Historia de Un Boligrafo Romantico

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  • HISTORIA DE UN BOLGRAFO ROMNTICO

    Jos Gmez Muoz

    Cuento infantil, juvenil

  • Textos, fotos, portada y maquetacin Jos Gmez Muoz

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  • ndice:1- Presentacin2- Primeros comentarios3 - Primera historia4- Las fotos de flores de almendro5- Cae la primera noche6 - El universitario7- El olor de los humanos8- El silencio y la lluvia9 - No hay romnticos entre los humanos10 - Creer en los propios sueos11- La universitaria de tez blanca12- El pacto de Romi13- El Anciano del cortijo del Laurel14- Algaraba en la tienda 15- No todos los humanos son buenos16- A dnde van los bolgrafos vacos? 17- Todos merecemos dignidad18- Hay que ayudar a los amigos 19- Nunca hay que perder la esperanza20- El tesoro de nuestro interior21- El mundo interior de un bolgrafo 22- El misterioso paquete23- Los humanos solo buscan dinero24- Qu solos nos quedamos!25- No hay que culpar a los humanos26- Preparando para arreglar el escaparate27- Las confesiones del nmero uno28- Una carta dentro de la caja29- Si estamos en buenas manos30- El ltimo consejo

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  • 1- Presentacin

    - Yo fui la rama ms

    gruesa de un rbol

    gigante, junto a un

    lago de aguas

    pursimas y cerca de

    una suave colina.

    - De ese mismo rbol,

    yo fui un pequeo

    trozo de su tronco. El

    musgo del invierno y

    las orqudeas del

    bosque se agarraban

    a m para sostenerse.

    - Pues yo fui, en

    aquellas primaveras clidas y tardes lluviosas, varias hojas de

    este mismo rbol.

    - Y yo fui una de las races ms largas y robusta de ese rbol

    frente a la colina. De las pursimas aguas del lago que has

    nombrado, beba y luego comparta con todas las ramas y

    hojas del rbol que estis nombrando.

    - Vosotros no lo sabas pero yo tambin viva cerca de este

    gigante rbol. Fui una de las lianas ms hermosas de todo

    aquel bosque. Por mi tallo suban las araas, los monos y

    hasta las aves que poblaban el tupido bosque.

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  • - Pues, para que lo sepis, yo fui

    De esta manera hablaban, recordando los tiempos

    primeros de su existencia. Sobre una pequea repisa de cristal,

    frente al mostrador de la tienda de fotocopias y libros,

    descansaban. Ya olvidados de sus dueos y viejos. Sin

    ninguna utilidad y por eso, esperando que en cualquier

    momento, el dueo de la tienda u otra persona, los cogiera

    para tirarlos definitivamente a la basura. La pequea repisa de

    crista daba a la calle, casi se poda tocar desde el otro lado del

    mostrador y por esto, todas las personas que entraban a la

    tienda, la vean con claridad. Nadie prestaba ninguna atencin.

    Solo algunas de las personas que, al pasar por la calle, se

    paraban ante el escaparate y miraban por si encontraban algn

    objeto que fuera bonito. A ellos muy pocas personas les

    prestaban atencin.

    Unos centmetros ms arriba de la pequea repisa de

    cristal y tambin clavada en la pared, otra repisa aun ms

    chica. Sobre ella descansaba un lapicero de lata, pintado en

    amarillo y verde y decorado con dibujos de flores. Dentro del

    lapicero solo haba un sencillo bolgrafo. De plstico

    transparente casi como el cristal y con un capuchn tambin de

    plstico pero opaco y de color azul intenso. Solitario y muy

    concentrado en las charla de los diez o doce bolgrafos viejos.

    Los miraba y se mora en deseos de dar tambin su opinin. Y,

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  • sobre todo, quera preguntarles cosas. Todos ellos ya haban

    dejado de ser tiles a los personas y por eso estaba seguro

    que tendran mucho cosas que contar.

    2- Primeros comentarios

    - A m nadie me ha comprado todava. Aqu, en este

    lapicero de lata, llevo ya casi dos aos y, aunque muchos de

    los que entran a la tienda me miran, nadie quiere llevarme con

    l. Pero yo sueo. Desde mucho antes de ser bolgrafo, llevo

    en mis genes un sueo que no he compartido todava con

    nadie.

    Comentaba el bolgrafo de plstico transparente.

    - Pues nosotros, ya lo ests viendo, hemos terminado de ser

    tiles a los humanos y ya estamos desechados. Listos para ser

    tirados a la basura y desaparecer para siempre de este mundo.

    Tambin, como t, tenamos un sueo pero no ha servido para

    nada.

    Le confirm uno de los vacos y viejos bolgrafos.

    - Pero soar es valioso y muy necesario. Sabis qu es lo que

    quisiera yo?

    - Qu es lo que quisiera?

    - Que me comprara una chica joven y me llevara con ella y que

    conmigo escribiera palabra hermosas, llenas de amor y tiernas.

    Y si me compra una nia me gustara que conmigo dibujara las

    flores ms bonitas. Y si es posible que sean de almendro.

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  • Tambin sueo que, algn da, me compre alguna persona

    mayor. Un anciano escritor o un poeta. Porque lo que ms me

    gustara es que alguien conmigo algn da escriba las cosas

    ms bellas que nunca se hayan escrito. Y si fuera un libro,

    pequeo pero limpio y lleno de hondura, qu dichoso me iba a

    sentir.

    Los nios, las

    muchachas jvenes, las

    nias son tan hermosas

    y por dentro parecen tan

    bellas! Se me van los

    ojos tras ellas cada vez

    que las veo pasar por la

    calle o entrar a esta

    tienda. Por eso aoro la

    dulzura de una nia o la

    ternura de una chica

    joven. No las conozco

    pero sueo con cada

    una de estas personas a todas horas. Porque sabis qu fui

    yo en mis primeros tiempos?

    Uno de los diez o doce bolgrafos vacos pregunt:

    - Qu fuiste t en los tiempos en que nosotros fuimos rbol,

    hojas, ramas y races?

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  • - Yo fui flores de almendro. Hermosas y frescas flores abiertas

    y de color rosa trabadas en las ramas de un almendro precioso.

    - Qu suerte la tuya!

    Se produjo un pequeo silencio porque a la tienda de

    libros y fotocopias entr una muchacha joven. De pelo rubio, de

    cara blanca, delgada, con una sonrisa muy brillante y hablando

    con mucha dulzura. No hablaba correctamente el espaol sino

    que lo haca con un pronunciado acento extranjero. Sobre el

    mostrador dej sus libros y abri la carpeta para sacar hojas

    escritas con bolgrafo. Pidi que le hicieran fotocopia de todo y

    luego sigui buscando ms hojas escritas con tinta azul. El

    bolgrafo de plstico transparente, desde el lapicero de lata y

    estantera de cristal, la miraba y mantena la respiracin

    esperando.

    3 Primera historia

    La muchacha de las fotocopias, sac unas monedas de

    su bolso, grande y de color piel, pag y se fue. Y, justo al salir

    de la tienda, se tropez con una amiga. Otra chica joven, baja

    de estatura, delgada, con cara redonda y pelo negro. Se

    saludaron hablaron algo, tampoco pronunciaba correctamente

    el espaol, y las dos se fueron juntas. Calle arriba hacia la

    pequea plaza de la ermita, con el olivo en el jardn de puerta.

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  • Dirigindose al solitario en el lapicero de lata, uno de los

    bolgrafos vaco, dijo:

    - Nosotros podemos contarte nuestras experiencias con las

    personas que nos han usado. Te servirn para que tengas una

    idea ms clara de lo que son los humanos y de lo que te

    espera a partir del momento en que te vendan.

    Respondi el bolgrafo de cristal:

    - S que me gustara orlas.

    Otro de los bolgrafos desahuciado, sigui comentando:

    - Y te conviene. Porque las cosas no son como las piensas.

    Eres un bolgrafo romntico porque sueas que una nia rubia,

    de manos blancas y cara de seda, dibuje contigo flores de

    almendro.

    Sigui argumentando el bolgrafo romntico:

    - No solo lo sueo sino que lo deseo con todas mis fuerzas.

    Porque estoy convencido que nada hay ms importante y bello

    en este mundo que dibujar flores de almendros con un

    bolgrafo como yo.

    Por la calle pas, en este mismo momento, una

    preciosa nia rubia. La mir muy interesado el bolgrafo

    romntico. No dijo nada pero se le notaba lo que en su corazn

    ocurra. La nia ni se par un momento. Ni siquiera mir para el

    escaparate. Sin embargo, el boli romntico dijo:

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  • - La he visto muchas veces pasar por aqu. Seguro que vive

    cerca. Me gusta tanto! Parece tan dulce, tan tierna, tan

    cariosa, tan risuea, tan La conocis vosotros de algo?

    El bolgrafo nmero uno, de los viejos y vacos, aclar:

    - Yo s un poco de ella y, tambin este compaero mo, sabe

    algo de la muchacha que ha estado aqu hace un momento.

    El compaero al que se refera era el nmero dos del grupo de

    los sin tinta por dentro. Lo mir Romntico y pregunt:

    - Cmo se llama?

    Respondi el bolgrafo nmero dos:

    - El nombre no lo s ni tampoco a ti te interesa mucho. Para lo

    que sueas y esperas de la vida los nombres de las cosas y las

    personas no es lo que ms te importa.

    El nmero tres de los vacos por dentro pregunt:

    - Y si te compra un hombre mayor, un anciano calvo pero

    tambin romntico como t Servira para lo que sueas?

    - Yo quiero que me compre y me lleve con ella una nia como

    la que hemos visto ahora mismo. Y, si no fuera posible, lo que

    ms me gustara es que me comprara una muchacha joven.

    Conoci