Marx - Engels. Sobre La Religi³n

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  • 7/25/2019 Marx - Engels. Sobre La Religin

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    CARLOS MARX - FEDERICO ENGELS

    S O B R E L

    R E L I G I O N

    EDITORIAL

    C A R T A G O

  • 7/25/2019 Marx - Engels. Sobre La Religin

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    Este libro se termin de imprimir el da

    21 de agosto de 1959, en los Talleres

    Grficos STILCOGRAF S.R.L., calle Gral.

    Manuel A. Rodrguez 2548, Buenos Aires.

  • 7/25/2019 Marx - Engels. Sobre La Religin

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    Este libro ha sido traducido de la edicin

    en ingls preparada por el Instituto de

    Marxismo-Leninismo (1955)

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    CARLOS M ARX

    C O N T R I B U C I N A L A C R T I C A D E L A F I L O S O F A D E L

    D E R E C H O , D E H E G E L

    I N T R O D U C C I O N

    Para Alemania , la crtica de la religin est en lo esen cial

    completada, y la crtica de la religin es la premisa de toda la

    crt ica .

    La existencia profana de l error ha qued ado desacreditada

    despus que se rechaz su

    celestial oratio pro aris et focis*

    E l

    hombre , que buscaba un superhombre en la real idad fantst ica

    del cielo y slo encontr en l el reflejo de s m ism o, no se sen tir

    ya incl inado a encontrar so lamente la

    apariencia

    de s mismo,

    e l no -hombre

    [Unmensch],

    al l don de lo que bus ca y debe bus car

    es su verdadera real idad.

    El fundamento de la cr t ica irre l ig iosa es : el hombre hace la

    religin-,

    la .re l ig in no hace a l hombre . En otras palabras, la

    religi n es la concien cia de s m ismo y el sentim iento de s mism o

    del hombre que an no se ha encontrado o que ya ha vuelto a

    perderse . Pero el hombre no es un ser abstracto, aga zap ado fu er a

    de l mundo . El hombre es el mundo de los hombres, e l Estado, la

    sociedad. Este Estado , esta sociedad, producen la re l ig in, una

    conciencia invertida del mundo,

    p o rq ue so n un mund o

    invertido.

    La religin es la teora general de este mundo, su compendio

    encic lopdico , su lgica con formas populares , su point d'honneur

    espiritualista, su entusiasmo, su sancin moral, su solemne consu-

    t m acin, su razn universal de consuelo y ju st i f ic aci n . E s la

    realizacin fantstica

    de la esencia hum ana , po rq ue la

    esencia

    * Oracin por los altare3 y los hogares. (Ed.)

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    C A R L O S M A R X

    humana carece de real idad verdadera. La lucha contra la re l ig in

    es, por lo tanto, en forma mediata, la lucha contra l otro mundo,

    del cual la religin es el aroma espiritual.

    E l su f r imie nto

    religioso

    es, po r un a parte, la

    expresin

    del

    sufr imiento real y , por la otra , la

    protesta

    contra el su fr im iento

    real. La religin es el suspiro de la criatura oprimida, el corazn

    de un mundo sin corazn, as como es el espritu de una situacin

    carente de espritu. Es el opio del pueblo.

    La abolicin de la religin en cuanto dicha

    ilusoria

    de l pue-

    blo es necesaria pa ra su d icha

    real.

    La exigencia de abandonar

    sus i lusiones sobre su situacin es la exigencia de que se abandone

    una situacin que necesita de ilusiones. La crtica de la relig in

    es, por lo tanto, en

    embrin

    , la

    crtica del valle de lgrimas

    que la

    re l ig in rodea de un halo de santidad.

    La crtica no arranca de las cadenas las f lores imaginarias

    para que el hombre soporte las cadenas sin fantasas ni consue-

    los, sino para que se despoje de ellas y pueda recoger las f lores

    vivas. La crtica de la religin desengaa al hombre para que

    piense , para que acte y modele su real idad como un hombre

    desengaado y que ha entrado en razn, para que gire en torno

    de s mismo y por lo tanto en torno de su sol real . La religin

    es solamente el sol i lusorio que gira alrededor del hombre mien-

    tras ste no gira en derredor de s mismo.

    L a tarea de la historia consiste, pues, una vez que ha desapa-

    recido e l ms all de la verdad, en ave rigu ar la verdad del ms

    ac. Y la tarea inmediata de la filosofa, que se encu entra al servi-

    cio de la historia, consiste una vez que se ha desenmascarado

    la forma de santidad de la autoen a jena cin h um an a en desen-

    mascarar la autoenajenacin en sus

    formas no santas.

    De tal modo

    ia crtic a del c ielo -se co nv ier te en la cr tic a de la tier ra, la crtica

    de la religin en la crtica del derecho y la crtica de la teologa

    en la

    crtica de la poltica.

    L a exposic in que s igue y q ue es un aporte a esa la bo r

    no se atiene directamente al original, sino a una copia, a la filo-

    sofa

    alemana del derecho y del Estado, por la sencil la razn de

    que est escrita en

    Alemania.

    Si quis iramos part ir de l

    statu quo

    alemn, aunque slo

    fuera del t nico modo adecuado, es decir , de un modo negativo ,

    el resultado seguira siendo un anacronismo. La misma negac in

    de nuestro presente polt ico se halla ya, cubierta de polvo, en el

    desvn de la historia de los pueblos modernos. Aunque neguemos

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    las coletas empolvadas, tendremos todava las coletas sin empol-

    var . Aunque neguemos e l estado de cosas de la Alemania de

    1843, entonces, segn la cronologa francesa, apenas nos encon-

    traremos en 1789, y menos an en el punto focal del momento

    actual.

    S , la historia de Alemania se jacta de un movimiento por

    e l cual no ha pasado ningn pueblo de l f irmamento histrico , n i

    pasar despus de e l la . Porque hemos compartido las restaura-

    c iones de las naciones modernas, aunque no hayamos part ic ipado

    en sus revoluciones. Pasamos por una restauracin, en primer

    lugar, porque otras naciones se atrevieron a hacer una revolucin

    y, en segundo lugar, porque otras naciones sufr ieron una contra-

    rrevolucin, la primera vez porque nuestros gobernantes tuvieron

    miedo y la segunda porque no lo tuvieron. Dirigidos por nuestros

    pastores, slo una vez nos encontramos en compaa de la l iber-

    tad ; el da de su entierro.

    Una escuela que legaliza la vileza de hoy con la vileza de

    ayer; una escuela que considera un acto de rebelda todo grito

    del siervo contra el knut, cuando ste es un knut cargado de aos,

    ancestral , histrico; una escuela a la que la historia slo le mues-

    tra su

    a posteriori,

    com o e l Dios de Israel a su ser vido r M oiss ;

    en una .pa labra , la Escuela histrica del Derecho'

    1

    , hab ra descu-

    bierto ya la historia alemana si no fuese ella misma un descubri-

    miento de la historia alemana. Es Shylock. pero Shylock el criado,

    y jura por su l inaje , por sus t tulos histricos , por su prosapia

    cristiano-germnica, conseguir hasta la ltima libra de carne corta-

    da del corazn del pueblo.

    Por el contrario , ciertos bondadosos entusiastas, germano-

    manacos por su extraccin y l ibrepensadores por la re f lexin,

    van a buscar nuestra historia de la l ibertad ms all de nuestra

    historia , en los antiguos bosques teutnicos . {Pero qu d i ferencia

    hay entre la historia de nuestra l ibertad y la de la l ibertad del jaba-

    l , s i slo podemos encontrarla en los bosques? Adems, es bien sabi-

    do que el bosque le devuelve a uno el eco de lo que ha gritado en l.

    Entonces, dejemos en pa.z a las antiguas selvas teutnicas

    Guerra al estado de cosas alemn

    P o r sup u e s to Lo s a sun-

    tos alemanes se encuentran

    por debajo del nivel de la historia,

    por debajo de toda crtica, pe ro siguen siend o ob jeto de crtic a,

    como e l cr iminal que est por debajo de l nive l de la humanidad,

    pero s igue s iendo objeto de l

    verdugo.

    E n lucha cont ra ese estado

    de cosas, la crtica no es una pasin de la cabeza, sino la cabeza

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    de la pasin. No es un bistur , sino un arma. Su objeto es su

    enemigo, al que no trata de refu tar, sino de destruir. P o r q u e el

    espritu de ese estado de cosas se halla ya refutado. En s mismo

    no es un objeto

    digno del pensamiento;

    es un a

    existencia

    tan

    despreciable como despreciada. La cr t ica no necesita tener c lari -

    dad acerca de este objeto, porque ya ha arreglado cuentas con l .

    Ya no tiene la calidad de un

    fin en s,

    sino slo de un

    medio.

    S u

    sentimiento esencial es el de la indignacin, su tar ea esencial la

    denuncia.

    Se trata de describir la sorda presin mutua de todas las

    esferas socia les unas sobre otras ; de un inact ivo malhumor gene-

    ral , de una l imitacin que se reconoce tanto como se equivoca,

    encuadrada en un s istema de gobierno que , v iviendo de la conser-

    vacin de todo lo lamentable, no es de por s otra cosa que lo que

    hay de

    lamentable en el gobierno.

    Q u espec