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exploración arqueológica costa

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  • EXPLORACION ARQUEOLOGICA EN LA COSTADE ESMERALDAS, ECUADOR

    por Jos A/cina Franch yMiguel Rivera Dorado

    la creacin, en 1968, por parte del Ministerio de Asun-tos Exteriores de Espaa, a travs de su Direccin Generalde Relaciones Culturales, de la Misin Cientfica Espaolaen 1-lispanoanirica, y sus inmediatos trabajos, desde enton-ces basta 1970, en Chinchero, Cuzco (Per), ha constituidopara el americanismo espaol uno de los acontecimientos msimporantes en los ltimos cien aos. De hecho, Espaa nohaba organizado una expedicin cientfica al continente ame-ricano desde que, entre 1805 y 1808 se verificasen las expe-diciones arqueolgicas de Guillermo l)upaix por territoriomexicano (Dupaix, 1969), por orden del rey Carlos IV. Ellohaba constituido un injusto abandono del campo de investi-gacin abierto por multitud de pioneros espaoles de lossiglos xvi, xvii y xviii, que vena a ren)cdiarse de trianeramodesta, pero cori firmeza y seguridad. La experiencia acu-inulada en estos aos dc t]-abajo en Per, ha pernitido elabo-rar ahora un plan de investigacin para Fcuador, ciertamentemucho ms meditado y maduro. En las pginas siguientes,vamos a referirnos al proyecto de investigacin arqueolgicaplaneado para los aos prximos en Esmeraldas (Ecuador),

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    as como a la exploracin realizada durante varias semanas enel verano de 1 970 en aquella regin.

    Esmeraldas es, dentro del amplio y variadisimo panora-ma de la arqueologa americana, una regin en la que con-fluyen una serie de importantes problemas, cuya solucinpuede hallarse precisamente mediante una serie sistemticade exploraciones y excavaciones en lugares estratgicos. Entrmninos muy amplios podra decirse que viene a representarla clave o una de las claves de la arqueologa de Sudamerca.

    Antecedentes.

    Es importante sealar desde el principio que en Esme-raldas se da la desgraciada circunstancia de que, siendo poruna parte una de las regiones que han proporcionado duranteanos una mayor cantidad de piezas arqueolgicas tanto me-talrgicas como cermicas, cspeciain]ente figurillas, porotra, no ha logrado un estudio sistemtico y serio de ningunode sus yacimientos conocidos. En efecto, de toda la costa,pero muy en especial del yacimiento de La Tolita, en la des.embocadura del ro Santiago (fig. 1), procede la mayor can-tidad de colecciones cermicas y metalrgicas que puedenadmirarse en casi todos los museos importantes de Europay Amrica, pero tambin en muchas colecciones privadas,tanto en el Ecuador como en el extranjero. Ello procede, natu-ralmente, de un intenso y extenso comercio de piezas arqueo-lgicas, que inunda el mercado de antigUedades con unaabundantsima serie de piezas de calidad e importancia di-versa, pero que puede llegar hasta el grado de lo excepcional.Tanto en Quito, como en Guayaquil, como en la misma capi-tal de Esmeraldas, los autores tuv]eron ocasin de conocerdiferentes colecciones privadas en las que se conservan muilesde piezas, algunas de valor extraordinario, las que habanllegado hasta las manos de sus actuales propietarios por lasvas comerciales ordinarias del mercado de antigUedades.Pocas o ninguna haban sido halladas en un trabajo de exca-vacion sistemtico y con las garantas cientficas mnimas.

    De los trabajos ms antiguos sobre esta regin, quizs elms importante como exploracin preliminar, ya que no como

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    estudio a fondo de la misma, es la comunicacin de MarshallH. Saville al XVI Congreso Internacional de Americanistas(Saville, 1910), as como un pequeo estudio posterior delpropio autor (Saville, 1925). El notable arquelogo ecua-toriano, Jacinto Jijn y Caamaio, que tan excelentes contri-buciones dejara acerca (le la regin serrana, se ocup riuvbrevemente, junto com 1 Mr rea, de la arqueologa (le Esmeral-das (la rica ~ jijn, 1919), pero fue sobre lodo Max 1 Le,el pionero cmi tantas arcas y cuestiones arquelgicas deSudamrica., quien tambin en este caso abrira cauces cien-tficos a un quehacer todava incumplido (Uhie, 1927-a y1927-b) -

    En la dcada de los aos cuarenta parece que va, finalmen-te, a alacarse a fondo el problema general de la arqueologa es-meraldena desde diversos ngulos. El norteamericano EdwinN. Ferdon, publicar entre 1940 y 1945, varios estudios parcia-les, resultado de su permanencia en la regin (Fe-don, 1 940-41, 194] y 1945); el mexicano Carlos R. Margain, realizartambin una exploracin en Esmeraldas, cuyos resultados nisiqtiera se publicaran (Margain, 1945). Finalmente, RaouldHarcourt, trabajando sobre varias colecciones de figurillasy cermica de Esmeraldas, en Paris, nos dara el primer es-tudio serio y amplio sobre ese conjunto de materiales, aunquecon las deficiencias que un estudio de ese carcter tiene res-pecto de una investigacin de campo (Harcourt, 1942 y 1948).Otros estudios de esa misma poca, como el de Dorsinfang-Smets (1949) o e de John Nl. Corbett (1953), no pasan de sermeras notas. La publicacin del estudio de Julio CsarCubil los sobre Tumaco, en la vecina costa colomb amia, perodentro del rea cultural esmeraldena es, quizs, el primerintento serio de abordar los mltiples problemas plantea(lospor la arqueologa de esa regin (Cii bu los, 1955) - De otrosestudios parciales o en proceso, conm los de Clifford Evarisy Bety J. Meggers (comunicacin personal), an no cono-cemos los resultados.

    Excepcin hecha de la cermica, especialmuente de lasfigurillas, sobre las que tratan en su mayor parte los autoresmencionados, el otro nico aspecto que ha atrado la atencinde varios investigadores ha sido el de la metalurgia, espe-

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    ~tlgunos productos agrcolas, peroprincipalmncrite de productos imanmfacturados como cejairneay objetos dc netal implica un desarrollo sociocultural rela-tivamente complejo, localizado en algunos centros especial-mente inportantes como la Tolita o Atacames, pero en general,disperso en centenares de pequeas aldeas, tanto en la costacomo en el interior, bien comnunicadas, pero relativamentepoc&- -~eha-~,.~das ent~t s y con una-u ga-nizacin- polticaposiblemente muy simple y laxa. Poblaciones en suma, conmuy escaso o nulo desarrollo del militarismo y, sin embargo,con un complicado sistema religioso, como se desprende delos innumerables tipos de figurillas en terra coto que propor-ciona el rea, sus complicadas pinaderas y los mltiplesadornos de metal de fabricacin local.

    Un buen auxilio, que no debe ser descuidado nunca paraeste tipo de investigaciones, es la informacin que puedeproporcionarnos la documentacin espaola a partir de laconquista, as como el estudio de algunos grupos indgenasque an quedan en esa regin, como los indios Cayapas yColorados, los que, si bien han sido modificados por mlti-pies mestizajes y procesos de aculturacin, pueden proporcio-nar buenainformacin con finrseomrnxatixos. -

    Los yacirnientos localizados.

    El primer yacimiento arqueolgico explorado durante lacompaa de 1970 fue Rabo, E-1 en la nomenclatura provi-sional empleada en estos trabajos preliminares. Se trata deunos cortes bajos sobre una pequea playa, a dos kilmetrosaproximadamente de la Ciudad de Esmeraldas (figs. 1 y 2),siguicndo la orilla dcl mar (ico camino cmodamente tran-sitable en momentos de marca baja) - Se aprecian varios es-

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    tratos dando la impresin de una ocupacin prolongada.En ello x en la playa, como consecuencia de sucesivos des-prendimientos, aparecen cot lelativa abundancia fragmentosde cci an i( a de tipologa dixersa muonocroina tosca de coc-

    Ii t eular ; corrugada, segm una tcnica anloaa a laeernpl( ida p ura decorar la cern mca formativa del Ca ayas(Meggers, Evaus y Estrada, 1965) ; engobada y pintada.

    os tiestos decorados com pntu a pi csentan cori mmuchafrecienci a u m diseo de lneas roj a~ ti alelas, segn un pa-tron tun logo al de la cermica [1 tmlu tan, muesoa miiericana,dispuestas por lo gemeral sobre 1 sup ficie exterior de lasvasijas que mio lec be ring mi otro ti it ini emito. Es decir, queci empleo dt it pintura no deja (le ser, en el tipo desc ito,una variedad d r o de la familia ms amplia de gruposordinarios, s-i att nd mos a la importancia di ferenciadora de lacali dat! (le la pasta coccin, desgrasamite y tratamiento ded superficie o, tu tos cori rayas rojas paralelas sobre elfondo natural lo que presentar) ergobe rojo y mann facia ramas ca dada, pueden incu irse quizs en la ta se Tiaone (Me-ggers, 1966, pp- 107-108), atnque es probable que fmnmenparte (le una tiadicion que, rebasado el perodo de Desarrolloregional, cubra una- parte del de Imilegracin ha--sta. por lo me-nos los aire(lcdores del ao 1000 d - C. Sea. comno fuere, elcaso es qn e la ce rmtica (le rayas rajas tiene una a ni ph a- d istri bu u ci sol) tC toda la regin en estudio, apa recicrido tantocii los vacm ien tos de a lnea costera, como cmi los que seSititil tfl=15 dI interior.

    El segundo si tio, llamnado Foruillos, E-2, ~e encuentraa uiu us seis k illmetros de la desemnbocadii va del Esmneraldas,cmi unos cerios altos que caem sobre la playa - Su exploracinse io muy difcil por la ausencia de senderos trallsitai)les.

    u/iba 1 -3, se sita en un estero niuy prxImo a Forn-los mi e camino por la playa hacia Atacames. la ceramicareceaid o mi iprenda til)os ord irar i (>5, tu stos eu sos y cmii picode tu goin u ojo. 1 ..~as fl rmas principales. simi 1 ares a laS (leBala u, u un oias globulares, platos, escudil las de fondo pa-mo, presencia de vasijas carenadas como las de Machalilla yrecipientes con patas huecas de gran tamano y reborde cen-tral.

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    El yacimiento de Cinco Es