Burroughs, Edgar Rice - Las Fieras de Tarzan Tomo III

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    Las fieras de Tarzn(Tomo III)

    Edgar Rice Burroughs

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    Las fieras de Tarzn Edgar Rice Burroughs

    A, Joan Burroughs

    NDICE

    I SecuestroII Abandonado en una playa desiertaIII Fieras al ataqueIV SheetaV MugambiVI Una tripulacin aterradoraVII TraicionadoVIII La danza de la muerteIX Nobleza o villana?X El sueco

    XI TambudzaXII Un pcaro negroXIII HuidaXIV A travs de la junglaXV Ro Ugambi abajoXVI En la oscuridad de la nocheXVII Sobre la cubierta del KincaidXVIII Paulvitch trama su venganzaXIX El hundimiento del KincaidXX De nuevo en la Isla de la SelvaXXI La ley de la jungla

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    ISecuestro

    -El misterio ms profundo envuelve el caso -manifest D'Arnot-.Tengo informes de primera mano, segn los cuales ni la polica ni los

    agentes especiales de su estado mayor tienen la ms remota idea delmodo en que se consum la fuga. Todo lo que saben es que NicolsRokoff se les ha escapado.

    John Clayton, lord Greystoke -en otro tiempo Tarzn de los Monos-,permaneci silencioso, sentado all, en el piso parisiense de su amigoPaul D'Arnot, con la meditativa mirada fija en la puntera de suinmaculada bota.

    En su imaginacin se agitaban mil recuerdos, provocados por laevasin de su archienemigo de la crcel militar en la que cumpla lasentencia a cadena perpetua a la que le condenaron merced al testimo-nio del hombre-mono.

    Pens en la cantidad de intentos de asesinato que haba urdido Rokoffcontra l y comprendi que lo que aquel individuo hizo hasta entoncesno era nada comparado con lo que tramara y deseara hacer ahora queestaba libre de nuevo.

    Tarzn acababa de trasladar a Londres a su esposa y a su hijo, con elfm de ahorrarles las incomodidades y peligros de la estacin lluviosa desu vasta hacienda de Uziri, el territorio de los salvajes guerreros waziricuyos extensos dominios africanos gobern tiempo atrs el hombre-mono.

    Haba atravesado el canal de la Mancha para hacer una breve visita asu viejo amigo, pero la noticia de la fuga del ruso haba proyectado una

    sombra ominosa sobre su viaje, de modo que, aunque acababa de llegara Pars, ya estaba considerando la conveniencia de volver de inmediato aLondres.

    -No es que tema por mi vida, Paul -rompi Tarzn su silencio por fin-.Hasta la fecha, siempre he superado todas las tentativas asesinas deRokoff contra m, pero ahora he de pensar en otras personas. O muchome equivoco o ese criminal se apresurar a ensaarse con mi mujer ocon mi hijo, antes que atacarme a m directamente, porque es indudableque sabe que as puede infligirme mayores tribulaciones. De modo quehe de regresar en seguida y permanecer junto a ellos hasta que Rokoff seencuentre de nuevo entre rejas... o en el cementerio.

    Mientras Tarzn y D'Arnot mantenan esta conversacin en Pars,otros dos hombres dialogaban en una casita de campo de los alrededoresde Londres. Se trataba de dos sujetos esquinados, de aire hosco,siniestro.

    Uno era barbudo, pero el otro, la palidez de cuyo rostro denotaba unalarga permanencia en lugar cerrado, mostraba en su semblante unasomo de pelo negro que slo llevaba creciendo unos das. Este ltimo

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    era el que haca uso de la palabra.-Es preciso que te afeites esa barba tuya, Alexis -recomendaba a su

    interlocutor-. Si no lo haces, te reconocer al instante. Hemos desepararnos antes de una hora. Confiemos en que, cuando volvamos areunirnos, a bordo del Kincaid, nos acompaen nuestros dos huspedes

    de honor, que poco se imaginan el crucero de placer que les hemosprogramado.Dentro de dos horas estar camino de Dover con uno de ellos y

    maana por la noche, si sigues al pie de la letra las instrucciones queacabo de darte, te presentars con el otro, siempre y cuando, natural-mente, el tal husped regrese a Londres con la rapidez con que supongose apresurar a hacerlo.

    Placer y provecho, as como algunas otras buenas cosas ser larecompensa que obtendremos a cambio de nuestros esfuerzos, miquerido Alexis. Gracias a la estupidez de los franceses, tan majaderosellos que han ocultado mi fuga durante tanto tiempo que he podido

    disponer de oportunidad de sobras para planear esta pequea aventura.Y la he proyectado con tanta minuciosidad y detalle que son prctica-mente nulas las probabilidades de que surja el menor contratiempo quepudiese tirar por tierra nuestro plan. Ahora, adis! Y buena suerte!

    Tres horas despus, un mensajero suba la escalera que llevaba alpiso del teniente Paul DArnot.

    -Un telegrama para lord Greystoke -dijo al criado que le abri lapuerta-. Est aqu?

    El domstico respondi afirmativamente y, tras firmar elcomprobante, llev el telegrama a Tarzn, que ya se preparaba parapartir hacia Londres.

    Tarzn abri el sobre y, al leer el contenido del mensaje, su rostro sepuso blanco.

    -Lelo, Paul -tendi a D'Arnot el rectngulo de papel-. Ya ha ocurridolo que me tema.

    El francs cogi el telegrama y ley:

    Jack raptado en jardn con complicidad criado nuevo. Veninmediatamente.

    Jane

    Cuando Tarzn se ape de un salto del turismo que haba ido abuscarles a la estacin y corri escaleras arriba, en la puerta de su casade Londres le recibi una mujer que, aunque tena los ojos secos, seencontraba en un estado de agitacin casi frentica.

    Jane Porter Clayton le cont rpidamente cuanto haba podidoaveriguar acerca del secuestro del nio.

    La niera paseaba en el cochecito a la criatura, por la soleada acera,

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    cuando un taxi fren en la esquina de la calle. La mujer slo prest unaatencin fugaz al vehculo, si bien pudo observar que de l no se apeabaningn pasajero, sino que el taxi permaneca junto al bordillo, con elmotor en marcha, como si estuviera aguardando a un cliente a punto desalir del edificio ante el que se haba detenido.

    Casi simultneamente, el servidor recin contratado, Carl, salicorriendo de la residencia de lord Greystoke, para decir que la seoraquera hablar un momento con la niera y que sta deba dejar alpequeo Jack a su cuidado, al cuidado de Carl, en tanto ella regresaba.

    La mujer dijo que ni por asomo sospech que el hombre albergasemotivos inconfesables... Hasta que lleg a la puerta de la casa y se leocurri volverse para advertirle que no colocara el cochecito de forma queel sol pudiera caer sobre los ojos del nio.

    Cuando volvi la cabeza para avisar al criado vio, sorprendida, que elindividuo empujaba el coche y lo haca rodar con rapidez por la acera.Observ que, al mismo tiempo, se abra la portezuela del taxi y se

    enmarcaba en el hueco el rostro atezado de un hombre.Instintivamente, en la mente de la niera irrumpi centelleante la

    comprensin de que el beb estaba en peligro y, a la vez que emita unchillido, se lanzaba escalinata abajo y echaba a correr por la acera endireccin al taxi, mientras Carl tenda el chiquillo al individuo morenoque estaba dentro del vehculo.

    Un segundo antes de que la niera llegara al taxi, Carl salt al interiordel automvil y cerr de golpe la portezuela. Simultneamente, elconductor intent poner en marcha el vehculo, pero result que, al pare-cer, algo no funcionaba apropiadamente, como si los engranajes delcambio de marchas se resistieran a encajar. La demora que eso produjo,

    mientras el hombre daba marcha atrs y haca retroceder el coche unosmetros, antes de poner de nuevo la primera para arrancar, dio a laniera tiempo para llegar al taxi.

    Salt al estribo e intent arrebatar el nio de los brazos deldesconocido. All, entre gritos y forcejeos, continu aferrada despusincluso de que el coche se pusiera en marcha. Carl no consiguidespedirla de la ventanilla hasta que el vehculo, que haba cobrado yabastante velocidad, pas por delante de la residencia de los Greystoke.Entonces le aplic un feroz puetazo en pleno rostro y la mujer fue aparar al pavimento.

    Las voces de la niera atrajeron a sirvientes y miembros de las

    familias que ocupaban las residencias de la vecindad, as como del hogarde los Greystoke. Lady Greystoke haba sido testigo de los valerososesfuerzos de la niera y de la celeridad con que reaccion e intentimpedir que el automvil se alejara de all a toda marcha, pero lamuchacha lleg demasiado tarde.

    Eso era cuanto se saba y lady Greystoke ni por soacin pudosuponer la posible identidad del hombre que se encontraba en el fondo

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    de aquella maquinacin, hasta que Tarzn le inform de que NicolsRokoff se haba fugado de la crcel francesa en la que todos esperabanpermaneciese recluido de por vida.

    Trataban lord y lady Greystoke de determinar cul sera la mejor lneade conducta que pudiesen seguir, cuando son el telfono en la

    biblioteca situada a la derecha de Tarzn. ste se apresur a responder ala llamada.-Lord Greystoke? -pregunt una voz masculina, desde el otro

    extremo de la lnea.-S.-Han raptado a su hijo -continu la voz- y slo yo puedo ayudarle a

    recuperarlo. Estoy al corriente del plan de quienes han secuestrado alnio. A decir verdad, intervine en la operacin e iba a participar en losbeneficios que reportara, pero los dems quieren jugrmela, as que voya darles una leccin y le ayudar a rescatar a la criatura, si usted secompromete a no presentar denuncia alguna contra m por haber

    tomado parte en el secuestro.