Amor: Una posibilidad remota para - Mtro. Hugo Del curiosidad prozac y duda-Lucia... ·...

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  • Amor: Una posibilidad remota paraRosa, que hipoteca su vida parapagar unos hijos que no puededisfrutar. Una memoria triste paraCristina, superviviente de unarelacin catastrfica con el sexo ylas drogas. Un recuerdo borrosopara Ana, que se pasa el dallorando en casa.Curiosidad: La ltima esperanza.Hay otra vida ms all de losconfines del da a da, de losescasos metros de refugio queproporciona un despacho de oficina,una casa de diseo o un bar

  • tecnificado?Prozac: Veinte miligramos diariosque bloquean los puntos delcerebro donde se conectan lasideas y los sentimientos.Dudas: Es posible sobrevivir alnaufragio?Luca Etxebarria ha construido unanovela sobre la difcil bsqueda dela identidad femenina al margen deconvenciones absurdas yestereotipadas, con un estilopersonalsimo, esculpido a golpe deguios y ambivalencias en ellenguaje de lo cotidiano.

  • Luca Etxebarria

    Amor,curiosidad,

  • prozac y dudas

    ePUB v1.0Polifemo7 17.09.11

  • Diseo de la coleccin: Depto. de DiseoNuevas Ediciones de BolsilloFotografa de la portada: Andrea Savini. Art-FuturaTercera edicin en esta coleccin: mayo,2001 1997, Luca Etxebarria 1999, Plaza & Jans Editores, S. A.Edicin de bolsillo: Nuevas Ediciones deBolsillo, S. L.Queda rigurosamente prohibida, sin laautorizacin escrita de los titulares delCopyright, bajo las sancionesestablecidas en las leyes, la reproduccinparcial o total de esta obra por cualquiermedio o procedimiento, comprendidos lareprografa y el tratamiento informtico, yla distribucin de ejemplares de ellamediante alquiler o prstamo pblicos.Printed in Spain - Impreso en Espaa

  • ISBN: 84-8450-203-1 (vol. 272/1)Depsito legal: B. 25.438 - 2001Fotocomposicin: Lozano Faisano, S. L.Impreso en Novoprint, S. A.C/. de la Tcnica, s/nSant Andreu de la Barca (Barcelona)

  • A Jos Ignacio Echevarra,mi padre

  • El seor todopoderoso los aniquilpor mano de una mujer.Que no fue derribado su caudilloPor jvenes guerreros,ni le hirieron los hijos de titanes,ni soberbios gigantes le vencieron.Sino que fue Judit, hija de Merar,quien le paraliz con la hermosura

    de su rostro.Se despoj de su ropa de viudapor amor a los cautivos de Israel.Ungi su rostro con perfumes,visti lino para seducirle,prendi la mitra en sus cabellos.Sus sandalias arrebataron sus ojos,su belleza cautiv su alma,

  • y la cimitarra seg su cuello.JUDIT, 16:7-11.

  • Tendrs muchas pasiones, dijo micarta astral. Una gida de amoresintensos y fugaces. Un rosario denombres enlazados por besos. Algunosde ellos sobrios, algunos de ellostiernos. Ms altos o ms bajos, castaoso morenos, los hay de todo tipo. Y atodos les define una causa comn: lavirilidad que se les revuelve inquietaentre las piernas.

    Algunas pisan fuerte, son altas,orgullosas. Son firmes y obstinadas,enhiestas como mstiles. Poderosas yastutas, seguras de s mismas, buenasrazonadoras, maduras, decididas, van ainvadirlo todo. Entran, se hacen las

  • dueas y al fin, en su despacho, bienfirmes y encajadas, saben que se es susitio, conocen su papel. Entran, salen, sevan emocionando, se van acelerandoconscientes de su imperio. Imperios deuna noche, monarquas de un beso.

    Hay otras pequeitas, inquietas ytraviesas. Revoltosas, curiosas, nuncales falta espacio para poder jugar,indagar y perderse. Dulcesexploradoras, a veces se te escapan,culebras resbalosas, lo mismo que lointenta el jabn en la baera. Patinansorprendidas por los muslos mojados yvuelven escalando, ansiosas eimpacientes, brincando pizpiretas, al

  • refugio hmedo y clido que saben lesespera. Pececitos que saltan por tucorriente interna, felices y empapados,no les importa mucho ni el cmo ni elpor dnde. Son jvenes de espritu.Apenas se toman en serio ni a s mismas.

    Podrs quererlas mucho y nuncaposeerlas. Podrn quererte an ms y note tendrn nunca. Esquivas y redoras,fugaces, detonantes, ni estelas ni pisadasdejaron tras de s. Apenas el recuerdo,incierto y aorado, de las horas felices,las nicas que cuentan, las realmentevividas.

  • A

    de atpica

    Era el primer polvo en un mes, elprimero despus de la catstrofe. Mesenta sola, desesperadamente sola,hambrienta de cario, vida de mimos ycaricias, con el ansia voraz y animal deuna piraa. Suena tan raro? Todosnecesitamos abrazos de cuando encuando. No esperaba mucho, es cierto,pero no estaba preparada para unadecepcin semejante.

  • En primer lugar, lo tena minsculo.Que qu entiendo por minsculo? Nos... Doce centmetros? Una cosamnima, en cualquier caso. Era unapresencia tan ridcula su aparato,quiero decir, que estuve a punto deproponerle que me tomara por detrs,sabiendo que no me dolera. Cmo ibaa dolerme algo tan pequeo? Pero, porsupuesto, no es cuestin de proponerlealgo parecido a un individuo al queacabas de conocer en un bar. Total, quelo hicimos de la forma tradicional,enroscados y babosos como anguilas.Nuestras pelvis entrechocaban una y otravez y yo le senta jadeando sobre m,

  • esforzado escalador, intilmenteempeado en llegar a mi cima; peroaquel micromiembro se restregabapatticamente en mi entrepierna,resbalando una y otra vez entre mislabios, y cada nuevo empujn no erasino otro intento vano por introducirseen una sima cuya hondura dedimensin y de apetito le superaba.

    Y encima el to no acababa nunca.Yo gema y me haca la entusiasmadacon la vana esperanza de que l secorriera por empata, de que miexcitacin fingida activase la suya real,pero de qu. Se tir horas, o lo que a mme parecieron horas, magrendome y

  • babendome, esmaltndome a capas debesos torpes y saliva, arandome lacara con su barba de tres das, speracomo una lija del siete y yo, mientrastanto, pensando en que tena que dormir,que deba dormir seis o siete horas,aunque slo fuera por una noche, porquellevaba una semana a un ritmo de cuatrohoras diarias de sueo. Cambi deposturas y prob todos mis trucos; peroni por sas, no acababa. As que al finalya no me qued ms remedio quepreguntarle si pasaba algo, y me dijoque no, que le gustaba ms hacerlo durarque correrse. Y no s si aquello seraverdad o habra otra explicacin ms

  • realista que no se senta capaz de darme,que yo no le gustaba lo suficiente, porejemplo, o que haba pasado la tardematndose a pajas en el bao, no s. Yno creis que soy una zorra insensible;hice grandes esfuerzos por mostrarmeencantadora y no dar a entender queaquello haba sido un fracasocalamitoso, un caso flagrante deincompatibilidad fsica y qumica, unade las peores experiencias de misveinticuatro aos. Eso sin contar elremordimiento y el miedo que suponecualquier encuentro casual en estostiempos de sida.

    Cuando se despidi, yo casi poda

  • oler lo que l senta. Que no habra unaprxima vez. Y, lo que es por m,completamente de acuerdo. Quiz me loencontrar de nuevo en la barra del bar.Si no puede evitarme, si no encuentra aotra camarera libre que pueda servirleuna copa, me la pedir a m con airedistrado, fingiendo no recordar lo quepas. No me importa. O quiz s. Muy enel fondo de una subsiste un poso deorgullo que hace que, quieras o no,siempre te duela un poco el saber que nohas estado a la altura, que no hasgustado lo suficiente, y quiz esamaana me doliera esa certeza. Peroluego slo tuve que recordar algunas

  • veces que el otro se qued prendado yyo no, y en lo terriblemente mal que mesenta teniendo que aguantar los asediosy las malas caras subsiguientes. Aquelcomplejo de culpabilidad, aquellavergenza ajena ... Y casi me parecique era lo mejor que me haba podidopasar: que a l tampoco le hubieragustado el resultado de nuestrainfructuosa batalla, y eso por mucho quemi ego sea tan hambriento como paraexigir siempre una satisfaccin delcontrario, aunque no exista la propia.

    El portazo de la puerta de miapartamento retumb dentro de mamplificado por mil ecos. Intentando

  • ahogar aquel estrpito, enterr la cabezaen la almohada y los sollozos mebrotaron del pecho incontenibles yatropellados. La funda se empap encuestin de segundos, me nubl la vistade inmensidad blanca, y slo poda verla imagen congelada de Iain, siempreIain, que ha quedado impresa ennegativo en mi retina. La imagengrabada a hierro candente que un mesatiborrado de xtasis no ha conseguidoborrar.

    Dese regresar a mis siete aos, aaquella edad ajena a la infancia y losdesahogos, en que ni saba lo que era elsexo ni me importaba, a aquel estado de

  • feliz ignorancia que ya nunca podrrecuperar. Cuatro cosas que la edad metrajo y de las que habra podidoprescindir tranquilamente: amor,curiosidad, pecas y dudas. Y esta frase,para colmo, ni siquiera es ma. Es deDorothy Parker.

    Infancia. Me exprimo el cerebrobuceando en busca de recuerdos. Meveo a m misma como un renacuajo depelo rizado, sujeto en la coronilla con unenorme lazo azul, vestida con el horribleuniforme de colegio: camisa blanca,chaleco y chaqueta azul, falda plisadaazul marino, con el dobladillo cosido yla cinturilla remendada porque en mi

  • familia haba que hacer economas y seesperaba que aquella falda durase por lomenos cuatro aos. No conozco aninguna chica que de pequea no hayaquerido ser chico. Por lo menos a ratos.No dejaba de tener su aqul lo de poderjugar a la goma y a las comiditas detierra en el patio del colegio, pero esono impeda que envidisemos la libertadque disfrutaban los nios para jugar alftbol en los soportales y matarlagartijas con tirachinas. Y eso nopodamos hacerlo, porque era cosa dechicazos. Nosotras tenamos que volvera casa con el uniforme limpio y aseado yel lazo de las coletas en su sitio, y desde

  • el principio nos dejaron muy claro quelos juegos de los nios y elmantenimiento de nuestra imagenresultaban perfectamente incompatibles.

    Cuando yo iba al colegio mefastidiaba muchsimo que Dios fuerahombre. Desde el momento en que medejaron claro que Dios era un hombre,ya empec a sentirme ms chi