La diseminaci jacques derrida

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  • Jacques Derrida

    La diseminacin

  • Editorial Fundamentos est orgullosa de contribuir con ms del 0,7% de sus ingre-sos a paliar el desequilibrio frente a los Pases en Vas de Desarrollo a travs de di-versas ONGs.

    Ttulo original: La dissemination Traduccin: Jos Martn Arancibia

    Editions du Seuil de la traduccin

    Ed~orial Fundamentos, todos los derechos en lengua espaola Caracas 15.28010 Madrid e (91) 319 9619. Fax (91) 319 5584

    Primera edicin, 1975 Sptima edicin, 1997

    ISBN: 84-245-0145-4 DepsitoLegai:M- 33560 -1997

    Impreso en Espaa. Printed in Spain Impreso por Omagraf, S. L.

    Diseo cubierta: Diego Lara Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorizacin escrita de los titulares del Co-pyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproduccin total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, conocido o por conocer, comprendidas la reprograffa, el tratamiento informtico, y la distribucin de ejemplares de ella median-te alquiler o prstamo pblico.

  • FUERA DE LIBRO (Prefacios)

  • NOTA: El equivalente castellano de la diferencia grfica que Derrida introduce en las palabras diffrence y diffrent escribiendo diffrance y diffrant, lo hemos sealado por diferenzia y diferemte.

  • Este (pues) no habr sido un libro. An menos, a pesar de su apariencia, la recopi-

    lacin de tres ensayos, cuyo momento habra lle-gado ya, despus del hecho, de reconocer su trayec-to, de recordar su continuidad o de inducir su ley, e incluso de exhibir, con la insistencia que tal oca-sin requiere, su concepto o sentido. No se va a fin-gir, segn el cdigo, la premeditacin o la improvi-sacin. La disposicin de estos textos es otra, mi in-tencin no es ahora la de presentarlos.

    Se discute en l, precisamente, la cuestin de !a presentacin.

    Si la forma del libro est en la actualidad, como es sabido, sometida a una turbulencia general, si pa-rece menos natural, y su historia menos transpa-rente que nunca, si no se puede tocarla sin tocar todo, no podra regular aqu, por ejemplo tales procesos de escritura que, al interrogarla prctica-mente, deben tambin desmontarla.

    J^ De donde la necesidad de elaborar por doquier, hoy' en da, nuevamente, la cuestin del nombre -guardado: de la palecmimia. Por qu conservar, du-dante un tiempo determinado, un nombre antiguo? Por qu amortiguar con la memoria los efectos de ja ;sntido, de un concepto o de un objeto nuevos?

    Planteada en estos trminos, la cuestin ya esta-

  • ra comprometida en todo un sistema de presuposi-ciones ahora elucidadas: por ejemplo, aqu, la exte-rioridad simple del significante respecto a su con-cepto. Hay, pues, que proceder de distinto modo.

    Volvamos al principio. Ejemplos: por qu li-teratura nombrara an lo que ya se sustrae a la literatura a lo que siempre se ha concebido y sig-nificado bajo ese nombre o, no ocultndose ni-camente en ello, la destruye implacablemente? (Plan-teada en estos trminos, la cuestin ya estara com-prometida en la seguridad de un pre-saber: lo que siempre se Jha concebido y significado bajo ese nom-bre, es fundamentalmente homogneo, unvoco, no conflictual?) Otros ejemplos: qu funcin hist-rica y estratgica asignar por lo tanto a las comi-llas, visibles o invisibles, que transforman esto en libro o hacen de la desconstruccin de la filosofa un discurso filosfico?

    Esta estructura de la doble seal (cogido to-mado y encerrado en una pareja de oposicin, un trmino conserva su antiguo nombre para destruir la oposicin a la que ya no pertenece en absoluto, a la que adems no habr cedido nunca, siendo la historia de esta oposicin la de una lucha incesante y jerarquizante) trabaja todo el campo en que se desplazan estos textos. Y tambin ella resulta traba-jada en l: la regla segn la cual cada concepto reci-be necesariamente dos seales semejantes repeti-cin sin identidad, una en el interior, la otra en el exterior del sistema desconslruido, debe dar lugar a una doble lectura y a una doble escritura. Aparece^ r en su momento: a una doble ciencia.

    Ningn concepto, ningn hombre, ningn signi-ficante escapa a ello. Intentaremos determinar la ley que obliga (por ejemplo y teniendo en cuenta una

  • refundicin terica general que rearticula desde ha-ce poco los campos de la filosofa, de la ciencia, de la literatura, etc.) a denominar escritura a lo que i critica, desconstruye, fuerza la oposicin tradicio-nal y jerarquizada de la escritura y la palabra, de la escritura y el sistema (idealista, espiritualista, fonocentrista: en primer lugar, Iogocntrica) de to-dos sus otros; a denominar trabajo o prctica a lo que desorganiza la oposicin filosfica praxis/ theoria y no se deja ya rehacer segn el procedi-miento de la negatividad hegeliana; a denominar inconsciente a lo que jams habr sido el negati-vo simtrico o el depsito potencial de la concien-cia; a denominar materia a ese exterior de las oposiciones clsicas que, con tal que se tengan en cuenta una adquisicin terica y una desconstruc-cin filosfica de hace apenas nada, ya no debera de tener forma tranquilizadora: ni la de un referen-te (al menos concebido como cosa o causa reales, anteriores y exteriores al sistema de la textualidad general), ni la de la presencia bajo ninguno de sus modos (sentido, esencia, existencia objetiva o sub-jetiva, forma, es decir, aparecer, contenido, sus-tancia, etc., presencia sensible o presencia inteligi-ble), ni la de un principio, fundamental o totalizan-te, incluso de una instancia ltima: en una palabra, todo ese fuera de texto, que detendra la concatena-cin de la escritura (de ese movimiento que coloca a todo significado en situacin de huella diferencial) y para el cual yo haba propuesto el concepto de significado transcendental. Diferenzia designa-ba tambin, en el mismo campo problemtico, a esa economa de guerra que pone en relacin a la alteridad radical o a la exterioridad absoluta de lo (exterior con el campo cerrado, agonstico y jerarqui-

  • zante de las oposiciones filosficas, de los diferen-tes o de la diferencia 0). Movimiento econmico de la huella que implica a la vez su seal y su des-aparicin el margen de su imposibilidad segn una relacin que ninguna dialctica especulativa del mismo y del otro podra denominar por lo mismo que es una operacin de dominio (2).

    Existir siempre un riesgo, ciertamente, al hacer trabajar, e incluso al dejar circular los antiguos nombres: el de una instalacin, incluso de una re-gresin a, en el sistema desconstruido o en curso de desconstruccin. Y negar ese riesgo sera ya confir-marlo: tener al significante en este caso al nom-bre por una circunstancia convencional del con-cepto y por una concesin sin efecto especfico. Se-ra afirmar la autonoma del sentido, la pureza ideal de una historia terica y abstracta del concepto. Y, a la inversa, pretender desembarazarse inmediatamen-te de las seales anteriores y pasar, por decreto, con un simple gesto, al exterior de las oposiciones cl-sicas, es, aparte del riesgo de una interminable teo-loga negativa, olvidar que tales oposiciones no constituan un sistema dado, una especie de ndice anhistrico y radicalmente homogneo, sino un es-pacio disimtrico y jerarquizante, atravesado por fuerzas y trabajado en su cerca por el exterior que rechaza: expulsa y, lo que viene a ser lo mismo, in-terioriza como uno de sus momentos. Por eso la des-construccin implica una fase indispensable de de-rribo. Quedarse en el derribo es operar, ciertamente, dentro de la inmanencia del sistema a destruir. Pero

    1 Cf. La differance, en Thorie d'ensemble, colec-cin Tel Quel, Du Seuil, Pars, 1968, pgs. 58 y ss. Hay trad. esp., Seix Barral.

    2 Cf. De l'conomie restreinte l'conomie gnra-le, en L'ecriture et la diffrence, col. Tel Quel, 1967.

  • a t e n e r s e , para ir ms lejos, ser ms radical o ms audaz, a una actitud de indiferencia neutralizante r e s p e c t o a las oposiciones clsicas, sera dar curso libre a las fuerzas que dominan efectiva e histrica-mente el campo. Sera, a falta de haberse apoderado de los medios para intervenir en l (a), confirmar el equilibrio establecido.,.

    Estas dos operaciones deben, pues, ser conduci-das en una especie de simul desconcertante, en un movimiento de conjunto, movimiento coherente, cierto, pero dividido, diferenciado y estratificado. La separacin entre las dos operaciones debe per-manecer abierta, dejarse sealar y resealar sin tre-gua. Basta decir la heterogeneidad necesaria de cada texto que participa en esta operacin y la imposibi-lidad de resumir la separacin en un solo punto, ni bajo un solo nombre. Los valores de responsabili-dad o de individualidad ya no pueden dominar aqu: es el primer efecto de la diseminacin.

    No hay concepto-metafsico. No hay nombre-mtafsico. Lo metafsico es cierta determinacin, un movimiento orientado de la cadena. No se le pue-de oponer un concepto, sino un trabajo textual y otro encadenamiento. Habiendo recordado esto, el desarrollo de esta problemtica implicar, pues, el movimiento de la diferencia tal como fue ya despe-jado en otro lugar: movimiento productivo y con-,fictual (4) al que ninguna identidad, ninguna unidad, ninguna simplicidad originaria podra preceder, que

    ggrQ Sobre los conceptos de intervencin y de paleoni-wm, sobre la operacin conceptual de ese vuelco-desplaza-miento (extraccin de un predicado, adherencia nominal,

    ^mjerto, extensin y reorganizacin), cf. Positions, en Pro-imesse nms. 30-31, pg. 37.

    * La diffrance, op. cit., pgs. 46 ss.

  • ninguna dialctica filosfica podra rehacer (*), re-solver o apaciguar, y que desorganiza prcticamen-te, histricamente, textualmente, la oposicin o la diferencia (la distincin esttica) de los diferentes.

    Un prefacio recordara, anunciara aqu una teo-ra y una prctica generales de la desconstruccin, esa estrategia sin la cual no habra ms que v