Notas para una contrahistoria del cine argentino

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Autor: Alberto Tabbia. Selección y prólogo: Edgardo Cozarinsky

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  • Alberto Tabbia

    Seleccin y prlogo: Edgardo Cozarinsky

    NOTAS para una contrahistoria del

    CINE ARGENTINO

    Alberto Tabbia NOTAS para una contrahistoria del CIN

    E ARGENTIN

    O

    Mucho antes de que en Francia se acuara el tr-mino cinefi lia, Alfonso Reyes haba escrito que la persona a quien le gusta el cine gusta tambin de las malas pelculas. La produccin argentina propuso al autor de estas notas abundantes deleites e inespe-rados estmulos para la reflexin. Muchas opiniones de Alberto Tabbia chocarn no slo a los afi liados a lo polticamente correcto. Pero no conozco textos sobre cine argentino que exijan pensar de nuevo tantas cosas, sin desdear la sonrisa frecuente, como lo hacen estas pginas admirablemente escritas.E.C.

    Otras publicaciones del 30 Festival

    Libros

    Sangre negra: Breve historia de una pelcula perdidaEdgardo C. Krebs

    La imagen recobrada.La memoria del cine argentino en el Festival de Mar del PlataDaniela Kozak (ed.)

    Folletos

    Pobres habr siempre

    Ralph Pappier

  • NOTASpara una contrahistoria del

    CINE ARGENTINO

  • Autoridades NacionalesPRESIDENTADra. Cristina Fernndez de KirchnerVICEPRESIDENTELic. Amado BoudouMINISTERIO DE CULTURASra. Teresa Parodi

    Autoridades INCAAPRESIDENTASra. Mara Lucrecia CardosoVICEPRESIDENTESr. Juan Esteban Buono RepettoGERENCIA GENERALSr. Rmulo PullolGERENCIA DE ACCIN FEDERALSr. Flix FioreGERENCIA DE ADMINISTRACINDr. Ral A. SeguGERENCIA DE ASUNTOS INTERNACIONALESSr. Bernardo BergeretGERENCIA DE ASUNTOS JURDICOSDr. Orlando PulvirentiGERENCIA DE FISCALIZACINTec. Vernica Graciela Sanchez GelsGERENCIA DE FOMENTOLic. Alberto UrthiagueGERENCIA DE FOMENTO A LA PRODUCCIN DE CONTENIDOS PARA TELEVISIN, INTERNET Y VIDEOJUEGOSIng. German CalviCOORDINACIN GENERAL DE LA UNIDAD DE DIGITALIZACIN Y NUEVAS TECNOLOGAS AUDIOVISUALESSr. Ariel DireseCOORDINACIN DE PRENSA, COMUNICACIN, PRODUCCIN Y DIFUSINSra. Antonella DenegriAUDITOR INTERNODr. Rolando OreiroDIRECTORA INCAA TVSra. Vanessa RagoneRECTOR ENERCSr. Pablo Rovito

    Autoridades FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE MAR DEL PLATAPRESIDENTESr. Jos Martnez SurezDIRECTOR ARTSTICOSr. Fernando Martn PeaPRODUCTOR GENERALSr. Ignacio CatoggioLibros del FestivalEdicin: Luis OrmaecheaCorreccin: Agustn MasaedoDiseo y maquetacin: Gastn Olmos Heredero de Alberto Tabbia, 2015Foto de portada: Nedda Francy en Monte criollo

    Agradecemos a la Biblioteca del iNcaa-eNeRc por su colaboracin en la obtencin de algunas de las fotografas e ilustraciones que acompaan este libro. Otras imgenes pertenecen a los fondos del Museo del Cine Pablo C. Ducrs Hicken.Todos los derechos reservados.Queda hecho el depsito que marca la ley 11.723.Se termin de imprimir en la Ciudad Autnoma de Buenos Aires, en el mes de octubre de 2015 en aDg.Este libro no puede ser reproducido total o parcialmente, por ningn medio, sin expreso consentimiento de los autores.

  • Alberto Tabbia

    NOTASpara una contrahistoria del

    CINE ARGENTINO

    Seleccin y prlogo: Edgardo Cozarinsky

  • 7Presentacin

    Como muchos tmidos, Alberto Tabbia (1929-1997) era un apasionado. En el escenario so-cial encubra la vehemencia de sus antipatas, la sinceridad y profundidad de sus afectos; solo ocasionalmente, ante los ntimos, depona esa casi inexpugnable armadura de afabi-lidad con que enfrentaba al mundo. Sin talento para las relaciones pblicas, prefera leer y releer a sus autores preferidos, internarse en las revistas literarias que tapizaban como hiedra infatigable su departamento, leer y releer por placer la literatura del Sur de los Esta-dos Unidos, uno de sus territorios imaginarios de eleccin. Y ver cine. Ya no era joven cuando se dej convencer para que hiciera periodismo. Previsi-blemente, entre notas donde slo obedeca a su propio gusto, firm otras con la mano iz-quierda, para justificar su presencia en un festival o para cumplir con un jefe de redaccin amigo. Al margen de estos compromisos iba anotando, con la independencia provocadora de lo que se guarda privado, sus opiniones. Por ejemplo, sobre el cine argentino: lo frecuentaba casi en secreto, como a una aman-te clandestina, tan poco coincida con sus exgetas visibles. Hall entre sus papeles unas notas y digresiones para una contrahistoria del cine argentino dispersas en distintos cua-dernos y carpetas, en parte manuscritas, en parte pasadas a mquina. Mi tarea de editor, en el sentido anglosajn de la palabra, ha sido la de elegir entre distintas versiones de un mismo prrafo, respetando el carcter inquisitivo, polmico del texto. La comunicacin periodstica impone un discurso lineal, menos contextualizado. Alber-to releg a estas notas su tendencia a pasar de lo individual a lo colectivo, de la ancdota a la Historia, que los amigos apreciaban en su conversacin. No s si, de haberlas publicado, las habra normalizado. Eleg su presentacin en una caja mayor para el cuerpo principal del discurso y una menor, entre parntesis, para las acotaciones, digresiones, marginalia, a veces simplemente anotadas en otras hojas, abrochadas al borde de la pgina del cua-derno. No he pretendido ligar lo que a menudo es una serie de observaciones sueltas cuyo impacto surge del movimiento inquieto del pensamiento, que avanza, descubre, barrunta, siempre entre certidumbres provisorias pero sin renunciar, jams, a sus gustos. Mucho antes de que en Francia se acuara el trmino cinefilia, Alfonso Reyes haba escrito que la persona a quien le gusta el cine gusta tambin de las malas pelculas. La produccin argentina propuso al autor de estas notas abundantes deleites e inesperados estmulos para la reflexin. Muchas opiniones de Alberto Tabbia chocarn no slo a los afiliados a lo polticamente correcto. Pero no conozco textos sobre cine argentino que exi-jan pensar de nuevo tantas cosas, sin desdear la sonrisa frecuente, como lo hacen estas pginas admirablemente escritas. Dedico esta tarda recopilacin a los amigos que ms la reclamaban: por orden alfabti-co, Jorge Andrs, ngel Faretta, Isaac Len Fras, Fernando Martn Pea, Sergio Wolf.

    E. C., noviembre de 2015.

  • 8Mara Nils y Hctor Cataruzza en Crimen a las tres

  • 9El balbuceo elocuente

    La primera moviola fue importada a la Argentina en 1938, y el primer film que se benefi-ci con sus servicios fue Prisioneros de la tierra (Mario Soffici, 1939).

    Dejemos a un lado todo lo que hace al individuo: talento, sentido del ritmo y de la narracin, eficacia tcnica, y concentrmonos en la capacidad del instrumento: en esa fecha se inaugura la posibilidad de montar ya no aproximadamente, ya no a ojito, sino con una precisin indita al elegir el fotograma en que una toma debe desaparecer y otra seguirla para crear la sensacin de fluidez, la ilusin de continuidad.

    Tomemos por ejemplo al narrador ms avezado en la organizacin de sus elementos ficcionales: el Saslavsky de La casa del recuerdo (1940) e Historia de una noche (1941). Pode-mos decir que en La fuga (1937), historieta que (aun ms all de su penoso, prescindible subplot humorstico) avanza entre tropezones y sncopas, est an en ciernes el domi-nio futuro de los medios de expresin del cineasta. Sin embargo, hay en el film de 1937 momentos de alta intensidad, raptos de invencin cinematogrfica, que en los de 1940 aparecen domados.

    Qu me hace preferir en el cine argentino de los 30 una expresin aproximativa, aun no pulida, silvestre, lo que llamara sin paternalismo alguno un balbuceo, por oposicin al mecanismo bien aceitado, al equilibrio y armona de las partes, a cierta nocin inva-sora de decoro, a todo lo que triunfara a principios de los 40, antes de que el peronismo importase telfonos blancos y proteccionismo indiscriminado?

    Hay en el cine argentino de los aos 30 un conflicto no resuelto, una cohabitacin rs-pida, un reparto de territorios disputados entre modelos: Hollywood, por un lado, con la autoridad de la difusin mundial de su producto y la implantacin de sus arquetipos en la imaginacin popular; por otro, Europa, representada casi exclusivamente por el cine francs, operante en la sensibilidad de los realizadores ms alertas al prestigio cultural. Y sin embargo, en Puente Alsina (1935) de Ferreyra, cineasta espontneo, las tomas en contrapicado, que recortan contra el cielo figuras y construcciones para conferir una di-mensin heroica al mundo del trabajo, parecen tpicas del cine sovitico...

    Se trata del paso de la produccin independiente a la de Argentina Sono Film? Sin embargo, aunque La casa del recuerdo sea un vehculo para Libertad Lamarque cuya aspiracin era repetir el xito de Puerta cerrada (1939), Historia de una noche es un producto impar, libre de reglas de gne-ro aun dentro de su tibio sentimentalismo...

    Pienso que la moviola es slo un signo exterior, un cmplice ancilar de este proceso. Hay una foto de Eisenstein, reiterada hasta el hartazgo, en que mira a contraluz un trozo de celuloide; me obliga a recordar que Po-temkin (Bronenosets Potemkin, 1925) y Octubre (Oktyabr, 1927) estn monta-dos a ojo y a mano. Y en el Portugal de 1929, Manoel de Oliveira mont su primer cortometraje sobre una mesa de billar...

  • 10

    Alberto Tabbia Notas para una contrahistoria del cine argentino

    En los aos 30 argentinos lo que me atrae es la voluntad agreste de hacer cine: est en el Ferreyra de Puente Alsina, con una potencia nica que supera la ingenuidad ideolgica y la ancdota sentimental; la sofisticacin del bric--brac art-dco y la sintaxis anmala con que juega Mom en Monte criollo (1935), la energa avasalladora, desprolija, de Ro-mero, en La rubia del camino (1938) no menos que en Fuera de la ley (1937). De Saslavsky prefiero volver a ver El loco Serenata (1939), aun la tan fallida Nace un amor (1938), antes que la pulidsima Eclipse de sol (1943).

    De los 30 rescato todo lo que me habla de un Buenos Aires agreste (porque en la pan-talla de esos