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  • alessandro pronzato

    la seducción de dios

    ediciones sigúeme

  • alessandro pronzato

    la seducción de dios meditaciones sobre la vida religiosa

    según el año litúrgico

    i

    Adviento, navidad, epifanía

    ediciones sigúeme - salamanca 1979

  • NUEVA ALIANZA 58

    © Piero Gribaudi Editore, 1973 © Ediciones Sigúeme, 1973

    Tradujeron: G. Mártil, G. González y J. Martín, sobre el original italiano Le seduzioni di Dio

    ISBN: 84-301-0549-2 Depósito legal: S. 61-1979

    Imprime: Gráficas Ortega, S.A.- Polígono El Montalvo - Salamanca

    CONTENIDO

    Introducción 9

    PRIMERA SEMANA DE ADVIENTO: BUSCADORES DE DIOS 13

    Sólo los mendigos tienen el porvenir asegurado 15 Partida para un viaje poco confortable 21 El tren de mercancías te hace faltar a la cita con Dios 26 Dios no pinta los santos de yeso: o sea, recuerda que no has de ol-

    vidarte de ti mismo 32 Dios no provoca un ligero dolor de cabeza 38 No siempre viene Dios con nosotros a la iglesia 42 Encontrar para buscar 48

    SEGUNDA SEMANA DE ADVIENTO: EL Dios QUE NOS LLAMA POR NUESTRO

    NOMBRE 53

    Alguien te ha arrojado fuera de tu casa 55 Dios sabe esperar... con un poco de prisa 62 Nadie tiene necesidad de tu boca 68 Primero viene la carretera, después el código de la carretera 74 Dios no fabrica muñecas 81 Desde el punto de vista del misterio 87 Desde el punto de vista del hombre 92

    TERCERA SEMANA DE ADVIENTO: AQUÉL QUE DEBE CREER 97

    «No soy yo», o sea, el valor de desaparecer 99 El estúpido mira el dedo (pero no toda la culpa es suya...) 104 Una respuesta sencillísima a una pregunta embarazosa 110 Ven y verás lo que hemos encontrado 115 Ven y verás lo que hemos preparado 120 Examen de vocación sobre una sola materia 125 Una propuesta para un nuevo estilo de seriedad 133

  • 8 Contenido

    CUARTA SEMANA DE ADVIENTO: EL RIESGO DE LA FE 139

    Ten piedad de ti 141 Propuesta para la fundación de la «orden de los insatisfechos».... 146 Nuestra Señora del riesgo 151 Anotaciones acerca del primer viaje apostólico 157

    TIEMPO DE NAVIDAD: EL DIOS CON NOSOTROS 163

    Debemos habérnoslas con un niño 165 Tú no eres nadie hasta que alguien te ame 168 Los que llegaron primero 173 Nuestra Señora de la atención 178 Bienaventurados los que no saben hacer las cuentas 182 El don insuficiente, o «la prueba del crucifijo» 186 La sopresa estaba en la firma 189 Verdaderamente una buena nueva 193 «Dichosos los que se dejan importunar...» 198 Porque solamente ellos lograrán perturbar el orden público 203 Piedras injustas y piedras... obligadas 208 El deseo de Dios 214

    EPIFANÍA : Los QUE HAN VENIDO DE LEJOS 219

    El derecho de existir o la culpa es de la estrella 221

    Introducción

    Yo soy el Señor que te importuna.

    Algunos doctores se han inclinado sobre el enfermo y han pronunciado con absoluta seguridad, el fatal diagnóstico. Nos han dicho clara y rotundamente que es inútil hacerse ilusiones, que el fin está próximo. Es cuestión de pocos años, justo el tiem- po para «liquidar ciertas reliquias del pasado».

    Preparémonos a su desaparición. En un mundo nuevo que crece a toda prisa, en una iglesia que cambia, la vida religiosa —han sentenciado— tiene ya la respiración fatigada, no logra mantener el ritmo, está destinada a desaparecer.

    Por lo demás, pensándolo bien —han precisado con cierta solemnidad— es que no queda siquiera lugar para ella, no sabría- mos donde colocarla, está ya todo ocupado...

    A estos doctores que «liquidan» con tanta suficiencia una rea- lidad que son incapaces de ver inmovilizada del todo sobre sus mesas anatómicas, se les ba escapado un dato importantísimo: en la vida religiosa todavía se acostumbra a meditar. Y esto es, con o sin permiso de los médicos, un decisivo síntoma de vitalidad.

    Una persona que medita es una persona firmemente decidida a vivir. Es una persona viva.

    Más todavía: es una persona peligrosa. De gente acostumbrada a meditar hay que esperarlo todo. Yo he aprendido hace tiempo a dividir a mis semejantes en

    dos categorías: los que saben meditar y... los otros. Los primeros son autores de sorpresas. Los otros son «descuartizadores de viento».

  • 10 Introducción

    Un individuo que medita es siempre interesante. Está siempre en disposición de fabricar novedades. Puede desmentir las pre- visiones de todos los futurólogos.

    Los otros, en cambio, nos regalan solamente la acostumbrada música del ...ruido. Además, el mal que los hiere —algo que ha sido definido como «la embriaguez del rebaño»— los vuelve inocuos, banales, pese ü las apariencias.

    Un amigo me recomendaba hace tiempo: —Ten cuidado, no escribas ya libros de meditación. Seria un

    gran fracaso. Ya nadie hace hoy meditación, excepto quizás las monjas...

    Yo he suprimido tranquilamente el «quizás» y he escrito nada menos que cuatro libros, los necesarios para llenar todo el curso del año litúrgico.

    Escribir páginas destinadas a la meditación quiere ser la ex- presión de mi fe y mi esperanza —además del amor, nunca dis- minuido— en la vida religiosa. Fe y esperanza en su peligrosidad, en su actualidad y, por consiguiente, en su porvenir.

    Precisamente porque estoy convencido de que la vida religiosa tiene algo que decir y que dar, también en el mundo del año dos mil, desearía con estas reflexiones hacerme cómplice del «desafío» lanzado contra todos los diagnósticos pesimistas formulados por doctores que, cuando una realidad no encuentra lugar en su ce- rebro, tienen la costumbre de condenarla... al cementerio.

    Me atrevo a esperar que además de las monjas, esto que defi- niría como «el signo de la vitalidad» o «el síntoma del futuro» —quiero decir el hábito de meditar— contagiará ampliamente también a sacerdotes y laicos, y consiguientemente estas páginas podrán servir un poco también para ellos.

    El presente volumen intenta ser una exploración del tiempo de Adviento. Tiempo de la invitación, en el que cada uno de nos- otros es llamado a la prueba de la atención.

    Todo cristiano está llamado a una experiencia de fe que lo lanza a la aventura de «buscador de Dios», para llegar al descu- brimiento de que, en realidad, es un «buscado» por Dios. Hay un Dios que lo espera y hay muchos hombres que esperan, que tienen derecho a esperar algo de él.

    Tiempo de Adviento, pues, como capacidad de responder a las esperas, descubriendo las profundas implicaciones de nuestra vocación. Y descubriendo nuestra dimensión de «importunados», que se convierten a su vez en «importunadores».

    Introducción 11

    Me doy cuenta así de que este volumen se liga con el tema de fondo del «Pero yo os digo»..., escrito hace más de siete años.

    En efecto los «pero» de Cristo, arrojados desde el monte, como pesadas piedras, sobre el estanque de nuestra «prudencia», no son más que la expresión de la incesante actividad de Dios importunador, del Dios que se obstina en importunarnos. «Yo soy el Señor que viene a importunarte».

    La vocación es simplemente esto: dejarse importunar por Dios.

    Por esto podemos decir: «Bienaventurados los que se dejan importunar. Porque solamente ellos son capaces de perturbar la tranquilidad pública».

    Ciertamente: la vida religiosa —como por lo demás la vida cristiana, cuya expresión más radical es aquella en materia de exigencias evangélicas— está destinada precisamente a desempeñar en el mundo de hoy y de mañana una función... perturbadora. En este sentido representa un peligro público. Peligro para la falsa tranquilidad, para la mediocridad, para las medias tintas para las interpretaciones restrictivas del mensaje de Cristo.

    A los apresurados médicos que han redactado ya nuestra sen- tencia de muerte podemos gritarles: un momento, andad con cuidado. No nos deis por muertos antes de tiempo.

    ¿Decís que no hay ya sitio para nosotros y por consiguiente debemos desaparecer?

    No os preocupéis. Siempre encontraremos un sitio en el mun- do y en la iglesia.

    El nuestro es el puesto de la peligrosidad.

    Pineta de Sortenna 3 }\üio 1973 fiesta de santo Tomás, apóstol.

  • 1 Primera semana de adviento Buscadores de Dios

    Tú estás cerca, Señor (Sal 118, 151)

    Dame a conocer tus caminos, enséñame tus senderos

    (Sal 24, 4)

  • 1

    l

    Sólo los mendigos tienen el porvenir asegurado

    Jesús les salió al encuentro y preguntó: ¿a quién buscáis? (Jn 18, 4).

    Tú, Yahvé, no abandonas a los que te buscan (Sal 9, 11).

    TAMBIÉN TÚ ERES UN INVESTIGADOR

    Noventa hombres van a vivir diez meses, separados del mundo, en una estación científica del polo, donde no hay más que noche y hielo.

    Son casi todos hombres de ciencia famosos e investigadores. Han llegado allí, al fin del mundo, empujados por una pasión común: descubrir algunas verdades que puedan, un día, servir de ayuda a los hombres.

    Entre ellos, un técnico modesto. Le llaman «el centinela de la aurora». Su misión efectivamente

    consiste en espiar las auroras boreales y observar sus caracterís- ticas.

    Es sacerdote. Sus compañeros son casi todos ateos, o en todo caso viven

    fuera de las estructuras de la iglesia. El pobre sacerdote se sien