Historietas nacionales · PDF fileLA BUENAVENTURA LA CORNETA DE LLAVES EL ASISTENTE...

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Transcript of Historietas nacionales · PDF fileLA BUENAVENTURA LA CORNETA DE LLAVES EL ASISTENTE...

  • Pedro Antonio de Alarcn

    Historietas nacionales

    ndice EL CARBONERO-ALCALDE EL AFRANCESADO VIVA EL PAPA! EL EXTRANJERO EL NGEL DE LA GUARDA LA BUENAVENTURA LA CORNETA DE LLAVES EL ASISTENTE BUENA PESCA! LAS DOS GLORIAS DOS RETRATOS EL REY SE DIVIERTE (Extracto de un documento histrico) FIN DE UNA NOVELA ADVERTENCIA EPLOGO EL LIBRO TALONARIO HISTORIETA RURAL UNA CONVERSACIN EN LA ALHAMBRA LA PROCESIN DEL CORPUS EL LTIMO ZEGR

  • EL FANDANGO EL AO CAMPESINO EPISODIOS DE NOCHEBUENA MAYO ALEGORAS DESCUBRIMIENTO Y PASO DEL CABO DE BUENA ESPERANZA BARTOLOM DAZ VASCO DE GAMA AL EXCMO. SEOR DON JUAN VALERA Aunque diga el refrn: Quin es tu enemigo? -El de tu oficio, y aunque usted y yo tenemos el oficio de escribir novelas, llevamos ya cinco lustros de querernos entraablemente, y as hemos de comparecer a la presencia de Dios, por muchas ms novelas que escribamos en lo que nos resta de vida. Somos, pues, dos hermanos ejemplares, bien que usted el mayor en edad, saber y gobierno (sobre todo en saber; que en lo dems all nos vamos, por desdicha), y a ttulo de tal hermano dedico a usted, seor don Juan, estas inocentes historietas nacionales, harto necesitadas, para volver a presentarse en pblico, de que las ampare y patrocine el insigne autor de Doa Luz y de Pepita Jimnez. Las escrib, como usted sabe, entre los veinte y los veinticinco aos de edad, y ya que no otro mrito, tienen el de haber sido las primeras de su ndole y forma publicadas en Espaa; razn por la cual les tengo algn cario de padre o, por mejor decir, de abuelo. Acptelas usted, no slo en seal de mi aficin a su persona y de mi admiracin a su talento, sino tambin como signo rememorativo, que decamos en las antiguas aulas, de lo mucho que agradec su generosa epstola cuando publiqu El Nio de la Bola; epstola que, dicho sea con perdn, me interes y conmovi infinitamente ms que cuanto por aquel entonces se dijo de m en letras de imprenta. Adis, seor don Juan. Abraza a usted con toda el alma su mejor amigo, DON PEDRO EL CARBONERO-ALCALDE I Otro da narrar los trgicos sucesos que precedieron a la entrada de los franceses en la morisca ciudad de Guadix, para que se vea de qu modo sus irritados habitantes arrastraron y dieron muerte al corregidor don Francisco Trujillo, acusado de no haberse atrevido a salir a hacer frente al ejrcito napolenico con los trescientos paisanos armados de escopetas, sables, navajas y hondas de que habra podido disponer para ello... Hoy, sin otro fin que indicar el estado en que se hallaban las cosas cuando ocurri el sublime episodio que voy a referir, dir que ya era capitn general de Granada el excelentsimo seor conde don Horacio Sebastiani, como le llamaban los afrancesados, y gobernador del

  • Corregimiento de Guadix el general Godinot, sucesor del coronel de dragones de caballera, nmero 20, M. Corvineau, a quien haba cabido la gloria de ocupar la ciudad el 16 de febrero de 1810. Dos meses haban pasado desde esta aborrecida fecha, y las tropas de Napolen seguan dominando en Guadix por tal arte, que aquella tierra clsica de revoltosos y guerrilleros era ya una balsa de aceite. Apenas se vela algn que otro buen patriota ahorcado en los miradores de las Casas Consistoriales, y ya iban siendo menos sorprendentes ciertas misteriosas bajas del ejrcito invasor, ocasionadas, segn todo el mundo sabe, por la mana en que dieron los guadijeos, como otros muchos [12] espaoles, de arrojar al pozo a sus alojados: comenzaba la plebe a chapurrar el francs, y hasta los nios saban ya decir didon para llamar a los conquistadores, lo cual era claro indicio de que la asimilacin de espaoles y franceses adelantaba mucho, haciendo esperar a los transpirenaicos una pronta identificacin de ambos pueblos: ya bailaban nuestras abuelas... (es decir, las abuelas de los nietos de los afrancesados; que no las mas, a Dios gracias), ya bailaban, digo, con los oficiales vencedores en Marengo, Austerlitz y Wagram, y aun haba ejemplo de que alguna beldad despreocupada, con peina de teja y vestido de medio paso, que era la suma elegancia en aquel entonces, hubiese mirado con buenos ojos a ste o aqul granadero, dragn o hsar nacido en lejanas tierras: ya extendan los curiales toda clase de documentos pblicos en papel que haba sido del reinado de don Fernando VII, y al cual se acababa de poner la siguiente nota: Valga para el reinado del Rey nuestro seor D. Jos Napolen I: ya se dignaban or misa, los domingos y fiestas de guardar, aquellos hijos de Voltaire y Rousseau, bien que los generales y jefes superiores la oyesen, como ateos de ms alta dignidad, arrellanados en los sillones del presbiterio y fumando en descomunales pipas... (histrico): ya los frailes de San Agustn, San Diego, Santo Domingo y San Francisco haban consumido todas las hostias sagradas y evacuado por fuerza sus conventos, para que sirviesen de cuarteles a los galos; ya, en fin, era todo paz varsoviana, oficial alegra y entusiasmo bajo pena de muerte en la antigua corte de aquellos otros enemigos de Cristo que reinaron en Guadix por la gracia de Al y de su profeta Mahoma. II Pues he aqu que, en tales circunstancias, tuvo que cerrar sus puertas el matadero de Guadix, por falta de reses que matar. Vacas, bueyes, terneras, carneros, ovejas, [13] cabras... todos los ganados del territorio haban sido ya devorados por aquellos naciones, con ms todos los jamones, espaldillas, pavos, pollos, gallinas, palomas y conejos caseros de la ciudad; pues nunca haba visto a seres humanos comer tanta carnaza a todas horas!... Las gentes del pas, sobrias siempre a fuer de semiafricanas, seguan alimentndose con vegetales crudos, cocidos o fritos... pero el Conquistador necesitaba carne, y carne fresca, y mucha, y pronto!... En tal conflicto, record el general francs que el partido de Guadix se compona de varios pueblos, y que la mayor parte de ellos se hallaban

  • an por conquistar. -Es necesario -dijo entonces a sus tropas- que las guilas del Imperio se extiendan por todas partes! Desparramaos por cuantas villas, lugares y cortijos comprende el territorio de mi mando: llevadles la buena nueva del advenimiento de don Jos I al trono de San Fernando: tomad posesin de ellos en su nombre, y traedme a la vuelta cuanto ganado encontris en sus corrales y rediles. Viva el emperador! Y, en virtud de esta orden del da, salieron diez o doce columnas, cada una de ciento a doscientos hombres, con direccin al marquesado del Zenet, a Gor, a los montes y a los pueblos situados en la falda septentrional de Sierra Nevada. Entre estos ltimos -y henos ya dentro del episodio que nos propusimos referir al coger hoy la pluma-, entre los pueblos que, indiferentes a los adelantos de la civilizacin, vegetan al pie del colosal y siempre nevado Mulhacn, es y era renombrada en veinte leguas a la redonda, por el carcter indmito de sus moradores, por su arbigo aspecto, por el estado casi salvaje de las costumbres y por otras particularidades que ya irn surgiendo de nuestra relacin, la antiqusima villa de Lapeza, clebre en la guerra de los moriscos, y cuyo arruinado castillejo recuerda an el nombre de su esforzado gobernador Bernardino de Villalta, digno adversario de los secuaces de Aben-Humeya. [14] Era el da 15 de abril del mencionado ao de 1810. La villa de Lapeza ofreca un espectculo tan risible como admirable, tan grotesco como imponente, tan ridculo como aterrador. Hallbanse cortadas todas sus avenidas por una muralla de troncos de encina y de otros rboles gigantescos, que la poblacin en masa bajaba del monte vecino, y con los que formaba pilas no muy fciles de superar. Como la mayor parte de aquel vecindario se compone de carboneros, y el resto de leadores y pastores, la operacin indicada se llevaba a cabo con inteligencia y celeridad verdaderamente asombrosas. Aquel recio muro de madera formaba una especie de torre por el lado frontero al camino de Guadix, y encima de esta torre haban colocado los lapezeos (asmbrense ustedes!) cierto formidable can, fabricado por ellos mismos, y de que ha quedado imperecedera memoria; el cual consista en un colosal tronco de encina ahuecado al fuego, ceido con recias cuerdas y redoblados alambres, y cargado hasta la boca con no s cuntas libras de plvora y una infinidad de balas, piedras, pedazos de hierro viejo y otros proyectiles por el estilo... Contbase adems con todas las armas blancas y negras del pueblo y del monte, resultando disponibles unas doce escopetas, ms de veinte bocachas y trabucos, un cuchillo, pual o navaja por persona, tres o cuatro docenas de hachas de hacer lea, algunos pistolones de chispas, inmensos montones de piedras de respetable calibre, todas las hondas necesarias para