Anlisis Sue±o Inyecci³n Irma

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Sueño de irma caso de freud

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Por fin abre bien la boca; la amiga de Irma me relatara sus pensamientos con ms sinceridad y menor resistencia que aqulla . En la garganta veo una mancha blanca y escaras de forma semejante a los cornetes de la nariz. La mancha blanca me recuerda la difteria y, por tanto, a la amiga de Irma, y, adems, la grave enfermedad de mi hija mayor, hace ya cerca de dos aos, y todos los sobresaltos de aquella triste poca. Las escaras que cubren las conchas nasales aluden a una preocupacin ma sobre mi propia salud. En esta poca sola tomar con frecuencia cocana para aliviar una molesta rinitis, y haba odo decir pocos das antes que una paciente, que usaba este mismo medio, se haba provocado una extensa necrosis de la mucosa nasal. La prescripcin de la cocana para estos casos, dada por m en 1885, me ha atrado severos reproches. Un querido amigo mo, muerto ya en 1885, apresur su fin por el abuso de este medio. Apresuradamente llamo al doctor M., que repite el reconocimiento. Esto correspondera sencillamente a la posicin que M. ocupaba entre nosotros. Pero mi apresuramiento es lo bastante singular para exigir una especial explicacin. Evoca en m el recuerdo de un triste suceso profesional. Por la continuada prescripcin de una sustancia que por entonces se crea an totalmente innocua (sulfonal) provoqu una vez una grave intoxicacin en una paciente, teniendo que acudir en busca de auxilio a la mayor experiencia de mi colega el doctor M., ms antiguo que yo en el ejercicio profesional. Otras circunstancias accesorias prueban que es ste realmente el suceso a que en mi sueo me refiero. La enferma, que sucumbi a la intoxicacin, llevaba el mismo nombre que mi hija mayor. Hasta el momento no se me haba ocurrido pensar en ello, pero ahora se me aparece este suceso como una represalia del Destino y como si la sustitucin de personas hubiera de proseguir aqu en un distinto sentido: esta Matilde por aquella Matilde; ojo por ojo y diente por diente. Parece como si fuera buscando todas aquellas ocasiones por las que me puedo reprochar una insuficiente conciencia profesional. El doctor M. est plido, se ha quitado la barba y cojea. Lo que de verdad entraa esta parte del sueo se reduce a que el doctor M. presenta a veces tan mal aspecto, que llega a inquietar a sus amigos. Los dos caracteres restantes deben de pertenecer a otras personas. Recuerdo ahora a mi hermano mayor, residente en el extranjero, que llevaba el rostro afeitado y al que, si no me equivoco, se pareca extraordinariamente el doctor M. de mi sueo. Hace algunos das nos lleg la noticia de que un ataque de artritismo a la cadera le haca cojear un poco. Tiene que existir una razn que me haya hecho confundir en mi sueo a ambas personas en una sola. Recuerdo, en efecto, que me hallo irritado contra ambas por algn motivo: el de haber rechazado una proposicin que recientemente les hice. Mi amigo Otto se halla ahora al lado de la enferma, y mi amigo Leopoldo la percute y descubre una zona de macidez abajo, a la izquierda. Leopoldo es tambin mdico y, adems, pariente de Otto. El Destino los ha convertido en competidores, pues ejercen igual especialidad y se los compara constantemente entre s. Ambos han trabajado conmigo durante varios aos, mientras fui director de un consultorio pblico para nios neurticos, y con gran frecuencia se desarrollan durante esta poca escenas como la que mi sueo reproduce. Mientras yo discuta con Otto sobre el diagnstico de un caso, haba Leopoldo reconocido de nuevo al nio y nos aportaba un inesperado dato decisivo. Entre Otto y Leopoldo existe una fundamental diferencia de carcter. El primero sobresala por su rapidez de concepcin, mientras que el segundo era ms lento, pero tambin ms cuidadoso y concienzudo. Si en mi sueo coloco frente a frente a Otto y al prudente Leopoldo, ello es claramente para hacer resaltar al segundo. Trtase de una comparacin anloga a la que anteriormente efectu entre Irma, paciente nada dcil, y su amiga, a la que tengo por ms inteligente. Advierto tambin ahora una de las vas sobre la que se desplaza la asociacin de pensamientos en el sueo, y que va desde la nia enferma al consultorio para nios enfermos. La zona de macidez, abajo, a la izquierda, me hace la impresin de corresponder en todos sus detalles a un caso en el que me admir la concienzuda seguridad de Leopoldo.

75 LA INTERPRETACIN DE LOS SUEOS ____________________________________________________________________________________

Por otra parte, surge en m vagamente la idea de algo como una afeccin metastsica; pero pudiera tambin ser una relacin con la paciente que deseara sustituyera a Irma. Esta seora simula, en efecto, y por lo que he podido observar, una tuberculosis. Una parte de la piel, infiltrada en el hombro izquierdo. Caigo inmediatamente en que se trata de mis propios dolores reumticos en el hombro, dolores que se hacen sentir siempre que permanezco en vela hasta altas horas de la noche. La letra del sueo confirma esta interpretacin, mostrndose aqu un tanto equvoca; ... cosa que ya siento como l; esto es, que siento en mi propio cuerpo. Adems, extrao los trminos, nada habituales: Una parte de la piel infiltrada. A la frase una infiltracin posterosuperior izquierda estamos acostumbrados. Esta frase se referira al pulmn, y con ello nuevamente a la tuberculosis. A pesar del vestido. Esto no es, desde luego, sino una interpolacin accesoria. En el consultorio acostumbrbamos, como es natural, hacer desnudar a los nios para reconocerlos; detalle que se opone aqu a la forma en que hemos de reconocer a nuestras pacientes adultas. De un excelente clnico sola referirse que nunca reconoci a sus enfermas sino por encima de los vestidos; a partir de aqu se oscurecen mis ideas, o dicho francamente, no me siento inclinado a profundizar ms en esta cuestin. El doctor M. dice: No cabe duda; es una infeccin. Pero no hay cuidado; sobrevendr una disentera y se eliminar el veneno. Todo esto me parece al principio absolutamente ridculo; mas, sin embargo, habr de someterlo, como los dems elementos del sueo, a un cuidadoso anlisis. Lo que en la paciente he hallado es una difteritis local. De la poca en que mi hija estuvo enferma, recuerdo la discusin sobre difteritis y difteria. Esta ltima sera la infeccin general, subsiguiente a la difteritis local. As, pues, es una tal infeccin general lo que Leopoldo diagnostica al descubrir la zona de macidez, la cual hace pensar en un foco metastsico. Pero creo que precisamente en la difteria no se presentan jams tales metstasis. Ms bien me recuerdan una piemia. No hay cuidado. Es sta una frase de aliento y consuelo, que, a mi juicio, se justifica en la forma siguiente: el fragmento onrico ltimamente examinado pretende que los dolores de la paciente proceden de una grave afeccin orgnica. Sospecho que con esto no quiero sino alejar de m toda culpa. El tratamiento psquico no puede ser hecho responsable de la no curacin de una difteritis. De todos modos, me avergenza echar sobre Irma el peso de una tan grave enfermedad no ms que para quedarme libre de todo reproche, y necesitando algo que me garantice un desenlace favorable, me parece de perlas poner las palabras de aliento en la boca del doctor M. Pero en este punto me coloco por encima del sueo, cosa que necesita explicacin. Mas por qu es este consuelo tan desatinado? Disentera. Una cualquiera representacin terica lejana de que los grmenes patgenos pueden ser eliminados por el intestino. Me propondr acaso burlarme as de la inclinacin del doctor M. a explicaciones un tanto tradas por los cabellos y a singulares conexiones patolgicas? La disentera evoca en m otras ideas distintas. Hace pocos meses reconoc a un joven que padeca singulares trastornos intestinales y al que otros colegas haban tratado como un caso de anemia con nutricin insuficiente. Comprob que se trataba de un histrico, pero no quise ensayar en l mi psicoterapia, y le recomend que hiciese un viaje por mar. Hace pocos das recib desde Egipto una desesperada carta de este enfermo, en la que me comunicaba haber padecido un nuevo ataque, que el mdico haba diagnosticado de disentera. Sospecho,

76 SIGMUND FREUD ____________________________________________________________________________________

ciertamente, que este diagnstico es un error de un ignorante colega, que se ha dejado engaar por una de las simulaciones de la histeria; pero de todos modos, no puedo por menos de reprocharme el haber expuesto a mi paciente a contraer, sobre su afeccin intestinal histrica, una afeccin orgnica. Disentera suena anlogamente a difteria, palabra que no aparece en el sueo. Habr realmente de aceptar que con el pronstico optimista que en mi sueo pongo en boca del doctor M. no persigo sino burlarme de l, pues ahora recuerdo que hace aos me relat l mismo, con grandes risas, una anloga historia. Haba sido llamado a consultar con otro colega sobre un enfermo grave, y ante el optimismo del mdico de cabecera hubo de sealarle la presencia de albmina en la orina del paciente. No hay cuidado -respondi el optimista-; la albmina se eliminar por s sola. No cabe, pues, duda alguna de que esta parte de mi sueo entraa una burla hacia aquellos de mis colegas ignorantes de la histeria. Como para confirmarlo as, surge ahora en mi pensamiento la siguiente interrogacin: Sabe acaso el doctor M. que los fenmenos que su paciente -la amiga de Irma- presenta, y que hacen temer una tuberculosis, son de origen histrico? Ha descubierto la histeria o se ha dejado burlar por ella? Mas qu motivo puedo tener para tratar tan mal a un amigo? Muy sencillo. El doctor M. est tan poco conforme como Irma misma con la solucin por m propuesta. De este modo me he vengado ya en mi sueo de dos personas: de Irma, dicindole que si an tena dolores era exclusivamente por su culpa, y del doctor M., con el desatinado pronstico que pongo en sus labios. Sabemos inmediatamente de qu procede la infeccin. Este inmediato conocimiento en el sueo es algo muy singular. Un instante antes no sabam