Pese a nuestra voluntad tuvimos que obedecer a los maestros, pero cuando salimos al recreo nosotros empezamos a hablar –como siempre– en nuestra lengua y el supervisor –que estaba por el patio– nos escuchó y nos preguntó por qué no hablábamos así dentro del salón de clases. nosotros le contamos lo que nos habían advertido los maestros y la discriminación que padecíamos con ellos. el supervisor nos prometió mandarnos maestros nuevos que no nos trataran mal porque, dijo, “si no sus papás ya no los van a mandar a la escuela”. el supervisor cumplió.

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al año escolar siguiente llegaron los nuevos maestros. nosotros estábamos asustados porque no sabíamos cómo eran; sin embargo, los maestros nos trataban mejor que los otros que la comunidad había sacado –con ayuda del supervisor– de nuestra escuela. ellos nos animaban a hablar en náhuatl y nos decían que no debíamos tener pena, que a donde fuéramos debíamos sentirnos orgullosos de hacerlo porque sólo unas cuantas personas sabíamos hacerlo y eso era muy valioso. Gracias a esos profesores nosotros salimos adelante y ya no teníamos miedo a ningún maestro, ya que nos enseñaron a valorar lo que tenemos y que nadie nos podía quitar el derecho de hablar nuestra lengua. estábamos orgullosos también de tenerlos a ellos como maestros. después los fueron cambiando y llegaron otros que también se portaron bien con nosotros. Ya nos respetaban a los alumnos de la escuela rafael Ávila camacho.

cuando pasé a tercer año el maestro nos regañaba mucho porque no hablábamos el español. nosotros nos sentíamos mal por no hablarlo. nos decía que no podíamos hablar el náhuatl. si lo hacíamos dentro el salón nos pegaba con una vara. La única forma de salvarnos de sus golpes era comprarle algo en la tienda. Un día ya cansada de la situación le dije a mi papá lo que nos hacía el maestro en la escuela y fue hablar con el director. al maestro lo cambiaron de comunidad.

La primaria que atendía el primero, segundo y tercer grados quedaba cerca de mi casa. en otra parte de la comunidad estaba cuarto, quinto y sexto. Quedaba arriba de un cerro que debíamos subir caminando durante media hora. La escuela era incompleta porque le faltaban muchas cosas para poder trabajar: un laboratorio, enfermería por si alguien se lastimaba, un campo deportivo para poder jugar y unos mejores baños.

La maestra que me tocó en esa etapa nos ponía a vender en el salón de clases para su beneficio. si no lo hacíamos nos regañaba y nos castigaba sin salir al recreo o nos perjudicaba en nuestras califica-ciones. después nos tocó un maestro que tomaba mucho, no asistía a clases y además nos prohibía hablar nuestra lengua. Un día le tocó escoger a las niñas que competirían para princesas de primavera, el

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21 de marzo, y comenzó a enseñarnos los pasos que bailaríamos y se cayó enfrente de todos y nos reímos mucho de él.

Por fortuna terminé la primaria con un buen maestro que le interesaba nuestra lengua. nos decía que le enseñáramos a hablarla porque se sentía orgulloso de trabajar en esa comunidad, porque aprendía más sobre nuestras costumbres y también de nosotros porque le enseñamos muchas cosas que él no conocía acerca de nuestra lengua materna.

cuando entré a la secundaria también sentí miedo. no sabía cómo me iban a tratar. mi hermana me dijo que no tuviera miedo porque la secundaria era bonita y me iban a enseñar más cosas de las que yo no conocía hasta ese momento. Una buena situación era que mis compañeras de la primaria iban a ir conmigo. así entré.

Ya en la escuela a los maestros los encontré muy diferentes y, como me dijo mi hermana, te enseñaban cosas que no sabía uno. mi vida transcurría normalmente pero un día mis papás nos dijeron que debíamos cambiarnos de casa. La noticia nos cayó de sorpresa porque eso implicaba que tenía que dejar la escuela y ya me encon-traba en el último año de telesecundaria. mi papá me dijo que en la nueva comunidad, donde íbamos a vivir, había mejores escuelas y más equipadas. cuando me dijo eso me emocioné y les conté a mis compañeros, ellos se pusieron tristes porque me dijeron que quizá en esa escuela me discriminarían o se burlarían de mi lengua materna. Yo no les hice caso y no di crédito a lo que decían.

cuando llegamos a la comunidad de Tepeojuma nos recibieron muy bien aunque la gente no hablaba nuestra lengua. el primer día en la escuela trajo consigo el miedo nuevamente. Tenía nervios porque no conocía a nadie. mis nuevos compañeros se me quedaban viendo hasta que me preguntaron de dónde era. Yo les dije que era de la comunidad de santa maría Zoyatla. ellos –y los maestros también– quedaron sorprendidos porque era de esa comunidad.

al contrario de lo que me habían pronosticado mis anteriores amigos de la escuela, no se burlaron de mí por hablar náhuatl. el director me felicitó por estudiar en esa escuela aparte de pedirme que le enseñara a hablarlo, porque era una lengua importante en

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la vida; también a los maestros y a mis compañeras les enseñaba a hablar en mi lengua materna. estas nuevas y agradables experiencias se las conté a mis papás, quienes se sintieron tranquilos y orgullosos porque no me discriminaban por hablar otra lengua.

Pronto me acostumbré a la nueva escuela telesecundaria porque me parecía bonita y tenía cosas diferentes, así como buenos maestros, compañeros, amigos y gracias a eso salí adelante.

Un día me encontré con mis antiguos compañeros de santa maría Zoyatla y me preguntaron cómo me iba; yo les dije que bien y que estaban equivocados respecto de la escuela a la que me fui a estudiar porque les conté que los maestros me apoyaban para que conservara y hablara mi lengua materna.

Lugar de origen: santa maría Zoyatla, TepeojumaLengua: náhuatl

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como docentes no debemos denigrar a los niños indígenas

Abigail Flores Méndez

me llamo abigail Flores méndez, tengo 19 años y estudio en la Uni-versidad Pedagógica nacional de Puebla. soy hija de padres campe-sinos y tengo cinco hermanos en total. mis padres hablan la lengua náhuatl y vivimos en la comunidad de san Gabriel chilac, ubicada en la región de Tehuacán.

me gustaría contar sobre las discriminaciones y ofensas que sufrí durante mi estancia en la escuela, pero antes, diré lo que es la discri-minación: “la discriminación, aunque en general significa acción y efecto de separar o distinguir unas cosas de otras, en derecho se hace referencia al trato de inferioridad dado a una persona o grupo de personas por motivos raciales, religiosos, políticos, de sexo, de filiación o ideológicos, entre otros”.

La discriminación no simplemente la recibimos en las escuelas, también en la vida cotidiana cuando discriminamos a la gente pobre y a los que hablamos una lengua indígena. Generalmente somos caracterizados como ignorantes o gente mal informada. incluso llegan a utilizar como un insulto la palabra indio o indígena.

creo que como docentes no debemos denigrar el origen de los niños indígenas porque es la cultura que nuestros padres, abuelos y antepasados nos dejaron. debemos adquirir nuevos conocimientos e ideas de la cultura y de la vida cotidiana.

se dice que todos somos iguales, digo que en el papel sí. en cuanto a personas humanas somos iguales. en cuanto a las cualidades somos diferentes. La discriminación existe si se hace distinción donde debe prevalecer la igualdad. esa distinción es injusta.

Yo no tuve la oportunidad de asistir a un preescolar por falta de recursos económicos. cuando asistí por primera vez a la escuela tenía seis años. La escuela se llama rafael Ávila camacho. recuerdo que tardaba por lo menos una hora para llegar a ella. en los primeros días de clases me sentía rara e incómoda pero, a la vez, feliz por conocer

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compañeros y hacer amigos. La escuela no era bilingüe aunque la mayoría de mis compañeros hablábamos la lengua náhuatl. He de decir que sí había una escuela bilingüe en mi comunidad pero había un problema: que estaba más lejos.

a veces no me gustaba participar porque pensaba que se iban a burlar de mí porque no podía pronunciar bien las palabras. no podía hablar en español y, por lo tanto, no podía comunicarme con los demás. cuando la maestra me preguntaba algo nunca le contestaba porque no entendía lo que me decía y se burlaban de mí.

Por no asistir a preescolar se me dificultó aprender. mis compa-ñeros ya sabían las vocales, algunas letras del abecedario, pronun-ciaban bien las palabras, entre otras cosas. Yo me sentía mal porque no sabía nada. Pero poco a poco fui aprendiendo y con la ayuda de la maestra empecé a escribir palabras en español. algunos de mis compañeros y yo íbamos con huaraches y ropa de calle porque nuestros padres no tenían dinero para comprar nuestro uniforme.

al pasar a tercer grado de primaria tuve una gran experiencia: aprendí a andar en bicicleta y me era más fácil llegar a la escuela. en este ciclo escolar nos tocó un maestro que era de mi comunidad. con el maestro aprendí muchas cosas porque sabía dominar la lengua náhuatl y a los alumnos que no podíamos hablar el español, nos ayudó. Lo más importante fue que aprendí a leer y escribir, conocí los números en lengua náhuatl y español. mejoré mi aprendizaje. También me gustaba ir con mis papás al campo y con ellos aprendí un poco de agricultura.

a finales del año escolar tuvimos una excursión a Garci crespo, que se encuentra en Tehuacán. Pude ver cómo se elaboran los refrescos, aguas minerales, cómo se extraía el agua, entre otras cosas. aprendía muchas cosas en la escuela primaria a pesar de tener problemas por no hablar bien el español, aprendía a hacer restas, sumas operaciones y demás conocimientos que me enseñaron mis maestros.

al ingresar a la escuela secundaria tenía miedo y, al mismo tiempo, alegría, como cualquier joven de mi edad. en ese año escolar no tuve ninguna discriminación. La lengua que heredé ya no tenía por qué denigrarla. Tenía la claridad –desde entonces– que se debe fomentar

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y promoverla para que otras personas conozcan la gran diversidad sociolingüística y cultural de méxico.

a pesar de que la maestra de la telesecundaria no era bilingüe, llegó a hablar poco a poco la lengua náhuatl y eso facilitó la comuni-cación con nosotros, sus alumnos. Por mi parte, pude mejorar el español y me fue posible entender lo que nos decían los libros. al manejar bien los dos idiomas pude aprender muchas cosas y, de esta forma, tuve la idea de ser maestra en las comunidades rurales donde habitaban personas que hablan la lengua náhuatl. el tercer año en la telesecundaria fue tranquilo. Los maestros eran buenos en su práctica docente: bien preparados y hasta tuvimos conferencias sobre la cultura indígena. Y así pasó el tiempo hasta que nos graduamos.

más adelante me enteré que aprobé el examen de admisión para entrar a la preparatoria –estuvo difícil–. al ingresar tuve nuevas inquietudes respecto a las habilidades, destrezas y aptitudes de cómo ser un buen alumno. como teníamos diferentes maestros, uno por cada materia, en primer semestre tuvimos problemas con un maestro que nos daba la materia de Química. Él era una persona sumamente agresiva, intolerante, no tenía respeto hacia nosotros y faltaba conti-nuamente. ahora me doy cuenta que no tenía ética profesional.

así como hay maestros que denigran nuestras raíces indígenas, hay otros que las promueven. Les gusta nuestro origen y la diver-sidad sociolingüística que tenemos. Un maestro nos enseñó que no nos debe dar pena hablar nuestra lengua. Por el contrario, darla a conocer a la gente y promoverla a través de concursos para ver quién habla mejor entre los alumnos.

como docente me gustaría seguir estudiando, prepararme y ser mejor persona. Fomentar en los niños la preparación profesional. así también promover que no debemos denigrar nuestra lengua, raíces, costumbres, etcétera. nunca me daré por vencida. Lo que empecé lo voy a terminar.

Lugar de origen: san Gabriel chilacLengua: náhuatl

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no sé si realizó su sueño

Araceli Estrada Flores

mi educación preescolar la cursé en el Jardín de niños cristina Fer-nández de merino que está ubicado en el centro de la ciudad de Tepeaca, Puebla. La maestra que atendía el grupo se llamaba dulce. como su nombre lo dice, era un dulce de verdad, porque ella no despreciaba a ningún niño. Pero, por otro lado, había una maestra que era muy racista. era de tercero de preescolar y se inclinaba más por los niños blancos. a los de color, o sea los morenitos, les decía que eran indios. a los niños blancos los consentía mucho. en una ocasión esa maestra me llamó la atención, no recuerdo su nombre, pero yo estaba en los baños y estaba jugando con el agua y me dijo: “mocosa, qué haces”, y yo me asusté. entonces me tomó del brazo y me llevó al salón con mi maestra, y le dijo que tenía que imponerme un castigo porque yo le había enseñado la lengua. mi maestra le dijo que hablaría conmigo y yo pensé: “qué mentirosa es la maestra”, pero en ese momento era su palabra contra la mía. Pensé que cómo era posible que las maestras fueran tan encajosas con los niños sólo porque son más débiles.

La educación primaria la estudié en Tepeaca, Puebla. cuando pasé a primaria tuve un trauma psicológico. en segundo año la maestra era muy grosera conmigo porque, para ella, todo lo hacía mal tanto en clases como en los trabajos manuales. recuerdo una ocasión que nos aplicó un examen y sólo al ver mi nombre dijo, “no pasaste, estás reprobada, te vas a quedar de burra en segundo. a ver si no te da vergüenza que tus compañeros pasen y tú no”. no le dije nada a mis papás porque tenía miedo pensando que la maestra me iba a castigar ya que en varias ocasiones me castigó y hasta me pegó en las manos con una regla.

conocía a la otra maestra de segundo y un día que me vio en el recreo muy callada me preguntó qué me pasaba y yo le dije que nada a la maestra Lidia, ella insistió en preguntarme hasta que tuve el valor de decirle todo lo que me había pasado. ella le dijo a mi maestra que

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iría unos días a tomar clase a su salón. cuando me fui con ella se dio cuenta que yo era muy tímida y habló con mis papás. mis papás me preguntaron y llorando les conté lo que había pasado.

ellos fueron a ver a mi maestra y ella negaba todo. después le dijeron: “queremos ver los exámenes de mi niña”, y ella dijo: “no los tengo”. me armé de valor y les dije a mis papás que los tenía en el cajón de su escritorio y ella dijo “¡ah sí, ya me había olvidado!” y los sacó. Los exámenes no estaban calificados. ni en mi boleta había pasado calificaciones. Tratando de justificarse les dijo que la boleta se le había perdido y así tuvo que aplicarme un examen delante de mis papás y lo pasé.

estuve en la preparatoria 5 de mayo en Tepeaca, Puebla, ésta ya no existe. era una preparatoria privada, ahí se veía racismo entre clases sociales. el lema de ahí era “dime cuánto tienes y te diré cuánto vales”. Teníamos un compañero que estaba becado por sus calificaciones, llevaba puro 10 en todas las materias, pero iba muy humildemente vestido y le hacían muchas burlas los compañeros. en especial un maestro que daba la optativa de Biología. el compañero quería estudiar medicina y el profesor le decía que esa carrera no le iba porque para ser doctor primero necesitaba dinero y personalidad y que él no tenía ni personalidad ni dinero, y le dijo: “Tú solamente puedes estudiar por medio de la limosna”.

no sé si realizó su sueño.

Lugar de origen: TepeacaLengua: castellano

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estoy orgulloso de ser indígena y hablar mi lengua madre

Isaí Sebastián Cabrera

en lo que llevo de vida nunca me he sentido avergonzado de ser una persona indígena. Jamás renegué de mi cultura y nunca lo pienso hacer: al contrario, estoy orgulloso de ser indígena y hablar mi len-gua madre. Pero como todo en la vida, nunca falta la típica persona que te hace de menos, se burla de ti, incluso, quiere abusar por ser una persona indígena. eso es precisamente lo que me pasó hace siete años, cuando cursaba mi educación media superior. así comienza mi historia.

Hace siete años aproximadamente ingresé al centro de Bachi-llerato Tecnológico agropecuario 184, situado en la región de acatlán de osorio, Puebla. el primer día de clases me percaté que sólo habíamos dos personas que proveníamos de pueblos indígenas. Yo venía de la región de Xayacatlán de Bravo, un pueblo pertene-ciente a la cultura mixteca. el otro compañero venía de la comunidad de santo domingo Tonahuixtla. Él, al igual que yo, pertenecía a la cultura mixteca.

al paso de la primera semana en la escuela un maestro que nos daba la materia de Fertilización de suelos nos indicó que nos presen-táramos. mencionamos el nombre, lugar de procedencia y lo que esperábamos de la materia en el transcurso del ciclo escolar. al principio noté que la mayoría de los compañeros eran del distrito de acatlán. cuando se presentó el compañero que venía de Tonahuixtla todos se empezaron a reír. Y hubo un compañero que dijo: “¡eres un pata rajada!” el maestro en lugar de regañarlo se empezó a reír al igual que todos los compañeros. me sentí mal por mi paisano y de inmediato pensé que me dirían lo mismo.

sin embargo, por ser mi primer día de clases, aún no me sentía con la confianza de enfrentar o confrontar a mis compañeros y mucho menos al maestro. sólo por mi mente pasaba la frase: “son unos hijos de la …”

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cuando me tocó el turno de presentarme di mis datos tal cual los pidió el maestro. cuando mencioné que venía de un pueblo indígena, y que además hablaba el mixteco, todos se empezaron a reír por dentro, ya no con ese cinismo como le pasó a mi anterior compañero, pero de todas maneras me vieron como un “indio pata rajada”, como dicen ellos.

de antemano sabía que en el transcurso de mi bachillerato tendría problemas y que tarde o temprano abandonaría la institución. eso significó un gran reto para mí, sabía que tenía que demostrarle a toda esa gente que discrimina a las personas indígenas que somos superiores a ellos y que tarde o temprano caerían rendidos a mis pies. Las siguientes dos semanas nadie quería establecer amistad con ninguno de nosotros dos. era muy difícil debido a que en un salón de clases es fundamental ser sociable con todos los compañeros, nosotros tratábamos de entablar pláticas con alguno de los compa-ñeros, pero nada de nada.

Había como cinco compañeros que nos pusieron de apodo los pata rajada. Una vez iba pasando por la plaza cívica y un compañero me grita “¡Pata rajada!” en ese momento me regresé y le dije “¡si tienes algún problema conmigo lo arreglamos a golpes!” Pero me di cuenta que aparte de que eran discriminadores, eran también sacatones. ellos sabían que las personas indígenas somos de “fuerza indígena bruta”.

Los primeros dos meses sólo nos hablaban muy pocos, sin embargo, ellos empezaron a notar que yo era la persona que le echaba más ganas en la escuela. el primer mes en los exámenes parciales saqué 9 y 10. Todos se sorprendieron, ya que ellos pensaban que por ser de una zona más urbanizada eran más inteligentes. Pero para sorpresa mía los compañeros que no nos podían ver ni en pintura, reprobaron el primer examen parcial. me dio mucho gusto, el otro compañero indígena sacó nueves, con lo cual demostrábamos la calidad de estu-diantes que éramos. ese mes iba a marcar nuestro futuro y venganza de todos aquellos que nos discriminaron por ser indígenas.

conforme pasaron los meses, cada vez más personas del grupo querían hacer amistad con nosotros, pero yo ya sabía cuál era la

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intención de todos: copiar las tareas. Pero no caí en su juego. ellos tenían que convencerme que en verdad iban a cambiar su forma de ser hacia las personas indígenas, reflejado en sus actos. Para mi desgracia el otro compañero no soportó la discriminación que sufría por parte de un grupo de compañeros y de un maestro, así que terminó por desertar de la escuela. desafortunadamente para mi causa perdí a un buen amigo. esto me alentó para seguir adelante y demostrarles a todos que yo era superior.

Un día en la clase del maestro que nos discriminaba empezó hablar sobre las personas indígenas. se me hizo raro porque él imparte Química, pero, en fin, escuché las tonterías que decía. Y el fin con que las decía. Tal como lo supuse, trató de hacerme sentir mal. en ese momento que me paro y que le digo: “mire, maestro, no sé hasta dónde llega su ignorancia. en primer lugar, ¿cuál es su lugar de origen?”. Él respondió: “acatlán”, y yo le respondí: “Pues para su información todas las personas que somos originarias de la región mixteca somos personas indígenas, hablemos o no la lengua. Por sus venas corre sangre indígena”, y le dije con mucho énfasis que era una persona sin cerebro.

se fue tan avergonzado por lo que le dije que me reprobó en su clase; sin embargo, no me iba a dejar y acudí con el director del plantel y le platiqué la situación. Él llamó al maestro y éste le contó que le había faltado al respeto en clase. Le dije que fuera hombre y que dijera las cosas tal como pasaron, pero él no dio marcha atrás. en ese momento le dije frente al director que me hiciera un examen oral. no quería aceptar, pero dadas las circunstancias aceptó. Para sorpresa del director, le contesté a la perfección todas las preguntas que el maestro me había planteado. de ahí el maestro ya me guardaba cierto respeto, además de que le llamaron la atención.

en el salón de clases un compañero me propone como jefe de grupo y yo acepto. Éste fue el comienzo de mi éxito en la escuela. en todo momento que se presentara yo apoyaba a los compañeros, principalmente en las actividades escolares, como tareas o exámenes. Ya tenía mi grupo de amigos que me demostraron haber cambiado, pero aún faltaban los compañeros que me pusieron apodo.

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Un día el profesor de cálculo diferencial e integral nos hizo un examen sorpresa y yo fui el único que acreditó la materia con un promedio general de 10.

sin embargo, los demás compañeros reprobaron. entonces hablé con el maestro y le pedí una segunda oportunidad para ellos, el maestro aceptó que al siguiente día les aplicaría el examen. en ese momento muchos compañeros me agradecieron e incluso me pidieron que los orientara en la elaboración de problemas de esa materia. acepté con gusto y les dije que no se preocuparan que iban a acreditar la materia, y así fue.

Pero los compañeros que no me querían se salieron del salón de clases ignorándome. La verdad a mí no me importaba si aprobaban o no los compañeros que me discriminaban. Por fin, al terminar el cuatrimestre varios compañeros tenían que hacer examen extraordi-nario, de lo contrario repetirían la materia.

esa misma tarde estando ya en mi casa me sorprendió ver a los compañeros que me habían estado discriminando, pensé que me venían a golpear, pero no fue así, ellos llegaron como perros arrepen-tidos. me dijeron que querían platicar conmigo, les dije que sí, con mucho gusto. al principio no sabían ni cómo empezar a disculparse, pero hasta que uno de ellos dijo: “sabes qué, ¡perdónanos todo lo mal que nos hemos portado contigo! La verdad, te has portado muy bien con todo el grupo, siempre tratas de ayudarnos; estamos muy apenados”. Les dije: “miren, compañeros, ser indígena no quiere decir que soy diferente a ustedes, porque al igual que las demás personas soy un ser vivo y tengo uso de razón, pero no importa si en verdad están arrepentidos y lo dicen de corazón, cuenten con mi confianza. es más, los voy ayudar a que acrediten las materias que reprobaron”.

a partir de ese momento comenzaría una amistad que nunca terminaría. ellos cambiaron mucho con las personas indígenas. aunque no me crean, con el paso de los meses ellos se convirtieron en mis mejores amigos. Hasta la fecha, ellos están muy agradecidos conmigo, ya que siempre los apoyé. cuando nos reunimos, nos da una inmensa felicidad volvernos a ver y recordar viejos tiempos.

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Éste es un claro ejemplo de que las personas indígenas podemos lograr cosas que parece que no están a nuestro alcance. La voluntad nos lleva a la conquista y al éxito, las personas indígenas no somos ni más ni menos que otras personas. espero que este ejemplo de lucha y entrega sirva para muchos hermanos indígenas que pasan por una situación similar.

Lugar de origen: Xayacatlán de BravoLengua: mixteco

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que los perdone dios, yo no

Karina Arzola Rojas

esta historia es verídica. se trata de una historia donde se muestra la parte más triste de la vida de una personita indefensa. en ese pro-blema ella se encontró, prácticamente, sin el apoyo de su familia. se enfrentó a vivencias traumáticas como consecuencia de la discrimi-nación y el racismo y, con el paso de los años, se volvió una mujer incapaz de olvidar su pasado y, en cierta forma, lo arrastra hasta su primera hija.

Yo había escuchado la palabra discriminación. La podía repetir de memoria: “rechazo de una o un grupo de personas hacia otras por el hecho de ser diferentes en su raza, color o lengua”. sin embargo, me doy cuenta que esa palabra va más allá de su significado. rompe todas las barreras ya que es capaz de afectar tanto física como mental-mente a una persona y, de esa forma, dejarla marcada para toda su vida. Voy a contar la experiencia de una persona que fue rechazada y discriminada durante la época que, se supone, debía ser la más bonita en la vida de una persona: la niñez y la adolescencia.

a la edad de 11 años una niña conocía como hogar un cuarto de 6 por 6 metros. ahí ocupaba un pequeño espacio donde estaba su catre, que a veces compartía con unos cuantos insectos que la acompañaban para soportar el frío durante el invierno. La familia más cercana que tenía en esos momentos eran sus compañeras de habitación, con quienes había vivido desde hace algunos años.

su verdadera familia estaba lejos de ella, aun cuando se sabe que a esa edad los niños y niñas en lo único que piensan es en jugar con los amigos, ensuciarse jugando a las escondidas, o hacerse maldades unos a otros y, al finalizar el día, ir a la cama a dormir con la tranqui-lidad y protección que te provoca un beso que te dan en la frente tus padres. Para Bibiana todo eso era un sueño. Un sueño que se alejaba cada día más de su realidad.

Todos los días al escuchar el chillido de la chicharra, justo a las 6:00 a.m., no sólo sabía que era hora de levantarse. el chillido

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significaba para ella el anuncio de otro día más de tormento. no era exagerado este pensamiento puesto que a la hora de salir de la cama, la prefecta de nombre estela –con el prejuicio que le daban su tez blanca, su alta estatura, su talla delgada y el cabello rubio– y cuyo pelo era muy semejante a un estropajo, siempre la humillaba y la despertaba diciéndole:

“¡Levántate, pinche india fea; es hora de levantarse. ¿acaso piensas que tengo tu tiempo? mi tiempo es valioso y no lo voy a desperdiciar levantándote todas las mañanas y esperar a que te hagas tus pendejas trenzas. Tengo que contar a todas para ver si una babosa escuincla no se nos escapó. ¡Levántate, levántate!”

ojalá sólo hubieran sido palabras con las que la despertaban o le llamaban la atención por alguna travesura que hubiera cometido. desgraciadamente no era así. con las palabras y los insultos también llegaban los golpes, con una varita que siempre andaba cargando la malvada estela. en ese horrendo lugar, en el que tenía más de año y medio de vivir, también recibía el maltrato de maestros, prefectos, sus compañeros y hasta del intendente.

sin embargo, no sabía por qué. sólo sabía que ella se veía muy diferente a las demás niñas. Que su piel era más morenita, que sus manos estaban más maltratadas porque desde muy pequeña comenzó a trabajar en el campo. También sabía que se peinaba diferente a las demás. no sabía peinarse de otra forma, sólo podía hacerse dos trenzas. La mayor diferencia que notaba era que ella podía hablar otra lengua y, por lo tanto, también en eso era diferente a sus otras compa-ñeras del internado. Hablaba otra lengua, la que le había heredado su madre, pero continuaba sin comprender por qué la trataban peor que un perro.

Un fin de semana, por la noche, mientras trataba de dormir, se dio cuenta que el intendente entró a su cuarto. Parecía que se escondía y se dirigía directo a su cama. ella pensó que iba a recoger algo que se le había olvidado, después de hacer la limpieza del cuarto. estaba en un gran error. Él se acercó a su oído y le dijo, en voz baja, que abriera las piernas y se pusiera flojita. La amenazó con arrancarle la lengua si gritaba.

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Bibiana no sabía qué hacer, sólo llorar al sentir que las asquerosas manos del intendente estaban sobre sus pechos y entrepiernas... su boca apestosa besaba con agresividad todo su cuerpo. ella no hizo nada –no podía hacer nada–, sólo cerró los ojos y trató de imaginar que estaba en un lugar hermoso donde todo era muy bonito y nadie le hacía daño. Trató de no sentir pero no podía porque en su cabeza sólo estaba la pregunta: “¿Por qué, por qué yo?”. así que gritó haciendo esa pregunta.

el intendente se detuvo justo cuando estaba penetrándola y el desgraciado le respondió: “Las pinches indias como tú sólo sirven como prostitutas, sólo sirven para cogerlas porque lo único que saben hacer bien es revolcarse con hombres como yo. agradece que me acuesto contigo y no que lo hagas con un indio como tú. más te vale que te consideres dichosa y que no hagas nada”.

después de esa pesadilla ella pensaba y pensaba en lo que le había dicho aquel hijo de …. después de mucho pensar encontró la respuesta a la desesperada pregunta que aquella noche fatídica se había hecho. ahora sabía que ser una india, tener el color de piel diferente y, por supuesto, hablar náhuatl era lo que le había dado el pase directo a la humillación y al maltrato. entendió que por eso le arrancaron su inocencia, su niñez y las ilusiones que tenía en ese momento.

Pasaron algunos meses sin decir nada de lo ocurrido. sólo había una persona a la que le tenía la confianza suficiente para contarle su gran dolor: su madre. Bibiana estaba segura que la comprendería, que la apoyaría en cualquier dificultad, que le creería porque estaba segura que la amaba en las buenas y en las malas.

a su madre le platicó todo el sufrimiento y el infierno que había vivido. Le dijo que la violaron y que ya no quería seguir en aquel internado. su madre no le creyó. contrario a lo que esperaba de su mamá, ésta le dijo violentamente que seguro ella le había coqueteado al conserje. La golpeó hasta el cansancio, pero Bibiana insistía en que era cierto lo que le pasó. más tarde la madre se tranquilizó y la llevó a la denigrante revisión médica para comprobarlo. el doctor diría la verdad.

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el resultado fue positivo. a su hija la habían violado. en ese momento la madre la miró con odio y con decepción. Le dijo que la sacaría del internado pero que no podría decirle nada al padre porque sería la culpable de la separación entre ambos. Bibiana aceptó y juró no decir quién le había echado a perder la vida. Todo por ser una india, como le decían todos los del internado.

Bibiana creció con la idea de que hablar otra lengua era malo. Que si lo hacía seguiría soportando vergüenzas, insultos y humilla-ciones de otras personas que se consideraban superiores a ella por no ser indígenas. Bibiana dejó de hablar su lengua materna poco a poco después de salir del internado. Le costó mucho trabajo comenzar a comunicarse la mayor parte del tiempo en español; sin embargo, creía que era lo mejor para ella.

esas ideas que traía instaladas en la cabeza se confirmaron cuando se juntó con su novio, a la edad de 17 años. La madre de éste le decía, peyorativamente, que era una “india bajada del cerro a tambo-razos”. También la insultaba y le ponía apodos por ser morena y muy delgada. La madre del joven le expresaba que su hijo se merecía algo mejor en todos los sentidos: física y culturalmente. su autoestima seguía por los suelos.

Qué podía hacer Bibiana más que tragarse su maldito dolor, llanto e impotencia al no poder defenderse porque tenía miedo de que la corrieran y no tenía a dónde ir con el hijo que estaba esperando, su primer hijo. así que prefirió comportarse sumisa y obediente frente a su suegra.

al pasar los nueve meses dio a luz a una niña un tanto enfermiza por la mala alimentación que había tenido durante su embarazo. La hija se crió la mayor parte de su niñez con su abuela, la mamá de Bibiana. Ésta tenía que atender los quehaceres de la casa donde vivían y no le daba tiempo de estar con la niña. cuando su hija comenzó a hablar lo hizo en náhuatl, no en español.

Lo anterior molestó muchísimo a Bibiana porque no quería que su hija hablara otra lengua que no fuera el español. continuaba pen-sando que eso le traería muchas desgracias. cada vez que lo hacía la golpeaba con lo que tuviera a la mano o le propinaba algunas patadas.

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reaccionaba violentamente ante el uso del náhuatl de su propia hija. La niña no comprendía muy bien el porqué de los golpes de su madre y, mientras tanto, decía algunas palabras en náhuatl porque le cos-taba mucho trabajo dejar de hablar como su abuela. Hasta llegó a jurarle que no volvería a hablar así hasta que se olvidó por completo de su lengua materna. o quizá tuvo miedo de recordarla.

ahora que ya crecí no le reprocho a Bibiana que siempre me golpeara por hablar como ella no quería. sé que ahora que puedo voy a tratar de recuperar esa parte de mí que hace mucho tiempo trataba de olvidar. intentaré recuperar mi lengua materna. sé que será difícil, pero lo intentaré.

Quiero terminar diciendo que me costó mucho dolor y trabajo escribir esto. Hace poco me enteré de la niñez que tuvo mi madre y de la herida abierta que le dejan esos recuerdos.

espero que esta historia verídica –donde la protagonista, lamen-tablemente, es mi madre– ayude para que las personas se den cuenta del daño que se hace a los que padecen la discriminación. Lo que puedo agregar es que es increíble que haya gente racista que le arruine la vida a otra persona sólo por ser indígena, o de otra religión, color de piel diferente y por tantas otras cosas.

Lo que tengo bien claro es que esta vez le tocó a mi madre. si existe un dios que perdone a todos aquellos que le hicieron tanto daño. Yo no.

Lugar de origen: izúcar de matamoros Lengua: náhuatl

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he aprendido a mantener mi cultura y mis raíces

Lizbeth Reyes Trujillo

nací el 4 de junio de 1987 en una comunidad llamada san miguel eloxochitlán. estoy orgullosa de pertenecer a esta región de la sierra negra por las grandes costumbres que la hacen ser diferente a otros lugares. He aprendido a mantener mi cultura y, más que nada, mis raíces. no puedo decir que me avergüenzo de hablar la lengua ná-huatl; por el contrario, me enorgullece la forma en la cual percibo al mundo, gracias a los dos idiomas que domino.

mis estudios comienzan en mi pueblo donde estudié el prees-colar y la primaria. esta etapa la considero como la más importante en mi vida porque durante este tiempo mis padres me inculcaron valores importantes que durante toda mi existencia estarán conmigo. a pesar de vivir cerca de la escuela a la cual asistía siempre tenía la manía de llegar tarde al salón, pero eso sí, yo era una de las alumnas más atentas de la clase.

en mi infancia desarrollé conocimientos y aprendizajes sorpren-dentes, ya que se me facilitaba resolver problemas de matemáticas y me gustaba realizar escritos como cartas e inventar poesías; sin em-bargo, esas habilidades se fueron perdiendo con el tiempo.

en mi pueblo no se habla de la discriminación de la lengua náhuatl y mucho menos de las ofensas que ésta puede llegar a ocasionar, ya que el mismo pueblo dice que gracias a la naturaleza se originó este conocimiento para comunicarnos desde una perspectiva diferente.

desde niña me ha gustado el orden de las cosas, pues considero que cuando éste no existe en un individuo, tiene un impedimento para realizarse en la sociedad y consigo mismo, sobre todo en un pueblo que sufre tanto económica como emocionalmente. Por ello mis padres decidieron mandarme a la ciudad a estudiar y, más que eso, me mandaron para sobresalir porque quieren lo mejor para mí.

La única comida que una familia pobre tiene a su alcance es la de los cultivos que ellos mismos cosechan para después poderlos consumir, ya que al gobierno no le interesa la pobreza ni la margi-

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nación en la cual muchas de las comunidades viven, pues sólo le importa el beneficio para su gente. Por ello he tomado la decisión de ayudar con mi trabajo a los niños indígenas, para que ellos ya no vivan en las mismas condiciones que sus padres.

cuando llegué a la ciudad mi padre y yo tuvimos que buscar un lugar donde hospedarme. después de unas horas encontramos un lugar adecuado para mí. al día siguiente mi padre tuvo que regresar al pueblo a realizar sus labores campesinas, pues me mandaba dinero para que yo pudiera sobrevivir porque como mi familia decía, aquí en la ciudad se gasta el dinero a manos llenas.

Faltaban pocos días para entrar a clases y me puse a buscar una escuela federal donde pudiera seguir con mis estudios, y finalmente la encontré. antes de entrar a la escuela decidí buscar trabajo para comprar mis útiles escolares que buena falta me harían.

el primer día de clases me sentí muy rara, y hasta tuve ganas de llorar porque extrañaba a mi familia y a mis antiguos compañeros. Uno de mis profesores nos puso una actividad para conocernos mejor. esta actividad consistía en decir nuestro nombre y lugar de proce-dencia. de los nervios que tenía no podía responder a las preguntas, pues mi forma de expresión era tan diferente a la de mis compañeros. en ese momento me di cuenta de que un pueblo necesita de una buena educación para expresarse mejor.

cuando sufrí y conocí una verdadera discriminación fue en la prepa. en esta etapa los jóvenes tienen diversas ideologías; y fue cuando recibí insultos –que fueron pocos– a mi lengua materna, porque había chavos que se burlaban de mi forma de hablar. en ese momento sólo los escuchaba porque a mí no me perjudicaban, por el contrario, yo decía que era la más inteligente porque podía ver al mundo desde dos perspectivas.

actualmente no tengo ningún problema en cuanto a mi forma de hablar, puesto que interactúo con las mismas personas que saben hablar la misma lengua que yo.

Lugar de origen: san miguel, eloxochitlánLengua: náhuatl

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pasé los seis años de primaria siendo monolingüe

Remigio Quiaha Cresenciano

nací en un pueblito llamado chiapa eloxochitlán en el estado de Puebla. La mayoría de las personas habla en náhuatl. mis papás son monolingües náhuatl.

Ya tenía ocho años y no entraba a la escuela porque tenía miedo por lo que me contaban mis hermanos. ellos decían que los profe-sores eran bien regañones y pegalones. Un día llegaron los policías municipales y se llevaron a mi papá a la inspectoría, cuando regresó me dijo que tenía que ir a la escuela porque si no me mandaba se lo llevarían a la cárcel. eso me obligó a que ingresara a la escuela.

el primer día me llevó mi mamá. iba con un miedo a los profe-sores y a mis compañeros. al principio de mis estudios me costó bastante entender textos en lengua castellana, aunque me ayudó que mis primeros dos profesores hablaban en náhuatl. ellos fueron muy estrictos porque si no sabíamos leer o escribir nos castigaban o nos pegaban con una vara o con un palo. a una prima le salió sangre en los dedos cuando el profesor le pegó con la vara. a veces les tenía mucho miedo, a veces no. Una vez me escapé del salón porque el profesor me quería castigar.

más adelante estuve motivado para aprender a leer y escribir. el profesor me decía cómo se pronunciaba cada letra y así empecé a formar sílabas, después palabras y, al final, textos cortos que me costaban mucho porque no sabía qué escribir en español. al principio no había mucho problema porque los profesores entendían lo que les decía con mi lengua materna, aunque se volvía más difícil y no podía aclarar mis dudas en el salón porque el profesor no me entendía del todo. así pasaron los seis años de mi educación primaria siendo un niño monolingüe.

después de terminar la primaria, a los 12 años, me fui a trabajar a Tehuacán como obrero. ahí aprendí algunas palabras en castellano. a los dos años de estar por allá ingresé a la secundaria en un pueblito cercano llamado Tepexilotla, Zoquitlán, Puebla.

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en la secundaria las cosas eran diferentes porque ya sabía hablar un poco en español. La profesora de primer año me ayudó mucho. me dio ánimo y me apoyó en obtener una beca para poder estudiar. Logré terminar después de todas las carencias que había sufrido por-que, además de ser nahuatlacos, mis papás no tenían dinero para apoyarme en mis estudios. sin embargo, eso no era sólo el problema porque, aunque llevaba buenas calificaciones en todas las materias, mi papá no estaba de acuerdo en que yo estudiara.

cuando estuve en primer año él nunca me quiso dar ni un peso para mis estudios, a veces se enojaba porque iba a la escuela y no le ayudaba en el campo. algunas veces no me dirigía la palabra y nunca supe por qué. sentía que mi papá no me quería porque no contaba con él para mis útiles escolares, ni para el calzado que se me desgastaba rápido porque caminaba mucho para llegar a la escuela. caminaba dos horas por las veredas. salía a las seis de la mañana para llegar a las ocho. a veces amanecía lloviendo y así tenía que ir aunque llegara más tarde. Los profesores eran muy amables y nunca me regañaron. siempre fui un buen alumno y tuve buenas califica-ciones. mi promedio general fue de 9.6.

ante la falta de dinero lo que me ayudó fue que ahorré cuando trabajé en Tehuacán y con eso me iba comprando lo que me hacía falta; además, mi mamá me daba cinco o diez pesos, que le sobraban de la semana. Los domingos acompañaba a mi hermano a vender en la plaza y me daba 20 o 25 pesos al día. nunca me di por vencido.

después cambiaron a la maestra que me había ayudado con la beca y pusieron a un profesor que eligió a otro niño para darle la beca. Por esa razón me cambié de escuela y entré en un internado en un municipio llamado Tlacotepec de díaz, Puebla.

en esa escuela la situación fue muy diferente. a los profesores les gustaba golpear mucho y nos trataban como animales. no podíamos contradecirles porque ellos siempre tenían la razón. si llegábamos a hacerlo nos pegaban. más lo hacía el profesor amado del cual no recuerdo el nombre completo.

con la ayuda del director hicimos unos cuartos en la escuela para los que vivíamos lejos, nos quedábamos toda la semana y nos prepará-

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bamos la comida. el profesor amado vivía ahí y nos veía a diario. Él andaba con una señora que trabajaba en la clínica del pueblo y a noso-tros, sus alumnos, muchas veces nos llevó a limpiar la clínica mientras él se revolcaba con la señora. Una vez no quise ir a cortar el pasto con ellos y después buscó un pretexto para pegarme en clases y me dijo que eso había sido por no querer ir a limpiar el lugar donde trabajaba su novia. Para mí ese profesor fue un cobarde y un aprovechado.

Terminé el ciclo escolar y regresé para hacer el tercer grado a chiapa eloxochitlán. en ese entonces ya estaba un maestro y una maestra llamada Balbina Vázquez reyes. era muy sencilla y de gran corazón. al terminar la secundaria ella me dijo que si quería continuar mis estudios me fuera a la ciudad de Puebla y me echaba la mano. así lo hice pero, lamentablemente, cuando llegué a la ciudad no fue así porque tenía muchos gastos con sus dos hermanas enfermas y gastaba mucho dinero en ellas.

otro problema que tuve fue que llegué tarde para las inscrip-ciones en las escuelas públicas y ya no encontré un lugar. me inscribí en un colegio particular, por lo cual tuve que trabajar para pagar mis gastos y poder estudiar; sin embargo, seguía con el mismo problema: soy nahuatlaco y no era fácil encontrar trabajo. no sabía nada de trabajos de la ciudad.

entré de checador de la ruta 64 de seis de la mañana a las dos de la tarde y todo ese tiempo estaba de pie en la calle, y luego ir a la escuela, imagínense cómo iba. mis compañeros se burlaban de mí por ser indígena y no vestirme como ellos. Hubo días en los que lloré por no poder con mis gastos en la escuela. a los profesores no les entendía algunas cosas en español y me dejaban muchas tareas y a mí no me daba tiempo para hacerlas. mi vida como estudiante fue muy pesada, aguanté todo eso por querer superarme académica-mente, porque en el pueblo donde nací no había bachilleres, mucho menos universidades, por eso dejé a mi familia para poder estudiar y hasta la fecha sigo trabajando y estudiando. estoy tomando un curso de inglés y espero quedarme en esta licenciatura.

Ha sido mi sueño ser profesor, apoyar a las personas que me echaron la mano y apoyar al pueblo que me vio nacer; ayudar a esos

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niños nahuatlacos que están sufriendo con la segunda lengua. siento que allá afuera tengo tantos compromisos que cumplir.

regresando a lo anterior –sobre mis dificultades– hasta la fecha aún tengo problemas para colocar comas, puntos y punto y coma, en la redacción de algún texto, espero que esta universidad me ayude a realizarme profesionalmente.

después de todo estoy muy contento, porque cuando iba en segundo año de primaria llegó un profesor muy joven, pero de carácter fuerte que les pegaba mucho a los niños que no hacían las tareas, que no sabían leer, o por cualquier cosa, a mí casi no me pegaba porque obedecía. este profesor falleció cuando iba en segundo grado, se llamaba rené Bolaños salazar. Él siempre quiso que estudiara más.

ahora cuando termino alguna etapa de mi vida estudiantil sueño con él, que me da clases en una escuela donde nunca he estado, sueño seguido con él hasta que entro nuevamente a la escuela y lo dejo de soñar. Pienso que desde donde él está sigue con esa idea de que debo continuar con mis estudios.

desafortunadamente no he logrado terminar alguna carrera por-que no tengo dinero y no tengo apoyo de nadie. mis papás ya son grandes y ya no trabajan. ellos también necesitan apoyo de alguien para poder vivir. estuve estudiando ingeniería mecatrónica, iba en tercer semestre y renuncié porque se me acabó el dinero y en mi tra-bajo la secretaria me puso muchos obstáculos e hizo que tomara la decisión de estudiar o trabajar, así que no me quedó otra opción más que dejar la escuela, porque si dejaba el trabajo con qué me mantenía la renta de la casa. Quise pedir una beca en el instituto Tecnológico de Puebla donde estaba estudiando, pero no me la dieron. me dio tanto coraje no poder alcanzar lo que quería. después quise entrar a la normal superior del estado, pero por la edad que tenía tampoco entré y la verdad, ruego a dios que en esta universidad sí logre que-darme y termine mi licenciatura para hacer una maestría en educa-ción indígena.

Lugar de origen: chiapa, eloxochitlánLengua: náhuatl

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había un vacío que llenar: construir mi verdadera identidad

Uriel Ortiz Aguilar

Hablar de una identidad como persona es tener claro quiénes somos y cómo actuamos ante esta sociedad. La diversidad cultural hace compleja la relación social por no entender la diferencia de uno y otro, en cuanto a la lengua, forma de vestir, gastronomía, organiza-ción, danza, música, etcétera. desde los primeros días de vida del ser humano se ve marcada la forma de vida que llevará, condicionada a las situaciones económicas, físicas, sociales, de lengua y aún más de color. Vivimos en una sociedad donde el ser diferente no se muestra como potencialidad sino como un indicador de desprecio, de auto-discriminación y discriminación externa. Poco se demuestra el for-talecimiento de valores sociales y morales que permitan comprender las formas de ser de cada individuo. en el transcurso de mi existencia he aprendido mucho. en ocasiones con alegría y otras más con expe-riencias amargas que te dejan heridas que hacen cambiar tu forma de entender quién realmente eres. Por ello, entiendo que la forma en que se denota la discriminación es partiendo de lo siguiente: los pobres frente a los ricos; los indígenas frente a los no indígenas; los trabaja-dores frente a los empresarios; los ciudadanos frente a los políticos; las mujeres frente a los hombres; los viejos frente a los jóvenes.

al recordarme en mis diferentes etapas de vida, hoy en día lo hago con mayor certeza de lo que realmente soy y mis propósitos en esta vida. soy originario de Zaragoza, Puebla. municipio ubicado al nororiente del estado de Puebla. el nombre de Zaragoza fue dado por los fundadores de la población, la familia rueda y mondragón márquez, originarios de Zaragoza, españa. sin embargo, tiene otra mención, la de Tlalkuechauayan, que proviene de las voces náhuatl: tla (tierra), kuechauak (húmedo o fangoso) y yan (lugar), y significa: “Lugar de tierra húmeda y de frecuentes lluvias”.

el municipio de Zaragoza se localiza en la parte noreste del estado. sus coordenadas geográficas son los paralelos 19° 43’ 18” y

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19° 49’ 54” de latitud norte y 97° 32’ 36” y 97° 35’ 42” de longitud occidental. Tiene una superficie de 51.03 kilómetros cuadrados que lo ubica en el lugar 167 con respecto a los demás municipios del estado. el municipio forma parte de la sierra norte, la zona sur, al declive del golfo austral de la sierra norte. el declive del golfo es el septentrional de la sierra norte hacia la llanura costera del Golfo de méxico, caracterizado por numerosas chimeneas volcánicas y lomas aisladas, en tanto que el declive austral de la sierra es el descenso en general bastante irregular hacia los llanos de san Juan.

La principal característica orográfica que presenta el municipio es su continuo aunque ligero declive sur-norte; este irregular descenso es interrumpido por algunos cerros o lomas aisladas, como el cerro La Pedrera, que se levanta 100 metros sobre el nivel del valle. La altura del municipio oscila entre 1 mil 989 metros y 2 mil 600 metros sobre el nivel del mar. Pertenece también a la vertiente septentrional del estado de Puebla, formada por las distintas cuencas parciales de los ríos jóvenes e impetuosos con una gran cantidad de caídas. el territorio pertenece a la cuenca del Tecolutla y por su gran confi-guración orográfica es recorrido por varios ríos: el acongo que se origina al sur y baña el poniente por más de 10 kilómetros y se une ya fuera del municipio al Tochimpa, afluente del Xucayucan que a su vez se une al apulco, uno de los principales formadores del Tecolutla. el río cuautlamingo que baña el oriente y se une al Jardín para formar el ocotlán, afluente del Tochimpa. También cuenta con algunos arroyos intermitentes que se unen a los ríos mencionados y con acueductos que van de Plan de ayala a Zaragoza, de Zaragoza a ocotlán y de Zaragoza a Plan de Guadalupe. en cuanto a flora el municipio cuenta con: bosques de pino, encino, ocote y plantas de ornato como capote, tuberosas, azaleas, begonias y rosas. en fauna existen conejos, ardillas y aves silvestres. existen minas de arena, piedra, hormigón y se explotan los bosques de ocote.

este municipio no tiene una característica propia cultural, ya que ha sido un lugar de concentración de personas que vienen de lugares aledaños a la población o de otros estados. dicha afluencia fue desde la instalación del ferrocarril en 1898. a partir de ahí comienza a

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formarse el municipio concentrando gente que participó en este proyecto y otras que por el paso del ferrocarril se fueron instalando. dada esta situación se concentraron personas con características culturales y lingüísticas diversas, y con mayor presencia la lengua española. Pero también totonacos y nahuas en su mayoría.

mis padres fueron uno de los casos de la formación de este pueblo que por cuestiones de trabajo se trasladaron a la población de Zaragoza. mi padre es originario de Zautla, es hablante de la lengua náhuatl y mi madre del estado de Hidalgo y hablante también de la lengua náhuatl. como núcleo familiar conservamos nuestros valores y tradiciones. sin embargo, no fue así con la lengua. desde ahí inició la primera enseñanza de la supervivencia social. Para mis padres era bastante discriminatorio el que ellos hablaran la lengua náhuatl y aún más por ser trabajadores de educación indígena. esto limitaba en cierta forma nuestra herencia lingüística pues consideraban que en lugar de ser un beneficio social sería una barrera al desarrollo.

me acuerdo cuando mi abuela nos hablaba en náhuatl y mi madre la regañaba diciéndole que no nos lo enseñara porque si no íbamos a sufrir como ella sufrió. este tipo de acciones nos dejaban al margen de la herencia cultural lingüística.

con cuatro años de vida iniciaba mi experiencia fuera de mi núcleo familiar donde todo era confianza, donde de repente se me escapaban las palabras en náhuatl. Pero ante la sociedad eres visto en instantes o por lo menos querían que aparentara ser un mestizo. mandarme en aquel preescolar, margarita núñez, de ricos, donde iban el hijo del doctor, del arquitecto, el de la tienda grande, el de la farmacia y hasta el del carnicero (claro, pero con mucho prestigio) y del maestro federal como se dice ahora. Tiempo en el que las diferencias no eran tan notables en juegos de niños, pero que los maestros de la escuela sí hacían dividiendo a los hijos de los ricos y los que más o menos tenemos para comer.

en el tercer año cuando mis padres me compraron aquellos morralitos hechos en Hueyapan, bordados con colores vivos e hilos resistentes a los traqueteos fuertes de un día de clases, veía que mis compañeros llevaban sus mochilas de cargar en la espalda con un

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dibujo grande de un pitufo –en aquellos tiempos muy de moda– y me preguntaba que si mis padres no tenían el dinero suficiente para comprarme una como la de mis compañeros. saliendo de aquel kínder de fantasía me encontraba con compañeros de otro kínder llamado arco iris, donde la gente decía que ahí asistían los hijos del albañil, del verdulero, del campesino e incluso del maestro bilingüe. me preguntaba y algún día le dije a mi madre que cuál era la diferencia entre una escuela y otra, con certeza me contestó: “en donde vas están los más educados y mejor vistos por la población” yo me quedé igual de atónito, pero nunca más volví a insistir.

ahora pienso que me construían una vida social muy distinta a mi realidad cultural. Hoy digo que el preescolar fue un sueño para el paso a la verdadera realidad. Un mundo construido lejos de mis costumbres y tradiciones aprendidas en mi núcleo familiar.

Proceso distinto, aún más cuando la edad nos permite darnos cuenta sin ojos vendados, el tiempo de darse cuenta en qué mundo vivimos, cómo la hacemos y con quiénes. dejé esa escuela según de niños selectos del pueblo, para pasar a la escuela del pueblo, donde ricos, pobres, güeros y morenos compartíamos la misma aula, la escuela y maestra de enseñanza. donde las vivencias de infancia eran distintas y aún más notables en tiempos decembrinos donde los creadores de sueños, los reyes magos, demostraban su aprecio por aquellos que nos portábamos mal y los que no. Pero ¿qué había de fondo en ese sueño? cuando la diferencia del aprecio era distinto, cuando un niño disfrutaba un carro de control y el otro el clásico carro de plástico o de madera. Las diferencias se empezaban a notar. en el salón la cosa se ponía más difícil; la diferencia ya no era de ser rico, pobre o de color distinto, ya era entre inteligentes y “burros”. cuando la maestra le daba más atención al hijo de su compañera de trabajo y a los demás “pues que dios les ayude”.

Libros forrados de papel lustre y libros forrados con periódico hacían la diferencia. La discriminación empezaba en la inocencia y se penetraba en la conciencia y corazón de los niños. cuando las palabras que según no tienen intención pero sí lastiman, el decir un apodo ya era acto de discriminación y dolor eterno el que te dijeran

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negro por tu color o güero, o cenizo, porque en tu casa no hay agua ni jabón. La pobreza empieza a ser martirio de la niñez dentro de la sociedad discriminante.

en los primeros años de primaria en la escuela ignacio Zaragoza, por primera vez me di cuenta de dónde estábamos y quiénes éramos. darme cuenta que mis padres eran indígenas y que hablaban una lengua, también noté que a pesar de los esfuerzos de mantener una economía familiar, persistía la discriminación racial por ser prove-niente de padres hablantes del náhuatl, y por si fuera poco maestros bilingües. La gente rica miraba a los pobres no oriundos del lugar como un problema de desarrollo. Zaragoza seguía y sigue creciendo gente que no es nativa del lugar. Llegan hablantes de diversas lenguas. Los salones se llenan de pensamientos distintos marcados de un enfoque cultural emanado del núcleo familiar, confundido por una sociedad discriminatoria. apodos venían e iban, el descontrol de identidad hacía compleja la relación de alumnos.

en quinto de primaria fui testigo de un acto criminal de autoestima: sólo por tener huaraches uno de mis compañeros no era apto para estar en la escolta a pesar de las buenas notas que marcaban su buen aprendizaje. aquel niño blanco hijo del doctor aunque sea con seis de promedio tenía la capacidad para estar en la escolta. Qué paradójico. siempre vi mi vida encerrada en un baúl lleno de sueños creados por padres que pretendían concentrarme en un mundo que en un momento pensé que no era el mío.

después de conocer la etapa de las diferencias pero aún sin comprender las acciones absurdas de comportamiento del uno y el otro logré brincar la primaria. recordando maestras constructoras de una sociedad sin autoestima. otra etapa más empezaría a marcar mi vida, la más compleja, cuando deja uno la adolescencia, donde se sumaban otros aspectos de la subsistencia racial aparte de tus orígenes, color, condición económica se sumaba otra más: eres “feo o bonito”, ¡qué etapa! aquí ya no hay valor de respeto alguno. Las formas de aprendizaje eran de golpe tanto en el aula como en las calles o en los corredores de la escuela. Zaragoza, municipio de diversas culturas, hacía más difícil la identidad propia de la pubertad, las puertas de

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la adolescencia. cuando tus pensamientos se trastornan al pensar en las condiciones de los demás. Y aún más en las tuyas. La dinámica de aprendizaje es distinta.

al parecer en el transcurso de mi formación nunca tuve problemas por la lengua y ninguno de mis compañeros, eso no indica que nadie supiera hablar o por lo menos entender; simplemente la situación lingüística no era problema en el aula, pero sí la cultural.

empecé a darme cuenta que lo que tenía ya era muy poco. empieza uno con el complejo de adoptar condiciones sociales que en ocasiones no las tiene uno. el quererse codear con aquella dama bonita y rica, limitándote con el pensamiento estúpido que no soy igual que ella, esto desprende una complejidad cultural y social en el ambiente. a partir de esto te olvidas de valores que logran fortalecer tu identidad desde la familia. el querer imitar las formas de actuar, e incluso hasta las de aprender el trato con los maestros para ser el de su preferencia y… ¿para qué?

en la secundaria nezahualcóyotl, de este municipio, trataba de atender los diferentes roles sociales que cada alumno tenía. Pero su intención era la integración. Qué bueno que el problema no era tan lingüístico si no sería peor la experiencia. aquí empecé a sentir desprecio cuando te dicen “hijo de indigenista”. era mi padre ya supervisor del nivel indígena aceptado dentro de la cúpula social alta por ser supervisor y líder social en decisiones políticas pero no dejaba de ser indígena –decía la gente. Por las calles los amigos de la colonia y la escuela nos conocían como “los indígenas”, palabra escalofriante en esa edad que perforaba una herida de pertenencia al grupo, y nos dimos cuenta que a pesar de que mis padres quisieron tenernos alejados de ser identificados al sector indígena no fue posible. ahora entiendo que el color y tus valores y raíces nunca las pierdes. naces, creces y debes desarrollarte con ellas.

a pesar de todo esto la vida sigue día a día. Una herida se cierra y se abre, los pasos en la secundaria fueron difíciles pero con el reto de fortalecer o derribarse día a día en una sociedad mediática. en tercer año las cosas se veían de distinta forma pues seguía la discriminación dolorosa pero a tendencias de ir formando criterios y entender ya un

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poco más. Los maestros ni se fijan en si el problema cultural define las posturas sociales y personales de cada individuo, aún más, eran parte del juego del rol social de clases, de pobres y ricos, morenos o blancos. el ser moreno era ser una persona corriente y menos pensante.

en la Preparatoria Joel arriaga di otro paso más, con la diferencia ahora de ser una escuela privada. aquí encuentro un ambiente burgués, otra vez la idea de buenas escuelas de paga mejor vistas por la sociedad.

en este nivel las cosas cambian porque ya es uno más consciente de lo que se quiere. se comprende poco la realidad pero la simulación social sigue. La preocupación por conservar tu clase o entrar en la mejor escuela está presente. La enseñanza empieza a ser más estricta. debes pensar en qué vas a ser mañana pero a unos ni por la mente les pasa pues son como se dice “hijos de papi y mami”, porque lo tienen todo. en mi caso pensé que no lo tenía todo y que había que luchar. a pesar de los esfuerzos paternales había un vacío que me faltaba llenar: construir mi verdadera identidad. La preocupación en cuanto a las diferencias, el querer establecer roles sociales que empiezas a jugar con tus amigos que aunque estás en la misma escuela existe ahí mismo la diferencia: “yo tengo más y tú menos, yo soy blanco tú moreno, y el color asemejado a la simpatía, si eres moreno eres feo”, tienes que ser del color aceptable para pertenecer en su totalidad a un rol social.

durante mi vida fueron indirectas las discriminaciones. Fue una lucha más personal: aceptar mis condiciones sociales y físicas era un reto, no pensaba ser como los demás sino ser como soy y así sembrar una postura cultural y social. esta visión fue creada cuando estudié en la universidad la carrera de comunicación.

Los retos culturales están cuando se interactúa con los demás y se tiene conciencia de que somos diferentes, y cada cabeza es un mundo y aún más un pueblo o grupo tienen formas de actuar que permiten realizar acciones que aseguren una pertenencia al mismo.

en Puebla y sus municipios existe una diversidad social bastante rica, pero poco comprendida. Las experiencias vividas en el ámbito educativo marcan mucho la formación del individuo en cuanto a

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la diferencia y conocimiento cultural heredado. son errores de maestros, padres de familia, alumnos y compañeros. muy poco nos damos cuenta de los daños sociales que hacemos al dificultar este entendimiento, respeto y conocimiento de las diferencias sociales y culturales. el trabajo pretende ser un análisis de vivencias que responden a las condiciones en que se desarrolla la interacción social y la formación del individuo para actuar ante el mundo globalizado. Por eso méxico está como está.

Lugar de origen: ZaragozaLengua: náhuatl

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nos niegan la dicha de hablar náhuatl

Vicente Filiberto Capilla

La discriminación en la actualidad es uno de los problemas más gra-ves en nuestro país. Los mexicanos somos muy discriminatorios y a veces o, ¿siempre?, nos burlamos y contamos relatos, cuentos, chis-tes, metiendo a personas de otros países, costumbres, religión, entre otras. Por ejemplo, ¿quién no se ha reído con un chiste de gallegos, nuestra ideología de los argentinos, etcétera?

en méxico nos burlamos de todos los que no son mexicanos. Lo más triste es que ellos y digo ellos porque son pequeños grupos, también se burlan de nosotros, ¡sí!, de nosotros los indígenas de este país.

antes de comenzar algún relato de discriminación quiero ser sincero. nunca en la vida he sufrido alguna experiencia de esta magnitud, tal vez sea porque nunca he salido de mi etnia ya que hasta hoy en mi práctica docente siempre encontré y me encuentro con personas con las mismas características que yo, es decir, indígenas, o en su caso personas que valoran y aman a nuestra cultura. el orgullo que siempre he sentido por ser lo que soy lo he llevado en mi corazón y mi mente, tanto así que mi prometida no es nahuatlata pero es investigadora indígena náhuatl y con ella me siento muy bien, ya que valoramos y amamos a mi cultura por igual.

de lo que sí puedo hablar y explicar es de lo que viví en cierta etapa de mi formación educativa: el deprecio a nuestro origen.

mi nombre es Vicente Filiberto Pérez capilla y nací en san isidro Buensuceso, san Pablo del monte, Tlaxcala, lugar donde hasta ahora soy residente. Los estudios de primaria los cursé en la escuela Xicoténcatl, la cual es bilingüe.

después de haber concluido la primaria, me incorporé a la secun-daria. esta parte de mi vida fue muy importante, ya que a veces sin darnos cuenta la actitud que tomamos a esta edad queda como una estructura al ser jóvenes o adultos. mis estudios fueron en una escuela particular no muy cara, en donde también estudiaban muchachos de

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mi pueblo. es ahí en donde por primera vez oí la palabra más repug-nante que había escuchado en mi vida, cuando en una plática entre amigos uno de los que venían de la ciudad preguntó a una persona de mi pueblo: “¿hablas náhuatl?” y él contestó: “¡no, qué te pasa yo no soy indio como los demás!”. en ese momento por mi parte me enojé mucho y quería agarrarlo a golpes para hacerlo recapacitar.

Los días en esa escuela seguían pasando y siempre o, para ser más exactos, a veces, escuchaba a más paisanos negar su origen, negar la dicha de hablar náhuatl. Tratar de tomar la actitud de catrín sin razón, ¡claro! no es que ofenda a los de la ciudad, simplemente es una expresión. Lo peor de todo es que algunos de ellos eran hijos de familias de hogares ciento por ciento entendientes y hablantes de mi bella y amada lengua.

en mi caso desde pequeño nunca he negado ser indígena y hablar náhuatl. siguiendo con mi relato, creo que la propia discriminación la creaban más que los no indígenas, los propios indígenas, idiotas de negar lo que son.

así la educación media superior la llevé a cabo en un lugar donde casi todos son indígenas y nunca me han discriminado.

“Tú te burlas de mí porque soy diferente, y yo me burlo de ustedes porque todos son iguales”. Proverbio chino.

Lugar de origen: san isidro Buensuceso, TlaxcalaLengua: náhuatl

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algunos profesores indígenas rechazan su propia cultura

Sitlali Cruz Ramos

Hace ya un tiempo tuve una experiencia poco agradable. La comuni-dad donde nací esta ubicada a 20 minutos de la ciudad de Tehuacán, se llama altepexi. aquí cursé los años de primaria, la cual quedaba a 10 minutos de mi casa. Pero tenía que salir temprano porque las calles eran de terrecería y en esa época había pocas casas y éstas te-nían muchos animales domésticos como perros y gatos, por lo que se dificultaba la llegada a la escuela.

en esa época no había kínder y se acostumbraba que desde los cinco años los niños de la comunidad ingresaran a la primaria. así que me inscribieron en la primaria, pero me tocó cursar con un maestro que era poco tolerante. era un maestro de educación indígena pero posiblemente no le gustaba su trabajo o no tenía vocación, ya que todos los días se dedicaba a platicar con los compañeros y a nosotros sólo nos dejaba copiar planas y planas del pizarrón.

algunos niños desertaron de ese grupo para pasarse al otro de primero que era atendido por una profesora. este profesor aun cuando era joven –según recuerdo– no se le veían las ganas de enseñar a estos niños indígenas –incluyéndome a mí–, siempre traía una regla en las manos y si no lograbas contestar a su pregunta, con un golpe lo arreglaba. Éste es un ejemplo de cómo algunos maestros no tienen su vocación bien definida y en lugar de enseñarnos sólo hacen mas difícil este proceso de aprendizaje.

esta marginación a la cual estábamos sometidos mis compañeros y yo era un poco difícil de comprender, ya que es el grado en que al niño se le tiene que fomentar el gusto por la escuela, el gusto por aprender cosas nuevas, ya que las labores a las que se dedicaban los padres eran 70% campesinos, 20% comerciantes, 10% eran criadores de ganado o de aves. esto hacía que se les dificultara mandar a sus hijos, quienes representaban una ayuda para la familia, y más aún, muchos padres no tenían los recursos económicos para comprar los

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útiles de la escuela, los uniformes para los eventos que se hacían o para cualquier cooperación.

recuerdo que al iniciar el primer grado fue con ilusión, pero al transcurso del tiempo ya no queríamos ir. Había una deserción de casi 30% de ese grupo al finalizar el año. en esa época en la escuela no se nos permitía expresarnos en náhuatl y sólo se atendía a los alumnos que hablaban en español, y se argumentaba que era la lengua oficial y si no obedecíamos esto traía como consecuencia que no nos dejaran salir al recreo.

otro punto era que regresaban a los niños que no llevaban el uniforme completo o si llevaban huaraches. Quiero hacer el comen-tario que algunos maestros siendo indígenas rechazan su propia cultura y esto provoca el rezago en nuestra educación.

La mayoría de los habitantes en esta comunidad es de bajos recursos económicos debido a que no cuentan con una fuente de ingresos estable. Los señores trabajan de jornaleros en el campo, otros se dedican a trabajar con el carrizo haciendo canastas, así que la mayoría de ellos emigran a estados Unidos, pero son muy pocos los que logran mejorar su situación económica.

después volví a cursar el primer grado, ya que no tenía los conoci-mientos necesarios para aprobar los siguientes años. Y esto me ayudó porque después tuve una educación mejor cimentada y con profesores que realmente les gustaban enseñar en comunidades indígenas.

al terminar el sexto grado de primaria tuve que emigrar a la ciu-dad más cercana ubicada a una hora de mi comunidad, donde ingresé en una secundaria técnica. al principio se me dificultó ya que me en-frenté a otro sistema de enseñanza y sobre todo al medio urbano. mis compañeros y yo no estudiamos en el pueblo, no porque no quisiéra-mos sino porque en ese momento no había planteles educativos de ese nivel. Y ya no se hablaba nuestra lengua sino que todo era en español. así que tuvimos que convivir con personas que tenían ideas diferen-tes, costumbres y valores diferentes a los nuestros, solamente algunos profesores nos alentaban a seguir con gran ánimo nuestra educación.

el tener que desplazarnos de nuestro pueblo a la ciudad nos traía un sinfín de dificultades económicas y por lo mismo en ocasiones

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faltábamos a la escuela o no presentábamos a tiempo los trabajos. esto traía como consecuencia que bajara nuestro rendimiento académico, sólo con la ayuda de nuestros padres y de algunos profe-sores logramos salir adelante.

Por lo que concluyo que la comunidad indígena se identifica por su lengua, vestuario, usos y costumbres que han sido heredadas por los antepasados y conservadas de generación en generación, pero debido a la influencia de los medios de comunicación así como las educa-tivas y la emigración de los jóvenes a grandes urbes en donde adoptan otras formas de actuar y pensar, es necesario que cada miembro de esta comunidad fomente la preservación de nuestra cultura. actual-mente el vestido autóctono entre otras cosas es utilizado sólo por los ancianos ya que los adultos, jóvenes y niños que por necesidad tienen que desplazarse a la ciudad ya no pueden portarlo.

Lugar de origen: altepexiLengua: náhuatl

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maltrataban a mis compañeros que no traían zapatos

Magaly Peña Olaya

mi nombre es magaly Peña olaya. nací en la ciudad de méxico pero después nos regresamos a vivir a san andrés Tzicuilan, cuetzalan, Puebla. Fue ahí donde ingresé al preescolar Federal ignacio López rayón. afortunadamente era una de las consentidas de la maestra, y la estancia durante el preescolar fue muy agradable y provechosa porque aprendí a leer y escribir. siempre recibía felicitaciones por parte de mi maestra y, por supuesto, de mis padres, ya que me apo-yaban en todos los aspectos: en mis tareas, comprándome mis útiles escolares, etcétera.

además fui una niña muy participativa en eventos académicos y sociales.

cuando entré al primer grado de primaria tenía seis años. La escuela primaria federal Lic. adolfo López mateos estaba en la misma comunidad de san andrés Tzicuilan. Vivía muy cerca, como a 10 minutos. mi maestra se llamaba Gloria Vázquez moranchel. de acuerdo a las habilidades que tenía, mi maestra me siguió prepa-rando para el concurso académico. me sentía muy orgullosa de mí misma porque en mi salón también estudiaba su hijo que, por cierto, no trabajaba casi nada.

cuando pasé a segundo año me tocó una maestra muy racista, ya que maltrataba a mis compañeros que no traían zapatos y los sacaba del salón. También se enojaba mucho con los alumnos que no forraban sus cuadernos. Un día le jaló muy fuerte la oreja a mi compañero y le salió sangre. a los pocos días la maestra ya no regresó y nos atendía la maestra Gloria. mi tristeza fue cuando mis papás me dijeron que nos íbamos a cambiar de casa para venirnos a san Pablo del monte, Tlaxcala. me la pasaba llorando de tristeza, pero mis papás me explicaron que ahí ya no iba a haber futuro porque había caído una helada y el café se había quemado. La gente empezaba a pedir fiado y la carnicería de mi papá estaba quebrando.

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Fue así como tuve que aceptar el estar lejos de mi maestra, familiares y amigos.

cuando llegamos a san Pablo y me inscribieron en la escuela primaria me sentía muy extraña, pero mis maestros fueron muy buenos conmigo. mi maestra de sexto era muy especial, clasificaba a los compañeros en filas dependiendo de sus habilidades académicas.

durante la secundaria todo fue muy satisfactorio y también durante el bachillerato. este último fue particular. También estuve un año en la normal del colegio Benavente, pero un día llegó la oportunidad de ingresar al magisterio y aquí estoy.

La escolaridad de mi madre fue muy triste porque sus papás eran muy pobres y fue por eso que nada más cursó la primaria. La de mi papá no lo fue tanto porque él estudió en una academia de Policía en méxico.

como se podrán dar cuenta, afortunadamente no he pasado por discriminación o racismo.

Lugar de origen: san andrés Tzicuilan, cuetzalan Lengua: náhuatl

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en la escuela telesecundaria nos respetábamos mucho

Leticia Romero Santamaría

mi nombre es Leticia romero santamaría. nací en la colonia Gua-dalupe Hidalgo, municipio de nealtican, el día 25 de marzo de 1986. mis estudios de primaria los realicé en la escuela domingo arenas, en la misma colonia. Hacía tres minutos para llegar porque está a una cuadra de mi casa.

La secundaria la estudié en la misma comunidad. el bachillerato lo cursé en san Buenaventura, nealtican. el tiempo que hacía en llegar al bachillerato era de media hora, por lo cual tenía que salir de mi casa a las 7:30 a.m. para que llegara a las 8:00 a.m. de regreso hacía una hora a mi casa porque me iba caminando.

después de esta breve descripción voy a relatar lo que me sucedió en la primaria domingo arenas. Tuve una maestra en cuarto grado que me ofendía mucho por ser de piel morena –porque ella era de piel blanca– y siempre decía que yo era una burra y no servía para nada, también me juzgaba porque no llevaba dinero para comer. me ofendía tanto que me decía que estaba muy fea y que cuando fuera grande nadie me iba a querer por ser chaparra y morena, me hacía pasar mucha vergüenza delante de los otros maestros y alumnos de diferentes grados.

También mandaba a traer a mi papá y le decía que yo no hacía la tarea y por eso yo no iba a pasar de año. al finalizar el año ella me reprobó pero no porque yo iba mal en cuanto a aprovechamiento, sino porque le caía mal.

en la escuela telesecundaria no recibí ninguna ofensa o discri-minación por parte de los maestros y alumnos porque éramos muy pocos y nos llevábamos bien, nos respetábamos mutuamente.

durante mis estudios de telesecundaria toda mi familia recibía ofensas por parte de una sobrina de mi papá. ella tenía mucho dinero para la escuela y le compraban lo que quería porque su papá estaba en estados Unidos. cuando iba a mi casa sólo iba a criticar de cómo

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vivíamos y decía que mi casa era como un chiquero –porque está hecha de adobe y teja como las casa de antes– y en cambio ella tenía una casa de dos pisos con mosaico y mucho lujo.

en otra ocasión fui ofendida por un director de primaria sólo por ir vestida de manera no formal. Él nos dijo que si no éramos mujeres para no saber cómo vestir o combinar nuestra ropa, que éramos unos indios de pata rajada y eso me dolió mucho. en ese momento pensé que él era más ignorante que yo porque no somos indios, somos indígenas porque hablamos una lengua indígena.

ese director juzgaba a mi comunidad por la forma en que comemos, vestimos y hablamos, pero no se daba cuenta que nosotros comemos las verduras que hay en el campo y que son más nutritivas que lo que se come en las ciudades. algunos vestimos de tal manera porque no hay suficiente dinero para comprarnos ropa o porque nuestros padres son campesinos y sólo hay dinero para el sustento de la familia, que en algunos casos ni a la escuela mandan a sus hijos. Tengo la fortuna de seguir estudiando para aprender algo nuevo de la vida y transmitirlo a los demás.

en el bachillerato fui ofendida por una maestra porque no sabía utilizar los cubiertos. en una ocasión nos invitó a una cena a su casa, nos dio de cenar bistec con arroz y yo, por el temor de que ella me juzgara, no cenaba y me dijo: “come sin vergüenza, o qué, ¿no sabes comer?, te enseño”, le contesté: “¡Ya no tengo hambre muchas gracias!”, pero ella insistía que yo comiera. Les decía a mis compa-ñeros: “miren a Leticia, no sabe comer con los cubiertos. ni la hubiéramos invitado, ¿para qué?, si no sabe ni agarrar correctamente la cuchara”. me daba mucha vergüenza cuando ella me miraba, porque sólo se burlaba de mí. en ocasiones ella me juzgaba de cómo me vestía y a cada rato me mandaba llamar para decirme que si quería dinero para comprarme algo de ropa, eso también lo hacía para burlarse de mí.

También me decía que no fuera a la escuela y que mejor trabajara para tener con qué vivir en un tiempo determinado, porque mi vida no era segura. nunca le contaba nada a nadie por temor a que se burlaran de mí.

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en la Universidad Pedagógica nacional hay compañeros que se sienten de mucho dinero y por eso en el salón hablan de muchos negocios, y eso nos hace sentir mal a algunos compañeros. sólo les deseo a esas personas que sean siempre distinguidas y que nunca necesiten de los indígenas, y, si es así, se darán cuenta de que no somos como ellos piensan, y de los que siempre piensan que el dinero lo es todo, se darán cuenta que la felicidad no se compra con el dinero. Que todos estamos hechos del mismo material.

Lugar de origen: nealticanLengua: náhuatl

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todos somos iguales sin importar de donde provenimos

José Luis Hernández Hernández

Lo que a mí me ha pasado como a los demás indígenas que existen en varias comunidades de la república es que también me han dis-criminado por ser indígena. creo que todos somos indígenas y todos somos iguales sin importar de dónde seamos.

mis padres tomaron la decisión de que estudiara la preparatoria en la ciudad, yo también estuve de acuerdo. La verdad nunca pensé que me discriminaran por venir de una comunidad indígena. al principio cuando llegué a la preparatoria pensé que no iba a tener ningún problema por venir de otro lugar, pero cuando los maestros te piden que digas de dónde eres o de qué escuela vienes ahí empiezan los problemas. a mí no me daba pena decir de dónde venía y de qué escuela pero, claro, habían compañeros que eran del distrito Federal y se sentían de dinero, aunque al principio noté que algunos nada más querían quedar bien.

a un compañero de otro grupo siempre lo molestaban porque casi no podía hablar el español y lo discriminaban muy feo, lo humillaban, lo ofendían, le decían naco y él se sentía mal. Él venía de una comunidad vecina de méxico. Yo también sentía feo porque también venía de una comunidad indígena. casi no tenía amigos, eran muy pocos los compañeros que le hablaban, y si le hablaban era para molestarlo. Él me comentaba que se quería salir de esa escuela pero le decía que no le hiciera caso a este tipo de personas. me comentaba que se sentía mal por ser indígena. Tuve mucha amistad con él porque pensaba que yo no era indígena y a veces me preguntaba por qué no lo ofendía o lo molestaba, le dije que yo también venía de una comunidad indígena, él como que no me creyó porque decía que le hablaba simplemente para que no se sintiera solo. después me creyó.

Le comentaba que también al principio me sentí raro porque los jóvenes de la ciudad eran de pensamientos muy diferentes y pensé

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que iba a tener problemas por venir de una comunidad indígena. Le daba ánimos de que no había que avergonzarnos por ser indígenas, al contrario, le decía que estuviéramos orgullosos de serlo. con esto que le dije se sintió un poco mejor. También varios compañeros le daban ánimos para seguir adelante y que no les hiciera caso a los otros compañeros.

al inicio del tercer semestre lo convencí de que se pasara a mi grupo y él aceptó.

de todas formas tuvimos problemas con dos maestros de la escuela que nos impartían clases. a veces nos ponían en vergüenza con los demás compañeros porque nos decían que los indios deberíamos estar en el campo, y para nosotros era muy feo porque los demás compañeros se reían de lo que los maestros decían de nosotros. a veces nos pedían que dijéramos una palabra en nuestro idioma y después se burlaban y nos hacían que la repitiéramos a cada rato. estos maestros no nos querían y siempre nos criticaban porque nos vestíamos con ropa corriente y no como la que llevaban los demás compañeros.

a veces los mismos compañeros les decían a los maestros que esa discriminación contra los indígenas no era lo correcto. decían que al contrario deberíamos estar orgullosos de tener comunidades indí-genas. de igual manera tuvimos problemas con las calificaciones. Un maestro nos reprobó en dos periodos y nosotros sin saber por qué. siempre estábamos al corriente con todo lo que el maestro pedía ya sea con los apuntes, investigaciones, trabajos de equipos, y pues claro que a nosotros nos dio mucho coraje porque él nada más lo hacía para molestarnos. entonces tuvimos que hablar con la directora de la institución y le comentamos que había dos maestros que nos discri-minaban por ser indígenas. al principio le comenté a mi compañero que no era buena idea haber hecho eso porque pensé que también la directora de la institución haría lo mismo y no nos apoyaría.

Pasaron dos semanas y la directora habló con los maestros y con nosotros. Lo que no nos pareció de esos maestros fue que ellos decían que nosotros no trabajábamos en clase, que no cumplíamos con las actividades de sus materias y que siempre nos la pasábamos hablando,

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y la directora les creyó. esto para nosotros fue aún más feo porque los maestros nos siguieron molestando y nos humillaban. Pero gracias a la ayuda de algunos compañeros que hablaron con la directora sobre los dos maestros que siempre se la pasaban molestándonos y, además, del testimonio de un maestro que pasó por nuestro salón y escuchó lo que uno de esos maestros nos decía, de las discriminaciones que hacían hacia los indígenas, hicieron que la directora entrara en razón y les tuvo que poner un hasta aquí a esos maestros que hasta fueron cambiados de escuela.

después la directora nos pidió disculpas por no habernos creído. nosotros le damos gracias a los compañeros del salón por habernos apoyado de esa forma. Y también damos gracias al otro maestro, por su testimonio delante de la directora.

Lugar de origen: HuauchinangoLengua: náhuatl y totonaco

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no todos los maestros discriminan cuando hablas otra lengua

Guadalupe Bautista Espinosa

Yo no fui a preescolar. cuando tenía siete años entré a la primaria nicolás Bravo, que está ubicada en el municipio de ixtepec, Puebla.

en primer año me dio clases una maestra que me daba permiso de hablar mi lengua materna: el totonaco. cuando un niño o niña no le hacía caso a la maestra los regañaba, pero les hablaba en totonaco porque ella sabía hablarlo.

en segundo año tuve una maestra que hablaba totonaco y a veces nos daba consejos en totonaco pues algunos de mis compañeros y compañeras todavía no entendían bien el español. es ahí donde aprendí el abecedario y a combinar las letras formando palabras.

en tercer año me dio clases una maestra que sí nos prohibía hablar la lengua totonaca porque no la entendía. Un día un compañero dijo una grosería en totonaco y la maestra se enojó y mandó llamar a la mamá del compañero. La maestra le dijo que ya no quería que hablara en totonaco dentro del salón de clases, que mejor se expresará en español para que ella entendiera.

en cuarto año tuve un maestro que tampoco hablaba el totonaco y nos regañaba cuando lo hablábamos dentro del salón de clases.

en quinto y sexto año tuve una maestra que era muy buena. ella no sabía hablar totonaco, pero entendía algunas palabras y no nos regañaba cuando nosotros nos comunicábamos en nuestra lengua. nos preguntaba algunas palabras en totonaco, pues ella quería aprenderlo para poder hablar con los padres de familia cuando iban a preguntar por sus hijos a la escuela.

en la escuela donde asistí, la mayoría de las maestras y maestros son originarios del lugar, y casi todos hablan el totonaco aunque la escuela no es bilingüe. Los maestros de otros lugares son los que prohíben hablar la lengua materna porque no la entienden.

después entré a la escuela secundaria Técnica 69 ubicada también en el municipio de ixtepec, Puebla. en esta institución conocí a otros

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maestros y maestras. La mayoría de ellos hablaban en español. Había una maestra que nos regañaba cuando mis compañeros y yo hablá-bamos nuestra lengua materna. esa maestra era muy exigente, hasta nos regañaba por llevar huaraches a la escuela.

el director de la escuela nos daba el día miércoles para que llevá-ramos la ropa que nosotros queríamos, pero esa maestra exigía que lleváramos una ropa que no fuera tan sencilla. si tenías clase con esa maestra tenías que llevar zapatos, además regañaba por meter lodo en su salón, siempre debías lavar tus pies antes de entrar en su clase.

esto es discriminación. Porque te prohíben que hables tu idioma y que te vistas sencillo. Pero si tu papá gana poco no puede comprarte una ropa mejor.

Las otras maestras y maestros no eran así. algunos de ellos hablan el totonaco. esto me da a entender que no todos los maestros discri-minan cuando hablas otro idioma, ni tampoco regañan aunque te vistas sencillo.

aquí en la secundaria es donde nos empezaron a enseñar inglés. el maestro no quería que habláramos nuestro idioma, ni el español, toda la hora de inglés teníamos que hablar inglés y el maestro explicaba su clase pero en inglés.

creo que es así como se va perdiendo nuestro idioma porque a los alumnos les enseñan otro idioma y les prohíben que hablen su lengua materna.

en lugar de aprender otro idioma deberían aprender su idioma escribiendo y hablando bien, aunque nosotros hablamos el totonaco, pero hay algunas palabras que no sabemos pronunciar bien o no sabemos qué es lo que significan.

¿Para qué vamos a aprender inglés si aquí no lo hablamos? este idioma lo hablan en otros países, a no ser que nosotros vayamos a vivir en esos lugares.

estudié en el bachillerato oficial octavio Paz ubicado también en este municipio de ixtepec. aquí los maestros hablan español, pero ellos sí te permiten hablar el totonaco dentro de la clase.

Los maestros nos decían que no debemos avergonzarnos de nuestro idioma, aunque vayamos a las grandes ciudades o a otros

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países. ellos nos decían que es bonito saber hablar en los dos idiomas, que debemos de sentirnos orgullosos por hablar nuestro idioma.

nos decían que los jóvenes que van a la ciudad y regresan a su pueblo ya no quieren hablar totonaco. dicen que se les olvidó y que ya no se acuerdan.

Pienso que esto no se debe hacer aunque vayas a donde quieras, cuando te pregunten de dónde vienes y qué idioma hablas no te debes apenar. es mejor decir la verdad: de dónde vienes y qué idioma hablas.

Los que hablamos totonaco nos avergonzamos y no queremos decir que somos totonacos, esto no se debe hacer, al contrario, tenemos que rescatar nuestro idioma para que no se pierda, al igual que nuestras costumbres y tradiciones.

es importante que conservemos lo que nuestros antepasados nos dejaron enseñándoles a los niños a hablar nuestro idioma totonaco. algunos maestros que hablan español también quieren aprender nuestro idioma y preguntan cómo se dice tal palabra.

aquí en ixtepec la discriminación se da por parte de los maestros de fuera, porque son los que prohíben hablar nuestra lengua materna.

mi papá no estudió porque antes decían que el estudio no servía para nada, que los hombres se pusieran a trabajan en el rancho para tener algo de qué comer; las mujeres tampoco tenían razones para estudiar porque debían quedarse en la casa haciendo la comida.

esta discriminación en la actualidad se da en algunas familias. Pero yo pienso que eso ya no se debe hacer porque todos tenemos derecho a estudiar, no importa el sexo.

Lugar de origen: ixtepecLengua: totonaco

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la discriminación se daba contra los hablantes de ngigua

Armando Varillas Bernardino

Para poder contar mi experiencia sobre la discriminación que viví es necesario entender el concepto de discriminación. discriminar signi-fica diferenciar, distinguir, separar una cosa de otra. La discrimina-ción es una situación en la que una persona o grupo es tratado de for-ma desfavorable a causa de prejuicios, generalmente por pertenecer a una categoría social distinta. debe distinguirse de la discriminación positiva (que supone diferenciación y reconocimiento). Las experien-cias de discriminación que viví durante los años que he asistido a la escuela (primaria, secundaria y en el bachillerato) fueron:

cuando asistía a la escuela que está ubicada en el municipio de Tlacotepec de Benito Juárez, al que pertenece el pueblo en donde vivo, la discriminación se daba regularmente en las personas que éramos de un pueblo étnico donde se habla una lengua diferente: popoloca. Los compañeros de la escuela discriminaban a los niños que éramos de bajos recursos económicos, diciéndonos palabras obscenas y maltratándonos física y moralmente con amenazas, quitándonos la comida, etcétera.

en cuanto a los profesores, le daban mayor importancia a los compañeros de más altos recursos. nos clasificaban de acuerdo a nuestra posición económica y a nuestras capacidades de aprendizaje y de desarrollo. existía el racismo.

durante el tiempo que asistí a la secundaria fue similar a lo anterior, pero en ese tiempo se me diagnosticó una enfermedad: epilepsia. Por consecuencia, era mayor la discriminación por los efectos que me provocaba esta enfermedad y mis compañeros se aislaban de mí.

cuando asistí al bachiller ya no me discriminaron porque los profesores ya no lo permitían. además, ya se tenían otras formas de pensar en la comunidad porque el pueblo se desarrolló educativa-mente y en otros aspectos. sería bueno que alguna de las personas

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que discriminan a otros por ser diferentes fueran distintos a los demás por un día para que entendieran la humillación a la que son sometidos cotidianamente.

cada vez que se discrimina a alguien se hace porque esa persona es diferente. esto es porque las diferencias que muestra son notorias (por ejemplo, un negro, un discapacitado, etcétera). nadie se ha puesto a pensar en que en uno u otro sentido todos somos diferentes en pequeños aspectos. Lo cual sería lo mismo que discriminar a alguien porque tiene el cabello más largo o más corto, o porque le gusta jugar a tal o cual deporte, o porque tiene los ojos de un deter-minado color.

La discriminación y la violación de los derechos humanos básicos también son factores que influyen en la producción de la violencia. Los conflictos religiosos pueden ser explotados por aquellos que quieren desestabilizar el orden social. algunas religiones aprueban la violencia o discriminación y utilizan razones religiosas para justificar sus acciones violentas.

cualquiera que sea la clasificación que hagamos, nos encon-tramos con formas de violencia visibles y otras que no lo son tanto. como es el caso del prejuicio y de la discriminación. remitiéndonos al plano de las relaciones interpersonales, insistimos en la cuestión de la definición por los riesgos que implica ya sean las rotulaciones apresuradas o la ceguera. en psicoanálisis se habla de desmentida, que puede derivar en convivencia con actos de violencia que son tomados como inocuos, sin importancia o innecesarios.

con mucha soltura se habla últimamente de niños violentos, etiquetándolos así porque simplemente son hiperactivos o que manifiestan la agresividad que es común en niños de su edad y condición. esto es particularmente cierto para el caso de los varones, que en virtud de las características propias de su género, suelen resultar más molestos y ruidosos que las niñas, sobre todo si son vistos desde una óptica femenina como es generalmente la de sus docentes. contrariamente observamos cómo pueden llegar a pasar desapercibidas algunas conductas violentas en las niñas en virtud de ser menos ruidosas, más solapadas y también, ¿por qué no?, por ser

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juzgadas por alguien, la maestra, a quien, por pertenecer al mismo género, le resulta más fácil identificarse con ellas.

Tanto al estatus que una persona ocupa en el sistema social, como al rol que desempeña, le corresponde una identidad que se manifiesta en la forma de actuar y que responde a un sistema normativo, a pautas culturales, a una cultura. el hombre además de ser portador de cultura, la crea y recrea gracias a su creatividad que expresa a través de la conducta, el comportamiento, las actitudes. estas actitudes pueden cambiar si la persona logra una apertura a lo nuevo.

Los alumnos de la situación problemática planteada deben abrirse a un nuevo orden social donde conviven diferentes culturas. el desequilibrio, el desorden que este conflicto les genera, necesita una solución creativa, para equilibrarlos y ordenarlos. La superación creativa del problema depende de la capacidad de tolerancia a la tensión, a la ambigüedad y de la calidad de la decisión.

La vida cultural está conformada por culturas. cada una de ellas tiene un lenguaje. Para ser respetuosos del pluralismo cultural y establecer vínculos necesarios para una efectiva apertura a todo aquello que dignifique la vida de personas y grupos es importante el desarrollo de la capacidad de participación protagónica en la vida comunitario-cultural. cómo superar mejor el conflicto. creo que es muy importante valorar la participación grupal y las experiencias de los alumnos. Para ello debemos estar dispuestos al cambio, aceptar la verdad del otro y hacer autocrítica, reconociendo la existencia de culturas diferentes e intentando superar la contradicción entre el discurso y la realidad.

el docente debería asumir un papel de guía y los alumnos un papel activo. en el aula deberían crearse espacios de comunicación y reflexión que incentiven la participación a partir de una “situación oportunidad”, que en este caso es la discriminación y no la integración como generadoras de situaciones de injusticia y hechos de violencia. a partir de la concientización del conflicto, los alumnos propondrían alternativas de solución y serían ellos mismos los protagonistas.

manejando situaciones problemáticas en forma grupal se lograrán alternativas comunes y el aporte de iniciativas grupales y personales les

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proporcionará información más significativa. en síntesis, promover espacios de reflexión, de crítica y de toma de decisiones compar-tidas. La promoción de toma de decisiones, la posibilidad de elegir, permitirá el protagonismo de los alumnos y éstos se sentirán parte del grupo. el ejercicio de la participación en el aula es el comienzo de la participación en la comunidad.

actividades sugeridas

1. en el aulaPrimer día: iniciar la jornada en el aula con una técnica de

animación (“rompecabezas de frases incompletas”) que permita integrar a los alumnos y formar pequeños grupos al azar para analizar dichos populares o frases sobre la discriminación. Una vez instalado el tema, presentar algunas situaciones tomadas de la crónica perio-dística, propiciando la reflexión del grupo sobre las causas de la discriminación.

Segundo día: comenzar con una técnica de actuación (primero “iguales pero distintos” y después “distintos pero iguales”, (juegos de roles). Proponer que cada alumno exprese por qué podría ser discri-minado.

Tercer día: empezar proponiendo una técnica de animación “formar palabras”, para que se integren en grupos y empleen una técnica de actuación (el extraterrestre) que les ayude a vivenciar los sentimientos que experimentan quienes son discriminados. solici-tarles que narren situaciones de discriminación imaginarias, propi-ciando la reflexión del grupo sobre los sentimientos que genera en las personas que la padecen.

Cuarto día: emplear una técnica de animación para la formación de subgrupos y aplicar la técnica de actuación “el peregrino”, con el mismo objetivo que el día anterior. Propiciar el mismo tipo de reflexión del tercer día pero a partir de la narración de situaciones de discriminación vividas por ellos dentro y fuera del ámbito escolar.

Quinto día: emplear una técnica de análisis “Jugando con las diferencias” (collage). conducir la reflexión del grupo hacia el dato

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de que las diferencias no deben ser necesariamente valoradas en términos de mejor o peor.

Pedirle a cada alumno que cuente una situación real donde haya discriminado a otro y luego piense y explique cómo podría haberlo evitado. Guiar la reflexión grupal sobre las causas de la discrimi-nación en el aula y en la escuela, sobre los sentimientos que genera en quienes la sufren y sobre las formas de evitarla, las conclusiones grupales de todos los trabajos realizados y los collage pueden exponerse en la cartelera escolar.

2. en el ámbito institucionalPuede proponerse el proyecto de la feria latinoamericana donde cada grupo cultural muestra a toda la comunidad su cultura: vestimentas típicas, danzas, música, comidas regionales y tradiciones culturales en general.

deben tener un objetivo preciso, conocer la técnica muy bien, utilizarla en el momento oportuno y desarrollarla correctamente.

Generalmente una sola técnica no es suficiente para el logro del objetivo. Hay que acompañarla con otras que permitan un proceso ordenado y sistemático de profundización.

Ubicar muy bien las características particulares de cada técnica, posibilidades y límites. Técnicas participativas utilizadas en la situa-ción de conflicto anterior (los momentos en que las desarrollaría fue-ron registrados en el punto 1).

Técnicas dinámicas o vivenciales

animaciónaniman, crean cohesión y un ambiente fraterno y participativo. Pue-den relajar a quienes participan e involucran al conjunto. Hay humor. Las situaciones de conflicto, muchas veces violentas, por discrimina-ciones étnica y/o sociocultural son permanentes. Los alumnos ar-gentinos y los alumnos del barrio segregan y rechazan a los alumnos extranjeros y a los provenientes de las villas, llamándolos “bolitas”, “paraguas”,”villeros”; a su vez los bolivianos y paraguayos también se

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discriminan entre sí. estas situaciones de conflicto se manifiestan tanto en el aula como en los pasillos y alrededores de la escuela.

conclusión

en el estudio de los pueblos, sociedades, culturas, etcétera, es impor-tante la investigación para lograr conocer la diversidad humana para así poder ampliar nuestro conocimiento. al analizar la información obtenida en nuestra investigación, nos permitió tener una visión más amplia sobre el problema de la discriminación “profesor-alumno” y fue posible encontrar algunos puntos relevantes.

Por todo lo expuesto anteriormente, es significativo que las personas que educan a nuestros jóvenes adquieran conciencia sobre la discriminación en el contexto educativo y lo importante es no discri-minar; por tanto, las propuestas que presentamos de alguna manera podrán contribuir a solucionar el problema o más bien disminuir en forma paulatina la discriminación.

así es como proponemos talleres a cargo de personas que tengan experiencia en el tema, dirigido a profesores y poder lograr un cambio en la visión de los educandos. es importante que dentro de los espacios comunes de los docentes se analicen los problemas que directamente afectan a nuestros educandos, como es la discri-minación “profesor-alumno”, y que estas situaciones se pudieran remediar en beneficio de toda la comunidad educativa y especial-mente de nuestras alumnas.

Lugar de origen: san marcos Tlacoyalco, Tlacotepec de Benito Juárez Lengua: ngigua o popoloca

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aprendí a leer y a escribir por miedo a que me castigaran

Angélica Bautista Alcántara

nací el día 20 de julio de 1979 en un pueblo llamado san mateo Tlacoxcalco. desde pequeña me crié con mis abuelos. algunas veces mis padres me llevaban a trabajar a sus comunidades porque son profesores de educación indígena. a la edad de cinco años ingresé a preescolar. en ese tiempo no me importaba estudiar, para mí lo más importante era el juego, pero desafortunadamente mi infancia fue rota por cuestiones que no quiero recordar.

cuando cumplí seis años ingresé a la primaria y tuve miedo porque todo era muy diferente para mí. Veía a los profesores gritar y regañar a todos los niños, así que era mejor estar sentado antes de que me jalaran las orejas. realmente no me acuerdo cuándo comencé a leer y escribir, pero lo hice por miedo a que me castigaran.

Una de mis peores experiencias fue cuando cursé quinto año de primaria. nos cambiaron de profesor a mitad del ciclo escolar y el nuevo profesor me reprobó. eso fue una injusticia porque yo era mejor que muchos de mis compañeros, la verdad nunca supe por qué lo hizo. después de repetir el año mejoré mi habilidad académica y concursé en oratoria y en algunos deportes.

otra cosa que recuerdo es que cada 10 de mayo me ponía triste porque mi mamá no estaba conmigo, esto debido a que ella hacía su propio festival en la comunidad donde trabajaba.

salí de la primaria e ingresé a la telesecundaria. me parecía divertido ver la televisión y aprender. Los maestros eran estrictos pero ya estaba acostumbrada a ese trato. Había un maestro que presumía saber hablar inglés. en realidad nunca le entendíamos. Él nos regañaba todo el tiempo porque decía que éramos gente ignorante e incapaz de hacer las cosas. a mí me molestaba todo lo que nos decía y para colmo fue mi maestro durante los tres años. Veía cómo tocaba a mis compañeras, cómo las abrazaba y siempre me alejaba de él. Gracias a dios terminé la secundaria.

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Uno de los deseos que tenía era ir a otro lugar a estudiar y fue cuando mis padres decidieron que nos fuéramos a Tehuacán. me inscribí en una preparatoria federal. cuando recién había llegado estaba muy entusiasmada porque empezaría otra vida, pero fue una gran decepción porque todo lo que me enseñaban se me hacía muy difícil. el sistema de enseñanza era muy diferente y, además, no me gustaba participar porque se burlaban de mí. mejor me salí de la escuela.

cuando tomé esta decisión mis padres se molestaron conmigo y no entendieron que yo tenía muchos problemas. dejé un año la escuela hasta que decidí volver a intentarlo y así demostrarles a mis padres que sí podía hacerlo. Tiempo después me gradué y con mucha satisfacción mejoré aún más mi rendimiento escolar.

cuando decidí estudiar mi carrera universitaria opté por estudiar la licenciatura en pedagogía. elegí esta carrera porque quiero diseñar mis propias estrategias de enseñanza y realizar un proyecto educativo. iba muy bien en la universidad pero se me complicó porque mis papás ya no podían ayudarme económicamente. opté por trabajar y estudiar, lo hice por año y medio pero no aguanté y decidí salirme de la escuela.

Poco tiempo después me dieron la oportunidad de trabajar por dos años en la sep y es por ello que estoy aquí, cumpliendo con un propósito personal, pues quiero demostrarme a mí misma que lo puedo lograr.

Lugar de origen: san mateo Tlacoxcalco, san José miahuatlánLengua: náhuatl

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la profesora dividía: una fila de los niños del rancho y una fila de los del pueblo

María Elizabeth Flores Hernández

mi nombre es maría elizabeth Flores Hernández y soy de Zozocolco de Hidalgo, en la sierra norte del estado de Veracruz, que colinda con la sierra norte del estado de Puebla. cuando fui niña no existía educación preescolar en mi pueblo.

La escuela primaria rural la realicé en mi comunidad. era de organización completa. como ahí no había secundaria me tuve que ir a un internado de religiosas, a una escuela secundaria técnica en Jonotla, Puebla. Para poder llegar a este lugar teníamos que salir muy temprano, para encontrar algún transporte ya que, de no ser así, teníamos que caminar de 3 a 5 horas. esta escuela secundaria era, también, de organización completa. Posteriormente, para continuar mis estudios de bachillerato, me fui a vivir con unas personas conocidas a cuetzalan, Puebla, donde estuve tres años. era un bachi-llerato general de organización completa.

Para poder llegar a todas las escuelas teníamos que caminar. cuando encontrábamos carro, lo mínimo era de unas dos horas. Y de no ser así entonces era de 3 a 5 horas, así estuviera lloviendo, haciendo frío o calor. de día o de noche teníamos que llegar al lugar a donde íbamos con los peligros del camino.

mi infancia fue como cualquier otra niña, los primeros años los viví con mi abuelita en la ciudad de méxico, hasta la edad de cinco años. a partir de entonces mi mamá me llevó de nuevo con ella al pueblo. así pasó el tiempo. Llegaron mis hermanos, crecimos jun-tos, y le llevábamos comida a mi papá al rancho, jugábamos todos y, en ocasiones, con mi papá. Pero observaba que había diferencias de mi papá con mis hermanos menores, mi hermano mayor y una servidora.

Los hermanos mayores realizábamos ciertas actividades antes de poder almorzar o ir a la escuela: les dábamos de comer a los marranos, acarreábamos agua de los manantiales. si nos daba tiempo

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de almorzar lo hacíamos si no, pues, nos teníamos que ir a la escuela sin comida. a mis hermanos menores, en cambio, no se les exigía nada. otra de las cosas que me sorprendían era que no comíamos lo mismo, había distinción. en ocasiones nos llegaban a pegar por lo que mis hermanos menores hacían. cuando nos llevaban a nadar mi mamá nos ponía nuestras maletas para cargar la ropa y ayudar. mi papá decía que mis hermanos menores no. Uno por que era chiquito, otro porque no aguantaba y la última porque era la bebé de la casa.

entonces quienes cargaban la ropa y hacíamos los alimentos éramos mi hermano mayor y yo. Una vez que él buscaba leña para calentar el agua, para que se bañaran los hermanos menores, y ya que los había bañado, él podía jugar un rato o nadar. Yo después que ya había lavado y tendido la ropa en las piedras podía jugar y, si sobraba agua caliente, nos bañábamos con ella y si no teníamos que hacerlo con agua fría.

nunca se me olvida cuando mi hermano mayor se escapó de la escuela. mi papá le pegó con la funda del machete y, como mi hermano no se dejó, lo corrió de la casa. se fue a trepar a un árbol, ahí durmió toda la noche. Yo lloraba y me decía que no debía de hacerlo porque bien merecido lo tenía. recuerdo de igual manera que mi padre nos escondía la comida y, cuando había pan, nosotros no podíamos comer más que una pieza, lo demás se los daba a sus hijos a escondidas de nosotros, cuando nos mandaba a traer el agua o cuando estábamos lavándoles el corral a los cochinos.

recuerdo que compró una tele, pero nada más la podíamos ver cuando él decía y el tiempo que él quería. cuando la estábamos viendo mi hermano y yo nos la apagaba, nos decía que la televisión era para los huevones y por lo tanto teníamos que quitarnos. Él se ponía a ver sus programas, a mi hermano lo ponía hacer el atole de sus hijos y a mí las tortillas. me decía que las quería chiquitas y a mano, porque las tortillas a máquina eran para perros. si no me salían bien me regañaba. cada vez que sus hijos querían comer las tortillas tenían que estar calientitas fuera la hora que fuera y, como mi mamá trabajaba en una ranchería cercana y no llegaba sino hasta los fines de semana, yo era la encargada de hacerlo casi todo.

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mi hermano no se acercaba a la casa y, por una ventana que había, espiaba a que no estuviera mi papá y me pedía que le pasara unas tortillas para comer. recuerdo que cuando llegó mi mamá mis padres se pelearon mucho, al grado que llegaron a internar a mi hermano en apizaco, Tlaxcala. me quedé muy triste, pero nunca supe por qué se lo llevaban.

Llegué a la primaria y recuerdo el nombre de mi maestra: se llamaba natividad. era un grupo numeroso y sí había discriminación por parte de ella. nos sentaba diciéndonos:”una fila de los niños del rancho y otra de los del pueblo”. además prohibía que los del rancho hablaran el totonaco. Todos teníamos que hablar en español; sin embargo, ellos sí se comunicaban en totonaco. independientemente de esto nos castigaba poniéndonos de pie contra la pared o sin salir al recreo, en muchas ocasiones nos ponía orejas de burro.

en segundo año de primaria me tocó una maestra de nombre isabel. a ella la recuerdo porque tenía las uñas grandes. Para llamarnos la atención nos enterraba las uñas en la cabeza. de alguna manera también nos marginaba, porque a la hora del recreo nos apartaba de ella, nos acercábamos y ella nos decía que “sólo se juntaba con los del pueblo”. Pero eso sí, prohibía que los niños del rancho hablaran el totonaco.

en tercer grado llegué nuevamente con la maestra natividad. en ese grado me sorprendió que mis compañeros me rechazaran, pensaba que se debía a que en el grupo estaba la hija de la profesora. así pasó el tiempo, pero llegó el día de las madres y nos pidieron tela para hacerle un delantal a nuestras mamás. La maestra me dijo que no le pidiera a mi papá, porque él no era mi papá. me quedé muy sorprendida, me puse a llorar y esperé a que mi mamá llegara. Quería que me diera una explicación a lo que la maestra me dijo y a lo estaba pasando en mí.

recuerdo que primero me cuestionó sobre quién me lo había dicho, cuándo y dónde. Lo único que me dijo fue que realmente él no era mi papá y que estaba todavía pequeña para entenderla, que algún día me lo iba a explicar, pero que por el momento ya sabía la verdad. Fue entonces que comprendí por qué se nos trataba de

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diferente manera a mi hermano mayor y a mí. Le pregunté por qué mi hermano no vivía con nosotros, me contestó que era mejor para nosotras dos.

en ese mismo grado la maestra ya nos ponía las multiplicaciones y nos dejaba de tarea aprender las tablas de multiplicar. al momento de hacerlas, a quien se le olvidaba poner las que llevábamos nos jalaba de las patillas y nos decía “las que se llevan no se olvidan”, pero al mismo tiempo nos iba levantando del asiento de la patilla, a quien llorara le decía que no era hombre. También nos aventaba el borrador cuando alguien estaba distraído, en una ocasión un compañero tomó un lápiz a otro compañero, la maestra le dijo que pusiera sus manos al frente y le dio tres golpes con una vara en las manos. a los niños del rancho, como no usaban zapatos, algunas veces los pisaban los niños del pueblo por el hecho de que no tenían calzado. La maestra solamente se reía y lo comentaba con los demás maestros, pero no hacía nada.

a partir del momento en el que me enteré de la verdad ya no me acerqué a mi papá. nació una distancia o una barrera en mí que ya no me permitió tenerle confianza como antes. en una ocasión que mi hermano mayor llegó de vacaciones platicamos sobre lo que estaba pasando. me refugié en mi hermano y lloramos juntos, a solas, donde nadie se diera cuenta, porque sentíamos que nadie nos quería, a raíz de esto mi hermano se rebeló.

en algunas ocasiones me decía que nos escapáramos de la casa, pero, como no me quedaba callada y se lo decía a mi mamá, lo gol-peaba. Un día llegó que mi hermano sí se escapó. mi mamá lloraba. después de dos días de desaparecido lo encontramos en un lugar que se llama el castro y era un manantial, nuevamente se lo llevaron al internado. Fue hasta el quinto año de primaria que convivimos de nuevo. en sexto grado recuerdo que cuando se iba a formar la escolta me eligieron a mí, pero por el hecho de no tener la calificación más alta me sacaron. me sentí tan mal que ya no quería ir a la escuela, pero mi hermano me dijo que la escolta no era tan importante, “lo importante era que no me saliera de sexto y que teníamos que termi-nar juntos”.

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Pero nuevamente nos separamos. Él se tuvo que ir a estudiar la secundaria, como en mi pueblo no la había lo mandaron a Zaragoza, y a mí al internado de religiosas en Jonotla y solamente en vacaciones estábamos juntos.

cuando llegué al internado me sentía mal, pensaba que mi mamá no nos quería porque nos había separado. Poco a poco fui conociendo a mis compañeras del internado, dormitorio y clases. en clases había hombres a los que se les llamaba externos y tuve muchas experiencias, me voy a permitir mencionar algunas de ellas. recuerdo que dentro de las internas había de todas las clases sociales y por el hecho de no ser de las de arriba, nos marginaban a ciertas compañeras, dentro de ellas estaba yo. no querían que participara en ciertas cosas como, por ejemplo, hacer el rosario, ir a misa y ayudar a las religiosas. cuando llegaba el sábado y teníamos que hacer el aseo general siempre éramos las últimas porque así lo decidían las que mandaban, pero para las actividades pesadas siempre nos mandaban.

como era la más delgada había una ventana pequeña por la cual me pasaba para escaparme e ir a comprar algo de comer, porque no nos llenábamos con lo que nos daban de almorzar que era un atole de masa, dos tortillas y unos cuantos frijoles. Para la comida era un vaso de agua tres tortillas y lentejas en guisado, rara vez nos daban carne. entonces yo me escapaba para comprar un bote grande de chiles jalapeños y dos kilos de tortillas y, en los dormitorios, comía a escondidas de las religiosas, hasta que me descubrieron y ya me iban a expulsar. Pero mi mamá explicó el porqué de mis salidas y de nuevo me aceptaron, con la condición de que si se repetía ya no habría consideración.

a mi mamá la veía solamente en vacaciones o cuando le tocaba pagar la colegiatura. regresando al internado, recuerdo que teníamos prohibido platicar con los alumnos. en una ocasión desobedecí y me castigaron encerrándome en el dormitorio, lugar donde orábamos. al otro día me tuve que bañar con agua fría, pero toda la noche me la pasé llorando, pensando en la incertidumbre de lo que le dirían a mi mamá. Pensé que en esta ocasión sí me expulsarían. me acerqué a una religiosa que se llamaba rosita y le platiqué lo que estaba

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pasando. ella me dio muchos consejos los cuales todavía recuerdo, a partir de ese momento fue una amiga para mí y, por intervención de ella, ya no le dijeron nada a mi mamá.

ella fue quien me enseñó que papá no es quien engendra sino quien nos cuida, protege y nos apoya. Pasado el tiempo fui asimi-lando y comprendiendo sus palabras, pero llegó el momento en que la cambiaron de congregación y me sentí otra vez sola. en otra ocasión me castigaron por treparme a la azotea y ver la televisión que tenían en su dormitorio las consentidas, las chismosas o barberas (así les decíamos). en esa ocasión me castigaron y no me dieron el desayuno, ni la comida, ni la cena, sino hasta el otro día fue que me levantaron el castigo.

otra de las marginaciones que sufrí fue cuando íbamos a misa a ofrecer flores en el mes de mayo. Las monjas no querían que yo repartiera las flores. al hacer el rosario les pedía que me dieran permiso para rezar y me contestaban que ya estaba la que lo iba a hacer. con cada rechazo que me hacían me ponía a llorar a solas y me preguntaba “¿porqué a mí, en qué he fallado, por qué no me aceptan como soy?” Le echaba la culpa al ser pobre y no mostrar bienes, dinero o lujos como otras de las internas. ellas tenían dinero y compraban los domingos en la plaza y en ocasiones hasta las traían a Puebla. otras vestían bien o tenían buena ropa y zapatos y algunas les llevaban comida a las monjas. así fue como viví la secundaría.

cuando terminé mi mamá me llevó a Teteles a presentar el examen de admisión para estudiar la normal, pero como no quería ser maestra no contesté el cuestionario y no lo pasé. no fui admitida. entonces me fui a cuetzalan a continuar con la preparatoria, en donde estuve viviendo con unos conocidos del pueblo. con la familia que convivía conocí, en cierta forma, la marginación hacía mí. Vivíamos dos chicas estudiantes de la misma escuela, pero ella era familiar y yo no. La comida para mí era racionada, el trabajo de la casa era más cargado para mí y no tenía la libertad de convivir o salir con mis amigas. La otra chica lo podía hacer y no había ningún reclamo.

en cuanto a lo educativo sí había distinción, como los maestros sabían que la otra chica era la sobrina del director aunque no entrara

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a clases o faltara no le decían nada. Y nunca se supo que reprobara algún examen. Pasaba todas las materias siendo una chica poco inteligente. ella podía llegar al salón antes de las clases pero yo no. recuerdo que cuando se nos iba a aplicar examen de alguna materia ella si podía estudiar y yo tenía que cumplir primero con las tareas de la casa, como hacer las tortillas, barrer y trapear, lavarles el trochil a los marranos y, por la mañana, matar pollos, pelarlos y descuarti-zarlos, entre otras actividades.

También disfruté esa etapa de mi vida cuando me enamoré de un chico buena onda. Él no era aceptado por las personas donde vivía, porque era pobre y su mamá tenía un puesto de fritangas en la plaza. ahí fue donde conocí realmente lo que es la amistad, pues tuve la oportunidad de identificarme con algunas compañeras. me sentí realmente segura de mí misma. La amistad la conocí demasiado tarde, pues antes no se pudo dar y, cada vez que me acuerdo de este momento, me siento triste por todo lo que fui aprendiendo sola en la vida. recuerdo entonces que desde que salí de mi casa ya no regresé más a vivir allá, sino que iba nada más como visita.

cuando terminé el bachillerato decidí seguir estudiando y me vine a Puebla, siempre quise ser contador público. Presenté examen de admisión en la uap, como se le llamaba anteriormente, y afortu-nadamente pasé. Tuve que buscar pensión y estaba muy contenta estudiando, tratando de pasar las materias para no decepcionar a mi gente. en una ocasión, cuando ya estaba en quinto semestre, me mandaron a traer de la coordinación para decirme que ya no era alumna de la facultad. me di a la tarea de investigar si yo había hecho los trámites correspondientes, y, de tanto ir y venir, descubrí que mis documentos estaban traspapelados. Pero ya no me quisieron reconocer el tiempo de estudio ni aun enseñando mis calificaciones de los semestres cursados. no hubo nada que hacer y le dije a mi mamá.

ella me aconsejó que no me desmoralizara, que empezara de nuevo, que solicitara duplicados de los documentos, que ella me apoyaba y que no dejara de estudiar, porque era el único patrimonio que me podía dejar. Pero al ver que todos mis hermanos estaban

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estudiando en diferentes escuelas, mejor decidí salirme y ponerme a trabajar para poder ayudarlos. así duré dos años. cuando mi mamá me planteó la idea de que quería entrar a trabajar como maestra ya no lo pensé me decidí y entré a la educación indígena.

Todo lo que he escrito en estas líneas me han hecho reflexionar en cómo debemos comportarnos con los alumnos y no caer en el error de aquellos maestros o personas que nos afectaron o nos traumaron de alguna manera para toda la vida. de todas formas he sacado todo lo que guardado por años y años.

Lugar de origen: Zozocolco de Hidalgo, VeracruzLengua: totonaco

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la profesora dibujaba una flor y nos obligaba a hacerla igualita a la de ella

Anabel Hernández de la Cruz

estudié el kínder en santa ana, que está en san José las minas. La escuela se llamaba Juan escutia. es una hora y media de Tehuacán a santa ana, a una hora de camino. en aquellos años no entraban camiones o coches, sólo se iba caminando o en burros. Fue una etapa de niñez que realmente no recuerdo, pero sí sé que fue agradable y maravillosa. mis recuerdos los veo a través de las fotos.

mi mamá recuerda que cuando era muy pequeña fui a una escuela muy grande. descubrí que podía entrar en un gran salón y lo que es una maestra. La maestra, sin pensarlo, me dañó psicológicamente. su método de enseñanza no era muy pertinente, ella nos decía que íbamos a realizar el dibujo de una flor y como todo niño quería dibujar muchas flores de diferentes tamaños, colores y formas. La maestra sólo nos dijo que esperáramos, que ella dibujaría dicha flor. Fue entonces que nos acostumbramos a su método de enseñanza, sólo aprendimos a esperar, a ver y hacer cosas iguales a las de ella y nunca más lo que nosotros pensábamos y queríamos redactar.

estudié la primaria en la escuela 5 de mayo en Tehuacán. era de organización completa. recuerdo que tardaba media hora en ir y de regreso una hora, porque caminábamos para llegar a casa. entraba a la escuela a la 1:30 y salía a las 6:30 p.m.

en primer año era muy traviesa y la maestra me castigaba. Hasta que no terminara el trabajo no podía salir.

en segundo tuve una maestra muy estricta. Usaba un anillo grande, con una perla. cuando no le poníamos atención, la desobe-decíamos o nos portábamos mal, nos pegaba con su enorme anillo de oro en la cabeza o nos jalaba la patilla. en lugar de ponerle atención nos daba miedo, más cuando sonaba el pizarrón con su anillo.

el tercer año fue muy bonito, la maestra estela González nos tenía mucha paciencia, demostraba que nos quería, nos enseñaba las tablas de multiplicar con muchas dinámicas.

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en cuarto año tuve un maestro que se llama emmanuel Pacheco. era una persona muy mala, en lugar de que nos enseñara las tablas de multiplicar con motivación, sólo nos preguntaba y, como no le contestábamos, o le dábamos la respuesta incorrecta, nos aventaba un gis y a veces ese gis pegaba en el ojo de mis compañeros y el maestro como si nada. en lugar de sentirlo, al contrario, decía “a ver si así aprenden”. nos aventaba el borrador y éste nos caía en la cabeza, muchos de mis compañeros lloraban.

nos daba coscorrones fuertes. Las madres de familia se quejaban en la dirección, pero este maestro como si nada, no le importaba, al contrario, decía que si querían que aprendiéramos él sabía cómo, no los padres de familia.

el quinto año fue más calmado ya que nos trataban como los niños y niñas mayores de edad y de grado. La maestra fue comprensiva. no hubo ningún tipo de violencia y nos enseñaban materias semejantes a las que íbamos a cursar en secundaria.

en sexto año el maestro Juanito decía que este grado era para enseñamos a enfrentar la vida. nosotros y nosotras vendíamos dulces para los demás grados, teníamos nuestra propia cooperativa. el maestro nos regañaba pero nunca nos maltrató.

estudié la secundaria técnica en Tehuacán. de mi casa a la escuela hacía 45 minutos; entraba a la 1:30 p. m. y salía a las 7:50 p.m. a veces las combis venían muy llenas y esperábamos hasta las 8:30 p.m.

el primer año de secundaria fue una etapa muy distinta. ahí todos éramos como extraños, algunos se comportaban como niños y jugaban tazos, etcétera. Pero conforme iba pasando el tiempo todo iba cambiando, ya no pensábamos igual. Éramos distintos, las materias eran diferentes, hasta teníamos una maestra por asignatura. cada maestro tenía un método de enseñanza. Había una maestra que nos discriminaba, decía que éramos unos burros que no teníamos nada en el cerebro y nos lastimó fuertemente en nuestra autoestima. a veces me ponía a pensar si con este maltrato psicológico podría pasar a segundo grado.

el segundo año fue tranquilo, con la misma rutina. algunos maestros eran diferentes. Teníamos un taller técnico, escogí corte

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y confección. La maestra nos regañaba pero nunca nos maltrató ni física ni moralmente. Fui muy cercana a la maestra de mi taller, realmente lo disfruté porque conviví mucho con mis compañeros y compañeras, sobre todo logré conocer más a mi maestra.

en tercer año todos mis maestros tenían un gran carisma, nos apoyaban mucho, nos trataban como adolescentes. en mi grupo, mis compañeros me presionaban mucho. Un día llegaron al salón unos maestros y nos invitaron a concursar en oratoria, mis compa-ñeros escogieron a tres compañeros, entre ellos estaba yo. realmente siempre había concursado en declamación, pero el maestro me animó a que entrara y decidiera.

Fue entonces que representé a mi grupo y a la escuela. el maestro que me impartió la materia de ética me apoyó y me

brindó su ayuda, me dio consejos, me tuvo paciencia. Fue un largo trabajo, un mes para entrar al concurso estatal. Logré el segundo lugar. Fue una experiencia inolvidable, mis maestros me llegaron a apreciar mucho. me di cuenta que en tercer grado todo era diferente, los maestros nunca fueron egoístas, ni racistas, al contrario, siempre nos apoyaron.

estudié el bachillerato general, en Tehuacán, en el colegio de Bachilleres. Queda a 45 minutos más 15 de camino para llegar a la escuela. de regreso a casa son 15 minutos en una combi y otros 20 en otra. en primer semestre los maestros fueron muy buenas personas; sin embargo, había una maestra que nos discriminaba.

Por ejemplo, las libretas que le dábamos para calificar, si no le gustaban arrancaba las hojas y las tiraba frente a nosotros. nos maltrató física y moralmente, nos hacía sentir como cucarachas, nos gritaba, era racista. Las personas que eran de piel blanca se llevaban bien con ella y hasta les ponía buenas notas. eso fue algo que con nosotros nunca hizo.

el segundo semestre seguimos con los mismos profesores. La maestra seguía con el mismo carácter, nosotros ya nos habíamos acostumbrado, pero yo no podía evitar llorar.

en tercer semestre, todos los maestros fueron agradables, nunca nos dañaron ni física ni moralmente. en cuarto semestre, de igual

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manera, tuve maestros muy compresivos y que, sobre todas las cosas, siempre nos brindaron su amistad y cariño.

el quinto semestre volví a entrar al concurso de oratoria a nivel estatal y obtuve el segundo lugar. el maestro que me apoyó me dijo que la vida es para vivirla en su momento y si hay obstáculos en ella hay que sobrepasarlos. ser una persona mucho mejor. realmente eso es lo que me estoy proponiendo. en la capacitación de turismo había una maestra que nos impartía tres clases. era una persona muy estricta con los trabajos, sobre todo en los exámenes. ahí me di cuenta que una cosa es ser estricta y otra dañarnos moralmente. Lo que la maestra nos decía lo tomé como una experiencia positiva, porque nos hizo unas personas responsables.

el maestro que nos impartía la materia de orientación educativa no precisamente nos animaba, sino al contrario, si algo queríamos estudiar él decía que no, que no nos convenía, que no nos servía para el futuro, que nosotros no podíamos, etcétera. realmente este maestro acabó con las esperanzas de algunos de nosotros, nos dañó moral y psicológicamente.

La maestra de etimología también nos lastimó moralmente. cuando recibía trabajos y no le parecían los rompía y los tiraba a la basura. nos discriminaba y no nos trataba igual, tenía preferencias. nosotras como personas del sexo femenino siempre observamos el gran interés de ella hacia el sexo opuesto. a cada momento nos repetía que los chicos de al lado y de enfrente hacían mejor trabajo, que ellos realmente sí se defendían. decía que ellos siempre traían al salón muy buenos trabajos. La maestra nunca fue discreta, al contrario, a cada rato nos repetía lo importante que es el trabajo del hombre. Por eso todas las mujeres de nuestro salón siempre teníamos malas notas y los hombres siempre buenas. sinceramente nos orillaba a tenerle rencor a los hombres, nos daba ideologías realmente muy falsas, conforme iba pasando el tiempo tuvimos problemas con esa maestra.

También el maestro que nos impartía la materia de orientación sabía de este problema con la maestra, pero él era igual o peor porque sólo decía que nosotras teníamos la culpa, por no traerle trabajos de una joven de bachillerato. nosotras nos sentimos peor. Pensamos

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que como ese maestro era psicólogo nos iba a entender y a dar una solución, solo nos decepcionó aún más.

Luego de un tiempo pasamos a sexto semestre, tuvimos los mismos maestros, todos nos apoyaron y nos desearon buena suerte y mucho éxito en nuestra profesión, nos brindaron su ayuda y su amistad realmente.

como en este último semestre escogimos una capacitación que nos serviría para nuestra vida futura en el campo del trabajo, tuvimos problemas con los profesores del semestre anterior. como ya estábamos de salida nos amenazaban con nuestro certificado y nosotras(os) nos alarmábamos. sin embargo hubo maestros buenos que eran nuevos en el semestre y fueron los primeros en apoyarnos. nos motivaron a seguir estudiando y a no escuchar las cosas que nos decían los demás profesores.

considero como mi mejor etapa el bachillerato. recuerdos que vivirán siempre en mi memoria y que nunca olvidaré aunque tenga que partir tres años. son tres años unidos a mi mente y que nunca se rompen. con gusto recordaré ese tiempo que fue una etapa en la que conviví y me apoyaron. obtuve buenas amistades y no hubo mayor daño físico.

Lugar de origen: san José las minas, santiago miahuatlánLengua: náhuatl

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la profesora rocío, la recuerdo como profesora dulce y amable

Rocío Flores Tlilayatzi

mi nombre es rocío Flores Tlilayatzi. soy originaria de san Fran-cisco Tetlanohcan Tlaxcala. mi historia escolar comienza desde el preescolar, el cual, hasta la fecha, se encuentra ubicado exactamente detrás de mi casa, por esta razón era poca la distancia que tenía que recorrer. el preescolar lleva por nombre jardín de niños abraham castellano.

de lo que fue mi educación preescolar cursé el segundo y tercer año, pero sólo recuerdo el tercero año. mi maestra llevaba por nombre el mismo que yo. rocío. La recuerdo como una maestra buena, cariñosa, amable y muy paciente. Ésa es la imagen que ella se ganó y con la que la recuerdo.

La primaria la cursé de primero a sexto año en la escuela primaria miguel alemán. La escuela está a una distancia aproximada de 200 metros de mi casa. Primero y segundo año estuve con la maestra abundia sánchez delgadillo. cómo olvidarla si fue una de mis pocas maestras “malas”. Gracias a ella tuve la necesidad de aprender a leer y a escribir para evitar sus regaños y sus jalones de oreja.

mi maestra de tercer año fue inna Teomitzi Flores. a ella la recuerdo como una maestra que ponía mucho interés en el apren-dizaje de sus alumnos. La maestra margarita de cuarto año debió haber sido de tecnologías, pues siempre se la pasaba con la costura en la mano.

el maestro de quinto año fue Javier nopal cervantes. Quizás estoy en un error, pero a él lo recuerdo con rencor, pues mi gran ilusión en ese entonces era participar en la escolta oficial de la escuela. creo, y puedo asegurar, que merecía estar en ella, pues a los alumnos siempre –y hasta ahora es así– los escogían por calificaciones. el alumno que tenía el mejor promedio participaba como abanderado, y, no es por alabarme, pero era la que tenía mejor promedio. Por mi estatura –siempre he sido baja de estatura– estaba consciente que no

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podría ser la abanderada, pero me conformaba con participar como acompañante.

Pero gracias a mi maestro de quinto año no pude participar porque el escogió sólo a mis compañeras, de las cuales sus mamás eran bien barberas con él. mi maestro de sexto año era Héctor cano carro y estuvo en desacuerdo con lo anterior, pero ya no podía hacer nada.

Los tres años de secundaria los cursé en la escuela telesecundaria cuatro señoríos, también cerca de mi casa, pues se encuentra ubicada detrás de la primaria a la que asistí. el primer año lo cursé cambiando tres veces de maestro. el primer maestro que le asignaron a mi grupo al inicio del curso fue el maestro asunción castillo Zavala, otro de mis pocos maestros malos. Él era estricto y muy malo porque siempre nos dejaba mucha tarea. nos exigía y nos hacía ver que podíamos dar más. casi a principios de noviembre el maestro se cambió de escuela, en su lugar llego la maestra dolores. La mayoría del grupo pensaba que ella era la culpable de que el maestro se hubiera ido, por esta razón teníamos coraje hacía ella. Para mi buena, o, mejor dicho, mala suerte, terminé siendo la consentida de la maestra.

Una ocasión en la clase de matemáticas la maestra pasó al pizarrón a varios de mis compañeros a resolver un ejercicio y sólo el último lo resolvió correctamente, pero ella dijo que estaba mal. Y como les pasó a los anteriores alumnos, también a éste le tocó el reglazo de castigo. enseguida me pidió que pasara al pizarrón, consciente estuve y estoy de que lo hice mal; sin embargo, ella alabó mi resultado. me hubiera gustado protestar, pero si lo hacía seguro me iba peor.

durante los cuatro meses que estuvo ella con nosotros mis califi-caciones fueron puros dieces, los cuales no merecía. Por esta razón me gané el rencor de mis compañeros. en el mes de marzo, en que ella se cambió de escuela, recuerdo claramente lo que dijo cuando se despidió: “el maestro siente cuando se le quiere y cuando es rechazado”.

Por segunda ocasión recibimos a una nueva maestra, la maestra rosa maría. ella se la pasaba con el espejo en la mano arreglándose las pestañas. Por todo lo pasado con la maestra dolores decidí

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cambiarme de grupo. Pero esto lo pude realizar hasta tercero. Una semana después de que inició el curso, cuando me cambié de grupo, mi maestro se molestó tanto que casi terminó corriéndome del salón. en el otro grupo el encargado era el maestro José Paredes, el cual hasta la fecha lo admiro mucho porque se dedicaba a su grupo. no andaba de político en la escuela, ni a andar perdiendo el tiempo con sus compañeros.

La preparatoria la estudié en un cobat, en el plantel 16 de san Luis Teolocholco –un municipio adelante de san Francisco Tetla-nohcan, de donde soy originaria. Por primera vez estudié fuera de mi pueblo. Primero, segundo y tercer semestre los cursé en el turno matutino. Por un problema que tuve con dos maestras, para el cuarto me cambié al turno vespertino.

el problema se debió a que la maestra de historia nos pedía que compráramos las copias del libro con ella. Yo le comentaba que podía conseguirlas un poco más económicas. La maestra se enojó y me dijo que no, que era obligatorio comprarlas con ella porque además contaban un punto para nuestra calificación. cuando terminó el parcial nos pidió una cooperación, según para una casa hogar que ella visitaba. a medio semestre llegaba pidiendo ya casi hasta para su pasaje, aquel alumno que estaba atento en sus donativos era seguro que pasara con diez.

el caso se repitió con la maestra de taller de lectura y redacción, la cual era nuestra asesora. ella nos pidió 50 pesos para comprar material para una obra de teatro que según ella íbamos a realizar. en otro grupo al que también le daba clases a los alumnos que iban reprobando les pedía igualmente 50 pesos, según para completar para el material con la condición de no reprobarlos.

al terminar el segundo parcial nos dijo que los que aún no pagábamos nos iba a quitar dos puntos. También comentó que la obra de teatro se iba a grabar y todos teníamos que comprar el video con la misma persona. La mayoría de los compañeros dijeron que no, porque muchos podíamos grabarla por nuestra cuenta.

Todo lo anterior le comenté a mi papá. de hecho la mayoría de mis compañeros hicieron lo mismo. en la siguiente reunión de padres

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de familia los papás le comentaron a nuestra asesora lo que pasaba con la maestra de historia. Le plantearon el hecho de que no estaban de acuerdo con lo que estaba proponiendo para la obra de teatro. La maestra se molestó tanto que dijo que ya había entendido porqué nosotros éramos tan revoltosos, “pues la educación no se aprende, la educación se mama”, dijo también que entonces hiciéramos lo que quisiéramos y que la obra ya no se iba a realizar.

a la siguiente clase que tuvimos de historia la maestra llegó muy enojada principalmente conmigo, pues la maestra de taller de lectura le dijo que yo fui quien la acusó con los padres de familia. La maestra me dijo que cómo era posible que una persona que no le llegaba ni a los talones, que le faltaba terminar su preparatoria, terminar una carrera y tener 16 años de experiencia, pudiera hablar mal de ella.

me dijo que saliera del salón y que no quería verme en su clase. Que me diera por reprobada en su materia y que no la fuera a acusar con el director porque me iría peor, pues ella era la maestra y yo una simple alumna.

mi papá habló con el director, él sólo dijo que siguiera entrando a su clase y que no hiciera caso de los comentarios de la maestra. Quiero pensar que el director habló con la maestra, pues de ese día en adelante la maestra no me volvió a decir nada. Pero tampoco me tomaba en cuenta. esto sucedió en segundo semestre.

en tercer semestre, para mi mala suerte, le tocó darnos la materia de Historia ii. en el primer parcial no aplicó examen. en el segundo por tener una sola falta no me dejó hacer examen y dijo que esa calificación contaría para los dos parciales. Fue así como logró reprobarme e hizo que sacara un seis como calificación final en su materia. La otra maestra no se quedó con los brazos cruzados pues también me dejó con seis en calificación final en su materia en segundo semestre.

recuerdo también a mis buenas maestras. a la de historia y la de taller de lectura y redacción quiero que el día de mañana me las pueda encontrar y poder repetirles lo que un día les dije, pero ahora no como una simple estudiante de preparatoria, ni mucho menos como a una persona que no les llega ni a los talones, sino como una

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persona que está a su nivel y no sólo eso, sino que está muy por encima de ellas.

Quizá esto que les he relatado no les conmueva, pero es algo que muchos alumnos hemos pasado a causa de que: “el maestro es el maestro, y el alumno... simplemente un alumno”.

Lugar de origen: san Francisco Tetlanohcan, TlaxcalaLengua: castellano

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ser indígena no es una vergüenza ni estar al margen de la constitución

Yoan Sebastián Cabrera

ser indígena no representa vergüenza. ni estar al margen de las ga-rantías que la propia constitución política de nuestro país establece. es ahí donde se establece el respeto a la conservación y la práctica de nuestra lengua, costumbres y tradiciones. desafortunadamente algunas personas que sólo hablan el español tienen y manifiestan otro tipo de pensamiento y conductas. Generalmente son opiniones bastante erradas.

según ellos, una persona hablante de una lengua indígena es un individuo que no tiene prosperidad. Vive olvidado, al margen de la sociedad, es un naco, un chocho, un indio. Lo rechazan, no lo aceptan, le tienen asco. Piensan que ser indígena es ser mendigo; es decir, le ponen todo tipo de argumentos equivocados por ser hablante de su lengua madre y piensan que tal vez muy pocos, o casi nadie de las personas que somos indígenas, hablamos el español.

estas formas de pensamiento para mí son nulas. Pues nosotros, como indígenas, tenemos un acervo cultural bastante amplio, que mucha gente todavía desconoce. aquellos que discriminan a las personas indígenas no saben que en sus pueblos practican todavía sus costumbres y tradiciones. Todo esto nos habla de la gran importancia de toda la gama cultural que preservamos y practicamos, porque es un legado que nuestros ancestros nos heredaron.

Por lo anteriormente mencionado, debo decir que orgullosamente por mis venas corre sangre indígena. soy mixteco bajo, del sur del estado de Puebla. mis padres son hablantes y nativos de esta cultura y lengua.

Hace tiempo mis padres me llevaron a vivir a una comunidad hablante de ninguna lengua indígena. según, nos establecimos ahí por ser un lugar cerca de los trabajos de mis padres. Pero en donde vivíamos, para trasladarse de un lugar a otro, teníamos que pasar frente a la casa de dos señoras que siempre nos veían con malos ojos.

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en principio, a mí empezaron a criticarme diciéndome indio, chocho y naco. no les hacía caso porque en mi casa me enseñaron a respetar, pero ellas me ofendían mucho porque sabían que mis padres eran personas indígenas. Lo hacían para fastidiarme.

Poco a poco los insultos aumentaban. me gritaban en la calle, en la escuela o cada vez que tenían oportunidad de hacerlo. decían: “¡mira, ahí viene ese indio, naco, chocho de catarina!” Las personas que se encontraban con ellas, o compañeros de la escuela que iban pasando por ahí, se reían de mí a carcajadas. me decían chocho de catarina, porque cerca de ese pueblo existe una comunidad llamada santa catarina chigmecatitlán. ahí sus habitantes son netamente hablantes de lengua indígena. muy arraigados a su cultura. Por eso me comparaban con ellos.

Para mí no había problema, porque esa población al igual que la mía somos mixtecos. entonces somos como hermanos. Los hijos de las personas que nos insultaban también me hacían burlas en la escuela, frente a muchos de mis compañeros. repitiéndome las palabras que sus madres les inculcaban. La verdad, en esos momentos, me sentía muy mal. Veía a mis compañeros cómo se burlaban de mí. Y yo con la impotencia de no poder desquitarme de ellos.

cansado de estos insultos, un día que “le hablo a lo derecho” a uno de los muchachos que me fastidiaban. Le reclamé la razón, el motivo por el cual me hacía burlas. Le expliqué que yo nunca le había faltado al respeto a ninguno de ellos. ese muchacho de mí edad me ignoró y no me contestó nada. se dio la vuelta, se carcajeó y se volvió a burlar de mí. dijo: “¡pobre imbécil!” Lleno de coraje y de ira me abalancé contra él, golpeándolo. creí que él me iba a ganar a los golpes, pero, afortunadamente, le di una santa paliza, hasta sangrarlo de la nariz. Lo hice llorar y le advertí que sí seguía con la misma actitud lo volvería a golpear y que le dijera a su amigo que le pasaría lo mismo si no se enseñaba a respetar. a partir de ese momento empezaron a calmarse, ya que les impuse respeto.

Pero las señoras, madres de los muchachos a los cuales les pegué se enteraron de lo ocurrido y se enardecieron más. ahora los insultos hacia mí eran cada vez más ofensivos. me decían: “¡qué se podía

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esperar de un salvaje indio que no esta civilizado!” Los insultos eran cada vez era más groseros. me vi en la necesidad de contarle a mis padres lo que estas personas me hacían. ellos, al enterarse, se preocu-paron mucho y decidieron hablar con estas personas.

cuando mis padres acudieron al domicilio de las señoras, ellas los ignoraron, los insultaron y cerraron las puertas. ellos me dijeron que si algo me decían no les hiciera caso. así lo hice durantes los siguientes días, sin embargo los insultos no cesaban. como aquellas personas no entendían y no querían platicar con mis padres, nos vimos en la necesidad de ignorarlos. así transcurrieron los siguientes meses y los años. conforme crecía me daba más fuerza y valor para enfrentar a mis oponentes.

Llegó el día que consideré importante marcar un respeto hacia mi persona y hacia mi familia. cierto día iba caminando en la calle y los ofensores se encontraban parados en una esquina, acompañados de otras personas. imaginé que me iban a insultar. Y así fue. ellas me dijeron: “¡miren ahí va el hijo de los indios!” de inmediato me armé de valor y las enfrenté. Les dije qué cuál era su problema conmigo. se quedaron sorprendidas al ver que las encaré, ya que nunca lo había hecho. respondieron que me callara, porque si no me iban a pegar. Les dije: “¡inténtenlo, ya estoy demasiado grandecito para resolver mis problemas, y si golpes quieren golpes habrá!” de inmediato se dieron la vuelta y me ignoraron.

Pero eso sí, me fueron a acusar con el presidente de la comunidad. Le dijeron que yo las insulté y que les quería pegar. el presidente de la comunidad citó a mis padres en la presidencia municipal para aclarar la situación.

mis padres, al ver que ya los problemas iban demasiado lejos, decidieron actuar sin piedad contra esas mujeres. así que acudieron a la presidencia municipal. Trataron de explicar todo lo acontecido. sin embargo, las señoras negaron todo, incluso inventaron que nosotros sabíamos brujería, y que todas las noches les íbamos a aventar huevos y ranas a su terreno, para que se murieran; que éramos gente satánica que adoraba a satanás. en lugar de que a mis padres les diera coraje, se empezaron a reír de tantas estupideces que decían las señoras.

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sin embargo, al ver que no se podía llegar a ningún acuerdo con ellas, mi padre decidió retirarse. Pero eso sí, les advirtió que si me volvían a decir algo, él iba a actuar jurídicamente en contra de ellas. Las señoras sólo se carcajearon y dijeron: “¡Pobres indios!” ellas ignoraban que nosotros ya estábamos hartos de sus insultos. Por consiguiente íbamos a actuar.

al siguiente día volvieron a insultarme, ya no les dije nada porque sabía que sería la última vez que lo harían. Les comuniqué a mis padres de lo ocurrido. de inmediato fueron al ministerio público y levantaron una demanda en contra de aquellas personas. ellos nos dijeron que maltratar a un niño psicológicamente era penado hasta con siete años de prisión. no nos tentamos el corazón y realizamos la demanda.

Las señoras, ignorando lo que habíamos hecho, se sentían muy confiadas de sí mismas. Para su sorpresa, al tercer día les llegó a su domicilio una carta de cita al ministerio público para que se presen-taran a declarar. Unos minutos después que leyeron el documento –aún las veo– no me dijeron nada, hasta me extrañé porque ya me había acostumbrado a los insultos.

Ya en el ministerio público declararon todo a favor de ellas. diciendo que nosotros éramos quienes las molestábamos. el juez les dijo que ellas podían llegar a un acuerdo con nosotros para hacer la paz y así nosotros retiraríamos la demanda. de lo contrario, de probarse los hechos, serían encarceladas. Ya que el acoso y maltrato a un niño no alcanza derecho a fianza, ellas espantadas aceptaron.

al día siguiente nos citaron a ambas partes para ver qué solución le dábamos al problema, nosotros acudimos, y también ellas. nosotros esperamos a ver qué nos decían ellas. como que no querían, pero se vieron obligadas y se disculparon con nosotros. dijeron que no volvería a suceder. entonces nosotros les demostramos que somos mejores personas, ya que las perdonamos. Pero eso sí, todo bajo condición en el ministerio público de que si lo volvían a hacer serían llevadas presas, ya que contaban con antecedentes penales.

de ahí en adelante las señoras ya no nos dicen nada, mantienen un cierto respeto hacía nosotros. aunque sé que de corazón no lo

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sienten, pero de igual manera les dimos su escarmiento. con el tiempo nos cambiamos a otra comunidad ya que mi padre cambió de trabajo. en la siguiente comunidad que llegamos todas las personas eran muy amables

esta es mi historia, espero que si alguien le llega a pasar lo mismo nunca se de por vencido y luche por lo que quiere.

Lugar de origen: sur de la mixteca poblanaLengua: mixteco

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hablé con mis alumnos y les pedí que no se portaran así con ángel

Rosibel Rodríguez Elías

soy rosibel rodríguez elías. a la edad de 4 años empecé a ir al preescolar martin Luther King, el cual se encuentra en san José mi-ahuatlán. Yo era monolingüe en español y en ese preescolar eran bilingües, pero la mayoría de los niños eran monolingües en náhuatl. desde entonces soy bilingüe. cursé dos años en ese preescolar.

a los seis años ingresé a la primaria emperador cuauhtemoc, en la misma población. La escuela también era bilingüe. ahí se me facilitó más, porque ya hablaba bien el náhuatl. Y como los maestros daban las clases en español y náhuatl, para mí no fue un problema.

soy originaria de la comunidad de calipan, coxcatlan, Puebla. Viajaba todos los días a san José, ya que mi mamá era maestra de esa comunidad. así cursé la primaria. con mis compañeros me comunicaba en náhuatl, porque ellos así se comunicaban y sólo para dirigirse a los profesores utilizaban el español.

a los 12 años ingresé a la secundaria Plan de san Luis, en calipan, mi lugar de origen. ahí eran monolingües en español, por lo que dejé de hablar náhuatl. Pero nunca sentí vergüenza, al contrario, me daba indignación cuando decían que los que hablaban alguna lengua indígena es por que eran unos serranos ignorantes. Que éramos unos indios poca cosa y que ellos eran más que unos simples serranos. esas cosas no me gustaban.

a los 15 años ingresé a la preparatoria federal otilio montaño, en coxcatlán, que queda a 15 minutos de calipan, donde vivo.

a los 18 años empecé a trabajar en el magisterio como maestra de educación indígena. La escuela donde presto docencia se localiza en san José miahuatlán, en la parte sureste del estado de Puebla. al norte colinda con san Gabriel chilac, altepexi y Zinacatepec, y al oeste con Zapotitlán salinas. su nombre etimológico es Miahuatlan: se deriva el náhuatl y proviene de los vocablos miahuatl: espiga del

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maíz y tlan: entre o junto. significa entonces “entre las espigas de la caña del maíz”.

esta comunidad cuenta con los siguientes centros educativos: un preescolar, dos primarias, una estatal con dos turnos, matutino y vespertino, y una federal bilingüe, una telesecundaria y un bachi-llerato.

ahora laboro en la escuela primaria federal bilingüe emperador cuauhtemoc. esta escuela es de organización completa y tiene 19 grupos y un director. Trabajo en el grado de 2° “c” con un total de 32 alumnos, con los cuales he encontrado algunos casos de discrimi-nación social.

el primero es de un niño que es el hijo del presidente municipal. cree que por ser hijo de tal tiene la facultad de sobajar, mangonear, pegar y gritarles a sus compañeros. Hasta a mí me ha perdido el respeto. esto ha generado conflicto con los demás niños y padres de familia, ya que se encuentran molestos por la manera en como ese niño trata a sus compañeros del salón. Lo más grave es que sus padres no se presentan las veces que los he citado. Por ello he llegado a suspender al niño, y el director ha hablado con dicho niño, pero parece que no oye razones. Lo peor es cuando el director habló con su mamá, pues le dijo que no tenía tiempo y que su hijo no era capaz de tales cosas. Los demás padres no se atreven a reclamarles por temor a que tomen represalias contra ellos.

otro caso relevante dentro del salón de clases es con un niño que se llama Ángel. Él va a la escuela con su ropa rota, un poco vieja y descalzo. ese niño es muy humilde. en su casa son 11 hermanos y a sus padres no les alcanza para mantenerlos a todos. este niño, Ángel, trabaja por las tardes con un tendero para ganar su comida y comprar sus cuadernos y material para la escuela. Por eso sus compañeros lo ven como cualquier cosa. Le pegan, le gritan que es un cochino, que no tiene que comer, que es burro y cosas de ese tipo. Por lo que Ángel había dejado de ir a la escuela.

después de cuatro días de faltar lo visité en su casa. Le pregunté por qué ya no iba a la escuela, que si estaba enfermo o qué era lo que le ocurría. me contó que se sentía muy poquito para sus compañeros.

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Que todos llevan sus zapatos y su ropa nueva, bonita. Que él ya no quería ir a la escuela. entonces lo motivé. Le hice ver que uno vale por lo que uno es y no por lo que trae puesto. Le expliqué que si seguía estudiando y le echaba ganas y aprendía bien él iba a poder ser algún profesionista y tener lo que él quisiera. después de tanto lo animé y me prometió que sí iba a seguir yendo a clases.

Y sí, en verdad, al otro día, jueves, regresó a clases. Le compré unos huaraches y el niño ahora asiste contento, cumple con las tareas, es aplicado, le gusta aprender y sigue yendo a trabajar con el tendero. Él se siente más contento, trata de llevarse con todos y como hablé con mis alumnos y les expliqué que no se portaran así con Ángel. Que él no tenía la culpa de ser tan pobre. Que no se burlaran de él, ya que cualquiera de ellos podría estar en su lugar y no les iba a gustar que los trataran así. Y sí, los niños han mejorado su relación con Ángel.

ahora voy a contar esto. en la comunidad, como ya lo he mencionado, hay dos escuelas primarias, una es estatal y sólo dan clases en español, pero los niños son de lengua materna náhuatl. La otra escuela, donde trabajo, es federal bilingüe y se imparten las clases en español y en náhuatl. Los padres que mandan a sus hijos a la escuela estatal dicen que es porque no quieren que sus hijos sigan hablando náhuatl. Que es mejor aprender bien el español, porque el náhuatl ya no lo deben aprender sus hijos.

a la escuela estatal van los que tienen más posibilidades econó-micas y a la escuela bilingüe –dicen– sólo asisten los pobres. Ya que en la otra escuela piden cooperaciones, material de trabajo y todo lo piden más caro. Pero la realidad es que la escuela primaria bilingüe cuenta con 676 alumnos y a la escuela estatal van 532 alumnos en dos turnos (vespertino y matutino). Los padres mandan a sus hijos a la escuela bilingüe porque cuenta con el mejor nivel académico. esto se ha demostrado en olimpiadas de conocimiento que se han llevado a cabo en la misma comunidad de san José miahuatlán.

el personal educativo de la escuela estatal ha llegado a sobajar a los maestros bilingües por su forma de vestir. Ya que los de la escuela estatal van a dar clases de corbata, saco y su portafolio. Las profe-soras van muy elegantes con zapatillas, vestidos largos y grandes, con

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un gran peinado y nos dicen “que nosotros vamos como placeros”. Que en nuestra escuela no se sabe quién es el profesor o el padre de familia. Que nuestro sueldo es como el de simples barrenderos y ni siquiera sabemos hablar correctamente. Que ellos han estudiado en buenas escuelas. Que ellos si son profesores, no como nosotros que “¡somos unos pobres indios!”

este tipo de conflictos se ha visto en el transporte, pues nos vamos en la misma combi hasta la comunidad donde trabajamos. ellos no se quieren sentar junto a un maestro bilingüe. se sientan juntos y abarcan mucho, de manera que uno, como es bilingüe, se vaya parado o no se sube en ese mismo transporte.

conclusión

como alumna y como profesora se me hace ridículo que discriminen a una persona sólo por el hecho de no vestirse bien o no traer puesto algo caro. Por no poder expresarse bien, ya que uno lo dice de manera más sincera. sin embargo, los que se dicen educados, modernizados, los no indígenas, son los más falsos, los más hipócritas.

La discriminación social ha existido desde la época colonizadora. Los españoles vieron a los aztecas como inferiores a ellos. Los menos-preciaron y los humillaron, pero en cambio los aztecas eran más, en cuanto a sus conocimientos, a sus creencias y a sus valores.

Lugar de origen: calipan, coxcatlánLengua: náhuatl

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ni mi papá ni sus compañeros sufrieron discriminación

Lizbeth Rojas Sebastián

Bueno, empiezo a narrarles primero de mis padres. Lo que respecta a mi papá, por lo que me contó, ni él ni ninguno de sus compañeros tuvieron problemas de discriminación ni racismo en la educación básica. Pero mi mamá me platicó que cuando entró a estudiar la pri-maria no hablaba el español, hablaba su lengua materna (el mixteco), y sus maestros la regañaban.

Les decían a los alumnos que si los escuchaban hablar esa lengua –los maestros le llamaban dialecto– les iban a pegar. comenta mi mamá que como ellos no sabían hablar bien el español la maestra les pegaba con vara, con el borrador, con la regla y a veces, incluso, les daba de cachetadas. La única forma para que no les regañaran y pegaran era hablar su lengua en el recreo o a escondidas.

Tenía compañeros a los que se les dificultaba aprender rápido el castellano y, pues, hablaban su lengua materna. Los maestros, según que por desobedecerlos, los castigaban de una manera muy cruel. a uno de los seis compañeros de mi mamá, Juan (aún vive) un día lo dejaron parado en el agujero de un hormiguero y con dos piedras, una en cada mano. otro de los castigos consistía en acarrear agua del río que estaba como a media hora de la escuela, eso era para que se les quitara lo ignorante y burro. Los castigos traían como consecuencia que los compañeros de mi mamá ya no quisieran ir a la escuela, preferían ir al campo con sus papás a sembrar o a cuidar chivos. Los que siguieron estudiando la primaria hasta terminar siempre tuvieron un problema: no hablaban bien su lengua materna ni el castellano.

en la secundaria mi mamá fue a Tlaxiaco, oaxaca. ahí ya no tuvo problemas porque era una secundaria rural, y, en la prepara-toria, no tuvo ningún problema de este tipo.

en cuanto a mí, para empezar, no fui al kínder porque en donde vivía y trabajaba mi papá no había kínder –era la escuela primaria

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federal bilingüe alma mixteca. era y es una primaria multigrado de la comunidad de santo domingo, Tonahuixtla. el kínder empezó a funcionar cuando iba en tercero de primaria. así que entré a la primaria cuando cumplí seis años.

del primer al tercer grado de primaria no viví ni tampoco observé algún tipo de discriminación con mis compañeros; pero en cuarto grado tuve una compañera que era más grande que todos nosotros, se llamaba Teresa. en aquel entonces ella tenía como 14 años y mis compañeros se burlaban de ella porque, según ellos, ya estaba vieja para estudiar, que mejor se fuera a su casa.

cuando nos ponían a ensayar bailables los niños se burlaban de ella, pues, como es de suponerse, una niña de esa edad ya estaba desarrollada físicamente. Le hacían tanta burla que se ponía a llorar y le preguntaba a las maestras por qué los niños no la querían, y ellas le contestaban que no les hiciera caso. Tal era el daño que le causaban esas burlas que mejor se salió de la escuela.

en quinto y sexto año de primaria tuve un compañero, eine Be-nítez, provenía de una familia humilde y numerosa, no contaba con suficiente solvencia económica y vestía de forma sencilla, veía cómo mis demás compañeros lo maltrataban, lo miraban de mala manera, casi no le hablaban y si lo hacían era solamente para agredirlo ver-balmente, le decían palabras ofensivas como mugroso, pordiosero o piojoso, esto ocurría cuando la maestra no estaba presente. incluso, me acuerdo bien de un compañero que se llamaba adán, éste se me acercó y me dijo que no le hablara a eine “porque es un pobretón”, ¡ah! porque para esto adán se creía de dinero según él nada más porque usaba tenis, en aquellos años los Panam. ese comentario me hizo enojar mucho, en primer lugar porque cómo era posible que se expresara así de su primo, y en segundo, mis padres aun siendo profesores de la primaria no me inculcaron ese tipo de educación, es decir, dentro de la institución era una alumna más, y que todos somos iguales.

antes, las bancas de la escuela eran para dos alumnos. en el salón éramos 15 y por lógica un compañero se sentaba solo –eine siempre se sentaba solo. La maestra les decía a mis compañeros que nos

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teníamos que rolar, para que a cada uno nos tocara sentarnos solos alguna vez, pero cuando tocaba sentarse con eine, algunos ponían cara de desagrado y no le dirigían la palabra. Preferían sentarse solos a estar sentados junto a él.

al observar esto le dije a mi maestra silvia que yo quería sentarme en todas las clases con eine. La maestra dijo que no había problema y a raíz de eso empezó una amistad muy bonita con mi compañero. Primero me costaba sacarle algunas palabras, pero poco a poco se fue abriendo. me dijo que él no hablaba mucho porque los demás compañeros se burlaban de él y no quería tener problemas con ellos. el tal adán me dijo que no me siguiera sentando con eine: “porque era mugroso y piojoso y cómo era posible que la hija del maestro se llevara con un pordiosero”, pero nunca le hice caso.

en sexto año sucedió algo muy especial. en el salón hicimos un intercambio de regalos entre los compañeros, claro, que no fuera caro, y dio la casualidad que a eine le tocó darme regalo a mí. es algo que nunca voy olvidar, él me dio una carta, un lápiz y un lapicero envuelto en una bolsa se Sabritas. Lo poco que me acuerdo de la carta decía: “Liz, gracias por hablarme y ser mi compañera, cómo es que me hablas si yo soy tan pobre, tan pobre soy que no pude comprar un regalo bonito para ti y envolverlo en papel de regalo. el lápiz y el lapicero me lo dieron mis padrinos para que los usara aquí, en la escuela, pero como ya tenía unos los guardé y son los que te di, pero te los doy de corazón.” en el momento que me dio el regalo el impulso que tuve fue darle un abrazo, un beso en la mejilla y se me salieron las lágrimas. Le dije que era el mejor regalo que me habían dado, pues lo que cuenta es la intención.

mis compañeros lo vieron con desprecio, pero al día siguiente le empezaron hablar y empezaron a jugar con él –me pregunté por qué le hablaban y jugaban con él si sólo un día antes no le dirigían la palabra. mucho después comprendí el porqué.

ingresé a la escuela secundaria federal Fray Bartolomé de las casas. el traslado a esta secundaria lo hacía diariamente a pie, ya que se encontraba relativamente cerca, caminando hacía aproxima-damente veinte minutos. era una secundaria muy grande, con varios

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grupos de todos los grados y dos turnos: matutino y vespertino. en el turno matutino había seis grupos de primero, segundo y tercero y en el vespertino, en el cual yo iba, había cinco de los tres grados.

en el primer año de secundaria empieza una a conocer a los compañeros, maestros, las diferentes materias, talleres y a acoplarse al cambio de ambiente, en éste no pasó nada de discriminación o racismo.

en segundo grado de secundaria fue cuando observé, por parte del maestro Benito, de educación Física, que maltrataba a un com-pañero. nos puso a correr en el campo de futbol y de repente, sin motivo alguno, le pegó en el estómago con un bat a mi compañero rogelio. el golpe le provocó que se cayera de rodillas. el maestro se acercó y le dijo que se levantara “que siguiera corriendo, porque si no le iba a pegar otra vez.” Pero tal era el dolor que mi compañero no podía levantarse y estaba llorando. el maestro regresó para pegarle otra vez, pero mis compañeros no se lo permitieron y se molestó. Le preguntaron por qué le había pegado y él contestó “porque se me pegó la gana”. a esta respuesta mis compañeros indignados le con-testaron que “no lo volviera hacer, porque se las iba ver con ellos, y lo íbamos a reportar con el director”. se enojó y se fue.

después le preguntamos a rogelio por qué le había pegado el maestro, él contestó que no sabía, que él iba corriendo y de repente el maestro le pegó sin motivo alguno. Pero agregó: “no era la primera vez”, en otras ocasiones lo agredía de forma verbal, le decía que no valía nada, “que era un muerto de hambre, un indio que no tenía nada que hacer en esa escuela.” Tenía ese comportamiento solamente con él y le preguntamos la razón, nos confió que todo empezó cuando él defendió a su hermana maría, que estaba en tercer año de secundaria. el maestro Benito quiso manosear a su hermana y él la defendió. Y el maestro todavía se dio el lujo de amenazarlos, les dijo que nadie les iba a creer: que era su palabra contra la de ellos.

esto lo hacía porque ellos no tenían a sus papás, pues los abando-naron cuando estaban en quinto de primaria. Los del grupo c, o sea nosotros, éramos los rebeldes del turno de la tarde y si algo no nos parecía lo comentábamos con el director. reportamos al profesor

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por sus actitudes y lo cambiaron al turno matutino, pero no duró mucho: lo corrieron porque seguía haciendo de las suyas.

en tercer año de secundaria observé dos cosas: la primera fue que mi compañera Felipa estaba regañando a su mamá porque había ido a la junta de la escuela y no quería que entrara al salón. Le decía que se fuera y que no la quería ver ahí. a mis compañeras y a mí nos dio la impresión de que se avergonzaba de su mamá por ser de condición humilde. La segunda, bueno, pues que de igual forma teníamos un profesor de nombre Faustino castelán. era de prefe-rencias sexuales diferentes, algo muy fácil de percibir ya que sus expresiones y ademanes eran más que obvios. al contrario de lo que conté anteriormente, este profesor era objeto de burlas y agresiones verbales por parte de alumnos y demás personas.

Por último, la preparatoria. cursé mis estudios en el Bachillerato Tecnológico agropecuario núm. 184. Ubicado igualmente en la ciudad de acatlán de osorio, Puebla. Queda aproximadamente a media hora caminando y en carro como a 15 minutos. en carro casi nunca iba, tenía que caminar casi todos los días. en algunas ocasiones me iba en bicicleta, cosa que también era un poco raro, tenía que ir por la carretera, pasaban los carros, y era un tanto peligroso viajar de esa manera. Por eso caminaba por una vereda a unos metros de la carretera y además un poco profunda, en esos tiempos era muy seguro caminar por ese lugar y además no era la única ya que era el camino de varios alumnos de esta institución.

en esta escuela se imparten dos carreras: la de Técnico agrope-cuario y la de Técnico en informática, que es la que yo estudié. La institución está ubicada a las afueras de la ciudad, enclavada en un cerro, es una escuela muy grande con varios grupos de los tres grados y de las dos carreras. en esta etapa, al igual que en las anteriores, solamente vi diferentes tipos de agresión, maltrato y racismo en contra de los compañeros que tuve, por lo regular esto se daba muy seguido con los que no eran de la ciudad y venían desde muy lejos a estudiar.

Buscando un futuro mejor lo único que encontraban eran malas caras y maltratos por parte de los mismos compañeros. muchos de

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ellos mejor optaban por desistir de estudiar y regresaron a sus lugares de origen, para no ser objeto de este tipo de agresiones –cosa que lamento mucho ya que por esto dejaron atrás sus sueños y deseos de superación. Las personas a veces somos muy insensibles y al momento de agredir a los demás no medimos las consecuencias que puede traer a la vida de otras personas. digo esto porque lo que más vi, en todo este periodo de educación, más que golpes y demás formas de discri-minación, una fuerte agresión verbal hacia los compañeros.

comentario:

Tanto la discriminación como el racismo son problemas que están presentes en la sociedad, y están ahí porque los individuos, en su afán de ser mejores personas, se ensañan con las libertades de cada indi-viduo, con su derecho a ser único e individual. ejemplos de estos ve-mos muchos. cuando, por ejemplo, se descargan las agresiones con insultos hirientes a las razas, como “¡tenía que ser negro!” muchos conflictos del planeta se convierten en guerras, o en persecuciones campales contra las razas, por parte de quienes no aceptan la convi-vencia con personas diferentes a ellos.

en este país es la falta de cultura lo que produce la discrimi-nación. es por eso que en situaciones donde las acciones de margi-nación, exclusión y estigmatización continúen presentándose como racismos verbalizados, como anuencias mudas pero también cómplices, compartidas por muchos de “nosotros” frente a “ellos”, el mundo de la vida social permanecerá como un espacio racializado: espacio impregnado de odios y humillaciones.

Lugar de origen: sierra mixtecaLengua: mixteco

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mis papás eran profesores del medio indígena, pero no fuimos a esas escuelas…

Yadira Bonilla Nicolás

cuando salí del kínder mis papás no pudieron asistir porque trabaja-ban lejos y además no entraban los coches. aparte el día que fue mi clausura, como son maestros, también a ellos les tocaba cerrar el ciclo escolar en sus escuelas, y les era muy difícil faltar. no fueron.

el día que entré a la primaria mis papás nos tuvieron que llevar a vivir a cuetzalan. Les había tocado trabajar otra vez en la misma comunidad, así que tuvimos que cambiar de domicilio. mi mamá no podía estar lejos de nosotros y tuvimos que hacer nuevos amigos en la escuela.

La que nos llevó a inscribir fue mi mamá, luego fuimos a la papelería a comprar nuestros útiles y me compró una mochila. me gustó mucho, pues tenía dibujada una luna con una niña sentada. La mochila era azul y se colgaba en la espalda, esa fue mi primera mochila.

recuerdo que la maestra que me tocó en primer año de primaria se llamaba cecilia, no me gustaba cómo daba la clase, porque cuando te tocaba pasar al pizarrón y no podías resolver alguna cuenta te pegaba o, si no, te jalaba las orejas. a mí me tocó un día pasar a resolver el número perdido, pero como no supe que número tocaba fue y me jaló las orejas. me puse a llorar y me regañó.

cuando llegué a la casa la acusé con mi mamá. ella fue a hablar con la maestra y le preguntó por qué había hecho eso. La maestra dijo que yo le había pegado. Le dije a mi mamá que no era cierto y decidió mi cambió de maestra, me fui con otra que se llamaba Lili. ella era muy paciente con los alumnos y no nos pegaba. desde el día que me jaló las orejas la maestra cecilia me daba miedo pasar al pizarrón. Fue como un trauma que se me quedó grabado y después me costaba trabajo participar cuando me lo pedía la maestra.

La escuela donde estudié la primaria se llama José maría Gutiérrez y no pertenecía a la educación indígena. Los niños que asistían eran

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de la misma ciudad y yo no tenía compañeros que hablaran alguna lengua indígena. Los que hablaban otra lengua estudiaban en sus comunidades. aunque mis papás pertenecen al medio indígena no nos mandaron a esas escuelas, porque en cuetzalan sólo había monolingües en castellano.

cuando pasé a quinto año había una maestra que se llamaba margarita. ella sí discriminaba a los niños que iban pobremente vestidos y no dejaba que se le acercaran. como su hija estudiaba en el mismo salón quería que participara en todos los concursos acadé-micos y no le gustaba que perdiera, por eso le ponía más atención a ella que a los demás alumnos.

en cuarto de primaria tuve un maestro que se llamaba calixto y ya falleció, cuando te acercabas a que te revisara la tarea se empeñaba en tocarte las piernas, y si tú no decías nada él seguía tocándote. Una compañera lo acusó con su mamá y, ésta, a su vez, con el director. Lo despidieron. Fue un caso muy sonado el de este maestro. creo que como ya estaba viejo no le importó mucho.

como en la escuela los maestros que nos tocaban conocían a mis papás, siempre nos tomaban en cuenta en los bailables, pero era porque no a todos los niños los apoyaban con la ropa.

recuerdo que una vez mi papá me dijo que bailara, o sea que les enseñara cómo iba a participar, porque ellos no podían ir, y, como no quise enseñarle, que me pega y que me pongo a bailar llorando. mis hermanos nada más se reían de mí.

cuando salí de la primaria mis papás sí asistieron a mi clausura, porque tenía un reconocimiento por haber obtenido buen promedio en los seis años de primaria y porque participaba en la escolta. me prepararon una comida para festejar, recuerdo que ese día fue muy bonito porque estuve con mis papás.

Una vez invitaron a mi mamá para que fuera madrina de una niña en una comunidad de cuetzalan. nos llevó a la casa de la niña, pero antes de entrar los papás salieron y empezaron a echar incienso para recibir a su hija. Posteriormente rezamos y los papás dijeron unas palabras. mi mamá también hizo lo propio. cuando entramos, los familiares de la niña le empezaron a dar la bendición

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y le dijeron cosas para su propio beneficio. ahí me di cuenta que no todos celebraban de la misma manera la salida de algún hijo, todo depende de la comunidad de donde vienes y de las costumbres de cada pueblo.

cuando me tuve que ir a estudiar la secundaria pensé que estudiaría en cuetzalan, pero mi papá decía que no podía ir a esa escuela porque los maestros no eran muy buenos, porque a cada rato faltaban. entonces me mandaron a Zacapoaxtla, pero en la escuela de cuetzalan los alumnos asistían de las comunidades cercanas. no había secundarias y tenían que caminar para poder llegar a la secun-daria de este municipio, me tocó ver que iban niñas a esa secun-daria vestidas con su ropa típica, cuando no llevaban el uniforme. Los niños no llevaban su ropa, pero sí se ponían su sombrero. en esa secundaria, ninguno de los maestros hablaba alguna lengua indígena. Pertenecían a otro sistema, o sea, a otra sección que no era de educación indígena. me platicaban mis papás que a los niños que iban se les dificultaba porque no hablaban muy bien el español.

La secundaria de Zacapoaxtla se llama 5 de mayo, ahí asistían también compañeros de las comunidades cercanas a Zacapoaxtla como, los de Tatoxca, comaltepec y san carlos. ellos sí hablaban alguna lengua indígena, pero no en la escuela porque les daba ver-güenza.

Una de las experiencias que tuve es que una de mis amigas me platicó que ella hablaba el náhuatl y que había un concurso para una beca. Teníamos que hacer un examen de la lengua que hablá-bamos. Le dije que no sabía mucho y que tal vez no lo iba a pasar, pero fuimos. a la hora que me tocó participar les dije algunas cosas que ellos me preguntaron, como en qué trabajaban mis papás –todo lo tenía que contestar en náhuatl. Yo sabía que no lo iba a pasar, porque no sabía mucho, lo poco que sabía lo iba aprendiendo de la señora que trabajaba en la casa, porque ella hablaba en náhuatl y me enseñaba algunas cosas. es así como aprendí.

cuando me dieron la respuesta sabía que había sacado una baja calificación y no me podían dar la beca, pero a mi amiga sí se la dieron. entonces cuando llegué a mi casa, el viernes, les platiqué a

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mis papás y me preguntaron si me gustaba el náhuatl, les dije que sí, y empezaron a enseñarme a escribirlo y a hablarlo. Los sábados estudiaba mi lengua, porque los domingos me tenía que regresar a Zacapoaxtla para ir el lunes a la escuela.

en la secundaria los maestros tampoco hablaban alguna lengua indígena, ahí nos enseñaban el inglés. mis compañeras que hablaban y escribían bien el náhuatl no se les dificultaba hablar en inglés, tenían más facilidad para pronunciarlo.

cuando terminamos la secundaria ellos tenían su forma de recibir a sus hijos, los recibían con un guajolote y cuando cumplían sus quince años les tocaba a los padrinos y bailaban con el guajolote y con la comida alrededor de la quinceañera. Posteriormente se les rocía de incienso a los padrinos y luego van los papás de la muchacha a bailar con el animal y con la canasta de la comida. cuando se termina la fiesta, los papás entregan en una canasta la comida que se les va regalar a los compadres.

me platica mi mamá que cuando a un señor le gustaba alguna muchacha y todavía era pequeña, hablaban con los papás y llegaban a un acuerdo para que la niña quedara apartada. entonces el hombre tenía que entregar cada fin de semana su despensa, para que la niña fuera comiendo y cuando estuviera ya grande se la entregaran, porque ya la había mantenido. Tenía todo el derecho de exigir a su prometida y, si la muchacha no le era de su agrado, el fulano no se podía echar para atrás, porque ya la había mantenido durante su crecimiento. Los papás tenían que obligar a la hija a casarse con el señor, porque si no lo hacía podía caerles la maldición a los papás por no casar a la hija con la persona que habían quedado.

mi papá siempre nos recordaba, cuando íbamos a estudiar a otro lado, que teníamos que echarle ganas, porque a él sus papás no lo apoyaron para que estudiara. Él solo tuvo que hacerlo, con la ayuda de uno de sus maestros de la comunidad donde estudiaba. Él nació en el estado de Veracruz y sus papás siempre se dedicaron al campo, por lo mismo no le tomaban tanto interés para que sus hijos estudiaran. mi papá dice que a él nunca le gustó el campo, porque se quemaban mucho en el sol y no les pagaban por sus cosechas lo que valían.

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Él siempre tuvo en la mente que tenía que salir del pueblo para superarse, su papá le decía que “si el gobierno le iba a dar de comer” y le tiraba sus libros o, a veces, se los escondía. así que mejor los dejaba en la escuela para que no se los rompiera. como era un alumno destacado los maestros lo llevaban a participar en concursos acadé-micos y, siempre sacaba el primer lugar, entonces empezó a conocer otro tipo de vida porque lo llevaban a la ciudad.

Un buen día tomo la decisión de irse de su casa para seguir estudiando. entró a un internado con la ayuda del maestro que lo apoyaba y se fue a Querétaro. ahí terminó lo que estaba estudiando, se recibió y empezó trabajar.

después regresó por sus hermanos para que ellos también estudiaran y no se dedicaran a trabajar en el campo. mi padre, hasta la fecha, sigue estudiando. como también le gusta el basquetbol se metió a trabajar como árbitro de la federación del estado de Puebla y le va muy bien. Todos sus sueños los ha hecho realidad.

a mi mamá, por el contrario, siempre la apoyaron en su prepara-ción. Por donde vivía estaba la escuela pero del tercer año no pasaban. entonces tuvieron que mandarla a otro lado a estudiar junto con sus primos. concluyó sus estudios, pero a ella no le costó tanto trabajo como a mi papá, porque él tenía que trabajar y estudiar para poder terminar su carrera. si trabajaba era para sus cosas personales.

cuando terminó la mandaron a la zona donde vivía. no se le di-ficultó trabajar con los niños porque ella hablaba la lengua náhuatl. mientras que a mi papá sí, porque él había aprendido el totonaco y lo mandaron a la zona donde se habla el náhuatl. a él si le costó trabajo entender a los niños: ahora habla el totonaco, el náhuatl y también el inglés.

cuando me fui a estudiar la preparatoria a Zacapoaxtla los compañeros que me tocaron eran de diferentes regiones unos eran de Veracruz, otros de Huehuetla, Zapotitlán, distrito Federal y uno de monterrey. o sea que había chile con huevo en mi salón. cuando entraron estos chavos foráneos, como que se sentían la gran cosa porque venían de otro estado, como que se sentían superiores a nosotros, que éramos de ahí. Luego nos enteramos del porqué

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estaban con nosotros. nos empezaron a caer muy mal porque ponían la discordia en el salón.

supimos que los habían expulsado de sus escuelas, y como tenían familia en Zacapoaxtla, habían regresado. Llevaban sus pantalones cholos a la escuela y el director los regresaba, luego querían fumar adentro de la escuela y no obedecían al maestro: y, como ya les había aburrido a los maestros esa conducta, los expulsaron. ninguno de los maestros que me tocaron hablaba alguna lengua indígena. algunos hablaban lenguas extranjeras: el francés y el inglés. en esa escuela se impartían talleres como computación, contabilidad y otros, pero nunca nos inculcaron la conservación de nuestra lengua porque la mayoría no la hablaba, porque la lengua materna de casi todos mis compañeros era el español.

mi lengua materna es el español y como segunda lengua el náhuatl. aunque me cuesta trabajo hablarlo con los niños, porque algunas cosas no les entiendo, trato de pedir apoyo los padres de familia para que me expliquen. no tengo cerca a mi mamá para que me explique el náhuatl y recurro a los padres de familia con el fin de que me echen la mano con sus hijos, para que sigamos conservando las costumbres y tradiciones de nuestros lugares de origen. Pienso que como va la globalización pronto desaparecerá todo lo que nos identifica como mexicanos.

si nosotros como maestros no preservamos nuestras lenguas, y no valoramos lo que tenemos se perderá, creo que las personas extran-jeras valoran más nuestra cultura que nosotros mismos.

Gracias a que mis papás me enseñaron, pude entrar a estudiar en esta universidad que se preocupa por conservar nuestras costumbres y por la gente indígena de las diferentes zonas del estado de Puebla. con el apoyo de la universidad más maestros podremos impartir nuestros conocimientos en todos los rincones de nuestro estado y apoyar a la gente que todavía piensa en conservar nuestras costum-bres y tradiciones.

Gracias a la señora que nos cuidó, por ella me empezó a interesar hablar el náhuatl, porque cuando íbamos al mandado se ponía a platicar con la gente. Y yo le preguntaba qué decía, y me iba diciendo,

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así empecé a entenderle. desafortunadamente ella falleció, pero me dejó el gran recuerdo de mi lengua… también me enseñó cómo bordaba la ropa típica que se ponía.

Lugar de origen: cuetzalanLengua: castellano y náhuatl

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en los pueblos los niños tienen que trabajar en el campo

Homero Martínez García

mi investigación ha sido de mucho interés, porque fue el caso de un amigo que se llama miguel Flores abasolo. Él me contó que cuando estudió la primaria en san miguel Tzinacapan había un profesor de nombre erasto, que era un profesor muy estricto educativamente hablando. de acuerdo con miguel si no le entregaban trabajos los castigaba muy feo. Los ofendía y les gritaba muy fuerte. su técnica para castigar era pegarles con una vara muy delgada en donde les to-cara, al profesor no le importaba si al alumno le pegaba en la espalda o en cualquier parte de su cuerpo.

Pienso que esa manera de castigar está mal, porque en vez que los niños te agarren confianza ellos te tienen miedo, no quieren interac-tuar contigo, se cohíben mucho. desde mi punto de vista el castigo es lo peor que puede suceder, claro sin olvidar la discriminación.

Por causa de lo que le pasó, mi amigo miguel ya no quería ir a la escuela, siempre llegaba a la escuela con el miedo de que le pegaran otra vez. Y a veces no iba a clases porque no tenía tiempo de hacer la tarea, porque se iba al rancho y no le daba tiempo ni de bañarse. Todo eso influía.

Pienso que en eso influían mucho los padres porque hacían que el niño fuera al rancho durante la semana. mi amigo me comentó –y también lo viví– que en los pueblos la manera de vivir es muy diferente a la ciudad. ¿Por qué digo esto? ¡Veamos! en los pueblos los niños deben de trabajar en el campo para poder apoyar a su familia. a los papás no les importa que tengas trabajos de la escuela, tú debes de obedecerlos cuando te piden que vayas al rancho a dejarle la comida a los papás o a los hermanos. cuando regresabas apenas te daba tiempo de comer y bañarte, y te ibas a la escuela sin hacer tus trabajos escolares. en la ciudad no ocurre eso, allí los niños se dedican a la escuela y realizan una que otra actividad, pero siempre en beneficio de ellos.

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en los pueblos no están acostumbrados a ponerse zapatos, algunos por falta de recursos económicos. mi amigo miguel cuenta que sus papás no tenían dinero para comprarle ropa y zapatos nuevos. entonces él llevaba ropa remendada e iba descalzo. el profesor obligó a sus padres a que le compraran zapatos, porque –decía– “se veía muy mal descalzo”. el profesor sabía que en el pueblo de san miguel casi no hay recursos económicos.

Fue muy feo lo que le paso a miguel. con todos esos problemas prefirió no estudiar, pero dice que nunca va olvidar todos los maltratos y humillaciones que recibió de su profesor erasto. el maestro ya murió, dicen que era de carácter muy fuerte. con la historia de educación que pasó miguel te pones a reflexionar sobre cosas relacionadas con la educación. a veces me pregunto: “¿estaré educando bien a los niños? ¿no los he ofendido sin darme cuenta?” Y pues me hago preguntas y me pongo a reflexionar.

con todo esto creo que se deben adoptar medidas para eliminar el castigo y la discriminación por motivos de género, raza, lengua, religión, origen nacional, edad o discapacidad en todos los niveles de la educación. También se deben respetar plenamente los derechos a la educación de las personas que pertenezcan a las minorías, así como a las poblaciones indígenas.

Lugar de origen: san miguel TzinacapanLengua: náhuatl

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se nos dificultaba comprender algunas palabras en español

Tomás Vázquez García

mi nombre es Tomas Vázquez García. nací el 28 de enero de 1978, en una comunidad que se llama Zacatipan, en cuetzalan, Puebla. esta comunidad está ubicada en la sierra norte de Puebla.

cuando tenía cinco años mi mamá me inscribió en el preescolar. esta escuela lleva el nombre de Ty yoly y se ubica en la comunidad de Zacatipan. estaba cerca de donde vivo, aproximadamente a quinientos metros de mi casa. iba a la escuela caminando, en primer lugar porque me queda cerca de mi casa y en segundo lugar porque en la comunidad no hay combis como en la ciudad. iba acompañado por mi mamá y cuando terminaban las horas de clase mi mamá me iba a traer de la escuela.

La escuela primaria lleva el nombre de cuauhtémoc y también se encuentra en la comunidad, a unos seiscientos metros de mi casa. es de organización completa. están los seis maestros desde primer hasta sexto grado y un director técnico.

Luego estudié en una telesecundaria, ubicada en la comunidad de donde soy, Zacatipan. en la escuela telesecundaria laboran cuatro maestros: tres maestros con grupo y un director técnico. de la escuela a mi casa son más o menos ochocientos metros. me iba caminado.

cuando terminé la telesecundaria me inscribí en la preparatoria. en mi comunidad no hay preparatoria, por tal motivo no estudié en mi pueblo. La estudié en el municipio de cuetzalan del Progreso, Puebla. Lleva el nombre del Presidente Gustavo díaz ordaz. es una escuela particular.

desde la comunidad de donde soy, Zacatipan, hasta cuetzalan está muy lejos. son aproximadamente nueve kilómetros. Para trasla-darme lo hacía caminando. Tardaba tres horas para llegar, porque cuando empecé a estudiar la prepa todavía no había carros que se dedicaran a pasajear de cuetzalan a Zacatipan. ahora ya hay camiones.

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el colectivo inició cuando iba en cuarto semestre de la preparatoria. cuando empezaron a trabajar las colectivas ya no me iba caminando, me iba en una de ellas. Para mí fue algo que me benefició. La escuela preparatoria era una escuela de organización completa. cuando hice la preparatoria la verdad me costó mucho, porque mis padres son de escasos recursos económicos. en las mañanas trabajaba, nada más medio tiempo, y en las tardes me iba a la escuela. Por las noches hacía mi tarea, y gracias al esfuerzo que hice he podido salir adelante. me he dado cuenta que en esta vida nada es imposible, aunque a veces se presentan cosas difíciles pero no imposibles.

recuerdo que cuando todavía estaba en la telesecundaria había un maestro que se molestaba porque nosotros, entre los compañeros del grupo, platicábamos en nuestra propia lengua, el náhuatl. Él quería que platicáramos todo en español. Él no hablaba el náhuatl. decía que no habláramos en náhuatl porque pensaba que estábamos hablando mal de él. siempre nos decía que éramos unos alumnos inútiles porque no hablábamos bien el español. Y no nada más a nosotros como alumnos, sino también a las personas de la comunidad.

Puedo contar que en tercer grado de la telesecundaria tenía una maestra que también nos discriminaba por ser hablantes de una lengua autóctona. siempre se reía diciéndome que nunca iba a salir adelante. Y esto no nada más me decía a mí, sino también a mis compañeros.

cuando estaba estudiando la preparatoria había un maestro que me discriminaba porque venía de una comunidad y porque hablaba el náhuatl. casi no me tomaba en cuenta. el maestro les hacía más caso a los compañeros que eran de ese municipio –estoy hablando del municipio o mas bien dicho de la ciudad de cuetzalan.

cuando tenía alguna duda en la clase del maestro me acercaba a él para que me explicara lo que no había entendido. Él siempre decía que me esperara. nada más me decía “¡ahorita te lo explico!” a mí siempre se me dificultaba la materia de química y física y siempre me acercaba con él para que me lo explicara. Lo único que me contestaba era que me esperara porque estaba explicando a los demás compañeros. Pero nada más les explicaba a ellos, cuando terminaba

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de explicarles otra vez le decía que me explicara a mí porque tenía dudas y siempre me decía lo mismo. nunca me explicaba nada. no sabía por qué no quería explicarme.

Pero una vez en la cooperativa el maestro estaba tomando un café con otros maestros. entré y escuché entonces que estaban platicando sobre las clases que daban. el maestro que nos daba clases decía a sus compañeros maestros que “a él no le interesaba que aprendieran los alumnos que eran provenientes de las comunidades –decía– porque los alumnos de las comunidades ya no van a seguir estudiando”. Por tal motivo decía que “¡para qué!, le interesaban más los alumnos de la ciudad porque ellos sí iban a seguir estudiando”.

Lo que hizo este maestro estuvo muy mal. Porque al platicarles cómo estaba trabajando los otros maestros también empezaron a hacer lo mismo. empezaron a discriminar a todo alumno que fuera prove-niente de alguna comunidad. ellos lo tomaban como un problema de incomprensión de parte nuestra. es cierto que a quienes prove-nimos de la comunidad se nos dificulta entender algunas palabras en español. Por esta razón nosotros a veces no entendemos muy bien la clase, porque el español no es nuestra lengua materna, para mí la discriminación siempre ha sido una experiencia muy triste, pero aun así pude salir adelante.

Lugar de origen: Zacatipan, cuetzalanLengua: náhuatl

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“¿sabe hablar náhuatl?”, me preguntaron en la jefatura de educación indígena

Gabriela Flores Rosalino

el recuento de mi infancia en la escuela me hizo recordar los momentos de mi vida y la manera en que algunos maestros todavía mantienen métodos ortodoxos de enseñanza. nací en un pueblo llamado ahuateno, chicontepec, Veracruz. ahuateno significa: lugar de cedros. chicontepec: siete cerros. La primaria a donde fui se llama “democracia” y la telesecundaria “Belisario domínguez” y se encuentran en el mismo lugar donde vivo. al terminar emigré a la ciudad de Puebla para conseguir un trabajo y seguir estudiando.

en Puebla me enteré del servicio educativo del conafe, donde me becaron durante cinco años. recibí un curso de capacitación de dos meses en izúcar de matamoros. Luego, impartí la educación primaria en una comunidad llamada “Los cuartos” del municipio de chietla, en la mixteca poblana, donde trabajé con un grupo multigrado. al término, cursé la preparatoria abierta en Puebla. Finalmente, descubrí mi vocación pedagógica. desgraciadamente, mis recursos económicos no me permitieron estudiar en una escuela normal, tanto por mi promedio como por ser de otro estado.

entonces solicité una beca municipal en san nicolás de los ranchos, que me fue concedida más por mi insistencia que por la necesidad del presidente municipal de ofrecer buena educación.

“¿sabe usted hablar náhuatl?”, me preguntaron en la jefatura de educación indígena. mi mente vuela veinte años atrás cuando asistía a la escuela primaria de mi pueblo, allá en chicontepec, en el estado de Veracruz. La maestra sabía hablar en náhuatl como cualquier persona nacida en esa región de la Huasteca veracruzana; sin embargo, ella se oponía a que habláramos en nuestra lengua materna.

La lengua castellana no nos era desconocida, ya que la televisión había llegado a mi pueblo desde que yo nací. mi padre sabe hablar el español y la lengua mexicana. Yo siempre lo escuchaba hablar en español cuando lo acompañaba al mercado dominical de chicon-

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tepec, donde me gustaba asistir para oler los diferentes aromas que despedían las mercancías traídas de las rancherías de la región de habla náhuatl y Huasteca. Los olores de la canela y el piloncillo recién extraído del trapiche se confundían con el olor de las velas de cebo y las manzanas chorreadas de Zacatlán, creando un ambiente mágico de olores que mi nariz recibía con beneplácito.

Los días de escuela eran una especie de tortura mental donde la maestra me hacía escribir decenas de planas por no participar los lunes en la escolta, quiero decir, debido a que mi padre no tenía dinero para tal efecto. La maestra, desgraciadamente, nunca se tomó la molestia de preguntarme la razón de mi negativa. desde muy niña fui muy receptiva a los problemas económicos de mi familia y nunca me gustó dar molestias de este tipo. a los ocho años ayudaba a mi tía a elaborar pan de sal y de dulce para venderlo en el mercado, esto me permitía obtener un dinero que me ayudaba a solventar mis gastos del diario e incluso podía cooperar con la economía familiar.

así pasé la mayor parte de mi infancia, entre la disposición caste-llanizante de mi escuela y mi trabajo como vendedora dominical de pan. el consuelo que tenía era el contacto con mi tía, con ella podía platicar acerca de mis problemas personales. Lamentablemente mi tía falleció cuando tenía once años de edad.

en la telesecundaria los problemas de educación lingüística dismi-nuyeron debido a que el nivel de bilingüismo aumentó considerable-mente en mi pueblo con la llegada de la luz eléctrica, y la construcción de la carretera en 1964. Viene del pueblo de san sebastián y llega hasta la cabecera municipal de chicontepec, en pleno corazón de la Huasteca veracruzana. durante este tiempo las carencias econó-micas de mi familia se recrudecieron porque casi todos los hermanos estábamos en la escuela y el dinero era escaso.

Para esas fechas mi padre ingresó a un programa económico llamado pider (Programa integral de desarrollo rural), creado por el gobierno veracruzano para ayudar a las poblaciones indígenas de la Huasteca. Gracias a este programa logré terminar la primaria y posteriormente ingresé a la telesecundaria. en relación al uso de la lengua indígena, la mayoría sabíamos más o menos expresarnos

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en español, con excepción de los que venían de las rancherías más alejadas. ahí comencé a tener conciencia de lo que era discriminar a las personas por su origen étnico. Pues si bien no se les impedía el acceso a la educación, había un ambiente que denotaba un rechazo velado para los que no sabían hablar español. Poca comunicación con ellos, espacios privilegiados para unos cuantos, intolerancia para las inasistencias debido al calendario agrícola y cosas por el estilo. Lo anterior nos hacía tener una relación, cómo decirlo… infuncional; es decir, artificial, sin ninguna empatía por ambos lados.

en el segundo año respiramos un poco de aire fresco pues nos tocó en suerte un profesor alegre y joven que venía de un lugar llamado cerro azul. Él se preocupó por aprender la lengua mexicana y nos hacía hablar en ésta. conoció las casas de sus alumnos y supo, en todos los casos, lo difícil que era para algunos llegar hasta la secundaria. Logró ganarse el cariño de todos nosotros, pues creía en nuestras potencialidades que, por cierto, los maestros anteriores habían aletargado al máximo. el profesor generó envidias entre los otros dos docentes y el director. entre ellos lograron sacarlo de la escuela para ser transferido a otra más cerca del lugar donde radicaba, cerca de su familia. al pasar a tercer año de la telesecundaria la situación volvió a ser la misma y logré terminarla con mucho esfuerzo.

al terminar me vine a Puebla a trabajar en una fábrica de dulces, mientras vivía en la casa de una prima que se había casado con un poblano. ahí conocí a una amiga que me habló del conafe y de cómo podría estudiar la preparatoria. así que me lancé a la aventura. de pronto me veo en un salón dando clases de primaria a cuatro niños de una comunidad de 35 habitantes, al sur del estado. al terminar mi servicio social regresé a la ciudad de Puebla y seguí trabajando, mientras estudiaba la preparatoria abierta. Pude terminarla con muchos esfuerzos, desgraciadamente no pude entrar a la escuela normal porque no me aceptaron por ser del estado de Veracruz, ahí vi frustradas mis ansias de ser profesora. nuevamente fuí victima de la discriminación y busqué entrar a educación indígena donde me negaron el acceso por no tener estudios de normal o, por lo menos, del sexto semestre de la upn.

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caí en una depresión que me duró tres días debido a que sabía perfectamente que otras personas sin tener el perfil académico necesario, y mucho menos hablar la lengua mexicana, habían logrado entrar debido a su parentesco con ciertas personas que las favore-cieron de antemano. como última opción logré conseguir una beca comisión gracias a una amiga que conoce al presidente municipal de san nicolás de los ranchos, Puebla y logré mi máximo sueño que es contribuir a la educación de personas que como yo necesitan salir adelante por nuestras escasas posibilidades sociales.

afortunadamente el recuerdo del maestro rubén nunca se me olvida y constantemente aplico lo que él nos enseñó: conocer a las personas para ayudarlas. con el tiempo me enteré que este profesor en realidad no era profesor de carrera, era un antropólogo desem-pleado que había estudiado su carrera en Jalapa y no lograba encontrar trabajo, por lo que optó por dar clases en telesecundarias.

Finalmente, el esfuerzo realizado para llegar hasta donde estoy me ha sensibilizado para comprender a mis niños que estudian conmigo todos los días contenidos escolares que muchas veces no coinciden con su cultura, me encargo de “traducir” éstos para que sean lo suficientemente significativos. me quedo unas horas más con ellos, atendiendo principalmente a los que tienen problemas o que no son apoyados por su familia para estudiar. siempre con la idea de que sean ellos mismos los que se coordinen; es decir, entre los que saben más con los que “saben menos”.

Por eso cuando me preguntaron si sabía hablar náhuatl las ideas se agolparon en mi mente. más cuando me replicaron que “mi náhuatl” era de Veracruz y que por consiguiente no serviría para Puebla. Por fortuna conseguí el empleo pese a esa observación que pretendía excluirme.

Lugar de origen: ahuateno, chicontepec, VeracruzLengua: náhuatl

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la maestra me eligió para ser de la escolta y llevar la bandera

Ángel Hernández Huerta

mi nombre es Ángel Hernández Huerta y nací el 24 de enero de 1981 en san Bernardino Lagunas, Veracruz. mis padres son Jaime Hernández aldana, originario de chalahuipa, chicontepec, Vera-cruz y delfina Huerta García, originaria de san Bernardino Lagu-nas. Tengo tres hermanos enedina, rubén y elizabeth.

desde que nací me llevaron a vivir a Tehuacán. empecé mis estudios a los cuatro años en el preescolar campanitas, que se encuentra a diez minutos de la casa, en ese entonces era una escuela pequeña, empezaba a formarse con grupos de veinte niños. en el salón, recuerdo que me tocó un grupo mixto, donde había niños con características diferentes, unos relajistas, melancólicos, gordos, flacos, altos, chaparros, etcétera. Pero todos vivían su mundo como ellos lo consideraban.

Yo era un niño chaparro, un poco gordo, serio. sentimentalmente me sentía bien porque la maestra me eligió para ser de la escolta y llevar la bandera. Pero, por otro lado, también había ratos de tristeza por ver a los otros niños con buenas cosas, llevaban su comida en lonchera y yo únicamente mi torta y una naranja en una bolsa de plástico. como no llevaba cosas de lujo o algo con que presumir, los niños te van excluyendo dentro del salón, te dicen que tú eres pobre, que tu papá es mezquino o codo porque no te da dinero para que compres como ellos. eso me daba envidia y coraje con mis papás porque no me compraban muchas cosas como a mis compa-ñeros. ellos decían “no tenemos dinero hijo.” Y agregaban: “pero más valioso que esas cosas que tienen tus amigos es que nos tienes a nosotros y te queremos mucho”.

creo que desde ahí, y durante mucho tiempo, me gustó vivir excluyéndome de los demás; esto es, no convivíamos con nuestros vecinos, lo único que hacía era salir con mi papá o jugar dentro de la casa con mis juguetes.

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cuando entré a la escuela primaria escudo nacional, ubicada en la colonia san nicolás Tetizintla, a un costado del preescolar campa-nitas, encontré niños con características diferentes y a mí me gustaba estar solo. el único amigo que tenía era mi papá, pero él no se encon-traba conmigo, únicamente lo veía en las tardes cuando llegaba a la casa. mi característica dentro de la escuela fue ser un niño serio, un poco tímido. es aquí cuando un chamaquito se aprovechó de esta situación, se quiso sentir más porque era más grande, le gustaba estarme molestando todo el tiempo, me daba miedo que me fuera a pegar o a quitarme mis cosas, por lo que ya no quise ir a la escuela. Le dije a mi mamá que ya quería salirme.

Hice un sinfín de berrinches, pero al final siempre tenía que asistir a la odiada escuela. Volvía a encontrarme con lo mismo de siempre. así pasaron los días hasta que me armé de valor y decidí romperle la cara al grandulón fuese como fuese, no importando cómo, todo tiene un límite.

Un día, a la hora de salida, el chamaco seguía molestándome y sentí que era el momento de desquitarme de todo lo que me había hecho en el salón. nos agarramos a golpes y, como es de suponerse, me ganó, me hizo llorar y sangrar de la nariz. Pero pasando pocos días de la riña, y no supe por qué motivos, se salió de la escuela. eso para mi fue un milagro, porque llegaría la tranquilidad.

en cuarto año las cosas casi no varían y lo único que cambia es que la discriminación se da sobre una niña humilde. Los niños le decían fea, gorda mugrosa, estúpida, tonta, cara de mono, tienes los pies llenos de orines. nadie se juntaba con ella, la niña también se apartaba de todo el grupo, le decían que su papá era borracho, cochino y que le pegaba a su mamá. en los intercambios de regalos que se realizaban siempre le regalaban un jabón y un estropajo, según ellos para que se bañara, pero lo hacían por burla.

estudié en la secundaria que está al costado de la primaria y el preescolar. en el salón que me tocó, el grupo d, fue un milagro no encontrarme con ninguno de mis excompañeros, pero no pasaron muchos días para volvérmelos a encontrar en el taller de mecánica, por lo que sentía un gran temor de volver a vivir lo del año anterior,

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busqué el lugar más alejado para no verlos, traté de llevarme con otros compañeros con la finalidad de que me ayudaran si tenía un problema con éstos, pasaron los días, voy teniendo mayor seguridad, se va perdiendo el miedo y cuando me los encontraba en los pasillos y siguían fastidiando, que porque lloraba cuando se reían de mí, y otras estupideces, lo único que me quedaba era mentarles su madre y no hacer caso de sus idioteces, me venía valiendo, ya no me lasti-maban sus palabras.

Hay personas que como te ven serio, tranquilo, que no te metes con nadie, se quieren pasar, se quieren burlar de ti, te quieren hacer menos. esto no me gustaba y por lo regular me peleaba dentro del salón o a la hora del receso. a veces me ganaban, a veces ganaba, pero el fin es que ya no me dejaba que siguieran molestándome.

en el salón de tercero había dos compañeros diferentes para los demás. Uno porque siempre estaba sólo y no se juntaba con los de-más. era serio, un poco tímido, se le dificultaba realizar los ejercicios de educación física. La maestra le decía “estúpido, realiza bien las cosas, no seas tonto”, siempre movía su cara diciendo que estaba mal y a todos nos causaba risa. Pero no terminaba ahí la cosa, fuera de clase los chamacos empezaron a decirle “por qué eres tan guey, tan pendejo, amachínate, pareces puto.” se burlaban y le pusieron el apodo de “el Toruco”, luego llegaban hasta donde se sentaba y le seguían diciendo de cosas, escribían sobre su libreta, la rayaban o rompían sus hojas, la aventaban, escondían sus cosas en el baño, en los árboles, a veces me daba lastima y coraje la manera en que lo trataban mis demás compañeros.

Un día me tocó hacer equipo con él y me di cuenta que a ese compañero al que se le dificultaban los ejercicios de educación física era uno de los más inteligentes y maduros del salón. Él era así porque en su casa le enseñaron a respetar a sus compañeros, a no hacerle caso a las tonterías que dijeran los demás. Quería aprender de todo. Yo le preguntaba “por qué se dejaba, si tenia el físico necesario para romperle su madre a cualquiera de la escuela.” Lo único que me contestaba era: “no me gusta ser como los demás”.

La otra compañera era una niña morena, fue poco el tiempo que

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la traté. nunca entendí por qué andaba siempre sola, pero lo que sí entendí es que mis compañeros se burlaban por el color de su piel y de sus labios. Bromeaban entre ellos diciendo que si tuvieran un hijo con ella a quién se parecería. Y agregaban que los negros son feos, que era preferible ser moreno.

La preparatoria no la estudié en la misma colonia. mis papás me dieron la oportunidad de elegir y quise ir a una escuela que estuviera en el centro de Tehuacán. me inscribieron en la prepara-toria morelos, una escuela pequeña. en el salón que me tocó había cuarenta alumnos, pero durante el transcurso del año quedamos sólo quince.

en el segundo semestre empiezan a notarse las características personales de cada alumno y la primera que distinguen son los problemas físicos de un compañero, le decían cuasimodo y ojos de rana. Para que no le siguieran molestando les compraba su desayuno o lo que ellos le pidieran, tal vez a él sí le afectó la manera en que se burlaban porque no terminó el ciclo escolar.

en cuarto semestre la burla empiezó a recaer sobre un joven que venía de la comunidad de Tlacotepec de Benito Juárez, a treinta o cuarenta minutos de Tehuacán. Todos se burlaban, maestros y alumnos. se reían de la manera como se expresaba, del acento que ponía en sus palabras. era una persona amable, con buenos senti-mientos, pero esto lo hacía débil dentro del salón. Pues la gran mayoría de los compañeros se aprovechaban pidiéndole que les comprara su desayuno, o si no lo hacían pagar todo lo que pedían en la coope-rativa. era a veces un poco inocente porque durante los semestres restantes a las cosas que decía o hacía, dentro del salón, los compa-ñeros le gritaban “gato, no seas estúpido, hijo de tu estúpida madre”. a él únicamente le daba risa. nunca vi que se defendiera. Los maestros también se aprovechaban de él, hacían que les comprara cosas para subir de calificaciones. con la conducta de él todos empezamos a aprovecharnos más y más de su amabilidad.

Por otro lado, había un maestro que siempre se pasaba con una chava. constantemente le decía que estaba lindísima, que estaba como quería y que era la mujer más hermosa que había conocido en

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toda su vida. Le preguntaba que si quería casarse con ella para que tuviera casa y coche. o que cuánto le cobraba por una noche. ella, tal vez por seguirle la corriente, le dijo que dos mil pesos. el profesor le expresó que los iba a conseguir lo más pronto posible y al mes se los enseñó a la jovencita. La chava se puso nerviosa y el maestro le dijo “no te preocupes, es normal que te suceda esto.” al termino del día no se qué sucedió, porque en los siguientes días el maestro ya no le seguía proponiendo nada.

con todo lo que he vivido con los niños de la comunidad donde trabajo, con mis maestros, amigos y la escuela he comprendido que muchas de las veces discriminamos a la gente sin darnos cuenta de lo que hacemos. da lástima y a la vez provoca rabia que nosotros, como mexicanos, despreciemos nuestras raíces, que nuestros padres prefieran que aprendamos cosas que no van relacionadas con nuestras costumbres. despreciamos a una persona porque vive en una comunidad o habla un lengua nativa de méxico. Queremos sentirnos más porque tenemos años de vivir en un lugar donde hay servicios públicos, porque trabajamos en una empresa, porque tenemos una profesión, porque sabemos manejar un aparato electrónico.

He preguntado a algunas personas por qué la gente que vive en una ciudad discrimina a las personas que hablan una lengua o viven en una comunidad pequeña. me contestaron que porque no saben manejar un refrigerador, una computadora, un horno de micro-ondas, porque visten raro, están atrasados, no tienen educación, andan descalzos, viven en el cerro, siempre andan mugrosos.

es necesario que uno, como maestro bilingüe, si en verdad quiere que se rescaten nuestras raíces, trate de remediar la discriminación. Tenemos que establecernos un compromiso serio y firme para sacar adelante este problema. Hacer ver que nuestras lenguas adquieren una importancia social con base en el valor que nosotros le demos como hablantes.

Lugar de origen: san Bernardino Lagunas, VeracruzLengua: castellano

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en cuarto año yo no entendía el español, el profesor era…

Susana de la Cruz Martínez

mi nombre es susana de la cruz martínez y nací el 5 de mayo de 1964 en Tepetlanco, municipio de ixhuatlán de madero, en el estado de Veracruz. soy hablante náhuatl. el preescolar no lo estudié porque anteriormente no había ese nivel. entré a la escuela primaria cuando tenía seis años cumplidos, a una escuela estatal en mi comunidad.

en segundo grado todos los que estudiaban en la escuela eran hablantes de náhuatl, pero el profesor no nos permitía hablar en nuestra lengua porque nos decía que teníamos que hablar en español. Pero con quién hablaríamos si todos hablaban en náhuatl, única-mente el maestro hablaba en español.

en la escuela se contaba con un solo maestro y era tradicionalista. Llegaba, se sentaba y hablaba. nunca nos permitía que habláramos, él era el único que podía hablar. Él nos transmitía los conocimientos y todos callados. nos tenía en el salón y ni nos enseñaba a contar ni a jugar. nos decía y nos decía que no nos quería escuchar hablando en náhuatl, porque de lo contrario nos iba a castigar.

en cuarto grado de primaria seguíamos en la misma situación. Un solo maestro. era muy aburrido porque no había participación entre alumnos y maestro. ahí tomé la decisión de cambiarme de escuela, porque ni nos dejaba que habláramos náhuatl ni le entendía a su clase. a la edad que tenía no sabía hablar español ni entendía. nadie le entendía. salíamos de la escuela sin aprender lo que nos explicó el maestro.

entonces decidí irme a otra escuela, donde me enseñaran diferente y sin tener el temor de que el maestro me escuchara hablando en náhuatl. Hablé con mis papá para que me cambiaran de escuela pero me dijeron: “¡no, tú sigues estando acá, si te quieres ir a otra escuela no cuentes con nuestro apoyo!”

Pero seguí insistiendo, cuando en las tardes se ponían a platicar ahí los estaba molestando, mi madre se cansó, y después dijo que

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me iba a dejar ir, pero no me iba a visitar, que viera dónde o quién me iba a dar dinero. Llegué a una casa donde les ayudaba a barrer, a acarrear agua y a lavar los trastes para ganarme un pan. a la escuela me fue a inscribir la señora donde me quedé. Pero mi problema fue que no sabía hablar en español y en esa escuela la mayoría hablaba en español. me hablaban, no les contestaba, después me empezaron a hacer burla, me decían que si me cortaron la lengua o era muda. La verdad sufrí mucho. a los tres meses entendía poco de lo que me decían, así fue como aprendí español.

en esa escuela había seis maestros y un director técnico. ahí estudié el 5° grado. al año siguiente me cambié, pero en esa nueva escuela los maestros hablaban nada más en español. no nos prohibían que habláramos en nuestra lengua porque había alumnos que hablaban en náhuatl y terminé la primaria.

no iba a seguir estudiando, pero entonces me dice mi mamá: “así como quisiste estudiar la primaria ahora sigues, le voy a preguntar al profesor si te puede inscribir en la secundaria.” Y así fue como el maestro de colotlán, Veracruz, me ayudó para que entrara a la secundaria.

en el año 1979-1980 ingresé a primer año en la secundaria Técnica no. 11, en Tenango de doria, Hidalgo. se contaba con un maestro para cada materia. Llegué a esa escuela gracias al maestro. Él trabajaba en Huachinango, Puebla y abogó para que me dieran una beca. Los tres años que estuve en esa escuela estuve becada. me fui lejos porque antes no había secundaria cerca, si uno quería estudiar tenía que salir, pero si no me hubiera ayudado el maestro no hubiera terminado la secundaria, porque mis padres son de bajos recursos económicos. en ese año estaba de director el profesor abel Galarza aguilar y el subdirector era el profesor napoleón medrano carmona.

cuando entré a segundo año de secundaria hacíamos las tareas en equipos y los maestros eran buenos y concientes, nunca nos gritaron; sin embargo, no estaba a gusto, me sentía menos porque la mayoría de los alumnos eran originarios de Tenango. Yo creía que tenían de todo, los iban a ver sus mamás y yo no tenía a nadie. me sentía sola,

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mi familia estaba lejos, pero no me quedó de otra que aceptar la realidad. en ese ciclo escolar estaba el director roger estrella.

el siguiente año escolar entré al 3° año de secundaria. Para entonces ya me quería salir, porque no le entendía a las matemá-ticas, se me dificultaban. Le comenté al maestro que no le entendía a su clase y él, amablemente, me dijo “no te preocupes ,yo te explico después de la clase, si te quedas un rato”, y así fue, si no le entendía la clase me acercaba al maestro para que me explicara y así se terminó el periodo escolar y me entregaron mis papeles.

después quería estudiar en un bachillerato, pero mis padres me dijeron que ya no me iban a ayudar porque mi hermano tenía que estudiar, que a él sí le iban dar más estudios porque era hombre, valía más, que me conformara con haber terminado la secundaria y que ya podía ir a trabajar en méxico. Yo insistía que me ayudaran a seguir estudiando, pero fue inútil. Llegó septiembre y no me inscribí, mi hermano si entró a una preparatoria en la ciudad de Álamo, Veracruz. me quedé. entonces mi otro hermano me dijo que por qué no iba a ver al maestro que me ayudó para entrar a la secundaria y ver la manera para que estudiara la preparatoria. Fuimos a verlo y dijo que me ayudaría a entrar en la docencia siempre y cuando reuniera todos los requisitos que pide la sep.

Llegó el día y vinimos a Puebla, pero no encontramos al profesor Liberato Lara ramírez, jefe del departamento de educación indígena de aquel entonces. el profesor me propuso que viniera a vivir con una de sus hermanas, en Huauchinango, Puebla. así podíamos ir cada 8 días a Puebla para hablar con el profesor Liberato. Por eso me quedé en Huauchinango. Vinimos en dos ocasiones a Puebla y lo encontramos. mi maestro habló con el profesor Liberato y él me atendió haciéndome un examen de bilingüismo. Lo aprobé y después me mandó a un curso de dos meses que se llevó a cabo en Teziutlán, Puebla. regresé a la sep y di muchas vueltas, hasta que me atendieron y me dieron mi orden de adscripción para la región de Tehuacán.

Llegué a Tehuacán. recogí mi orden y me mandaron a la región mazateca, a una de las comunidades más retiradas. en carro hacía ocho horas y otras ocho a pie. de chilchotla, oaxaca, a la comunidad

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de Buena Vista, Puebla. Por esa razón ya no pude seguir estudiando, pues me iba los domingos y regresaba los viernes a Tehuacán.

en el año 2000 hice mi solicitud de cambio de zona y me cambié en el 2001. decidí entrar en un Bachillerato donde también estaban estudiando algunos maestros de la región de Tehuacán. Uno de los maestros me hizo la investigación, y no escuché dos veces, me fui a inscribir, a reincorporarme a la escuela.

ingresé al bachillerato abierto Lic. miguel sánchez oropeza, de la ciudad de orizaba, a donde llegué a encontrarme con alumnos jóvenes. Había seis ya grandes. a pesar de la distancia nunca falté a mis clases y todo el trabajo que me pedían siempre lo cumplí. en el siguiente año pasé a segundo y, posteriormente, a tercero. así fue como culminé mis estudios de bachillerato en el año 2003-2004. estaba de director el licenciado Gustavo escobar córdoba y su secre-tario era el profesor Venancio castillo rodríguez.

cuando salí de la escuela empecé a buscar y a preguntar dónde estudiar la universidad. Unos me decían que me inscribiera en Tehuacán, pero empezaron antes las clases y las inscripciones fueron mucho antes. como apenas habíamos reanudado y no contaba con recursos económicos, esperé que me dieran mi primer quincena para poder inscribirme donde actualmente estudio, en la upn de Puebla.

Lugar de origen: Tepetlanco, ixhuatlán de madero, VeracruzLengua: náhuatl

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la maestra nos aconsejaba que siguiéramos hablando el totonaco

María Antonieta Guzmán Pérez

La comunidad de ixtepec se encuentra ubicada en la región noro-riental del estado de Puebla; por lo tanto, aquí predomina la lengua totonaca.

soy originaria del municipio de ixtepec. me siento orgullosa de serlo. además mis padres y hermanos también nacieron y crecieron en esta comunidad. en la actualidad existen seis instituciones educa-tivas de las cuales dos son preescolares, dos son primarias, una secun-daria y por último un bachillerato que es la máxima casa de estudios del municipio.

no tuve la oportunidad de cursar el preescolar por falta de recursos económicos, ya que mis padres no contaban con suficiente dinero a causa de la carencia de fuentes de empleo. ingresé a la primaria cuando tenía seis años.

La escuela quedaba a treinta minutos de mi casa. ahí conocí a nuevos niños con los que me fui relacionando poco a poco. el primer año fue difícil porque no podía escribir ni tampoco agarrar el lápiz. estaba en desventaja en comparación con otros niños que habían cursado el preescolar.

nuestro profesor de primer año tenía problemas de enseñanza y nos reprochaba que nuestros padres no nos hubieran mandado al preescolar. otros profesores nos prohibían hablar nuestra lengua ma-terna, porque según ellos teníamos que aprender el castellano para defendernos y para poder desenvolvernos con otra gente.

al principio me resultó complicado; sin embargo, puse todo de mi parte para lograrlo. nos exigieron mucho más cuando cursamos el sexto grado de primaria ya que nos decían que estábamos a un pa-so de culminar la primaria y todavía no sabíamos expresarnos bien.

decidí continuar estudiando para superarme, e ingresé a la secundaria, la cual se encuentra en ixtepec y tardaba 25 minutos en desplazarme de mi casa hasta la escuela.

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durante la secundaria fue cambiando mi forma de ser y pensar. entraba en la etapa de la adolescencia, ya tenía once años. conocí y tuve muchos maestros. daba otro paso más grande y tenía que estudiar y esforzarme más porque impartían varias asignaturas. de igual forma mis compañeros tardaron en acostumbrarse con los profesores, pues a la hora de evaluar algunos exigían mucho.

Pero cabe mencionar a una profesora muy especial que se llama socorro rosas cárcamo. nos impartía la materia de español. cuando entrábamos a sus clases teníamos que limpiarnos los zapatos para no meter lodo y, en ocasiones, mis compañeros llevaban huaraches de hule a causa del mal tiempo. La maestra no les permitía entrar al salón, sólo por no llevar zapatos. nos prohibía expresarnos oralmente en totonaco, decía que si lo seguíamos haciendo nunca podríamos hablar correctamente el español.

cuando redactábamos escritos la mayoría de mis compañeros, en especial uno que se llama Gerardo, no podía escribir bien. Gerardo se equivocaba cuando se refería a los géneros; por ejemplo, en lugar de que escribiera “la mesa” él ponía “el mesa”. este tipo de situaciones se repetían, por tal motivo, a la profesora le molestaba demasiado y nos pegaba muy fuerte con su mano y nos jalaba las orejas.

cuando no realizábamos un trabajo limpio y correcto nos arrojaba las hojas al suelo y nosotros teníamos que ir a recogerlas. en ese momento nos comenzaba a regañar. a mis compañeros no les agradaba esa clase. casi todos cumplían con las tareas y trabajos que ella nos dejaba, porque le tenían miedo.

cuando ingresamos al tercer año de secundaria todo cambió. mis compañeros comenzaron a ser más rebeldes y desobedientes, ya no le ponían demasiado interés a la clase y, sin importarles los regaños de la profesora, continuaban hablando palabras en totonaco. La profesora, por su parte, no entendía el significado de esas palabras y las consideraba como insultos dirigidos hacia ella. en ocasiones tenía razón –porque mis compañeros se aprovechaban pues sabían que no podía entender el totonaco.

Una vez ella no quedó conforme y preguntó el significado de algunas de esas palabras que mis compañeros pronunciaban. cuando

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nuevamente escuchaba lo mismo castigaba a los compañeros y los reportaba a la dirección de la escuela. Hasta mandaba llamar a los padres de familia para informarles el mal comportamiento de sus hijos.

También tuve a una profesora llamada ignacia domínguez. ella nos impartía la asignatura de formación cívica y ética y era todo lo contrario de la maestra socorro. en lugar de regañarnos por hablar nuestra lengua materna nos aconsejaba que siguiéramos hablando el totonaco. Pero también nos hizo leer muchos libros para fijarnos en la manera correcta de escribir las palabras. nos decía que no deberíamos avergonzarnos por pertenecer a la cultura totonaca.

me servía de mucho este tipo de consejos para sentirme segura de mí misma y, sobre todo, para aumentar mi autoestima.

Por otro lado, mis padres me demostraron su apoyo y comprensión en cuestión educativa, porque me motivaron para continuar el bachi-llerato. así sucedió cuando ingresé a la educación media superior. La escuela se encuentra ubicada en la misma comunidad de donde soy originaria.

Tardaba treinta minutos para llegar al bachillerato. el camino no estaba pavimentado y en temporada de lluvias se enlodaban mis zapatos y calcetas, los limpiaba antes de entrar al salón para estar presentable.

Las clases eran más interesantes, además nos daban más libertad para expresarnos en nuestra lengua materna, pues ya no nos prohibían nada.

Pero tuve un profesor que era muy presumido. en sus ratos libres nos platicaba sobre su experiencia como maestro y que además no le gustaba viajar del lugar donde vivía hasta la comunidad en donde ejercía su práctica docente; es decir, ixtepec. decía que era una comunidad muy retirada, y que a él le agradaba más estar en una ciudad que en un pueblo. según él no había lugares de distracción, ni cosas interesantes que realizar. criticaba a la gente por la forma de vestirse. comentaba la falta de servicios públicos en nuestra comunidad, principalmente porque no contábamos con agua potable.

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También tuve un profesor que nos dedicaba su tiempo para enseñarnos la lengua española, ya que a pesar de estudiar el bachi-llerato todavía teníamos algunas dificultades para escribir y expre-sarnos en español. Pero el maestro nos comprendía, nos tenía paciencia, nos recomendaba leer por las tardes para que no se nos dificultara redactar algún escrito. mis compañeros hablaban durante la clase en español y cuando se retiraban a sus casas lo hacían en su lengua materna, el totonaco.

Gracias al apoyo de mis padres pude seguir superándome, porque ellos me contaron las dificultades que tuvieron que pasar para culminar por lo menos la educación primaria. mi papá sólo estudió la primaria completa pero lo tuvo que hacer en otro pueblo, ya que anteriormente en el municipio de ixtepec no contaba con institu-ciones educativas. además estuvo en un internado para varones en el municipio de Zongozotla, en este lugar los profesores regañaban a los alumnos y en ocasiones les prohibían hablar en su lengua materna. Por su parte, mi mamá no pudo terminar la primaria por la falta de recursos económicos ya que constantemente pedían cooperaciones para comprar materiales que serían de gran utilidad para la escuela. Tenía una profesora que sentaba a los niños de acuerdo a su aprove-chamiento y a su posición económica. consentía más a los compa-ñeros que contaban con una mejor calidad de vida y a los niños más pobres los hacía a un lado. esto es lo que puedo decir con base en mis propias experiencias y de mis padres.

Lugar de origen: ixtepecLengua: totonaco

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Colofón

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