Lineas cruzadas

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Lineas cruzadas,ideas compartidas...Selección de intervencionesen la lista de discusiónde IASPM-AL

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  • Boletn Msica # 38, 2014 95

    Lineas cruzadas, ideas compartidas...Seleccin de intervenciones en la lista de discusin de IASPM-AL

    Danilo Orozco dej entre sus proyectos el deseo de organizar y publicar sus interven-ciones en los amplios debates producidos en la lista de conversacin electrnica de la rama latinoamericana de la Asociacin Internacional para el Estudio de la Msica Popular (IASPM-AL); espacio donde aport su perspectiva analtica sobre dismiles t-picos. Con este fin, dej seleccionadas inter-venciones entre los aos 2007 y 2010 sobre temticas tericas y casos especficos de anlisis de la msica cubana.

    Es por ello que en este nmero se deci-di publicar esta primera compilacin, que incluye algunas de las previamente selec-cionadas por Danilo, y otras de fecha ms reciente. Sus mensajes quedan compilados en dos grandes reas temticas (Tpicos de anlisis y Casos de estudio sobre la msica cubana), de forma que cada texto pueda consultarse de manera independiente y en su relacin con otras intervenciones que se cruzan e interrelacionan entre s. Se respet igualmente el estilo informal de su lenguaje, con el fin de mantener la frescura y es-pontaneidad de sus intervenciones, as como la esencia de su personalidad crtica que cuestiona y contribuye a los estudios de la msica en todas sus aristas.

    TPICOS DE ANALISIS

    Asunto: Sobre frmulas y patrones1

    Estimado Julio y dems colegas: Hace meses he estado pendiente de participar en las discusiones donde de alguna manera se introduce lo discursivo, entre otras concepciones y por molestas y diversas incidencias personales no he podido hacerlo. Por ello, intento aprovechar la actual coyuntura de tu mencin en medio del interesante asunto de las frmulas y patrones, sobre todo a travs de las intervenciones de Oscar, Rubn y la tuya propia (amn de la participacin de otros colegas). Aunque coincida con algunos planteamientos y no comparta otros, con todo res-peto, me atrae el intercambio sobre temas tan polmicos y medulares, y de antemano me excuso por la extensin a que me lleva la formulacin que desde aqu intento.

    1 Intervencin del martes, 27 de marzo de 2012. Fechas de debate: 22 de marzo al 1 de abril de 2012. La discusin inici desde el inters por diferenciar la racionalidad instrumental que se pone en juego en un ambiente de produccin musical dirigida a resultados y la familiaridad producida por patrones musicales reiterados dentro de una cultura. Interlocutores: Oscar Hernndez Salgar (Colombia), Julio Mendvil (Per), Rubn Lpez Cano (Mxico/Espaa), Gustavo Goldman (Argentina), Pablo Federico Semn (Argentina), Be-renice Corti (Argentina), Martha Tupinamb de Ulha (Brasil), Juan Carlos Franco (Colombia), Federico Sam-martino (Argentina), Diego Madoery (Argentina), Hector Fouce (Espaa), Christian Spencer (Chile) y Danilo Orozco (Cuba).

    Seleccin y edicin: Carmen Souto Anido

  • 96 Boletn Msica # 38, 2014

    I Dices, Julio, no me parece apropiado el trmino discursivo porque sugiere que la msica produce enunciados que, segn la academia, son una secuencia finita de palabras deli-mitadas por pausas muy marcadas, que puede estar constituida por una o ms oraciones [].2 Tambin conocemos de los sealamientos crticos de Foucault al respecto de lo discursivo en este sentido, as como las contribuciones de otros estudiosos.

    Pero resulta que la naturaleza discursiva no es, necesariamente, lo que establece cierto sector de la academia para el enunciado, en el sentido de una secuencia finita de pala-bras delimitadas por pausas muy marcadas (marcadas por qu cosa?), que puede estar constituida por una o ms oraciones []

    Con frecuencia las oraciones no equivalen exactamente a enunciados y hasta dnde llegan?, puesto que en dicha concepcin prcticamente se equipara o confunde la arma-zn sintctico-gramatical con la efectiva potencialidad discursiva que a veces prefiero sealar como discursividad latente o potencial.

    Entonces, definira la discursividad ms bien como la posibilidad dinmica de una entidad (de uno u otro carcter) variable en extensin y naturaleza, capaz de inducir, viabilizar o potenciar determinado grado de interaccin o respuesta interactiva ora in-mediata, ora desfasada-acumulativa. De modo que el posible enunciado aqu redefinido a travs de la descrita entidad variable, no es necesariamente una secuencia lineal con-tinua y directa ni tan bien marcada. En este punto me sumerjo y sustento en el legado y trascendencia de los estudios bajtinianos y sus continuadores (algunos del grupo Tel Quel y posteriores), junto a mis propios desarrollos al respecto.

    De manera que el enunciado propiamente discursivo (como podra verse en el g-nero discursivo bajtiniano) y la discursividad latente (tal como la reestructuro a partir de la referida premisa), desde esta perspectiva, deviene propiedad cualitativa que incluso podra signar o no a lo que usualmente acostumbramos a nombrar como discurso por ejemplo, concordamos o no con tal discurso, este es el discurso que sale de tal cosa, etc. cuando de un modo u otro aludimos a enunciados propositivos, o textos intencio-nales e intensionales [sic] acerca de algo, pero en verdad lo discursivo no es exactamen-te ni esa proposicin intencional ad hoc, ni el enunciado lineal neutro ni una secuencia de enunciados (que completen o sean equiparables a textos generales), sino entidades-enunciados (de cualquier extensin) que propicien un dinmico responso interactivo.

    Los textos a su vez, como se conoce, en su ms amplia proyeccin, no se limitan a una presencia factual ni a una estructura mas o menos directa, sino a toda la clase de relaciones y contaminaciones plurivocales y semntico-textuales que arrastran consigo (esto es, de voces y significaciones paralelas que se confrontan, rozan e in-teraccionan hasta simultneamente dado el caso), y que es el fundamento bajtiniano de la ulterior intertextualidad de la Kristeva, Barthes y sucesivos estudiosos,3 tanto la moderna, con numerosas citaciones referenciales incrustadas y elaboradas, en direccin progresiva a superar lo establecido hacia algo nuevo, tal como hace James Joyce con su Ulises, por ejemplo, o de las conversiones de la intertextualidad postmoderna, con su tendencia de inclusin mltiple, yuxtaposiciones y rejuego continuo y oscilante con el pasado y/o con lo establecido incluso apelando a la confrontacin simultnea de varios

    2 Julio Mendvil. Mensaje del 24 de marzo de 2012. 3 Al respecto vase: Julia Kristeva: Semitica 1 y 2, Fundamentos, Madrid, 1978 y Roland Barthes: Mitologas, Siglo XXI, Mxico, 1987 y El susurro del lenguaje, ms all de la palabra y la escritura, Paids, Barcelona, 1988.

  • Boletn Msica # 38, 2014 97

    gneros literarios cual tendramos en El nombre de la Rosa de Eco (en cuanto al terreno de la novelstica se refiere).

    (Y no prosigo ahora sobre diversas intertextualidades que es otro muy importante asunto tratado en Lista)

    II En ese marco bajtiniano (con sus proyecciones) en el cual me muevo, hasta el caso de una muy reducida entidad ya sea interjectiva o de otro tipo, dependiendo de su ubicacin y funcin en el contexto puede constituirse en un mini-enunciado capaz de viabilizar respuestas interactivas (discursivas) dismiles, incluso de no poco peso cualitativo.

    Ahora bien, dicha entidad (o entidades) no se reducen exclusivamente al campo de las palabras y oraciones o sea, del campo especfico de lo verbal, del lenguaje, de lo literario o de lo novelstico sino que, de acuerdo a la naturaleza y funcin del ente que se trate, son detectables (aunque muy especficos por su carcter) en diferentes corpus no verbales, y OJO, aqu nos situamos en el campo de lo que Yuri Lotman ha denominado modelizaciones secundarias si ellas se comparan con lo verbal bsico, pero dotadas con notoria autonoma funcional y de posibles incidencias significantes de amplia proyeccin y variabilidad.4 Es un enfoque que pudiera resultar muy polmico en determinados casos, pero que viabiliza no pocos resultados fructferos, y donde ya se asoma las a veces inasibles significaciones no verbales de diferente naturaleza, y ms an, las mismas musicales no siempre verbalizables.

    En la direccin y sentido descritos, la msica no estara exenta de potenciales compor-tamientos discursivos intrnsecos, o sea, en su constitucin y tramado interno a con-trapelo de posturas teorticas contrarias aunque dicho carcter no es a priori como se infiere de algunos estudiosos ni slo porque ubiquemos secuencias lineales componen-tes de lo que habitualmente conocemos como unidades-frases y motivos, tales o cuales compases... sino por un tipo de armazn y relacin ms compleja no pocas veces dada en planos mviles de relaciones especficas de elementos y comportamientos musicales muy dismiles (a veces entre lo discreto y el continuo sonoro-musical), donde se revela o insina, hasta de manera indirecta, una determinada concepcin de la obra (que tiene consecuencias), todo lo cual se incrementa, potencia y vara con el performance y la prctica en que se inserta, claro est.

    Por otra parte, la discursividad musical intrnseca (en el sentido de la propuesta des-crita) potenciada por la prctica en que se inserta suele vincularse, a su vez en ms o en menos con la posibilidad de discursos verbales establecidos acerca de tal o cual msica (posibilidades que se complementan e interpenetran), pero que en nada excluyen o niegan las posibilidades extraverbales.

    III Un ejemplo: El motivo del bajo obstinato que genera gran parte de la estructura composi-tiva del Elogio de la Danza (para guitarra) de Leo Brouwer no define en s mismo un carc-ter discursivo, pero la gradual relacin interactuante (microgestual) de ese bajo obstinato con la armazn intervlica-acordal de la guitarra en un plano superior, s proporciona un determinado grado potencial de discursividad (interactividad parte a parte en el mo-

    4 Al r