El retrato de Dorian Gray - FormarseLibros - Descarga ... retrato de Dorian... · PDF...

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  • El retrato de Dorian GrayWilde, Oscar

    Published: 2010Categorie(s):Tag(s): Narrativa decadente

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  • Prefacio

    E l artista es creador de belleza.Revelar el arte y ocultar al artista es la meta del arte.El crtico es quien puede traducir de manera distinta o con nuevos materiales

    su impresin de la belleza. La forma ms elevada de la crtica, y tambin la msrastrera, es una modalidad de autobiografa.

    Quienes descubren significados ruines en cosas hermosas estn corrompidossin ser elegantes, lo que es un defecto. Quienes encuentran significados bellos encosas hermosas son espritus cultivados. Para ellos hay esperanza.

    Son los elegidos, y en su caso las cosas hermosas slo significan belleza.No existen libros morales o inmorales.Los libros estn bien o mal escritos. Eso es todo.La aversin del siglo por el realismo es la rabia de Calibn al verse la cara en

    el espejo.La aversin del siglo por el romanticismo es la rabia de Calibn al no verse la

    cara en un espejo.La vida moral del hombre forma parte de los temas del artista, pero la morali-

    dad del arte consiste en hacer un uso perfecto de un medio imperfecto. Ningnartista desea probar nada. Incluso las cosas que son verdad se pueden probar.

    El artista no tiene preferencias morales. Una preferencia moral en un artistaes un imperdonable amaneramiento de estilo.

    Ningn artista es morboso. El artista est capacitado para expresarlo todo.Pensamiento y lenguaje son, para el artista, los instrumentos de su arte.El vicio y la virtud son los materiales del artista. Desde el punto de vista de la

    forma, el modelo de todas las artes es el arte del msico. Desde el punto de vistadel sentimiento, el modelo es el talento del actor.

    Todo arte es a la vez superficie y smbolo.Quienes profundizan, sin contentarse con la superficie, se exponen a las

    consecuencias.Quienes penetran en el smbolo se exponen a las consecuencias.Lo que en realidad refleja el arte es al espectador y no la vida.La diversidad de opiniones sobre una obra de arte muestra que esa obra es

    nueva, compleja y que est viva. Cuando los crticos disienten, el artista est deacuerdo consigo mismo.

    A un hombre le podemos perdonar que haga algo til siempre que no lo admi-re. La nica excusa para hacer una cosa intil es admirarla infinitamente.

    Todo arte es completamente intil.

    OSCAR WILDE

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  • Captulo 1

    E l intenso perfume de las rosas embalsamaba el estudio y, cuando laligera brisa agitaba los rboles del jardn, entraba, por la puerta ab-ierta, un intenso olor a lilas o el aroma ms delicado de las flores rosadasde los espinos.

    Lord Henry Wotton, que haba consumido ya, segn su costumbre, in-numerables cigarrillos, vislumbraba, desde el extremo del sof donde es-taba tumbado tapizado al estilo de las alfombras persas, el resplandorde las floraciones de un codeso, de dulzura y color de miel, cuyas ramasestremecidas apenas parecan capaces de soportar el peso de una bellezatan deslumbrante como la suya; y, de cuando en cuando, las sombrasfantsticas de pjaros en vuelo se deslizaban sobre las largas cortinas deseda india colgadas delante de las inmensas ventanas, produciendo algoas como un efecto japons, lo que le haca pensar en los pintores de Tok-yo, de rostros tan plidos como el jade, que, por medio de un arte necesa-riamente inmvil, tratan de transmitir la sensacin de velocidad y demovimiento. El zumbido obstinado de las abejas, abrindose camino en-tre el alto csped sin segar, o dando vueltas con montona insistencia entorno a los polvorientos cuernos dorados de las desordenadas madresel-vas, parecan hacer ms opresiva la quietud, mientras los ruidos confu-sos de Londres eran como las notas graves de un rgano lejano.

    En el centro de la pieza, sobre un caballete recto, descansaba el retratode cuerpo entero de un joven de extraordinaria belleza; y, delante, a cier-ta distancia, estaba sentado el artista en persona, el Basil Hallward cuyarepentina desaparicin, hace algunos aos, tanto conmoviera a la socie-dad y diera origen a tan extraas suposiciones.

    Al contemplar la figura apuesta y elegante que con tanta habilidad ha-ba reflejado gracias a su arte, una sonrisa de satisfaccin, que quiz hub-iera podido prolongarse, ilumin su rostro. Pero el artista se incorporbruscamente y, cerrando los ojos, se cubri los prpados con los dedos,como si tratara de aprisionar en su cerebro algn extrao sueo del quetemiese despertar.

    Es tu mejor obra, Basil dijo lord Henry con entonacin lnguida, lomejor que has hecho. No dejes de mandarla el ao que viene a la galeraGrosvenor. La Academia es demasiado grande y demasiado vulgar. Ca-da vez que voy all, o hay tanta gente que no puedo ver los cuadros, loque es horrible, o hay tantos cuadros que no puedo ver a la gente, lo quetodava es peor. La galera Grosvenor es el sitio indicado.

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  • No creo que lo mande a ningn sitio respondi el artista, echando lacabeza hacia atrs de la curiosa manera que siempre haca rer a sus ami-gos de Oxford. No; no mandar el retrato a ningn sitio.

    Lord Henry alz las cejas y lo mir con asombro a travs de las delga-das volutas de humo que, al salir de su cigarrillo con mezcla de opio, seretorcan adoptando extraas formas.

    No lo vas a enviar a ningn sitio? Por qu, mi querido amigo? Qurazn podras aducir? Por qu sois unas gentes tan raras los pintores?Hacis cualquier cosa para ganaros una reputacin, pero, tan pronto co-mo la tenis, se dira que os sobra. Es una tontera, porque en el mundoslo hay algo peor que ser la persona de la que se habla y es ser alguiende quien no se habla. Un retrato como se te colocara muy por encimade todos los pintores ingleses jvenes y despertara los celos de los vie-jos, si es que los viejos son an susceptibles de emociones.

    S que te vas a rer de m replic Hallward, pero no me es posibleexponer ese retrato. He puesto en l demasiado de m mismo.

    Lord Henry, estirndose sobre el sof, dej escapar una carcajada.S, Harry, saba que te ibas a rer, pero, de todos modos, no es ms

    que la verdad.Demasiado de ti mismo! A fe ma, Basil, no saba que fueras tan vani-

    doso; no advierto la menor semejanza entre ti, con tus facciones bienmarcadas y un poco duras y tu pelo negro como el carbn, y ese jovenadonis, que parece estar hecho de marfil y ptalos de rosa. Vamos, miquerido Basil, ese muchacho es un narciso, y t , bueno, tienes, por su-puesto, un aire intelectual y todo eso. Pero la belleza, la belleza autntica,termina donde empieza el aire intelectual. El intelecto es, por s mismo,un modo de exageracin, y destruye la armona de cualquier rostro. Enel momento en que alguien se sienta a pensar, todo l se convierte en na-riz o en frente o en algo espantoso. Repara en quienes triunfan en cualq-uier profesin docta. Son absolutamente imposibles. Con la excepcin,por supuesto, de la Iglesia. Pero sucede que en la Iglesia no se piensa. Unobispo sigue diciendo a los ochenta aos lo que a los dieciocho le conta-ron que tena que decir, y la consecuencia lgica es que siempre tiene unaspecto delicioso. Tu misterioso joven amigo, cuyo nombre nunca mehas revelado, pero cuyo retrato me fascina de verdad, nunca piensa. Est-oy completamente seguro de ello. Es una hermosa criatura, descerebra-da, que debera estar siempre aqu en invierno, cuando no tenemos floresque mirar, y tambin en verano, cuando buscamos algo que nos enfre lainteligencia. No te hagas ilusiones, Basil: no eres en absoluto como l.

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  • No me entiendes, Harry respondi el artista. No soy como l, porsupuesto. Lo s perfectamente. De hecho, lamentara parecerme a l. Teencoges de hombros? Te digo la verdad. Hay un destino adverso ligadoa la superioridad corporal o intelectual, el destino adverso que persiguepor toda la historia los pasos vacilantes de los reyes. Es mucho mejor noser diferente de la mayora. Los feos y los estpidos son quienes mejor lopasan en el mundo. Se pueden sentar a sus anchas y ver la funcin con laboca abierta. Aunque no sepan nada de triunfar, se ahorran al menos losdesengaos de la derrota. Viven como todos deberamos vivir, tranqui-los, despreocupados, impasibles. Ni provocan la ruina de otros, ni la re-ciben de manos ajenas. Tu situacin social y tu riqueza, Harry; mi cere-bro, el que sea; mi arte, cualquiera que sea su valor; la apostura de Dor-ian Gray: todos vamos a sufrir por lo que los dioses nos han dado, y a su-frir terriblemente.

    Dorian Gray? Es as como se llama? pregunt lord Henry, atrave-sando el estudio en direccin a Basil Hallward.

    S; as es como se llama. No tena intencin de decrtelo.Pero, por qu no?No te lo puedo explicar. Cuando alguien me gusta muchsimo nunca

    le digo su nombre a nadie. Es como entregar una parte de esa persona.Con el tiempo he llegado a amar el secreto. Parece ser lo nico capaz dehacer misteriosa o maravillosa la vida moderna. Basta esconder la cosams corriente para hacerla deliciosa. Cuando ahora me marcho de Lon-dres, nunca le digo a mi gente adnde voy. Si lo hiciera, dejara de resul-tarme placentero. Es una costumbre tonta, lo reconozco, pero por algunarazn parece dotar de romanticismo a la vida. Imagino que te resulto te-rriblemente ridculo, no es cierto?

    En absoluto respondi lord Henry; nada de eso, mi querido Basil.Pareces olvidar que estoy casado, y el nico encanto del matrimonio esque exige de ambas partes practicar asiduamente el engao. Nunca sdnde est mi esposa, y mi esposa nunca sabe lo que yo hago. Cuandocoincidimos, cosa que sucede a veces, porque salimos juntos a cenar ovamos a casa del Duque, nos contamos con tremenda seriedad las histor-ias ms absurdas sobre nuestras respectivas actividades. Mi mujer lo ha-ce muy bien; mucho mejor que yo, de hecho. Nunca se equivoca en cues-tin de fechas y yo lo hago siempre. Pero cuando me descubre, no se en-fada. A veces me gustara que lo hiciera, pero se limita a rerse de m.