Camilo Fernández - Manuel Pantigoso. Discursos de incorporación + recepción

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Discurso de Incorporación del académico Camilo Fernández Cozman, 21 de agosto 2008" "Blanca Varela y la Lucha Interminable con las Palabras

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blanca varela y la lUcha interminable con las palabras

INCORPORACIN DEL ACADMICO DON CAMILO FERNNDEZ COZMAN (Sesin pblica del 21 de agosto de 2008)

BLANCA VARELA Y LA LUCHA INTERMINABLE CON LAS PALABRASCamilo Fernndez Cozman

Seor doctor Marco Martos Carrera, Presidente de la Academia Peruana de la Lengua, Excelentsimo Embajador de Espaa en el Per, Seores acadmicos de nmero, Seores acadmicos correspondientes, Seoras y seores: Es para m motivo de inmenso regocijo ser incorporado como acadmico de nmero en esta docta casa que tuvo como presidente a don Ricardo Palma. Lo constituye por un abanico de razones. La primera: no resulta una prctica habitual que la tarea del crtico literario sea valorada en los predios de la intelectualidad, a veces un poco reacia al reconocimiento del trabajo del hermeneuta literario. Si es algo azaroso dedicarse a concebir un poema o una obra de teatro, lo es --an ms-consagrarse a la incierta labor de analizar versos o cuentos o novelas en el Per. Para algunos, se trata de un quehacer bizantino. Si poca gente lee poesa, cuntos estarn dispuestos a devorar un libro de crtica que bordea las trescientas pginas e intenta asediar el significado siempre huidizo de un poema? La segunda razn que me colma de beneplcito es que en la Academia Peruana de la Lengua se hallan mis maestros que supieron despertar en m la sed de investigacin en las aulas de la UniversidadB. APL 46(46), 2008 191

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de San Marcos, all en los lejanos aos ochenta, cuando el Per pareca ahogarse, atnito, ante la marea incesante de la violencia. Permtaseme mencionar a Jorge Cornejo Polar (erudito recientemente desaparecido; profundo conocedor de la obra de Manuel Ascensio Segura), a Jorge Puccinelli, Marco Martos, Edgardo Rivera Martnez, Carlos Germn Belli, Manuel Pantigoso, Carlos Eduardo Zavaleta y Eduardo Hopkins. Ya no est (aunque su recuerdo nos acompae) Antonio Cornejo Polar, en cuya casa de la avenida Higuereta yo discuta, con pasin y algo de sindresis, sobre los vericuetos de la literatura latinoamericana y trataba de echar quiz luz en el camino siempre sinuoso de la creacin potica. All aprend que la crtica literaria era tambin una cuestin de estilo y que un investigador deba tener como norte esclarecer el sentido que subyace a una novela o a una obra de teatro. El hermeneuta literario no es dueo de la verdad absoluta, sino un lector que busca compartir su exgesis con los dems. Un poema no puede reducirse a una frmula matemtica, sino que es un objeto vivo que invita al lector a emplear su imaginacin para completar la significacin que el autor apenas ha esbozado. Umberto Eco se ha referido a la potica de la obra abierta para aludir a un tipo de obras que consideraba al receptor como el libre ejecutante de una partitura dejada casi inconclusa por su diestro hacedor. Hans-Robert Jauss, por su parte, ha dicho que la historia de la literatura era una provocacin. Es decir, un poema es un acicate a nuestra fantasa de lectores y debiramos responder con una interpretacin creativa y no con una ecuacin que simplemente reduzca a un mero esquema la complejidad polismica del discurso literario. La Academia Peruana de la Lengua tiene el noble oficio de preservar el invalorable legado de la comunidad hispanohablante: el idioma. Pedro Salinas, eximio traductor de Marcel Proust y sutil poeta, afirma sin ambages: No habr ser humano completo, es decir, que se conozca y se d a conocer, sin un grado avanzado de posesin de su lengua. Porque el individuo se posee a s mismo, se conoce, expresando lo que lleva dentro, y esa expresin slo se cumple por medio del lenguaje1. Hablar, escribir, leer y escuchar son actividades en las cuales nos involucramos ntimamente1

Salinas, Pedro. El defensor. Barcelona: Editorial Pennsula, 2002, p. 366.

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como seres humanos y permiten el reconocimiento de la voz del otro. Moldeamos nuestra personalidad a partir de las palabras y nos insertamos en una determinada tradicin cultural sobre la base de un sistema de signos que compartimos con los dems y as abrimos la necesidad del consenso como fundamento imprescindible de la convivencia humana. Mi tema de disertacin ser la poesa de Blanca Varela, mas me centrar en su poemario Valses y otras falsas confesiones (1971). El poeta metafsico ingls John Donne deca: Ningn hombre es una isla en s mismo/ Cada hombre es un tramo del continente, una parte del todo. Por ello, la obra de Varela establece lazos fecundos con el surgimiento de la lrica contempornea en el Per, donde brillan autores como Csar Vallejo, Jos Mara Eguren y Jorge Eduardo Eielson. Alberto Escobar hizo una periodizacin de la lrica peruana sobre la base de la idea de la fundacin de las tradiciones poticas nacionales. As, en plural, porque el proceso es mltiple e interminablemente heterogneo. Este ciclo de los fundadores, segn Escobar, tiene como exponentes a Eguren, Adn, Vallejo, los otros poetas vanguardistas y los artfices de la llamada Generacin del 50. En tal sentido, Varela es una de las fundadoras de las tradiciones poticas en el Per, como lo fue Sor Juan Ins de la Cruz en Mxico, o Gabriela Mistral en Chile. Se trata, sin duda, de piedras angulares en el panorama de la poesa hispanoamericana. Octavio Paz descubre que: Blanca Varela es una poeta que no se complace en sus hallazgos ni se embriaga con su canto. Con el instinto del verdadero poeta, sabe callarse a tiempo. Su poesa no explica ni razona. Tampoco es una confidencia. Es un signo, un conjunto frente, contra y hacia el mundo, una piedra negra tatuada por el fuego y la sal, el amor, el tiempo y la soledad. Y, tambin, una exploracin de la propia conciencia2.

2

Paz, Octavio. Destiempos en Blanca Varela. En: Varela, Blanca. Canto villano. Poesa reunida (1949-1994). Mxico: Fondo de Cultura Econmica, 1996, p. 10.

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Aqu se observa cmo el escritor mexicano subraya de qu manera Varela cuestiona una poesa didctica que intente explicar al lector la significacin del poema. Ello la lleva a explorar la sugerencia como centro de su potica a la manera de los simbolistas franceses que recusaban los cdigos realistas y, como si concibieran una pintura impresionista, trabajaban con el efecto de la luz y con la disposicin de los colores. Roberto Paoli seala que: En la crisis del lenguaje potico contemporneo observamos que hay poetas que rompen los diques de contencin de la verbalidad; otros que, en cambio, tratan de reducir la expansin fsica del discurso verbal. A esta segunda categora pertenece por derecho la expresividad de Blanca Varela. Claro est que la distincin es puramente fenomenolgica y no supone jerarquizacin alguna. Hiperverbales e hipoverbales tiene las mismas probabilidades de acertar o desacertar en sus realizaciones expresivas3. Por ejemplo, Walt Whitman y Pablo Neruda son poeta hiperverbales porque, al decir de Paoli, tienden a la expansin verbal. Una enumeracin interminable de metforas puebla Hojas de hierba y Canto general. En cambio, Constantino Cavafis y Giuseppe Ungaretti son poetas hipoverbales porque sus obras trasuntan una bsqueda de sntesis y reducen el proceso expansivo antes referido con el fin de lograr la precisin verbal. Varela est ms cercana a esta segunda tendencia porque en su poesa se busca la concentracin del mensaje en escasos vocablos. Adolfo Castan precisa que: Originalmente prxima a poetas como el nicaragense Carlos Martnez Rivas o el mexicano Octavio Paz, Blanca Varela ahonda su propia bsqueda tica y potica en el curso de una obra mineral,3

Paoli, Roberto. Una visin lcida y desencantada. En: Varela, Blanca. Op. Cit., p. 19.

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tallada en los huesos, labrada ms all de la piel anecdtica y del fcil jaspeado asociativo4. Aqu se observa cmo escribir poesa entraa, para Varela, una inacabable bsqueda tica que no cae en la lrica de instrumentalizacin poltica, pero que, fiel al trabajo con el lenguaje, cuestiona las fciles dicotomas entre lo masculino y lo femenino, o entre lo pblico y lo privado, para escuchar la voz del otro y cuestionar la primaca del discurso patriarcal en el mbito de la modernidad. Creo que la escritura de Varela tiene dos fuentes: el simbolismo francs y el surrealismo. Stphane Mallarm, gran poeta simbolista, piensa que: Nombrar un objeto es suprimir las tres cuartas partes del goce de un poema que se obtiene al irlo adivinando poco a poco; sugerirlo, se es el sueo5. Es decir, Varela no nombra, sino sugiere sutilmente algunas atmsferas y disiente de la poesa de compromiso poltico cuya mxima expresin es, en el Per de los aos cincuenta, Edicin extraordinaria (1958) de Alejandro Romualdo. Sin embargo, a diferencia de Mallarm, la autora de Ese puerto existe reflexiona sobre su condicin de mujer cuestionando ciertas estructuras de carcter patriarcal con el fin de plantear la necesidad de escuchar al otro en el concierto de la modernidad. No excluye la perspectiva masculina, sino busca repensar el rol de los gneros para que el autodesarrollo y el progreso colectivo caminen de la mano. Se trata de un planteamiento tico que pone nfasis en la necesidad del dilogo y la exclusin de todo monlogo autoritario. Del surrealismo, nuestra poeta asimila creativamente la imaginera que, sobre la base de la oposicin entre vigilia y sueo, se nutre de metforas de corte onrico y cuestiona el paradigma racionalista. Paoli ha sealado que Varela se forma en un clima parasurrealista, igual que sus compaeros de generacin: Javier Sologuren, Jorge Eduardo Eielson,4

Castan, Adolfo. Blanca Varela: la piedad incandescente. En: Varela, Blanca. Op. Cit., p. 28. Mallarm, Stphane. Igitur. Divagations. Un coup de ds. Paris: Ed. Gallimard, 1976, p. 392. Tomo la traduc