Puntos de Referencia para una Historia del Marxismo en Am©rica Latina - Michael Lowy (2007)

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Introducción a la antología de Michael Löwy titulada "El marxismo en América Latina: Antología desde 1909 hasta nuestros días", (Chile: LOM Ediciones, 2007), págs. 9-67.

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  • INTRODUCCION* Puntos de referencia para una historia

    del inarxisnto en Ainerica Latina**

    Es evidente que la historia de casi un siglo de teoria y practica del mar-xismo en todo un continente, no puede ser resumida en algunas decenas de paginas; las siguientes observaciones intentan apenas proponer algunos. pun-tos de referenda para el estudio de la evoluci6n del pensamiento marxista en America Latina, con enfasis en la cuesti6n de la na-turaleza de la revoluci6n1

    Uno de los principales problemas que el marxismo latinoamericano tuvo que confrontar fue precisamente la definici6n del caracter de la revoluci6n en el continente -definici6n que era al mismo tiempo resultado de cierto analisis de las formaciones sociales latinoamericanas y el punto de partida para la for-mulaci6n de estrategias y tacticas polfticas-. En otras palabras, es uno de los momentos claves de la reflexion cientffica y una mediaci6n decisiva entre la teoria y la practica. Toda una serie de cuestiones politicas fundamentales -las alianzas de clase, los metodos de lucha, las etapas de la revoluci6n- estan inti-mamente ligadas a esa problematica central: la naturaleza de la revoluci6n.

    Muy esquematicamente, podemos distinguir tres periodos en la histo-ria del marxismo latinoan1ericano: 1) un periodo revolucionario, de los aftos 20 hasta mediados de los anos 30, cuya expresi6n te6rica mas profunda es la obra de Mariategui y cuya manifestaci6n practica mas importante fue la insu-rrecci6n salvadorena de 1932. En ese periodo, los inarxistas tendfan a caracterizar la revoluci6n latinoamericana, simultaneamente, como socialis-ta, democratica y antiimperialista; 2) el periodo stalinista, de mediados de la decada de 1930 hasta 1959, durante el cual la interpretaci6n sovietica del mar-xismo fue hegem6nica, y por consiguiente la teoria de revoluci6n por etapas,

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    N del E: Esta primera edici6n chilena ha sido corregida por el autor, y aumentada, especialmente en: Nuevas tendencias. N del E: Introdu~ci6n a la cuarta edici6n brasileiia (2000). Para una historia relativamente bien documentada del comunismo latinoamericano, ver la obra de Boris Goldemberg, Kommunisnms in lateinamerika (Stuttgart, Verlag Kohlhammer, 1971 ), que a pesar de sus defectos y de una tendencia hacia el anticomunismo, es, ciertamente, superior a obras similares publicadas en los Estados Unidos, todas profundamente marcadas por la Guerra Fria .

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  • de Stalin, definiendo la etapa presente en America Latina como nacional-de-mocratica; 3) el nuevo perfodo revolucionario, de~pues de la Revoluci6n Cubana, que vela ascension (o consolidaci6n) de corrientes radicales, cuyos puntos de referenda comunes son la naturaleza socialista de la revoluci6n y la legitimidad, en ciertas situaciones, de la lucha armada, y cuya inspiraci6n y sfmbolo, en SU maximo nivel, fue Ernesto Che Guevara.

    El problema de la naturaleza de la revoluci6n esta, en un ultimo anali-sis, relacionado con ciertas cuestiones te6ricas y metodol6gicas fundamentales, que giran en tomo a la cuesti6n de c6n10 aplicar el marxismo a la realidad latinoamericana.

    El marxismo en America Latina fue amenazado por dos tentaciones opuestas: el excepcionalismo indo-americano y el eurocentrismo.

    El excepcionalismo indo-amerkano. t.iende a absolutizar la especifici-dad de America Latina y de su cultura, historia o estructura social. Llevado a sus ultimas consecuencias, ese particularismo americano acaba por poner en cuesti6n el propio marxismo como teorfa exclusivamente europea. El ejemplo mas significativo de ese abordaje fue el APRA (Alianza Popular Revoluciona-ria Americana}2, que bajo el liderazgo de Haya de la Torre, intent6 primeramente "adaptar" el marxismo a la realidad continental, para poste-riormente "superarlo" al servicio de un populismo sui generis y eclectico. Para Haya de la Torre, el "espacio-tiempo" indo-americano es gobernado por sus propias leyes, es profundamente diferente del "espacio-tiempo" europeo ana-lizado por Marx y, por eso, exige una nueva teoria que niegue y trascienda el marxismo3

    Fue el eurocentrismo, mas que cualquier otra tendencia, el que devas-t6 el marxismo latinoamericano. Con ese termino nos queremos referir a una teoria que se limita a transplantar mecanicamente hacia America Latina

    2 El APRA fue fundado por el peruano Victor Raul Haya de la Torre mientras estuvo exiliado en Mexico. Ideol6gicamente eclectico," fue inspirado principalmente por la Revoluci6n Mexicana, elaborando una doctrina uindo-americanista" \mica. Durante la decada de 1920, el APRA fue un movimiento de caracter continental, con secciones en varios paises latinoamericanos, pero, poco a poco, se restringio al Peru, donde persiste como partido de masa. Originalmente, el APRA se declar6 antiimperialista, pero ese caracter se diluy6 progresivamente y termin6 por desaparecer. De acuerdo con Haya de la Torre, "El aprismo fonnula una nueva interpretacion del marxismo para America Latina, transfiriendo el cpncepto einsteiniano de espacio-tiempo para el dominio socio-historico con vistas a dar cuenta de ese aglomerado complejo de regiones y razas, de formas de producci6n y cultura. El aprismo niega y trasciende el marxismo" (en Victor Alba, Politics and the Labor Movement in Latin America [Stanford, Stanford University Press, 1968], p. 169). Pero la teoria aprista se sitlia esencialmente fuera de los limites del marxismo y su exotismo indo-americano nunca fue una corriente importante en el pensamiento marxista latinoamericano, aunque haya tenido influencia sobre ciertos autores o grupos politicos (por ejemplo, la "izquierda nacional" en Argentina).

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  • los modelos de desarrollo socioecon6mico que explican la evoluci6n hist6rica de la Europa a lo largo del siglo XIX. Para cada aspecto de la realidad europea estudiado por Marx y Engels -la contradicci6n entre fuerzas productivas ca-pitalis tas y relaciones feudales de producci6n, el papel hist6ricamente progresista de la burguesia, la revoluci6n democratica-burguesa contra el Es-tado feudal absolutista- se busc6 laboriosamente el equivalente latinoamericano, transformando asi el marxismo en un lecho de Procusto, sobre el cual la realidad era sin piedad "recortada" o "estirada" conforme las nece-sidades del momento. Usando ese metodo, la estructura agraria del continente fue clasificada como feudal, la burguesia local considerada como progresista, o al menos revolucionaria, el campesinado definido como hostil al socialismo colectivista, etc. En esa problematica, toda la especificidad de America Latina fue implicita o explicitamente negada, y el continente concebido como una especie de Europa tropical, con su desarrollo retardado de un siglo, y bajo el dominio del imperio norteamericano.

    Esas dos tentaciones son estrictamente antag6nicas y contradictorias pero, parad6jicamente, llevan a una conclusion comlin: la de que el socialismo no esta a la orden del dia en America Latina. De acuerdo con Haya de la Torre,

    Antes de la revoluci611 socialista, que llevara a la clase trabajadora al poder, nuestro pueblo debe pasar por etapas previas de transforma-ci6n econ6mica y politica y, tal vez, por una revoluci6n. social que conseguira enzanciparlo del yugo imperialista y llevar a Ia unifica-ci6n econ6mica y politica indo-americana. La revoluci6n proletaria vendra despues4 Partiendo de la especificidad de America Latina, los apristas (Carlos

    Manuel Cox, por ejemplo) critican a Mariategui porno haber comprendido la diferencia entre las sociedades europeas industriales y las sociedades latinoa-1nericanas esencialmente agrarias y, con eso, ha.her inventado el mito de una clase trabajadora latinoamericana con vocaci6n revolucionaria5

    Por otro lado, la corriente eurocentrica ( que encontr6 inspiraci6n en los escritos de Stalin) llega a una conclusion precisamente analoga: las condiciones econ6micas y sociales en America Latina no estan lo suficientemente madu-ras para una revoluci6n socialista; por el momento, el objetivo es concretar

    lbitl, pag. 147. Cf. Carlos M. Cox, "Reflexiones sobre Jose Carlos Mariategui", en El marxismo latinoamericano de Mariategui (Buenos Aires, Ed. Crisis, 1973), pags. 185 - 86: "Mariategui afirm6 que el proletariado incipiente en el Peru, asi como en toda America Latina, realizara las tareas que deben ser realizadas hist

  • una etapa hist6rica democratica y antifeudal (como en la Europa de los siglos XVIII y XIX). Por ejemplo, Alejandro Martinez Cambero, un te6rico del Parti-do Comunista Mexicano, escribi6 en 1945:

    Las condiciones objetivas y subjetivas en la que nos encontramos no per-miten la instauraci6n inmediata del socialismo en Mexico. l Las fuerzas productivas del pafs estan desarrolladas al pimto de que una ruptura con las relaciones capitalistas de producci6n que existen presentemente sea tan necesaria coma posible? i Pensamos que no! Objetivamente, las con-diciones econ6micas y el modo de producci6n (en sus basesfimdamentales, y no apenas en centros industriales aislados) todavfa no son esencial-mente capitalistas6 La aplicaci6n creativa del marxismo a la realidad latinoamericana signi-

    fica justamente la superaci6n -en el sentido de la Aufhebung. hegeliana- de esas dos tendencias y del dilema entre un particularismo hipostasiado y un dogma-tismo universalista -gracias a la unidad dialectico-concreta entre los espedficos y el universal-. En nuestra opinion, no es accidental que la mayoria de los pensadores que comparten esa posici6n metodol6gica, de Mariategui a Che Guevara, para citar dos ejemplos bien conocidos, llega justamente a la conclu-sion opuesta: la revoluci6n en America Latina sera socialista o no lo sera.

    Uno de los problemas que sirvieron como punto de partida para el cues-tionamiento del modelo eur