Ana Mar­a Ochoa Gautier

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  • 7/24/2019 Ana Mara Ochoa Gautier

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    Trans. Revista Transcultural de Msica

    E-ISSN: 1697-0101

    edicion@sibetrans.com

    Sociedad de Etnomusicologa

    Espaa

    Ochoa Gautier, Ana Mara

    A manera de introduccin: la materialidad de lo musical y su relacin con la violencia

    Trans. Revista Transcultural de Msica, nm. 10, diciembre, 2006, p. 0

    Sociedad de Etnomusicologa

    Barcelona, Espaa

    Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=82201001

    Cmo citar el artculo

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    Ms informacin del artculo

    Pgina de la revista en redalyc.org

    Sistema de Informacin Cientfica

    Red de Revistas Cientficas de Amrica Latina, el Caribe, Espaa y Portugal

    Proyecto acadmico sin fines de lucro, desarrollado bajo la iniciativa de acceso abierto

    http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=82201001http://www.redalyc.org/comocitar.oa?id=82201001http://www.redalyc.org/fasciculo.oa?id=822&numero=6428http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=82201001http://www.redalyc.org/revista.oa?id=822http://www.redalyc.org/http://www.redalyc.org/revista.oa?id=822http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=82201001http://www.redalyc.org/fasciculo.oa?id=822&numero=6428http://www.redalyc.org/comocitar.oa?id=82201001http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=82201001http://www.redalyc.org/revista.oa?id=822
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    A Manera de Introduccin: La materialidad de lo musical y su relacin con la violencia

    Revista Transcultural de M

    Transcultural Music R

    #10 (2006) ISSN:169

    A Manera de Introduccin:

    La materialidad de lo musical y su relacin c

    la violencia

    Ana Mara Ochoa G

    La idea para esta coleccin naci de la simultaneidad del desencanto

    esperanza que generan las mltiples asociaciones entre msica, viol

    y convivencia. Naci, inicialmente, de encuentros con colegas que de

    Amrica Latina empezaron a estudiar, generalmente de manera solita

    los diversos modos en que estas dos palabras se asocian. De all que

    mayora de los artculos aborden experiencias del contexto

    latinoamericano. Pero luego se unieron a ella otros colegas que traba

    en y desde otros lugares y latitudes. Si bien exsite una concentracin

    geogrfica en las Amricas, la inquietud central de la cual surgi estacoleccin fue la necesidad de abordar, desde la investigacin concre

    mltiples formas de relacin entre msica y violencia como respuesta

    manera como empezaron a proliferar desde comienzos la dcada de

    noventa una serie de supuestos sobre la misma en el discurso medi

    de las polticas de lo pblico y de lo privado tanto en Amrica Latina c

    en otros lugares.

    Dicho discurso pblico toma generalmente dos rutas aparentemente

    opuestas. La primera es la celebracin de la msica como respuesta

    violencia. Por ejemplo, en el peridico mexicano Reforma se public

    noviembre 4 de 2001, un editorial de una pgina completa sobre cm

    msica poda ser utilizada como respuesta a la violencia. En la parte

    arriba de la pgina sala una foto de una banda de vientos de nios,

    rodeada de un artculo que deca que un nio que crece tocando

    instrumentos musicales, nunca empuar un arma; una afirmacin qu

    haba escuchado en el marco de otros proyectos culturales en Colom

    Brasil. Este tipo de afirmaciones se hacen desde agrupaciones,

    organizaciones y prcticas musicales de ndole muy diferente desd

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    A Manera de Introduccin: La materialidad de lo musical y su relacin con la violencia

    aquellas promulgadas por los mismos grupos musicales y los movimi

    sociales hasta aquellos discursos asumidos por entidades culturales

    estado-nacin, hasta la reformulacin de objetivos e inversiones en c

    por entidades transnacionales tales como la UNESCO o el Banco Mu

    Su tenor y sentido poltico, por tanto, se constituye desde muy divers

    incluso contradictorias posiciones polticas y la manera como articulausos y sentidos de la msica varan enormemente de uno a otro.

    La afirmacin de que la msica sirve de respuesta a la violencia, hac

    parte de lo que George Yudice ha sealado como una transformacin

    general en el valor y episteme de lo cultural en el mundo contempor

    (2003). Segn l, en un mundo globalizado, con una fractura del sent

    clsico de la credibilidad en la poltica, lo cultural ha pasado a ocupar

    lugar de lo poltico. Por tanto la justificacin y valoracin de la cultura

    artes en el mundo Occidental ha pasado a ser su capacidad como re

    pasa solucionar problemas polticos y sociales (Yudice 2003). Pero la

    de que la msica sirve para solucionar los problemas de la sociedad

    tendencia a instrumentalizar su sentido para causas socio-polticas d

    solucin a la fractura del orden social no es, ni mucho menos, nueva

    uno de los posibles elementos que se pueden asociar a diferentes ide

    de trascendencia espiritual y constitucin moral del sujeto y por tanto

    social que proliferaron en diferentes pocas y lugares en la historia de

    msica clsica occidental (Goehr 1992), que adems est a la base d

    aquellas ideologas de folklore que en diferentes partes del mundo ha

    sido asociadas a polticas nacionalistas y romnticas (Bauman and B2004) y aparece en las ideologas sobre msicas populares masivas

    teoras e ideologas de resistencia poltica (Grossberg 2002) o de

    bsqueda de sentido social del mercado y las prcticas de consumo

    (Negus 1999, Garca Canclini 1995). Lo nuevo por tanto no es la

    tendencia a postular lo musical como aquello que cohesiona lo social

    la manera como dicha instrumentalizacin ha profilerado de manera

    simultneacomo episteme de lo musical a travs de una gran varieda

    espacios intelectuales, de ideologas polticas, de prcticas musicales

    espacios pblicos y por tanto adquiere el tenor de una verdad asumidsobre el sentido y valor de lo musical. En esta coleccin los artculos

    Araujo, Birinbaum Quintero, Herlinghaus y Meintjes problematizan, de

    prcticas musicales especficas, la manera como se concreta lo musi

    como experiencia que media y elabora en la cotidianidad, la vivencia

    violencia. Estos artculos ubican dicha posibilidad dentro de un mapa

    crtico que a la vez reconoce y problematiza la utilizacin de la msic

    como recurso cultural y sociopoltico en un contexto de adversidad so

    Pero simultneamente a la idea de que la msica sirve como respues

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    la violencia, se expandi la idea de que hay msicas que celebran e

    incitan a la violencia y, por tanto, deben ser prohibidas. Como lo afirm

    Vila y Semn en su artculo sobre la cumbia villera de Argentina en e

    nmero, esto en parte ha sido estimulado por la expresin, en distinto

    gneros musicales, de violencias que anteriormente no aparecan ni

    ni estticamente expresadas como tales. O, en el caso de gneros coel corrido mexicano que histricamente se ha usado para narrar

    experiencias de violencia (Paredes 1978, McDowell 2000), stas apa

    articuladas de maneras tan diferentes que producen asombro es de

    se les reconoce como expresiones de una realidad que antes ni se

    articulaba ni se expresaba como tal. As, los narcocorridos en Mxico

    Colombia, el prohibido en Brasil o la cumbia villera en Argentina han

    escuchadas como msicas incitadoras a la violencia hasta el punto d

    en ocasiones se ha prohibido su circulacin en los medios.

    Igual que el discurso de msica como respuesta a la violencia, dicho

    discurso de prohibicin asume una correlacin causal entre textualida

    prctica musical y efecto social (es decir, se asume que dichas msic

    incitan, por definicin, a la violencia). As, la msica se constituye en

    fundamental de lo paradjico de las polticas de prohibicin que sea

    un problema por medio de su negacin, como si el silenciamiento de

    dichas msicas silenciara las historias de exclusin, reordenamiento

    esttico y social, y demanda socio-poltica a los cuales dan voz. Aqu

    discurso de prohibicin no es slo un asunto de censura musical (Clo

    2003) sino que hace parte de una poltica de negacin de la existencrealidades sociales tales como las dimensiones estticas, sociales,

    econmicas y polticas del narcotrfico, el incremento de la pobreza y

    diferentes formas de exlusin social, las nuevas formas de

    internacionalizacin de la tortura o el silenciamiento de las dimension

    abrumadoras de la epidemia de SIDA o de prcticas de abuso sexua

    se esconden tras las puertas de la intimidad. Si bien la mayora de es

    asuntos toman formas locales que afectan a diferentes poblaciones d

    maneras distintas, no son exclusivamente locales sino que son un as

    que se define a travs de polticas de lo pblico y de lo privado que emundo globalizado son nacionales y transnacionales y que impactan

    mbito local. La prohibicin de estas msicas por tanto hace parte de

    poltica local y transnacional de silenciamiento o doble discurso (se d

    una cosa pero se hace otra) que impacta lo local y lo personal pero c

    mbito de definicin es de incumbencia nacional y transnacional. Per

    adems, en principio, desde ambas posiciones y en el discurso pblic

    (aquellas que acusan o valoran lo musical como incitador o soluciona

    de la violencia), y a pesar de los mltiples lugares desde donde se ha

    estas afirmaciones, existe una tendencia a que se perciba e interpret

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