Mister Jara

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Mister Jara. Gonzalo Drago. 1973.

Transcript of Mister Jara

  • MISTER JARA

  • mmomc Seca

    " ._ *",..",.. ..-.-. 6 0 de Portada: G u l l l c m Varas.

  • presentu la tragedia que visen aquellos que, burlando lu zona seca establecida en el mine- ral 171 Teniente, deben enfrentarse constanic- mente a una cordillera hostil e irirnisericorde.

    En Una Casa jiinto al Iiio apurece la felicidud del SCT humano humilde, e1 amor resignado, ha- ciendo frente alcigrcmente a los TCVCS~S de la po- breza y hasta de las injusticius, mientras que en Un Racimo de Uvas encontrumos el relato de lo vida simple de un viejo campesino con su propia bondadosa filosofa que inesperadamente cae aha- tido en absurdas circunstancias.

    Todos los cuentos poseen un elemento comn: la ternura. Sumidos en la ins miserable de las situaciones, o ligeramente felices, los hdroes -0 antihroes- se dan tiempo para buscar un pe- queo rayo de luz que les permita mirar hacia e/ flltUr0. Un futuro /UC hoy es pTPSente.

    o

  • MK. JAKA haba iiaciclo e:i Macliali. I,:i ' iiriiia lo liaba arrastrado ine\itaI>lementc Iiacia su vien- tre, conlo un potente e1ectroini:in :iirne ii la !vi?,. na de acero, cuando apenas cw rin mrichaclio inexperto y canijo, rccin' egrcsado de i:! CSCUC!;~ rural. Fuc pen, alarife, capatal., :ilistador, escii bientc y por iiltinio ayudante dc. iriqmitiro. PJL: llegar hasta ese, cargo se haba v:tIich dt clos ;i- cursos que le dieron ecpltndidos resriltados: riidimeiitario conocimiento del idioma in$& 1' :*i LISO cotidiano dc su flexible espina dorsal criando se vea en presencia de iin jefe rubio. auttntica- mente yanqiii, made in USA.

    Desde sus comienzos busc con insistencia la compaa de los norteamericanos del mincr-11. I.r> empujaban dos propbsitm: SU :idmir;iciOn W ~ J i' hacia la rubia raza del norte y su inters de p c - ticar ingls con ellos. Los yanquis, aun los de '

  • litiniilde condicih, evitaban la proximidad de q i e l nativo moreno que persista en su in- tcnto con admirable tenacidad. Ni los desprecios ni las burlas lograron desanimarlo. Mr. Jara pare- c;i ignorar la repugnancia que inspiraba a 105 vanqiiis y se acercaba a ellos, sumiso como un perro castigado, mascullandn un slung aprendido pncicntemcnte en el silencio de su cuarto.

    Cuando logrh ocupar un puesto de relativa res- ponsabilidad en la Compafia, empez a vengar- se de sus compaeros con una crueldad netanicn- te indgena. A todo aquel que haba tenido una frase hiriente o una sonrisa burlona para sus pre- tensiones y simplemente por espontnea antipa- ta, le haca recordar que l ocupaba un peldao ms alto en el gallinero colectivo.

    Para captar simpatas y afirmar su posicin en las arenas movedizas, halagaba a los jefes, traba- jaba como un buey cuando era observado y no escatimaba palabras mordaces contra sus compa- fieros de labores, logrando, con astucia y sagaci- dad criollas, obtener la confianza de los jefes nor- tcamericanos que vieron en Mr. Jara un instru- mento de fcil manejo que poda serles til como espa, para conocer los pensamientos y aspiracio- nes del personal frente al movimiento sindical que tomaba fuerza de torrente.

    hlr. Jara, de pie sobre uno$ durmientes de la va ferroviaria, fumaba su pipa con el gesto severo de un hombre importante, arrojando gruesas bo- 8

  • canadas de humo aromtico que se dilua en el aire puro y transparente de la mafiana. E l .fro no lograba penetrar a travs de su gruesa zamarra negra y permaneca ms all de su9 altas botas mineras. Orgulloso, satisfecho de s mismo, ob. servaba con indiferencia a un grupo de obreros sudorosos y sucios que cambiaban un trozo de lnea fkrrea. Un capataz de ojos sagaces diriga y vigilaba aquella ruda sinfona de esfuerzo y de trabajo, mimentras los combos y las barretas se levantaban y caan con rtmico comps, con rabia sorda, haciendo saltar las piedrecillas de la va.

    De improviso, un obrero bajo y robusto perma- neci inmvil un momento, escrutando con des- confianza la severa figura de Mr. Jara. Despus de ligera vacilacin, empujado por un impulso espontneo, arroj su herramienta de trabajo y se encamin rectamente hacia el ayudante de in- geniero, alargndole su robusta rn

    -Cmo te va, negro? iano fraternal:

    se desconcert. - . . .Mr. Jara, tomado de sorpresa, En los aledaos, frente a una pequea y potente locomotora a petrleo, estaban Mr. Taylor y Mr. Mikmans, quc podan captar aquella bochornosa escena. Qu pensaran de l si 10 vieran estre- chando la mano de aquel hombre? SU amigo no era ms que un humilde obrero de la mina, de- sastroso y sucio, y su obligacin era rechazarlo. Tom una resolucin violenta:

    s m m AC?*?& m~h)Tan LQQA

  • 11 - - y-- -

    -1 don't know you, man -contesto secamen- te.

    El obrero lo qued mirando sorprendido. Lue- go se ech a rer apretndose la barriga cual si temiera que se le escaparan los intestinos por la boca. Mr. Jara realmente vease cmico con SU seriedad simiesca y sus ojillos amenazadores bai- lndole detrs de las grandes antiparras.

    --En qu circo es la funcin ahora, negro? Ests desconocido con esa ropa, esa pipa y esos anteojos. i Ja, ja, ja!

    Mr. Jara mont en clera. Aquello era dema- siado. Sinti deseos de abofetear a su antiguo camarada, pero aquel hombre tena unos bceps abultados y unas recias espaldas proletarias. Lo mejor era cortar la escena. Gir sobre sus talones y volvi las espaldas a su amigo, que permaneci extraado mirndolo alejarse sumido en conje- turas. Por ltimo levant los hombros con des- precio y mascull terribles rimenazas:

    -Negro de mierda! Cuando lo pille solo le voy a rajar la guata, por mi madre!

    Y cogiendo la barreta continu su labor inte- rrumpida.

    * * *

    - Mr. Jara no era feliz. Lo mortificaba su aspecto fsico. Le habra gustado ser rubio, blanco v de ojos profundamente azules; p r o la naturaleza

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  • { iah maldita naturaleza!) lo habia dotado de sig nos externos marcadamente indgenas. Moreno, de ojos separados, nariz roma y labios gruesos, te- na la slida apariencia de un mapuche. Lo que ms le exasperaba en verdad era la tenaz rebelda de su pelo que le cubra el crneo como un gro- tesco erizo negro. La peineta y la escobilla nada podan contra esas cerdas duras y resistentes de pura cepa criolla.

    Su absurdo mimetismo lo llevaba a adoptar usos y costumbres de un grupo tnico que se di- ferenciaba profundamente del suyo. Lleg a des- preciar las bebidas nacionales porque haba ob- servado que los yanquis slo beban whisky. Al entrar a un bar senta una ntima y hmeda sa- tisfaccin al ordenar al mesonero:

    -Barman, dme un whisky. Al comienzo aquel lquido fuerte le repugna-

    ba y le quemaba la garganta nacida para el vino tinto. Adems, se embriagaba demasiado pronto y entonces apareca inevitablemente el indio que llevaba escondido dcbajo del chaleco. Lleg a temerles a sus borracheras, pero persisti en be- ber slo whisky y brandy de las mejores marcas. White Horse, repeta deleitosalmente con el tono de un buen catador de licores exticos. A veces se cansaba de aquella cotidiana farsa en pblico ! subrepticiamente, en la complicidad de su cuarto, beba el rojo vino criollo hasta per- der el conocimiento.

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  • Cada ascenso que lograba haca crecer la dis- tancia que lo separaba de sus antiguos compa- fleros. Entre los yanquis no logr simpatas ni inuclio menos pudo conseguir un amigo. Lo mira- ban con desprecio mezclado de compasibn. Para ellos, Mr. jara era un self-mude man con deste- llos de inteligencia pero absurdamente presumi- do. Y, ademls, era un indio. Cmo compartir con un nativo? Sera 10 mismo que estrechar la mano a un ne ro. Su presencia humilde y rastre.

    al tenerlo a su alcance, apenas podan reprimir un violento deseo de propinarle un puntapi en la parte baja de la espalda.

    Por su parte, Mr. Jara, cuando se encontraba con algin empleado u obrero, miraba con obsti- nacin la punta de sus botas o sentase acometido sbitamente de un potico deseo de admirar el cielo; y si le era inevitable eludir el saludo, lo contestaba con un dbil y gangoso morning mascullado entre dientes, como lo haba escucha- do en los labios groseros de los yanquis.

    E l nativa, por lo general, no ama al extranjero, pero es duro y cruel con el criollo que se disfraza de gringo. LIega a odiarlo. Lo considera un des- castado, un traidor. Mr. Jara cosech los frutos de su siembra absurda. Lleg a sentirse solo, ais- lado. Todos huan de su presencia como de un leproso. Descsperado, buscaba con frecuencia el contacto con los yanquis, pero stos parecan no

    ra los molesta E a. Algunos, los ms impacientes,

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  • Mr. Jara se sinti dolorosamente abandonado. Nadie acuda a visitarlo. El doctor lo visitaba a menudo presintiendo un pronto desenlace. Co- mo era caso perdido, autoriz a la cnfermera que lo cuidaba para que accediera a sus insistentes pedidos de licor. En vez de medicinas, el enfer- mo ingera cucharadas de legtimo whisky esco- cs, suministradas por la blanca mano de Miss Joan, nica enfermera que soportaba a si1 lado por ser de nacionalidad inglesa.

    Una mafiana, Miss Joan Ic anunci la visita de un amigo con su fra sonrisa cotidiana.

    Quin ser? Ser Mr. Taylor o Mr. Mon- roe?, se pregunt Mr. Jara, anhelando ja visita de algin autntico jefe norteamericano.

    Despus de pensar un momento pidi a la en- fermera que introdujera al visitante. En el marco de la puerta apareci la iobusta silueta de Froi- ln Rojas, aqucl que lo haba avergonzado de- lante de FUS jefes con su excesiva confianza.

    -Cmo te va, negro? Supe que estabas cn- fermo -murmur el recin llegado con visible emocin, alargndole su ruda mano fraternal. Mr. Jara pareci no comprender y guard silen-

    cio. El pulso le lata dbilmente y un sudor fro le inund la frente morena. Comprendi que se mora. La enfermera, alarmada, telefone al doc-